#Desarrollo Regional

Factores territoriales e individuales tras la persistencia de la pobreza

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Las zonas rurales de nuestro país están en clara situación de desventaja respecto de las zonas urbanas al menos en lo que a pobreza monetaria se refiere (ver Serie de Análisis Encuesta CASEN 2013 N°1). Al contrario de lo que creíamos hasta el 2011, con la Nueva Metodología de Medición de la Pobreza sabemos que si bien la reducción de pobreza ha sido sostenida durante las últimas décadas, existen importantes diferencias entre un 11% de pobreza entre hogares urbanos y 25,4% en zonas rurales.


Cabe esperar que los factores propios del territorio, donde sí encontramos diferencias considerables, contribuyan, al menos parcialmente, a explicar por qué resulta tan difícil de erradicar la pobreza rural.

No vamos a profundizar en la explicación de los factores que explican estas diferencias persistentes. El análisis de las cifras de la Encuesta CASEN 2013 muestra que aquellos aspectos en que los hogares rurales en situación de pobreza se encuentran en una condición más desventajosa respecto de sus pares urbanos, dicen relación con las oportunidades que ofrece el territorio, y no tanto en factores individuales o familiares.

Para aproximarnos a las condiciones del territorio comparamos las posibilidades de acceso a servicios básicos que tienen los hogares pobres tanto urbanos como rurales, y encontramos diferencias abismantes. Observamos, por ejemplo, que en materia de calidad de la vivienda, – medida por el tipo y acceso a los servicios sanitarios básicos y el estado de materialidad de la vivienda– el 81% de los hogares pobres de las zonas urbanas se encuentra en condiciones aceptables mientras que sólo el 48% en los hogares pobres rurales están en similar situación. Al observar más de cerca las condiciones de saneamiento de los hogares -acceso a agua potable, servicio higiénico y origen del agua-, la brecha fluctúa entre el 96% de los hogares urbanos y el 60% de los hogares rurales en situación de pobreza, en condiciones aceptables de saneamiento.

Similar brecha observamos en materia de acceso a servicios de educación preescolar. Mientras que un 11% de los hogares rurales plantea que la principal razón por la que los niños de 0 a 6 años de su hogar no asisten a un establecimiento educacional es que no existen establecimientos que presten ese servicio, en las zonas urbanas éste no es un motivo de preocupación para los padres (0,7%).

Distinta es la situación cuando analizamos las condiciones de los hogares. Donde no encontramos un patrón persistente en desmedro de las zonas rurales, pues hay algunos factores que favorecen a zonas rurales, otros a zonas urbanas y otros donde no se encuentran diferencias significativas entre ambas zonas.

Entre quienes viven en condiciones de pobreza, la presencia de hogares monoparentales es mucho más alta en las zonas urbanas (42%) que en las rurales (23%), cuestión que también ocurre con la jefatura de hogar femenina, más alta en los hogares pobres de las zonas urbanas (51%) en comparación a los rurales (30%).

Contraria es la situación en lo que respecta a escolaridad, pues sólo el 3,6% de los jefes de hogares urbanos carece de educación formal, mientras que en zonas rurales la cifra asciende a 7,8%. Por su parte, los jefes de hogar con educación básica incompleta son un 22% en zonas urbanas y el doble en zonas rurales (44%).

También juega en contra de la pobreza en el campo la forma como se distribuye la ocupación por género. En un contexto en que la tasa de ocupación masculina en Chile es de 49%, mientras que la femenina es sólo de un 25%, observamos que en las zonas urbanas estas cifras son casi equivalentes al promedio nacional, mientras que en zonas rurales la ya compleja diferencia se profundiza en contra de las mujeres: la tasa de ocupación masculina asciende a 54% en zonas rurales, mientras que la femenina es de tan solo 17%.

Así como en algunos factores las zonas urbanas se encuentran en mejor situación relativa que las rurales y en otros se observa lo contrario, existe un tercer grupo de factores asociados a características de los individuos en que no se encuentran diferencias importantes entre los hogares pobres urbanos y rurales. Nos referimos en concreto, a las tasas de embarazo adolescente, con cifras de 35% y 34% respectivamente, a las tasas de dependencia de mayores de 65 años y de menores de 15 años, o a la cantidad de personas que trabajan por hogar.

Son múltiples los estudios que profundizan sobre aquellos factores que tienden a perpetuar la pobreza, poniendo énfasis en factores propios de los hogares, tales como la monoparentalidad, la maternidad temprana, la baja escolaridad de las familias o la falta de educación preescolar. Las cifras antes expuestas permiten cuestionar este argumento.

En la medida en que no observamos diferencias considerables y consistentes a favor de hogares localizados en zonas urbanas o rurales, pero sin embargo persisten notorias diferencias en la incidencia de la pobreza por zona, entonces cabe esperar que los factores propios del territorio, donde sí encontramos diferencias considerables, contribuyan, al menos parcialmente, a explicar por qué resulta tan difícil de erradicar la pobreza rural.

Evidencia que lleva, a su vez, a cuestionar el excesivo énfasis en los hogares, que ponen las políticas de superación de la pobreza en Chile, como si con sólo abordar los factores que tienden a perpetuar la pobreza a nivel de hogar, pudiera resolverse un problema que tienen evidentes aristas territoriales.

Grupo de Trabajo sobre Inclusión y Desarrollo Social

Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

TAGS: #Pobreza Medición de la Pobreza

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