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Lo real y lo posible del nunca más

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Una pregunta que permite abrir la discusión sobre este trascendente asunto apunta al diferencial positivo que podría concitar un amplio acuerdo para cerrar el paso a un nuevo quiebre institucional en razón de que ahora partimos de una línea base en que esta ruptura ya tuvo lugar generando la tragedia que todos conocemos.


Cuando en este aniversario en lugar de mirar al pasado volvemos la vista al futuro pensando en un país mejor, una de las respuestas obligadas es el país del nunca más

A la objeción de que este acuerdo incluyente de amplio espectro no aportaría nada nuevo dado el mandato constitucional que determina la obediencia de las fuerzas armadas al poder civil, se puede contraponer la capital enseñanza de una historia que presenta los inmensos costos del quiebre ocurrido hace 50 años.

Algunos han querido que ella se esconda, se cierre y se dé por saldada en pro de un futuro de unidad nacional de provecho compartido. La objeción a esta propuesta imposible no sólo reside en la total evidencia del dolor y daño a las víctimas que permanece y multiplica sus graves efectos tanto en quienes sufrieron los atropellos como en sus familias y conocidos. Al enorme saldo de necesaria información que perversamente aún se esconde se agregan muchos otros procesos en que se proyectan los efectos negativos de ese oscuro período de nuestra historia. Tal vez lo peor sea constatar que una parte no menor de la población considera no sólo justificada sino valiosa y deseable su repetición si sus antecedentes fueran similares.

¿Cómo superar la fractura? ¿Cómo saldar la deuda gigante que se prolonga por cinco décadas? ¿Qué pasos habría que dar, quienes debieran tomar la iniciativa, bajo qué condiciones?

Tal vez sean estas las cuestiones capitales a las que debiéramos prestar la mayor atención en estos días. No les quitemos el foco. No busquemos evitar su candente actualidad. No desesperemos de encontrar la solución. No supongamos un probable fracaso. No dejemos la tarea a otros suponiendo que podrían más que nosotros. Sería injusto pesimismo renunciar a buscar un preciado tesoro que podría haber surgido en lo profundo de un territorio que ha sufrido un castigo demasiado largo. Sería ceguera no ver que paradójicamente son estos días los más propicios para enfrentar estos complejos y duros desafíos y dar con un camino para avanzar a terrenos de reparación de heridas que tiñen nuestra historia como marca de fatal desgracia.

Resulta inevitable reconocer la fundamental asimetría que define este destino. Pero asimismo, y por ello, en el lado más castigado por la tragedia se encuentra la llave maestra de la puerta que pudiéramos abrir. Sólo del sacrificio pudiera partir su reparación. Sólo en ese dolor pudiéramos encontrar el inicio de la conversación que necesitamos. El camino del odio y el rencor cierran las puertas a la esperanza, pero necesitamos beber de sus aguas. Nos hacen falta para purificar la tierra en que vivimos y abrir camino a una nueva etapa de paz y de trabajo.

Cuando del otro lado se levantan voces que, lejos de negar la esencia del paradigma que justifica el quiebre de la democracia, lo consagran como solución feliz de las difíciles condiciones por las que atravesábamos esos años, se cierran las puertas al diálogo cayendo al vacío cualquier intento de buscar solución al quiebre que nos separa. La herida seguirá sangrando mientras no la sanemos nosotros porque nadie más podría subrogarnos del ostracismo fatal en que caímos desde una perdida tierra de vecinos y hermanos.

Cuando en este aniversario en lugar de mirar al pasado volvemos la vista al futuro pensando en un país mejor, una de las respuestas obligadas es el país del nunca más. Parece fundamental, pero no bien planteada. Hay concordancia en lo estéril de una verdad oficial y lo inútil de su búsqueda, pero ello no debiera entrampar los esfuerzos por acercar posiciones en la esperanza de lograr espacios de promesa distintos al enfrentamiento con recriminaciones y ciegos rechazos.

De la forma cómo se viene intentando, tratar de cerrar el paso a ese pasado e impedir que se repita, deja abierto un doble problema. Por una parte, no hay seguridad de que esa promesa se cumpla si no es acuerdo de todos. Si alguna parte no la firma sería quién podría romperla sin faltar a su palabra. Por otro lado, quienes firman y piden la aprobación de todos pero no explicitan su propio proyecto de futuro, el acuerdo también se cae desde su lado. Si ambos reparos se sanean el nunca más estará completo y habrá mayor seguridad de que sea una base política real para un país mejor. Se entiende que todos los que firman, al hacerlo adquieren el compromiso solemne de un comportamiento democrático irreprochable. El consenso podría alcanzar la gravitación de un acuerdo fundamental, un hito histórico que podría aspirar con justicia al nombre de piedra miliar al marcar el inicio de una nueva forma de convivencia.

Si las condiciones no se cumplen no servirán de nada los propósitos por sanos que parezcan. Será la constatación de una sociedad dividida que se muestra incapaz de resolver las profundas divisiones cuya tragedia recordamos, lo que significa que podríamos repetirla. No habrían servido para lo más esencial la enorme cantidad de informes, estudios y análisis que se han presentado. En lo más importante de todo, en asegurar que a futuro jamás se repita la situación que nos convoca, habremos fracasado, desaprovechando un momento que tal vez no se repita en décadas, quizás hasta en los próximos 50 años.

¿Es utópico pensar que pudiéramos llegar a purgar el duro trauma? ¿No sería la ocasión de extremar los esfuerzos para buscar transformar la utopía en realidad? No propongo desconocer todas las divisiones políticas, económicas e ideológicas que nos distancian. Sería impensable e inconveniente porque esa es la materia esencial para arribar a un acuerdo que no sea puro humo. El consenso de un nunca más a la ruptura violenta del orden democrático implica que todas las fuerzas políticas lo asuman de verdad y no en meras apariencias. El país juzgará de su sinceridad.

El asunto es complejo y requiere de tratativas multifacéticas y precisas. No resolveríamos todos los problemas del país ni del poder, pero abriríamos un cauce para avanzar a soluciones participativas aislando extremos y evitando conflictos a futuro. Sería una gran victoria y una conquista del más alto valor. Habríamos obtenido provecho de la tragedia en lo más esencial: impedir que se repita.

La distancia que separa a los principales actores políticos parece irremontable. Se trata de construir un tejido colectivo que interprete la voluntad de todas las fuerzas firmantes. Como tal debiera ligarlas a un compromiso inextinguible con hondas raíces en la historia y tradiciones de los protagonistas para darle sostén y credibilidad.

Surge la pregunta inexcusable ¿Qué partidos estarían en condiciones de presentar esas credenciales sin tacha? Tendríamos que hurgar en el lugar más crítico de nuestra historia ya que el test de la blancura se verifica en el momento que recordamos: el golpe militar que derrocó al gobierno del presidente Salvador Allende, territorio donde surgen las divergencias de interpretación más duras y actuales. A pesar de todo, esta tarea parece obligatoria para sortear uno de los riesgos mayores que pudiera presentarse: el de un acuerdo que sea para algunos sólo un fraude de fachada, una táctica del momento para legitimar posturas inconfesables.

Será indispensable abordarlo en discusiones y propuestas. Si prospera la iniciativa, si llega más lejos de lo ya avanzado, serán los encargados quienes buscarán la mejor forma de enfrentar sus desafíos. Son muchas sus facetas y requieren experiencia. Quienes sean elegidos con seguridad tendrán herramientas más eficaces que las mías.

TAGS: #50años #GolpeDeEstado #NuncaMas

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LaFisura MarxistaAllende

01 de septiembre

Y la Comprensión de la Historia

CAPÍTULO 2
Por Rolando Saldías
https:// podercivil.cl

Honrad el Ideal,
Poned en alto el Honor
y la Dignidad
y no escondáis la Verdad con mentiras.

Acordaos del buen Amor
de quienes nos enseñaron la Misericordia,
de quienes nos mandaron Compartir el pan con el que tiene hambre
y el Vestido con el que no tiene qué vestir.

Dadle de beber al sediento
y un techo al viajero;
Haced misericordia con la viuda
y compadeceos de los huérfanos.

Cumplid el sueño de los idealistas de izquierda
de los carismáticos
de los que sienten amor por el prójimo
y se apiadan de su condición.

Introducid la racionalidad en vuestros planes.
Haced que alcance para todos,
Permitid que el pueblo aprenda a usar un porcentaje del Presupuesto Nacional
En una Cámara democrática digital que lo reúna.

Cread fuentes de riqueza que pertenezcan a todos los chilenos
Pagadle cotización al que no pueda pagarla por si mismo
Haced justicia a los miles de chilenos que han caído fallecidos en las listas de espera
Terminad con la usura y cread un BancoAFP de todos los chilenos.

Si las pobreza de vuestro prójimo os amonesta
creadle riqueza.
Si el subdesarrollo de las comunas de Chile de regiones llenan la capital con migración onerosa
Cread desarrollo comunal con la estrategia y los instrumentos de podercivil .cl

Rememorar el pasado,
sin preocuparnos de la desgracia que tenemos entre nosotros
donde los huérfanos gimen
y los enfermos mueren por falta de atención

No
Es
Amor
a Chile.

Gonzalo vicuña

02 de septiembre

Loable iniciativa, que todos los sectores firmen un acuerdo, un contrato, para que nunca más en Chile las fuerzas armadas exterminen a sus compatriotas. Y aunque se lograra la firma fe todos, seria inútil. El Ejército de chile hizo un juramento, que no cumplió. La traición siempre amenazara a nuestra democracia. Son las instituciones democráticas las que fortaleciéndose lograrán mantener a raya la amenaza del golpe castrense. Tienen el monopolio de las armas, y con una buena motivación pecuniaria presentada por civiles interesados en romper la democracia, volveran a hacerlo.

02 de septiembre

Gonzalo: lamentablemente lo que dices es muy cierto. No obstante, es distinta la situación cuando ya ocurrió y hay una experiencia traumática de inmenso daño a gran parte de la población como consecuencia. Creo necesario no solo que la mayor cantidad de organizaciones civiles sociales y políticas se comprometan a respetar las instituciones democráticas y los derechos humanos en toda circunstancia y condición sino también todas las ramas de las Fuerzas Armadas. Es cierto que cualquier juramento puede ser violado y traicionado, pero se les hace más difícil después de haberlo firmado de cara al país y al mundo entero que nos está observando. La misma discusión que esta propuesta va alcanzando y haciéndose pública es de por sí una herramienta mediática y de conciencia que sirve para dar a conocer quienes están de uno u otro lado. Es una herramienta propia de los poderes blandos, de la educación, la cultura y la conciencia, de la información, de los medios y redes, nacionales e internacionales, y llegan a alcanzar mucha fuerza cuando se trata de luchar por una causa justa. Por tanto, hay que dar esa pelea con toda la fuerza y por todos los medios. La traición se hace más difícil. Hay que convertirla en un cuesta arriba. En un total imposible.

SiHay TantaGente Agraviada

03 de septiembre

¿Debieran restituir los dineros que han recibido los más de 100.000 exonerados falsos y los que sí sufrieron daño, «ya que no se les ha hecho ninguna clase de justicia»?

En cuanto a una Firma Nacional para que no se produzcan determinados sucesos, vale comentar dos cosas.

Una, que toda esta tragedia nunca hubiera sucedido si Allende hubiera cumplido lo que implicaba la Firma que puso en la Constitución para poder gobernar, comprometiéndose a respetar el Estado de Derecho ¡y no lo hizo!

Y dos, que hemos vivido décadas tranquilos, sin pronunciamientos militares ¿y de pronto hoy se nos hace tan necesario colocarles un candado y un bozal?

¿Por qué justo ahora?

¿Es solo porque tenemos un Presidente comunista que quiere darle el manotazo a los fondos de pensiones y deja morir a la gente en las listas de espera por miles, mientras sus secuaces han robado todo lo que han podido y eso puede ocasionar su caída, junto a las alzas de impuestos que propone para construirle a cada chileno un castillo de oro?

¿Todo esto es show para salvar a un personaje que debiera estar en la cárcel?

Lo que necesitamos es incluir un Plebiscito Confirmatorio o Revocatorio del cargo presidencial.

Eso sería lo Racional y lo Democrático.

Lo justo.

¿Cuánto bastaría para Revocar y cuánto para Confirmar?

¿2/3 ó 3/4 de los votos bastarían para Revocar el mandato al Presidente?

¿Estarían todos dispuestos a dar esta Pelea «en un total imposible»?

Porque tendríamos que pelearnos para lograrlo, ¿verdad?

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