#Ciencia

Sobre la responsabilidad social en la producción de conocimientos

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La producción de conocimiento ha ido “democratizándose” progresivamente desde finales del siglo XVIII, cuando comenzó a dejar de ser una práctica casi exclusiva de aristócratas, grandes burgueses o de unos pocos afortunados que podían contar con el patrocinio de generosos mecenas. Dicho proceso es un subproducto más de la necesidad del capital de estar permanentemente “revolucionándose a sí mismo”, para mantener las tasas de ganancia en el mercado nacional e internacional, lo que llevó al empresarios a auspiciar el desarrollo de las ciencias como un medio para acrecentar la producción. Esta mirada pronto fue asumida por los Estados, lo que unido al acicate de la guerra, generó que la masa de científicos se multiplicara enormemente en el transcurso de poco más de dos siglos.

Sin embargo en países periféricos como Chile, donde el gran empresariado obtiene sus ganancias, haciendo hoyos en los cerros, cortando árboles y revendiendo productos chinos en mercados cuasi-monopólicos, la necesidad de invertir en ciencias no es asumida como una prioridad por estos sectores que concentran gran parte del ingreso nacional.


¿Por qué el financiamiento estatal debe dirigirse principalmente a mejorar la productividad? Esta pregunta es válida sobre todo considerando que los beneficios del crecimiento económico se distribuyen de manera enormemente desigual en nuestro país.

Ante dicho escenario, los científicos dependen en gran medida y salvo contadas excepciones del financiamiento estatal. Sin embargo ese financiamiento estatal es siempre limitado, (aunque aumentó considerablemente entre 1990 y 2010, pero sigue siendo relativamente bajo). Ello no debería sorprender a nadie, considerando que la reducción de fuentes de ingresos fiscales ya lleva casi 50 años. Además es un financiamiento que está supeditado casi exclusivamente a un criterio productivista que prioriza aquellas áreas de las ciencias que poseen un vínculo inmediato y evidente con la producción.

Este criterio es en primer lugar cortoplacista, porque muchos desarrollos científicos que resultaron fundamentales para la economía, no tenían en sus orígenes un vínculo evidente con la producción.

Así por ejemplo, el estudio de entes geométricos muy abstractos por parte de Bernhard Riemann a mediados del siglo XIX, tuvo una importancia capital para el desarrollo de la Teoría de la Relatividad General, cincuenta años después y, ésta última permite, entre otras cosas, la existencia de sistemas de posicionamiento global desarrollados en las décadas de 1970 y 1980. Otro caso emblemático se relaciona con el desarrollo de la computación. A principios del siglo XX se planteó un problema sumamente abstracto como lo es el de los fundamentos lógicos de la matemática misma. Para responder a esta pregunta, en 1936 Alan Turing inventó las a – machine (conocidas como máquinas de Turing), máquinas abstractas que sirven como modelo básico para la creación de las primeras computadoras durante la segunda guerra mundial.

Si se aplicaran los criterios economicistas imperantes en Chile, a Riemann y a Turing, les habría resultado difícil obtener financiamiento para sus investigaciones

Pero además es un criterio que no se hace cargo de la multiplicidad de problemas que pueden ser objeto de investigación: ¿por qué el financiamiento estatal debe dirigirse principalmente a mejorar la productividad? Esta pregunta es válida sobre todo considerando que los beneficios del crecimiento económico se distribuyen de manera enormemente desigual en nuestro país. Pero también es válida porque ciertos problemas centrales de nuestra sociedad como la desigualdad, la alienación, la explotación, la inseguridad, los prejuicios, etc., no son abordados por disciplinas que tengan una relación directa con la producción y el crecimiento económico. Pero además estos problemas pueden ser abordados por miradas y saberes ajenos al lenguaje científico, por lo que los cultores de la filosofía, la literatura o el cine, por nombrar algunos, también deberían tener acceso a fondos que les permitan dedicarse a su actividad.

Sin embargo, a nuestro juicio el problema reviste otra complejidad, derivada de que los recursos siempre son escasos y que se debe priorizar, pero que también se relaciona con la vieja distinción entre trabajo manual y trabajo intelectual que podríamos ampliar como distinción entre trabajo productivo y no productivo. Esta distinción nos lleva a formular múltiples preguntas: ¿Son los artistas e investigadores una categoría social privilegiada que tiene derecho a estar eximida de cualquier relación con la producción? ¿Debe el Estado priorizar la manutención de un grupo que posee el privilegio de hacer solo lo que le gusta? Parafraseando la fábula ¿Es justo que la hormiga deba trabajar incesantemente y con ello permitir que la cigarra pueda solo dedicarse a cantar?  ¿No es más democrático invertir los recursos del Estado en investigaciones que permitan contar con mejores fertilizantes, fármacos, hospitales,  escuelas, etc. que benefician a millones de personas antes que en actividades que difunden su producción en grupos súper cerrados?

Por otra parte consideramos que también es lícito preguntarse por la extracción social de los investigadores: ¿Cuántos de ellos provienen de los estratos bajos de la sociedad? Quienes demandan más financiamiento ¿En qué medida provienen de la misma elite dueña de casi todo en nuestro país? ¿Por qué el Estado debería invertir recursos en asegurar que una elite se dedique exclusivamente a una actividad que los pobres y amplios sectores medios sólo pueden realizar como un hobby amateur? Recordamos en particular un pasaje de Bourdieu en el que señala que, ante la expansión de la educación, los títulos universitarios perdieron valor simbólico, por lo que algunos miembros de los estratos altos, optan por las artes y las humanidades como una forma de distinción y una estrategia de mantención de su posición en el espacio social.

No obstante todas estas preguntas no deben conducir a la conclusión de que el Estado sólo debe destinar recursos a las disciplinas que poseen un impacto evidente, objetivo y cuantificable en la producción (la lectura de un buen libro también proporciona bienestar). Por el contrario, creemos que los recursos destinados a las artes, las humanidades y las ciencias deben multiplicarse enormemente, porque de lo contrario estas volverían a ser disciplinas elitistas, vedadas a otros sectores sociales. Pero la exigencia por más financiamiento debe obligarnos a pensar en cómo queremos dedicarnos al desarrollo de estas disciplinas. Si el Estado va a invertir en nosotros, entonces debemos pensar en la forma de retribuir esa inversión. No se trata de ser “en la mañana pescador y por la tarde filósofo crítico” como diría Engels, pero así como los médicos deben trabajar una cierta cantidad de años en servicios públicos, los artistas, humanistas, cientistas sociales y científicos “puros” que reciban financiamiento estatal, al menos deberían buscar fórmulas para aportar con algo más que producir textos que nadie lee y hacer un par de cursos por año. Pero ello también obliga a repensar un modelo académico que retribuye en exceso el paper y no incentiva el salir de la academia.

Si no reflexionamos en torno a estos temas, entonces nuestra demanda por recursos del Estado solamente tendrá por objetivo mantener una posición de privilegio en el espacio social, contribuyendo a perpetuar otra forma de desigualdad, pese a que nos llevamos criticando las desigualdades.

Por Carlos Miranda, Sociólogo, Doctor © en Historia.

Pablo Miranda, Doctor en Matemáticas.

TAGS: #ConocimientoCientífico #ResponsabilidadSocial #RolDelEstado Investigación científica

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Comentarios

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anysur

03 de Junio

muy fuerte sus palabras…hay un adoctrinamiento, no debería primero pensar, aprender a pensar, antes de conocer….pensar en retribuir esa inversión, muy duras sus palabras, el Estado enseña a pensar?

anysur

04 de Junio

sres. doctores ud. estan haciendo algo….cual es su aporte, en esta pandemia, para con los mas desamparados en términos de acceso a educacion (de calidad) en historia y matematicas, estan insertos en algun programa, proyecto, desarrollan capsulas, etc…o solo son palabras bonitas.

Rosa Margarita Rozas Rojas

07 de Junio

Me parece que hacer un análisis sobre el tema , ya es un aporte y no me creo estar en condiciones de criticar cúal es el actuar de los autores en relación a su participación concreta en para la superación de esta problemática, ¿talvez socializan sus conocimiemtos en Asambleas comunales?, ¿tal vez promueven acciones con el fin de aportar a disminuir esta brecha? No lo sé y como no lo sé , valoro el aporte que hacen a la discución del tema y lo ponen en tabla para que hagamos nuestros aportes en la solución de este.

anysur

08 de Junio

tal vez….si fuera a la guerra… tal vez… ser y hacer…asambleas en pandemia?…mire a mi particularmente me han pedido colaborar con personas que la educación superior online no esta educando, no entiende que le están pasando en clases; trabajo, soy madre (tengo que hacerles sus clases, descargar material…) dueña de casa, mucha pega, y no me da para poder colaborar, pero decir tal vez….hay personas que necesitan ayuda ahora, decir que piensan no es aporte.

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