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David Fincher: Perspectiva e imaginación sociológica en Mindhunter

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AVISO: esta columna puede contener algunos spoilers menores sobre la primera temporada de la serie.

David Fincher ha vuelto con una nueva producción sobre asesinos seriales, esta vez sobre los inicios de una unidad especial del FBI a cargo de formular un manual para detectar a potenciales “asesinos en secuencia”.

En Mindhunter de Netflix han abundado desde el primer capítulo las referencias sociológicas al estudiadísimo fenómeno de la desviación social. Primero se hace notar el recurso de la imaginación sociológica de C. Wright Mills, sociólogo norteamericano de vasto aporte a la disciplina. En su libro la imaginación sociológica (texto introductorio básico a la sociología) postula que las  personas, en algún momento del transcurso de sus vidas, han debido plantarse las dificultades y límites del actuar en sus respectivas vidas y muchas veces no pueden superarlas. Sin embargo, difícilmente van a impugnar dichas dificultades y limitantes a largos procesos históricos-sociales o a “contradicciones institucionales”; en último término, “no pueden hacer frente a sus problemas personales en formas que les permitan controlar las transformaciones estructurales que suelen estar detrás de ellas”.


La producción de la serie ha debido recurrir a la imaginación sociológica para configurar en la trama el estudio incipiente del comportamiento humano en los albores del FBI por entender lo inentendible: los actos de algunos criminales que no parecen tener lógica alguna y que están fuera de todo prospecto sobre criminalística.

Ahora bien, la imaginación sociológica aparece como la promesa de que podamos atar cabos entre las distintas y complejas dimensiones del ser humano, desde lo individual a lo social por nombrar la más elemental; La imaginación sociológica es una condición necesaria para desarrollar una cualidad mental que nos permita usar e interpretar un vasto mar de datos e información que rebasan nuestra capacidad de asimilación. Esta aproximación teórica se hace patente en uno de sus protagonistas desde el capítulo uno, aunque el mismo protagonista no sé de cuenta que está haciendo uso de esta cualidad socio-imaginativa para superar las dificultades que se presentan en su carrera profesional.

La producción de la serie ha debido recurrir a la imaginación sociológica para configurar en la trama el estudio incipiente del comportamiento humano en los albores del FBI por entender lo inentendible: los actos de algunos criminales que no parecen tener lógica alguna y que están fuera de todo prospecto sobre criminalística. La tarea es entonces la elaboración de un nuevo “manual” para entender aquello que escapa a todo lo conocido hasta entonces sobre el comportamiento criminal. El desafio lo asumen los agentes especiales del FBI Holden Ford y Bill Tench a quienes se posteriormente se suma Wendy Carr, Doctora psiquiatra. El desafío los llevará indefectiblemente a una cruzada profundamente epistemológica sobre el estado del arte de la criminalística en los Estados Unidos de finales de los 70’.

Para plantear el problema epistemológico, Fincher se ve obligado a recurrir a un personaje secundario: Debbie Mitford, estudiante de sociología. Ella en el primer capítulo le advierte a Holden Ford (personaje principal) que si está estudiando y enseñando sobre criminales y sociópatas, debe introducirse en la lectura de Emile Durkheim (sociólogo francés del siglo XIX, pionero en el método sociológico) sobre desviación. De esta manera el personaje principal, a través de su cruzada epistemológica, va tomando conciencia de la apertura de un campo de conocimiento desconocido, así como de las dimensiones complejas del ser humano que su “limitada perspectiva de agente federal” (en palabras de Debbie) no logra comprender. Lo que sugiere Debbie a Holden, en última instancia, es que necesita de la “perspectiva sociológica”.

Pasada poco más de la mitad de la serie ya se habían mencionado en algunas líneas los trabajos de Erving Goffman sobre la sociología performativa, enfoque teórico que plasma en La presentación de la persona en la vida cotidiana y que postula que las personas en la “interacción simbólica” de la cotidianeidad,  adoptan distintos roles en sus biografías tal como si fuera una obra de teatro: con diversos roles que asumir, un escenario, bambalinas, guiones, etc. Esta “reseña” que hace Debbie a Holden, le resulta de mucha utilidad para que comprenda las estrategias de los asesinos seriales en el desenvolvimiento cotidiano de sus vidas. Se mencionan además los anacronismos teóricos de Cesare Lombroso en la categorización estereotipada de los criminales; y a Pavlov, otro conductista; en otra escena vemos a Debbie estudiando al propio C. Wright Mills sobre su libro La Elite del poder, libro que ha tomado gran vigencia sobre la correlación entre la política, el dinero y los medios masivos de comunicación.

Finalmente, e independiente de las sugerencias al espectador sobre la necesidad de una imaginación sociológica, la serie plantea otro (y muchísimo más interesante) dilema en la línea argumentativa: la necesidad de un nuevo paradigma y la formulación de una metodología capaz de sistematizar toda la información que éste grupo de agentes del FBI han logrado recabar sobre el comportamiento desviado en los criminales violentos.

 Juego Profundo: dilemas metodológicos y epistemológicos de los cazadores de mente

En el transcurso de la serie, los personajes se enfrentan a un viejo dilema epistemológico que en ciencias sociales fue elocuentemente abordado en un escrito del antropólogo estadounidense Clifford Geertz: Juego Profundo: nota sobre la pelea de gallos en Bali. En dicho escrito Geertz plantea las dificultades del investigador para lograr confianza entre sus fuentes de información,  en este caso los nativos de una comunidad en Indonesia que practicaba de manera clandestina la pelea de gallos. Geertz se enfrenta a la dificultad de no poder obtener información (ni mucho menos fiable) por su mera presencia. Para él es imposible pasar desapercibido, el investigador mismo interfiere en “su objeto de estudio” dificultando precisamente la anhelada objetividad. Pero esa es otra arista del problema. Geertz sólo termina siendo aceptado por la comunidad cuando se ve involucrado en una redada policial que allana el lugar clandestino donde se celebraban las competencias de gallo (naturalmente, él también se vio en la obligación de escapar de la policía, siendo en ese momento un fugitivo tal como los miembros del club de pelea) Esta condición permitió que los nativos (en un gesto que el propio Geertz no esperaba) lo defendieran bajo el argumento de que él no era un delincuente, sino un investigador que venía haciendo su trabajo en un momento y lugar equivocados.

En este mismo dilema se encuentran Holden y sus compañeros cuando notan que su mera presencia interfiere en los resultados de la investigación; al principio, la estrategia de Holden es adaptarse de manera intuitiva a las diversas características de personalidad de los psicópatas para lograr no solo información relevante, sino además confiabilidad. Al principio el protagonista sólo toma notas, pero después se da cuenta que necesita grabar las entrevistas; tampoco posee un cuestionario, pero aun así logra recabar cierta información para comenzar a trazar de manera incipiente perfiles sociopáticos.

La irrupción de otro personaje se hace necesaria puesto que Holden es incapaz de realizar la hazaña metodológica y epistemológica sin la ayuda de un experto. La doctora Wendy Carr hace su aparición como una psiquiatra experta en conductas desviadas que hace clases en la universidad de Boston. Ella es capaz de ver el potencial del trabajo que vienen haciendo Holden y su compañero Bill Tench (de hecho es la primera persona que les corrobora que sus investigaciones podrían tener aspectos revolucionarios)  Pronto se hace parte del equipo dejando atrás su exitosa vida académica. Sin embargo, ella platea un problema metodológico que puede interferir y dificultar la recabación de la información durante la investigación: la falta de sistematización. Ella sostiene que es necesario utilizar un cuestionario para poder sistematizar, clasificar y depurar la información en categorías analizables. En principio sus compañeros están de acuerdo, pero Holden y Tench pronto se dan cuenta que esta impronta analítica es poco eficaz al momento de realizar las entrevistas. Dejando de lado las sugerencias “académicas” de Wendy Carr, Holden arbitrariamente readapta su estrategia al contexto en que se realiza la investigación. A este punto, Holden ha llegado a lo que Clifford Geertz plasmó en su escrito sobre la pelea de gallos en Bali y que él llama el Juego Profundo, es decir una apuesta del todo o nada. Para el filósofo Jeremy Bentham (de quien Geertz toma el concepto) un juego profundo es aquel donde el riesgo es tan grande que resulta, en términos vitales, una actitud prácticamente irracional.  Sin embargo como platea Geertz, no se trata aquí en entender el riesgo en términos vitales, sino en términos  simbólicos y de perdida de status: Holden ha puesto en riesgo todo el resultado del trabajo realizado en la unidad especial del FBI junto a sus compañeros y su fracaso lo dejaría afuera de la propia unidad que fundó. Aquí el juego profundo se desarrolla en las dimensiones metodológicas y epistemológicas en disputa con sus compañeros y superiores en la elaboración de sus investigaciones en comportamiento humano.

Epílogo

Independientemente de este acercamiento y análisis, la serie no se queda atrás en cuanto a estética y desarrollo de personajes, se nota el cuidado y esmero prolijo en la evolución de estos; no han caído en el sensacionalismo de la violencia y el gore para retratar una temática que bien podría tentar a los realizadores a competir con la tendencia a mostrarlo todo sin dejar ya nada a la imaginación. En este sentido han hecho una buena apuesta al dejar que se desarrolle en las mentes de los espectadores el horror implícito plasmado en los testimonios de los personajes más grotescos a la hora de detallar la barbarie humana sin la necesidad de mostrar más de lo necesario. En ese sentido han dejado una huella mental profunda y poco común. El estilo de Fincher ha sido refinado y ha cristalizado junto a sus obras más notables del género que ha venido explotando hace años; y ha dejado la expectativa demasiado alta para la segunda temporada y es de esperar que no decepcione.

Finalmente para excusarme de ver la serie en cuatro días (recomiendo que tengan una buena excusa si la ven en menos días u horas) podría decir que lo que he hecho es más bien prestar atención a un debate académico entre personajes entrañables, debate de características revolucionarias en cuanto a metodología y epistemología; o decir por ejemplo que los personajes principales están basados en personas de la vida real; y si eso no es suficiente, el mismo Stephen King ha dicho por su cuenta de Twitter que recomienda encarecidamente ver Mindhunter si es que quieren ver algo que los deje con la boca abierta sin mucha salpicadura de sangre.

TAGS: #Películas #Series Sociología

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