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Desde lo alto del ciprés I

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La Nación

Primera parte de un artículo de opinión concerniente a las primarias presidenciales recién pasadas, enfocadas en Apruebo Dignidad y los otros candidatos de centroizquierda.

Con 3.139.764 votos, el domingo 18 de julio se realizaron las elecciones primarias más exitosas, en términos de participación, en la historia de Chile. Primarias que fueron oficiadas por Servel y que tenían carácter vinculante para Apruebo Dignidad y para Chile Vamos, que buscaban con ellas concordar un candidato único. La otra lista de izquierda, Unión Constituyente, quedó fuera de esta instancia gracias a problemas propio donde mostraron públicamente su incapacidad de generar acuerdos incluso en momentos tan cruciales e importantes para el país, que es un fantasma que hasta el día de hoy les ronda.

Aunque todos esperaban una clara victoria para Daniel Jadue y Joaquín Lavín, para sorpresa de todos los victoriosos del domingo 18 de julio fueron Gabriel Boric y Sebastián Sichel, derrotando a estos políticos mediáticos, extremadamente visibles y que marcaban la agenda día a día. Es claro que no es casualidad este resultado, hubieron variados factores y mucho trabajo propio de parte de ambos candidatos para llegar hasta el final.

Gabriel Boric y el Frente Amplio lograron movilizar efectivamente a la juventud en general, y no solo a las juventudes partidistas, consolidando con sus victorias municipales un mayor y mejor control territorial que le redituó una movilización mayor de votantes que la que capaz de realizar Daniel Jadue y el Partido Comunista, el que, cabe destacar, aunque se alinee con las causas que apoya la juventud, está lejos de ser parte de ella con sus 54 años, frente a los 35 recién cumplidos de Boric, que es algo que el electorado militante joven nota y que es numéricamente mayor en el Frente Amplio que en las Juventudes Comunistas y organizaciones asociadas por una diferencia de casi 365.000 personas, diferencia que se hizo notar fuertemente en la jornada electoral del pasado domingo.


Gabriel Boric y el Frente Amplio lograron movilizar efectivamente a la juventud en general, y no solo a las juventudes partidistas, consolidando con sus victorias municipales un mayor y mejor control territorial que le redituó una movilización mayor de votantes que la que capaz de realizar Daniel Jadue

Esto deja claro que la izquierda, al igual que la derecha, ha de pasar un sustantivo recambio generacional con gran detrimento de las cúpulas más viejas y abriéndole el espacio a dirigencias políticas nuevas, jóvenes y con ideas igual de nuevas y renovadas.

Jadue: Corrió solo y llegó segundo

Teniendo en cuenta que solo Apruebo Dignidad dio una muestra de unidad y coordinación para llevar a cabo una elección primaria de carácter vinculante, Daniel Jadue siempre se mostró confiado durante toda la campaña de las primarias, ocasionalmente hasta arrogante. Y tenía buenas razones para serlo. Al fin y al cabo, el Partido Comunista había logrado capitalizar con éxito la movilización y malestar social de la Revuelta de Octubre luego de mucho haberle costado, incluso siendo increpados y expulsados en distintas partes del país donde ocurrían manifestaciones en noviembre de 2019. Consiguieron orientar un movimiento acéfalo y amorfo dentro de una narrativa supuestamente pre-revolucionaria en la cual la sociedad chilena no solamente necesitaba y quería, sino que iba en dirección a crear cambios sustanciales contra el neoliberalismo, aunque obviando decir públicamente que estos cambios iban a ser de carácter socialista pero, sin embargo, el discurso dejaba subyacentemente claro que iba en dirección a un estado pre-revolucionario, tal como lo indica el clásico texto de Lenin.

El plan era simple: aprovechar la coyuntura y la capitalización de los esfuerzos del trabajo de sus bases y de las exitosas negociaciones con varios colectivos de extrema izquierda, para generar apoyo extrainstitucional y “de la calle” con los movimientos sociales aglutinados con la Revuelta de Octubre, creando una narrativa de que esta era el preludio de cambios estructurales que, en conjunto la Convención Constitucional, destruirían el neoliberalismo, el Modelo (ese con M mayúscula), las injusticias sociales, los flagelos de las minorías invisibilizadas y, en general, todo aquello fácilmente compartible en redes sociales.

El PC, muy fehacientemente encarnado en su candidato, Daniel Jadue, sería la vanguardia de esta épica, siendo él el primer Presidente del Nuevo Chile, del Chile de la Nueva Constitución hecha por la Convención, siendo un cuasi superhombre nietzscheniano antineoliberal que guiaría al nuevo gobierno a cambios sustanciales y permanentes en la sociedad chilena. Y aunque el Frente Amplio eran sus compañeros de coalición y, por ende, su contrincante en estas elecciones primarias, su participación debía ser nominal para cumplir con la formalidad que imponía el Servel y dar una imagen de rectitud frente a una ciudadanía que sabía que la presidencial era Lavín contra Jadue desde hace años, donde solo él era el adalid de la izquierda chilena, aquel que demostró que los partidos de supuesta izquierda no podían ponerse de acuerdo, aquel a quien el empresariado temía, aquel que hacía temblar los mercados, aquel cuya labia avivaba la alegre rebeldía. Aquel destinado a enfrentarse al gran empresariado y ganar, aquel destinado a enfrentarse a las opresiones que impedían a las minorías ser felices y ganar, aquel que estaba destinado a enfrentarse a la UDI y al legado de Jaime Guzmán y ganar, aquel que estaba destinado a enfrentarse a Joaquín Lavín y ganar. La elección estuvo lista y ganada desde un inicio. Todo era parte del plan.

Esto se vio, quizás con o sin complicidad consciente del Frente Amplio, en los primeros debates televisados entre Jadue y Boric, donde decían prácticamente lo mismo y las contraargumentaciones se limitaban casi a agregar y complementar cosas que el otro había dicho anteriormente, haciendo que estas más que un intercambio de ideas fuera una cámara de eco, donde uno decía lo mismo pero de forma más o menos directa, hablando de manera más o menos golpeada. Una conversación entre amigos donde ni la forma ni el fondo eran objeto de cuestionamientos, quizás solo algunos detalles.

Fue demasiado notoria la similitud entre ambos candidatos y terminó siendo objeto de burlas y risas en redes sociales, así que Jadue debía diferenciarse sustantivamente de Boric para dejar claro que no eran el mismo candidato, o los votantes de Apruebo Dignidad bien podrían votar sin mirar la papeleta si es que daba igual, ya que ambos decían lo mismo. La solución hallada por el equipo comunicacional de él fue endurecer el tono y enmarcar sus respuestas en una aventura homérica de justicia social, dejando de lado la exposición de ideas concretas y un plan país para pasar a la narrativa de las grandes transformaciones y las grandes denuncias de las injusticias y abusos, deslizando no sutilmente que su candidatura estaba correlacionada con la actividad de la Convención Constitucional, donde ambos neutralizarían a la derecha en este afán de doblegar al empresariado y derrotar al neoliberalismo, alejándose consciente o inconscientemente de la búsqueda de la centroizquierda y de aunar voluntades colectivas en ese lado del espectro político, pero aún dentro de lo razonable y esperable dentro de lo que se conoce tan bien de la comunicación comunista, donde es previsible esta grandilocuencia.

Entonces llegó el debate de CNN en la noche del 11 de julio, y las protestas en Cuba durante el día.

Aquel día, en más de 15 ciudades y pueblos cubanos, la gente salió a protestar por la falta de alimentos, medicamentos y una considerada mala gestión de la pandemia por el gobierno de ese país. Al ser confrontado por aquello por los periodistas moderadores del debate, siguió rápidamente la línea argumental del gobierno cubano de calificar a los protestantes como “mercenarios” estadounidenses y “agentes de la CIA” o instigados por ellos, de manera progresivamente más airada, llegando a su punto álgido cuando, al hablar sobre propuestas de derechos humanos, se le consultó si es que la represión policial cubana a los protestantes no constituía una violación a ellos, dado la fuerza aplicada que fue calificada como desproporcionada por varios observadores, así como si era una violación de la libertad de asociación el que el Presidente de Cuba, Mario Díaz-Canel haya dado una “orden de combate” a los comunistas cubanos, llamándolos a que vayan a los lugares de manifestaciones, con la indicación implícita de contramanifestarse e incluso combatir a los primeros. Todo esto fue negado tajantemente por Jadue, quien apoyó completamente el actuar del gobierno cubano, repitiendo que los protestantes solo eran agentes desestabilizadores mandados por el gobierno de Estados Unidos.

De igual forma, sus propuestas e ideas se mantenían marcadas por esta grandilocuencia que fue aumentando en intensidad narrativa, alejándose del discurso de centroizquierda y volviendo a la izquierda dura y hasta extrema, más cerca del nicho natural del PC, con ataques verbales directos contra el empresariado, pero cada vez con menos propuestas concretas, siempre desde la poesía política y la propaganda. Flaco favor le hizo que durante la semana, cada intervención de los medios estuviera marcada por su tono mucho más confrontacional de lo habitual y colérico, a la defensiva cuando se le preguntaba por la situación de Cuba, lo que terminó en un silencio mediático absoluto autoimpuesto hasta el día de la elección para prevenir más deslices con la prensa.

Queda claro que al PC le pesa vivir en una contradicción absurda de haber dejado el marxismo-leninismo enterrado hace décadas, siendo en la práctica un partido socialdemócrata de tomo y lomo, pero con la inexplicable tradición de defender el chavismo y el revisionismo cubano de manera irrestricta, automática y dogmática, dejando entrever al común de la gente que, para ellos, hay violaciones a los derechos humanos que son buenas y violaciones a los derechos humanos que son malas, dependiendo de quién gobierne. Fue tremendamente decidor, por ejemplo, que la primaria en China la haya ganado Boric con 40 votos, frente a los solo 8 para Jadue.

Frente a la llamativa votación que sacaba Gabriel Boric en comunas pudientes, los partidarios de Jadue acusaron abierta y rápidamente que la derecha había saboteado al candidato comunista para impedirle aparecer en la papeleta en noviembre. Ignorando en su necesidad de buscar culpables externos, que, aunque de manera no tan pronunciada como en algunas de esas comunas, la preferencia por Boric era un patrón constante en todas las comunas, incluyendo en ciudades que históricamente han sido un fuerte bastión para el PC, como Antofagasta y Lota. También fallaron en ver la fuga de votantes que provocó el estilo cada vez más confrontacional y agresivo de Jadue en momentos de gran inestabilidad social y política, en donde se espera una gran crisis económica apenas se controle la pandemia en el país, lo que genera incertidumbre, que solo aumenta con una narrativa como la que él propugnaba y que prefirieron a Boric como alguien más genuinamente de centroizquierda, con propuestas más posibles y realistas, que tenían un proyecto mucho menos nebuloso de Estado y de sociedad.

Entonces, si el plan era tan bueno y bien armado, es normal la sorpresa que tuvo Jadue al término del conteo de votos, ya que una elección que tenían ganada desde un principio había fallado, por culpa, públicamente, de esos malvados fachos que se organizaron para sabotear al comunista, pero, íntimamente, por culpa de ellos mismos y del propio candidato, que erraron con la agresividad del discurso, que dejó a la centroizquierda a la deriva, lista para ser tomada con facilidad por Boric con un discurso más mesurado y centrado en el país. Sorpresa que se notó en el tono que ocupó para hacer su discurso final indicando su fracaso en la elección y la victoria de Boric, donde se percibió que hubo un cambio de último minuto en el texto, porque ya no fue observable que hablara con tanta seguridad, como siempre lo hacía, con la elocuencia a la cual nos tenía acostumbrados en todas sus participaciones mediáticas. Era un tono mucho más pausado, más conciliador, hasta autocrítico.

Quizás, un tono más humilde.

Oportunidad perdida para candidatos perdidos

Gabriel Boric ganó las primarias y se convirtió en el candidato de Apruebo Dignidad. ¿Y qué pasó al final con Unidad Constituyente entre sus fracasadas primarias y las exitosas de los demás? Nadie se acuerda de Heraldo Muñoz (PPD), Carlos Maldonado (PR) ni de Paula Narváez (PS). El primero ya el 19 de mayo, mientras se realizaban las reuniones que terminarían en el intento fallido de primarias se retiró de la carrera presidencial asumiendo con claridad que era un esfuerzo perdido, que su partido generaba más anticuerpos que las capacidades que era capaz de aunar a su lado, y que no tenía fuerza alguna para negociar nada.

Carlos Maldonado, Presidente del Partido Radical aparte de su abanderado presidencial, junto a su partido supieron ver los cambios que la ciudadanía iba a demandar en estas elecciones presidenciales, siendo el primero en exigirle a su coalición de que se realizaran primarias vinculantes para definir un candidato único, lo cual eventualmente graficaría su fracaso al llegar solo al Servel y esperar en medio del frío a los candidatos del resto de Unidad Constituyente, los cuales nunca llegaron, dando un espectáculo de patetismo no de él, sino de los otros partidos que dejaron patente su incapacidad de salirse de las lógicas de las negociaciones y vetos para ponerse de acuerdo en algo tan importante en un momento tan delicado. Ahora bien, Maldonado no salió airoso de este suceso, solo quedó como alguien comprometido con el funcionamiento institucional de la República, y si bien eso es loable, no logró granjear ningún tipo de apoyo adicional ni generó un cambio de comportamiento en sus otrora aliados, quedando visto como una candidatura testimonial, que se sabe fracasada desde un principio y que buscará probar fortuna en la primera vuelta para ver si tiene la suerte de sacar al menos 10.000 votos, que es el mínimo con lo cual puede negociar algo, sea con Boric o con Provoste. Es una victoria moral en el mejor de los casos. Una que, de todas formas, tiene funcionando la calculadora a un lado.

Por su parte, y citando la desafortunada frase del ex presidente del Metro, Clemente Pérez, la candidatura de Paula Narváez nunca prendió, ni siquiera dentro del propio Partido Socialista, aún cuando es percibida como la continuidad natural de Michelle Bachelet y como nombrada por ella misma. Jamás pudo acercarse a la visibilidad y magnetismo de los candidatos de Apruebo Dignidad, y sus críticas a Joaquín Lavín y al Gobierno eran ignoradas por todos, desde la sociedad y la prensa, hasta por los mismos aludidos. En el peor de los casos, de continuar su candidatura, será vista como un sifón de votantes en contra de Boric, que le puede dar ventaja a Sebastián Sichel en la elección de noviembre por sobre él y culpada por ello y de buscar formar, de facto, un tercer gobierno de Bachelet, a quien los más jóvenes y no tan jóvenes son rápidos en apuntar como culpable, con variable grado de verdad, de muchos de los problemas estructurales de los cuales demandan solución, particularmente en el rubro educativo.

La inexistencia política y social de estos candidatos ha sido el factor decisivo que ha de permitir que Boric se posicione como el candidato de centroizquierda, donde compensará la pérdida natural de algunos votos de Jadue al no irse tan al extremo. Estos tres candidatos desperdiciaron una gran oportunidad mediática de ganar una muy vitalmente necesaria notoriedad que les hubiera dado la chance de mostrarle a la gente sus proyectos presidenciales y su visión de sociedad.

Ahora, Narváez, por ejemplo, ha comprendido que es imperiosa una primaria en Unidad Constituyente en vista de legitimarse frente a la ciudadanía, pero el PPD ya no tiene candidato propio y le dio su apoyo oficial, rompiendo de paso cualquier amago de primaria con la DC, la paciencia de Maldonado ya fue puesta a prueba y ha dicho explícitamente que irá sí o sí en la papeleta de voto, y Servel ya no tiene espacio de tiempo para realizar otra primaria oficial vinculante, quedándole solo por opción buscar una primaria convencional, que no genera obligatoriedad en el respeto de sus resultados y que no será tomada seriamente por la ciudadanía.

Su revelación llega demasiado tarde.

TAGS: #Elecciones2021 #Presidenciales2021 #Primarias Presidenciales

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