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Ese valor olvidado: la Solidaridad

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Confieso que me emocioné cuando el actual Presidente dijo, en su discurso inicial, “Nos vamos a cuidar entre todos”… esa idea tan simple ha estado ajena del país en los últimos 50 años, de hecho desde el Golpe de Estado de 1973. Medio siglo… lo suficiente como para implantar una cultura de “arréglatelas solo”, “todo se paga”, “si no tienes plata no vales nada”. Incluso se llegó a ensalzar el “orgullo” que implicaba poder pagar por la educación de los hijos… Pero entonces, ¿qué pasa con los que no pueden pagarla? Para ellos están los liceos públicos –que por supuesto en este período han tenido muy mal financiamiento, sobre todo si pertenecen a Comunas pobres-. Con esto, las diferencias socio-económicas se ahondan, porque quienes no tienen recursos no tienen la oportunidad de mejorar su situación a través de la educación.


Instalar en esta sociedad el concepto del bien común implica remontar una situación absolutamente adversa, no sólo en la situación externa que estamos viviendo, sino en la mentalidad predominante en el país

¿De qué ha servido el Estado en todos estos años? De muy poco. A cambio del pago del IVA en todo lo que se compra, ¿qué es lo que ha entregado? Se pagan la educación, la salud –recuerde que por años se debía dar cheque de garantía al ingresar de urgencia a un hospital-, obviamente la comida, el agua –cada vez de peor calidad-, el techo, la calefacción, el transporte; y para los que circulan en automóvil, el permiso de circulación, un seguro, un combustible cada vez más caro, el estacionamiento –incluso en clínicas, supermercados y en cualquier lugar donde algún otro vivaracho cobra por estacionarse frente a un conjunto de tiendas… ¡donde usted va a comprar!-… y por supuesto, están las carreteras concesionadas y los infaltables peajes.

Y los engaños y “vivarachos” abundan: ¿recuerdan que cuando apareció la TV por cable (que se presentaba como la mejor alternativa a la TV abierta y su abundante publicidad)? Pues bien, todos sabemos lo que pasó: la TV cable está igualmente llena de publicidad. Y en empresas como DirecTV, si le interesan las películas realmente recientes… tendrá que pagar extra. Si cae en el engaño de los vuelos “low cost” (supuestamente baratos)… pues para que le salgan “baratos” tendrá que viajar premunido con poco más que su ropa interior (puesta); porque le cobran extra si quiere llevar cualquier otra cosa, si excede el peso máximo de equipaje (¿?), si quiere tener un poco más de espacio, si en plena pandemia tiene la extrañísima idea de tener un asiento vacío a su lado, si elige asiento, si quiere bajar antes… etc, etc, con lo cual el precio final dista mucho de ser barato.

Sincrónicamente, mientras escribía este artículo me encontré con este escrito de @Rosa_Bucarey en El Quinto Poder: “¿Qué es el bien común?”. Entre otras cosas, dice: “Se podría decir que es percibir como propio lo que le pasa al otro, desear para el otro lo mismo que queremos para nosotros. Es fácil describirlo, pero difícil practicarlo cuando predomina la intolerancia y el individualismo. A pesar de esto no podemos olvidar que la sociedad que tenemos es fruto de nuestra responsabilidad como ciudadanos y ciudadanas. El bien común ha de estar libre de ideologías, banderas e intereses mezquinos. Quizás sea una de las pocas armas no letales y democráticas que se pueden utilizar a diario, por lo menos para volver a humanizarnos”.

“Cabría preguntarse si Chile fue siempre un país intolerante e individualista. Posiblemente no. Empezó a serlo cuando nos inyectaron en vena las políticas del liberalismo económico, en los inicios de la dictadura, cuando nos hicieron adictos al consumo, a la meritocracia, “con esfuerzo y sacrificio se llega a la meta”, a trabajar mucho para conseguir poco, a estar contentos y agradecidos por ello. Entonces empezamos a olvidarnos de los demás porque lo más importante era la satisfacción personal, disfrutar de los logros propios y de las garantías económicas que nos permitía el endeudamiento”.

 “Empezamos a viajar, cambiar el auto, comprar la primera casa, a la vez que las entidades financieras aumentaban su riqueza. Nos sentíamos por fin integrados, reconocidos porque podíamos comprar lo que quisiéramos, el sistema bancario estaba abierto y disponible las veinticuatro horas. Sin darnos cuenta sustituimos el ser por el tener y eso acaba destruyendo a cualquier sociedad y al propio Estado como garante del bienestar (educación, salud, pensiones) que poco a poco se va convirtiendo en una casa de papel, porque no tiene nada que administrar, ni a nadie que dar nada, ya que lo privatiza todo”.

Cuando por fin tenemos un Presidente que piensa en este gran tema del bien común, la igualdad y la justicia, se encuentra con una situación catastrófica en el país: una tremenda violencia, un narcotráfico desatado, la falta de control de armas en que colaboran sectores corruptos de la policía y las Fuerzas Armadas –que hasta comercializan esas armas-, una inmigración también desatada, un clasismo y una xenofobia enraizadas en la sociedad y una pandemia cuyo futuro es aún incierto… Problemas gravísimos heredados del pasado, que otros gobiernos no atendieron de forma eficaz y que a éste le obligan a emprender políticas represivas, las mismas que rechazaba hasta hace poco, como el uso de las fuerzas armadas.

Entonces, instalar en esta sociedad el concepto del bien común implica remontar una situación absolutamente adversa, no sólo en la situación externa que estamos viviendo, sino en la mentalidad predominante en el país. Pongamos por ejemplo la situación de los pueblos originarios. Respecto a este tema, he visto dos actitudes polares: la primera –que suscribo- es conmoverse de su situación, avergonzarse del trato que les ha dado el Estado chileno desde su origen: asesinato, robo, abuso, maltrato, humillación, crueldad, desprecio, engaño, discriminación… y buscar formas de reparar esa situación.

En la primera norma que se incorporó al borrador de nueva Constitución, se lee que «Chile es un Estado Plurinacional e Intercultural que reconoce la coexistencia de diversas naciones y pueblos en el marco de la unidad del Estado». Además, se enumeran a los pueblos reconocidos por la Constitución, entre ellos los «Mapuche, Aymara, Rapa Nui, Lickanantay, Quechua, Colla, Diaguita, Chango, Kawashkar, Yaghan, Selk’nam y otros que puedan ser reconocidos en la forma que establezca la ley». Esta norma lleva a algún grado de respeto por su autodeterminación, lo que no implica que tengan otro sistema legal que el resto de los chilenos.

La otra actitud frente a la situación de los pueblos originarios es concluir que su situación ya es clara, que la Conquista ya ocurrió, que deben aceptar su situación actual –independientemente de cómo llegaron a ella-. Implícita en esta actitud se encuentra, invariablemente, cierto desprecio por su cultura, sus tradiciones, su estilo de vida. De hecho, parte de los argumentos para despojarles de sus tierras –fundamentalmente a través de medios ilegales- es “que no las están usando”. Por supuesto, en esta perspectiva está implícita la mirada utilitaria, explotadora y destructiva del hombre blanco, que sólo percibe la naturaleza como una oportunidad de explotación y beneficio económico… parte de la profunda crisis ecológica que estamos viviendo. De hecho, los pueblos originarios del mundo entero suelen tener una perspectiva ecológica de la que necesitamos urgentemente aprender.

Mi propia postura en este tema es que no es inteligente seguir intentando tapar el sol con el dedo: un conflicto lo suficientemente porfiado como para durar 500 años no se acaba por decreto. Y, si examinamos la situación desde una perspectiva realmente democrática –o sea, desde el bien común, en la que TODAS las personas son importantes- no podemos simplemente descartar, de una plumada, las inquietudes de parte significativa de la población.

En otro ámbito, el destacadísimo científico chileno Humberto Maturana cuenta en una entrevista de Rodolfo Leiva, del 2014, que cuando niño vivía en una mediagua. Que su madre era asistente social y que en los momentos en que las cosas mejoraron, se cambiaron junto a su abuela a un cité. Dice que si hubiera nacido en estos tiempos, su suerte hubiera sido muy distinta a la que en definitiva tuvo: convertirse en Biólogo de la Universidad de Chile, neurofisiólogo del University College de Londres, doctor en Biología de la Universidad de Harvard, autor de decenas de libros, entre ellos clásicos como El árbol del conocimiento y El sentido de lo humano.

Dice que esa suerte se llama educación gratuita. Y también salud gratuita: “Me enfermé del pulmón y la medicina pública me mantuvo gratis un año en el hospital y un año en el sanatorio… ¡Yo se lo debo todo a este país! ¡Todo! Sin la medicina pública, yo no me mejoro; sin la educación pública yo no puedo llegar a la universidad; sin la universidad gratuita… Y ahora resulta que me entrevistan porque soy una persona ‘tan importante’ y si me preguntan a qué se lo debo, les digo: al país, a Chile”.

Una mentalidad enteramente diferente de la que conocemos. La educación gratuita nivela la cancha, le brinda igualdad de oportunidades a todos para desarrollar sus potencialidades, que de hecho son diferentes para cada uno. No somos todos iguales y eso es bueno; una sociedad realmente interesada en el bien común debe tomar en cuenta toooooodas esas diferentes capacidades, matices y particularidades. Hago votos para que nuestro país aproveche la oportunidad –quizás única- que brindan un gobierno que de verdad intenciona el bien común y la propuesta de una Convención que da un giro radical hacia una sociedad de verdad inclusiva que nos recuerde qué es eso de “cuidarnos entre todos”.

TAGS: #ChileActual Solidaridad

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Comentarios

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30 de junio

Estimado, cambie la palabra «gratuito» por «Pagado por otros», y solidaridad por » Impuesto por el Estado».
Porque lo gratuito no existe (a menos que usted trabaje gratis) ; y la solidaridad impuesta es un eufemismo para que suene bonito un hecho cohersitivo. La Real solidaridad es VOLUNTARIA
Sod

30 de junio

Si nos enseñaran generosidad desde chicos… quizás esto no sería necesario. Pero el niño más fuerte (o egoísta o agresivo o matón) se lleva toda la piñata hasta ahora. Entonces nos enseñan «caridad cristiana» y no verdadera «EMPATÍA». Lamentablemente hay muchos entre los que más tienen (no necesariamente adquirido por su esfuerzo y métodos honestos) que no conocen la palabra… y si fuera por gente así, Humberto Maturana se habría muerto de hambre.

03 de julio

Un pequeño artículo científico para saber que el sistema económico neoliberal cambió el «alma» de las personas

https://www.investigacionyciencia.es/noticias/el-neoliberalismo-fomenta-la-aceptacin-de-la-desigualdad-21055

Saludos

03 de julio

Faltó el artículo, estimado Fernando Frías…

07 de julio

Me dejó comentar, pero, al dar aceptar no subió el link:

https://www.investigacionyciencia.es/noticias/el-neoliberalismo-fomenta-la-aceptacin-de-la-desigualdad-21055

(este es otro intento)

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