#Sociedad

El nombre de las cosas. Coda a Adam Smith

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Difícil ponerle nombre a todo esto que está pasando, tan manipulado, lleno de prejuicios, etiquetado por todos lados, visiones e intereses.

Llamarlo de cualquier manera ya es pisar en terreno tóxico y pantanoso.

Casi es mejor no hablar, no decir nada, dejar que todo vaya poniéndose los nombres día a día según vaya corriendo el tiempo, creando no sólo las acciones políticas, prácticas, de calles y plazas. También el lenguaje poético, palabras, grafiti, disfraces, dichos de la gente, canciones, gestos, en los muros, las redes, en los medios.

Ponerle nombres y apellidos con frases antiguas sacadas del arsenal de luchas pasadas, victoriosas o vencidas, es traicionarlo, distorsionarlo, ensuciarlo, y también interrumpirlo.


Son las redes de hoy donde el pueblo se expresa, donde nadie pide permiso, donde no hay disciplina ni jefaturas, donde se dispara cualquier genialidad, certeza o torpeza, insidia o sabiduría, desde la misma calle o desde cualquier rincón.

Mejor dejar que todo brote desde lo oscuro y del silencio, que hable desde la nada anterior, desde lo limpio y retirado, desde aquel lugar donde estuvo madurando, acumulando fuerza, creciendo en secreto, en el fuego de dentro, desde la tierra que arde.

Por esto lo grande y potente de las redes, barricadas del mundo electrónico, ejemplo y fortalezas del mundo de hoy. Tienen todo el acierto y la magia, la inventiva del descalabro, la improvisación, la grosería y lo espontáneo de las viejas barricadas de París, descritas por Hugo en Los Miserables, allí donde corría la sangre y caían los muertos, donde se gestaba la revolución. Lugar de victorias y derrotas, continuidad de la calle y la plaza, de la tienda, del mercado, del hogar, donde se peleaba con lo que había a mano, en la calle o el desván, el adoquín, la espada, el fusil, el arcabuz, el viejo estoque o el cucharón.

Son las redes de hoy donde el pueblo se expresa, donde nadie pide permiso, donde no hay disciplina ni jefaturas, donde se dispara cualquier genialidad, certeza o torpeza, insidia o sabiduría, desde la misma calle o desde cualquier rincón. Donde se levanta la ola gigante que derrumba famosos, presidentes, generales, burócratas, donde todos adquieren y manifiestan sus sagrados derechos sin vacilación. Médula y expresión del poder popular, nuevo renacer de la verdadera democracia, reemplazante de aquella frustrada y desbaratada, normalizada, vaciada y castrada, llevada a la completa impotencia en años que fueron pasando sin gloria, pero con pena y dolor. Aquella que desde su vergüenza va haciendo nacer lo nuevo y mejor para escándalo de los elegantes, los cuicos, los sabios, los patijuntos, los beatos y los fachos, la vieja ralea que defiende lo peor.

Sin poner nombres. Que obre la oscuridad, el silencio, el desorden, el caos, el gran creador, el eterno origen de las fuerzas, recurso del eterno despertar, de toda auténtica creación, de todo arte, de toda poesía, de cualquier revolución. Los titanes antiguos, la violencia de hoy. Dispersa, difusa. Con causas profundas. Sin sujetos anteriores ordenados, disciplinados, ya normalizados. Con todos los presentes, vivos, necesitados, a pleno pulmón. ¿Cuándo se ha creado algo nuevo que valga sin escándalo? La hipocresía va creciendo a la misma velocidad que la riqueza de las naciones.

TAGS: #CambiosSociales #EstallidoSocial #Revolución Descontento Social

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Comentarios

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Quintin Gumucio

11 de marzo

Extraordinaria lectura. Mis felicitaciones al autor.

11 de marzo

Una belleza de artículo. Felicitaciones

12 de marzo

Agradecido!!

Tomas Ives

12 de marzo

Gracias por usar mi mural como encabezado! 🙂

12 de marzo

Muy expresivo! Un acierto de los editores.

12 de marzo

Acertada decisión de los editores. Gracias a ti.

12 de marzo

Hay algo de sentido trágico en este escrito que a mí me evoca sentimientos encontrados y no procesados. Estoy de acuerdo en reconocer que lo que ocurre en Chile y tal vez en el mundo entero, es “nuevo” en sus formas de manifestarse. Quien iba a decir en los 1960 y 1970, aún en los 1980 y 1990, que se iba a derivar a lo que se describe en este escrito que invita o excita a repensar y sentir de otra manera? Todavía aparece la palabra popular pero es difícil saber a qué exactamente se refiere ella. En todo caso si hay un desliz de pesimismo en este escrito o tall vez de incertidumbre, lo entiendo. Finalmente, me ha ayudado a reexaminar lo que creo y siento! Gracias!

15 de marzo

Las reflexiones de Claudio agregan preguntas y como tales aportan en la misma dirección que inspira la columna. Entre ellas hay una clave, la palabra pueblo, lo popular, diciendo que «se hace difícil saber con exactitud a que se refiere». Estoy de acuerdo si esa dificultad no apunta sólo a una carencia o debilidad del lenguaje que ocupo, sino al sentido de fondo a que apunto cuando digo que las cosas han llegado a un territorio sin nombre, es decir, cuando se afecta la vigencia y se llega a la caducidad de los nombres y de las mismas cosas; una pérdida de legitimidad de lo establecido y lo viejo que va más allá de los límites de actores sociales y políticos, autoridades e instituciones, que afecta en verdad un amplio espectro de procesos y a toda realidad social. Entre todo esto está también lo que llamamos «pueblo». Para mi el significado de este nombre en este momento en nuestro país no permite precisiones al tipo de las utilizadas en períodos históricos anteriores, tranquilos, pausados, en que todo está instalado, en que no hay cuestionamientos reales y manifiestos profundos. Por eso propongo no poner nombres, no interrumpir, tratar de dejar abierta las puertas a la creación. Cuando ese «pueblo» se ha convertido en un torrente caudaloso y esta en ebullición como un volcán ¿Cómo definirlo con exactitud?

14 de marzo

Las barricadas de Paris y otras revoluciones pasadas a las que hace referencia, tenían algo en común: eran esfuerzos colectivos y su actores así los pensaban y ejecutaban.

Muchos de lo que dices «esta pasando» hoy son actos individuales, y muchos de los «revolucionarios» de hoy, son sujetos actuando no de lo colectivo, si no desde lo individual. Un joven que agita la calle todos los viernes sin que se sepa ya porque lo hace, no piensa en el colectivo piensa en él. Como leía en otra columna hace unos días mucho de la radicalidad antineoliberal es más neoliberal de lo que sus actores se imaginan.

Yo no colocaría mi fe en todo lo que brilla hoy en las Plazas de la Dignidad reales o digitales, sin algún resguardo.

15 de marzo

Sobre el comentario de Álvaro, del que discrepo pero cuya frase final me gusta: «Yo no colocaría mi fe en todo lo que brilla hoy en las Plazas de la Dignidad reales o digitales, sin algún resguardo.» Mi discrepancia es que veo en todo estas expresiones, incluyendo las de plaza Dignidad, no sólo movimientos e intereses individuales. Para mi son parte de un gran fresco que dibujan miles, cientos de miles y a veces hasta millones de chilenos y chilenas en todas partes. El resguardo que propones creo que es esencial. Hay que distinguir y separar la paja del trigo, siempre. Pero detrás del distingo que haces se esconde un asunto delicado que todos sabemos: la difícil demarcación de la línea que separa lo legítimo y lo ilegítimo en la lucha social y política. Para mi gusto esta línea no es fija ni permanente. El rasero no es el mismo en todas las épocas de la historia de un país. Cuando irrumpe la violencia en estos procesos se presenta una enorme gama que va de extremo a extremo, no sólo en términos de la polaridad política y de los actores en juego, sino de las formas de agudeza, de la contundencia y de las armas que se emplean en esas luchas. Siempre será difícil «poner la fe» en unas u otras de esas manifestaciones porque son épocas confusas y la claridad en ellas no sobra.

15 de marzo

Estoy de acuerdo en general con lo que ha escrito Alberto Vivanco.

20 de marzo

No entiendo el desarrollo del concepto hipocrecia. Uso ese concepto para cerrar las ideas anteriormente planteadas o iniciar el dialogo?

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