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¿Qué fue el Estallido Social? (para los que ´no lo vieron venir`)

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Desde niños, hemos sido pauteados respecto a lo que podemos expresar o no, y cómo. Como niños, necesitamos que se nos permita expresar libremente todas nuestras emociones, más allá de que algunas les incomoden a los adultos. La rabia, la frustración, la pena, el llanto, el erotismo … suelen ser reprimidos, por “buena educación”, “no hacer ruido”, “ser hombrecito”, “ser señorita”, “no hacer escándalo”… y una variedad de otras razones. Cuando se nos impide hacer algo, cuando se nos frustra, es natural que surja la rabia e incluso la pataleta. ¿Ha visto a los niños hacer pataleta? Están enteros: se ponen rojos, gritan y/o lloran a todo pulmón, manotean y patalean. Eso es lo sano, darle libre curso a las emociones; y de ese modo, éstas se experimentan, siguen su curso… y a otra cosa, mariposa: no se quedan atascadas.


Todos podemos ser violentos si se reúnen ciertas circunstancias– ni en ninguna otra causa rebuscada. Surge desde la frustración sistemática de impulsos y necesidades legítimas de cualquier ser humano.

Por supuesto, están los casos en que los niños aprenden a manipular a los adultos a través de las pataletas, pero ése es otro asunto. Tampoco es la idea que rompan cosas o agredan a otras personas: es la emoción y no los actos los que deben tener libertad total. En las circunstancias habituales, la idea es permitir que el infante sienta, experimente y exprese libremente todas sus emociones; y si al adulto le incomoda… pues déjelo descargarse solo, y usted aléjese.

¿Qué pasa si los adultos no brindan esa aceptación … que es lo más común?

Como descubrió el gran psiquiatra austríaco Wilhelm Reich, toda emoción que es reprimida –o sea, a la que no se le permite expresarse- se queda en el cuerpo. Puede que incluso no recordemos los incidentes, pero el recuerdo corporal se queda allí, dando origen a nuestras tensiones y contracciones musculares crónicas, a nuestra falta de vitalidad e incluso a la depresión. Ya sabemos que este último cuadro se halla muy extendido en Chile…

Más allá de los casos individuales, nuestra cultura es bastante reprimida. Observemos todas las polémicas que llenan noticiarios porque a alguien se le ocurrió decir en público algo de forma supuestamente inadecuada –a pesar de que en cualquier conversación informal los chilenos hacemos uso generoso de una enorme cantidad de chuchadas-. Simple hipocresía y doble estándar, pero refleja fielmente nuestro nivel de represión.

Otro ámbito que genera frustración en un sector muy importante de la población es la vergonzosa desigualdad económica. Familias que han vivido por décadas en forma muy estrecha, trabajando de sol a sol, en condiciones materiales limitadísimas –carentes de espacio, agua, un entorno seguro, etc- mientras observan que los sectores más privilegiados o sus mismos empleadores viven en una desvergonzada opulencia y ostentación que cae en la inmoralidad, y que sus crímenes y abusos reciben sanciones ridículas en el sistema judicial. A esto se agregan las dificultades para ser atendidos en el sistema público de salud, el hacinamiento en el hogar y en el transporte público y el trato al que son sometidos en una sociedad que es profundamente clasista…

Este diagnóstico, que a esta altura es generalizado, no fue atacado estructuralmente ni siquiera por los Presidentes de la Concertación. No se atrevieron o no quisieron hacer reformas que de verdad nivelaran la cancha en términos de oportunidades para los más pobres. Aylwin dejó que la prensa que había luchado por el retorno a la democracia muriera de inanición; Lagos se ufanaba de la creación del CAE, herramienta para llegar a la Universidad pero también para endeudarse por décadas con los bancos… Frei vendió al mejor postor nuestros recursos naturales –agua, madera, cobre y lo que fuera- y Bachelet no se la jugó de verdad por ninguna reforma estructural, con las dos cámaras parlamentarias en mayoría, y se rodeó innecesariamente de traidores en sus Ministerios.

Lo que hemos vivido dolorosamente desde la dictadura es una sociedad individualista, en que la “solidaridad” con los menos afortunados depende de organizaciones extra-gubernamentales, como la Teletón o el Hogar de Cristo. Por décadas nos han acostumbrado –como verdaderos zombies- a tolerar cualquier cosa: Zonas de Sacrificio, en que sus habitantes deben simplemente aceptar ser envenenados por un medio ambiente tóxico sin que el Estado haga nada por protegerlos; educación y salud pagadas, y en general un abuso descomunal por todos los canales posibles –comercio, medicamentos, carreteras, tarifas de servicios básicos, estacionamiento pagado en supermercados y hospitales, etc-, mientras Bancos, AFPs e Isapres tienen ganancias estratosféricas sin dar un servicio mínimamente humanitario.

¿Salir a protestar pacíficamente? En el primer gobierno del multimillonario, tres personas perdieron la visión de un ojo, por acción directa de los psicópatas de Fuerzas Especiales –un aviso de lo que vendría en su segundo período-… ¿salir por tus demandas para que te maten o te dejen ciego? Hubo marchas “no más AFP”, ignoradas por la clase política, y personas que pagaron alto precio por oponerse al sistema: Alex Lemún, asesinado por Carabineros en Noviembre 2002; José Huenante, desaparecido en septiembre 2005; Matías Catrileo, asesinado por Carabineros en Enero 2008; Nicolasa Quintremán, su cuerpo fue hallado flotando en el lago Ralco en Diciembre 2013; Macarena Valdés, encontrada “ahorcada” (¿?) en Agosto 2016; Alejandro Castro, encontrado ahorcado en Octubre 2018; Camilo Catrillanca, asesinado por Carabineros en Noviembre 2018; Alex Muñoz, encontrado ahorcado en Diciembre 2018, y Marcelo Vega, encontrado muerto en Enero 2019. Nótese que los mapuche siguieron siendo perseguidos por todos los presidentes concertacionistas… ¿Qué tienen en común estas personas? Todos dirigentes sociales o medioambientales, o individuos comunes y corrientes haciendo demandas simples, que por supuesto van en contra de los intereses económicos de los poderosos…

En Octubre 2019, finalmente algo reventó en una gigantesca CATARSIS, “Y se abrieron las grandes Alamedas”… un gobierno inepto, sin ninguna empatía y lleno de charlatanes superficiales, mentirosos y corruptos que sólo eran expertos en llenarse sus propios bolsillos, no entendió nada. Connotados personajes calificaron el estallido de “invasión de alienígenas”; otros genios lo atribuyeron a un complot fraguado por Maduro y otras siniestras figuras del “comunismo internacional” y otras sesudas hipótesis… no era necesario buscar muy lejos, sin embargo, pero para eso se requería algo de humanidad, algo de lo que el gobierno del multimillonario carecía por completo… junto con numerosas figuras de gobiernos anteriores, que como se ha visto en estos días, aún no dan señas de haber recibido el mensaje.

En lugar de eso, en una política bestial y sistemática –idéntica a la de sus primeros cuatro años y que aún no recibe verdadera sanción-, el gobierno del codicioso insaciable ordenó a Carabineros disparar a la cara de los manifestantes… Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), 34 personas murieron y 460 personas resultaron con lesiones oculares, de las cuales dos —Gustavo Gatica y la actual senadora Fabiola Campillai— quedaron ciegas y 35 sufrieron pérdida total de uno de los ojos. Una violencia desquiciada de Carabineros que no veíamos desde la Dictadura: organismos internacionales como Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos HumanosHuman Rights Watch y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos emitieron informes aplastantes respecto a graves violaciones a los derechos humanos cometidas por funcionarios del Estado chileno.

Para mí es claro: la violencia –tan incomprendida- que reinó en esos días no tiene su origen en la “maldad intrínseca de los comunistas”, ni en ninguna diferencia genética que explique que algunos individuos son violentos y otros no –premisa que es falsa: Todos podemos ser violentos si se reúnen ciertas circunstancias– ni en ninguna otra causa rebuscada. Surge desde la frustración sistemática de impulsos y necesidades legítimas de cualquier ser humano. Vista así, la aparición de la violencia es un síntoma que debe ser escuchado, no algo a reprimir.

De hecho, en la actualidad existen cantidad de terapias que precisamente buscan que los participantes logren descargar sus emociones reprimidas, y con ello recuperan su vitalidad y deseos de vivir. Por otra parte, como sociedad debemos madurar y hacernos cargo de que todos los habitantes de este país requieren de un piso de condiciones y oportunidades mínimas para poder desarrollarse como individuos. Y hay una enorme cantidad de personas que no tienen todo el tiempo del mundo para seguirle el juego al poder económico: ya han esperado demasiado, y muchos han muerto en el camino esperando una sociedad más justa. Que la población siga en un régimen asfixiante para la mayoría y que NO tenga reales posibilidades de cambiar las cosas –excepto con la oportunidad dorada que representa este plebiscito respecto a la Nueva Constitución– es una bomba de tiempo. ¿Aprovecharemos la oportunidad? Muy pronto lo sabremos.

TAGS: #ChileActual #Desigualdad #EstallidoSocial

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Comentarios

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Pablo Correa

19 de agosto

Que la Campillai llamara a «quemarlo todo» no me extraña. Después de todo no deja de ser una pobre analfabeta que pasó de «víctima» a parásita del Fisco; pero que un supuesto «académico» justifique la violencia de tal forma, solo me hace juntar un poquito más de rabia para devolvérsela en su cara algún día, porque ¿sabe qué? la gente decente también se cansa; los que nos levantamos a trabajar temprano a trabajar (no a la hora que se levanta Merluzo, ni a cobrar el sueldo que él y su camarilla cobran) y que tratamos de vivir sin molestar a nadie, estamos hasta la coronilla de escuchar a la tropa de huevones progres que se dedican a defender delincuentes y endiosar barras bravas. Yo crecí con bastantes carencias y salí solito adelante, porque en vez de ocupar el internet y el tiempo libre para la manflinfla, el trago barato y la pasta base, estudié y trabajé al mismo tiempo para salir adelante, así que por favor, un poco más de respeto por la gente de trabajo (dos palabras que parece que usted tampoco conoce) y en lo sucesivo consiga mejores argumentos para defender ese pobre bodrio indigenista que nos quieren imponer, ya que echarle la culpa al empedrado, «al bloqueo imperialista» y al largo etcétera a que recurren los izquierdistas para justificar su mediocridad, ya está pasado de moda.

19 de agosto

Parece que es usted el que está a punto de quemarlo todo… ¿y acusan a «los otros» de violencia? Un poquito de introspección no le vendría mal.

20 de agosto

Señor Celis..¿tiene alguna prueba de que el «gobierno del codicioso insaciable ordenó a Carabineros disparar a la cara de los manifestantes»?
¿O lo declara como impulso psicológico de su yo?

21 de agosto

Cómo le va, señor Bechtold… un gusto que lea columnas que transmiten una comprensión más empática y solidaria con nuestros semejantes. De hecho, cantidad de investigaciones demuestran que las personas que sienten más empatía con sus semejantes son más sanas emocional y psicológicamente. Quizás la respuesta del señor Correa a esta misma columna ilustra el punto! Saludos cordiales!

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