#Política

Dieta para los honorables; antidieta para el populacho

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Sale bien carito vivir en invierno. Bien, bien caro. A mí la cuenta me salió de más por culpa del frío. Sé que a muchos más también.


Este país es el mundo al revés, como decía Galeano, Alicia no necesita adentrarse en un agujero o en un espejo para encontrar las cosas patas arriba.

No me imagino a los pensionados, a la gente sin sueldo mínimo, a los desempleados, al indigente. A mí me cuesta, pero me siento, casualmente, privilegiado; como dice Brecht, «es cierto que aún me gano la vida/ Pero, creedme. Es pura casualidad.».

Por mi parte me doy el lujo de ganar un sueldo acotado pudiendo ganar un par de veces más; me doy el lujo de darme tiempo; me doy el lujo de enajenarme un poco y malgastar; me doy el lujo de ser solidario o no; me doy el lujo de no romperme el lomo. Y nuevamente me acuerdo de Brecht: «Me dicen: “¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!”/ Pero ¿cómo puedo comer y beber/ si al hambriento le quito lo que como/ y mi vaso de agua le hace falta al sediento?/ Y, sin embargo, como y bebo».

Y pienso esto justo cuando un «honorable» defiende su descarada dieta parlamentaria (top OCDE) argumentando que los futbolistas ganan más de 100 millones y nadie dice nada. Pero es una confusión natural de quien confunde lo público de lo privado y fruto del incesto entre el poder político y el poder económico. ¿Cuantas neuronas se necesitan para ganarse un escaño en el congreso? Le aclaro que las platas de su dieta salen del bolsillo de todos: pensionados, gente sin sueldo mínimo, gente sin trabajo, hasta del indigente que por fin logra juntar plata para un pan le paga su dieta sagradamente. Estas mismas personas, no está demás decirlo, llevan una antidieta que consiste en cocinar lo justo (y por consiguiente matarse de frío en invierno para ahorrar gas), pasar hambre o, en el mejor de los casos, comer poco.

Y ciertos honorables se ponen iracundos cuando les enrostran que ejercen contra el pueblo; que aumentan la desigual brecha entre ustedes los que tienen a destajo y los que no; hierven cuando les enrostran que pactan con el diablo, que se revuelcan con sus «enemigos» y ellos se defienden diciendo que los acuerdos son necesarios. Entonces preguntan en voz alta «¿Es que quieren echarlos a todos? ¿Es que acaso aborrecen la democracia y prefieren las dictaduras?». Sin embargo la dictadura se impuso, primero, a punta de fusil y luego se acomodó otra a punta de apretones de mano y de plata en los bolsillos. Y esta otra dictadura es paradoja: fue silenciosa y bullada, amada en secreto y odiada en el foro público; esta dictadura es la del dinero (para consumir absurdos), la del lucro (para acumular), del capital mal habido (para asaltar), esta dictadura es la del neoliberalismo pornográfico. Entonces los acusamos y es aquí cuando se cuadran las derechas y las «izquierdas» y se comportan como casta y como casta privilegian una clase que no es el pueblo. Entonces consecuentemente aprueban reajustes, pero desaprueban las rebajas. Y el resto toleramos porque «no queda otra», porque «así son las cosas», porque «no hay nada que hacer»; nada que hacer hasta un par de años más cuando vuelvan con soluciones travestidos y balbuceando las palabras mágicas para ganarse un escaño, una dieta y un futuro: «pueblo», «gente», «trabajadores», «jóvenes», «mujeres», «educación», «salud», «trabajo», «progreso», «transparencia» son las palabras.

Este país es el mundo al revés, como decía Galeano, Alicia no necesita adentrarse en un agujero o en un espejo para encontrar las cosas patas arriba.

TAGS: #CrisisPolítica Dieta parlamentaria Sueldos Parlamentarios

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Comentarios

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Eugenia Mejía Manzano

03 de julio

Me gustó mucho esta entrada,bien escrita y desarrollada…me gustaría leer su mirada crítica a los ciudadanos también,porque colaboramos harto,- sin disculpar a los “honorables” -,para que el país esté patas arriba. Gracias…

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