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Presupuesto para el conocimiento y crisis económica

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Gráfica de la campaña de becaries afectades por recortes

El posible aumento en 42.000 millones de pesos para el MinCTCI es otro paso para las voces que exigimos desde el primer minuto la necesidad de enfrentar los recortes para el sector, y especialmente es una buena noticia para investigadoras e investigadores movilizados, para quienes se acerca una solución a la crisis provocada por la pandemia y a la nula respuesta del ejecutivo. Esto es algo muy positivo, pero también debe ser considerado como una responsabilidad importante.

Es que la pregunta sobre por qué invertir en educación, conocimiento y ciencia ahora es válida y necesaria de discutir, y negar su legitimidad redunda en un mayor ensimismamiento de nuestro sector. En particular, es necesario contestar un argumento que aparece de diversas maneras para sustentar los recortes: el de la necesidad de reactivación económica como lo prioritario, cuestión que sería contradictoria con invertir en producción de conocimiento. 


La extensión de becas no es un lujo del Estado, sino una necesidad vital para cientos de personas que la tienen generalmente como principal fuente de ingreso

Lo primero es que para salir de las diversas crisis en que estamos metidos, es urgente no agravarla. En ese sentido, resulta necesario preguntarse si es que aumenta el problema nacional la negación a extender becas por pandemia a cientos de doctorandos y doctorandas, para quienes fue imposible cumplir con los plazos estipulados por la situación de la pandemia. Y la verdad es que sí lo hace, tanto porque aumentaría la presión hacia otros sectores que también están precarizados -como la educación y la cultura en general-, como porque las formas precarias de trabajo de este grupo humano impiden el acceso a los beneficios estatales derivados del COVID, ni tampoco resuelve nada el retiro de la AFP. Además, de generarse situaciones de irregularidad migratoria, debido a la no resolución de este asunto para quienes son becarios Chile, la ya alicaída imagen país se vería todavía más golpeada. En definitiva, la extensión de becas no es un lujo del Estado, sino una necesidad vital para cientos de personas que la tienen generalmente como principal fuente de ingresos. ¿O se deberá “merecer” una ayuda mediante la acreditación de nuestro empobrecimiento o endeudamiento derivado de la situación actual?

Y esto sin tomar en consideración el desmedro para el ecosistema de producción de conocimiento chileno que implicaría la posible pérdida de buena parte de una generación investigadores e investigadoras en formación, ni tampoco se está tomando en cuenta los costos humanos que implicaría ver truncadas las carreras debido a la coyuntura. 

Una segunda pregunta sería por el modo en que se invierte dentro del rubro, y en ese marco una eventual crítica por los fondos para becas no tiene asidero. Es que el presupuesto del Ministerio aumentó en la mayoría de los aspectos excepto en las becas, y estas últimas son la forma fundamental de financiamiento para la mayoría de los investigadores e investigadoras en formación, y que por lo mismo muchas veces no tienen otra fuente laboral. Debido a ello, si un criterio de acción es el de disminuir la desocupación en Chile, entonces podría existir un aumento en las becas, cuestión que bien coordinada generaría efectos virtuosos de corto plazo en las universidades que forman en posgrado. Por cierto, también será necesario discutir sobre la superación de un sistema de becas y pasar a uno que considere desde una óptica laboral los procesos formativos doctorales y posdoctorales, especialmente. En este punto la visión es clara: Investigar es trabajar. 

Para el caso de las Becas Chile, es posible discutir cuestiones transitorias para hacer frente a la crisis económica, así como también debatir sobre su reformulación sin la necesidad de cerrarlas, posibilidad que se reabre con el eventual aumento de presupuesto. Así, habiendo demostrado lo mala que sería la decisión de suspender Becas Chile, también se han propuesto cuestiones como mejorar los convenios de la ANID con universidades extranjeras, o propiciar estadías en países con educación superior gratuita o de bajo costo. Pero así como en las extensiones, la nula proactividad del Ministerio termina impidiendo la posibilidad de dar una discusión propiamente política sobre el asunto.

Es que una cuestión clave, que podría haber destrabado en parte esta problemática es la justa pregunta por cómo retribuir una eventual extensión por temas de pandemia por parte de las y los estudiantes de últimos años de doctorado en Chile y el extranjero. De este modo, no solamente se hace más legítimo el asunto a ojos de la sociedad, sino que también se pone en valor nuestras labores. En efecto, frente a la multiplicidad de crisis que estamos viviendo, el aporte de quienes cultivamos las diversas disciplinas del saber es útil. Además, abre la discusión mucho más importante sobre la inserción y retribución en general.

Por ejemplo, ¿no podrían las y los beneficiarios de una eventual extensión crear insumos técnicos que apoyen la deliberación política y social actual y futura? O mejor aún, generar instancias colaborativas y multidisciplinares a partir de problemas prioritarios. Por supuesto, todo derivado de las investigaciones específicas que cada cual desarrolla, las que para poder ser financiadas han debido explicitar su aporte al desarrollo nacional. Por ende, no puede negarse su valor contingente, y serían instrumentos mucho más valiosos que las infames asesorías copy paste. Esto es algo que podría ser especialmente relevante para el proceso constituyente, pues la posibilidad de pensar el país que queremos construir para las próximas décadas requiere de la mejor deliberación pública posible. Y aunque esto no se puede reducir a la evidencia generada mediante la investigación, esta es totalmente necesaria como parte de factores relevantes a ponderar frente a cualquier decisión. 

Además, esto puede abrir espacios para mejorar las conexiones entre academia, política y sociedad. Porque la revuelta y la pandemia han mostrado la necesidad de avanzar hacia un conocimiento concebido como bien común, lo cual implica ponerlo al servicio de profundizar la democracia de formas concretas y diversas, vinculadas a necesidades específicas. La crisis actual sigue siendo una oportunidad para avanzar en este sentido, y por lo mismo, el llamado es a aprovecharla. Persistir en una intransigencia frente a investigadores e investigadoras movilizadas sería lo contrario.

por Enrique Riobó

TAGS: #BecasChile #CienciaInnovación #Investigación #MinisterioCienciaYTecnología

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