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El Consejo Nacional de Educación y la impronta antidemocrática del currículum escolar

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Durante los últimos días, se ha desatado un gran debate, a propósito de la aprobación, tras largo tiempo, de las Bases Curriculares de 3° y 4° medio. Se trata del instrumento público que establece los aprendizajes obligatorios para cada nivel educativo en la educación parvularia y escolar, y del cual se derivan los planes de estudio, que definen las cantidades de horas para cada asignatura. La polémica se generó a propósito de la decisión de que la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Educación Física y Artes quedaran fuera de las asignaturas obligatorias de la formación general.


Con justa razón, se ha comparado al Consejo Nacional de Educación con el Tribunal Constitucional. La labor del CNED está alejada del ejercicio democrático y la participación de la sociedad civil y los estamentos que conforman la comunidad educativa

La reacción fue similar a lo que ocurrió cuando se planteó la propuesta de quitar Filosofía de los ramos obligatorios de aquellos niveles, en el gobierno de la Nueva Mayoría. Comprendiendo las reacciones negativas que generó la decisión del Consejo Nacional de Educación (CNED), considero que la discusión es y será la presencia nula, menor o mayor de ciertas asignaturas, por sobre el complejo entramado de decisiones político-educativas en seleccionar cultura que nuestros estudiantes deben aprender, o sea, el currículum. Para avanzar hacia un debate más profundo y amplio sobre lo que se enseña y lo que se aprende, no podemos abstraer la educación de las condiciones políticas, económicas, sociales y culturales del país, y, por tanto, debemos volver a los orígenes de nuestro sistema educacional, porque si no hacemos ese análisis, la naturaleza de la discusión siempre será qué parcela del conocimiento deberá fortalecerse o debilitarse cada cierto tiempo.

La génesis de nuestro sistema educacional se estableció en la dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet, que destruyó la educación pública que en Latinoamérica era considerada como una de las mejores. Los dos hitos de aquel proceso fueron la municipalización de la educación y la desarticulación de las sedes regionales de la Universidad de Chile y la Universidad Técnica del Estado. Se suman a ello lo establecido por la Constitución Política de 1980 y la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), esta última impuesta a tres días del término de la dictadura. Toda nuestra historia reciente de nuestro sistema educacional está marcada por los candados político-institucionales que estableció la derecha para evitar cualquier cambio sustancial a lo que la dictadura estableció a sangre y fuego.

La LOCE creó el Consejo Superior de Educación (CSE), organismo encargado de aprobar el currículum de la educación escolar y de reconocer a las nuevas instituciones de educación superior. Era tal el nivel de tutelaje de la democracia, que en el CSE había un representante designado por las fuerzas armadas y de orden, lo que recuerda el fantasma de Pinochet en la política de la década de los 90, los senadores designados, el binominal y tantos otros aspectos de la llamada transición chilena. La última composición del CSE, con la presidencia de Mónica Jiménez de la Jara como Ministra de Educación, contó con la participación de Alfredo Ewing Pinochet como representante de las FF.AA. y de Carabineros. Ewing Pinochet formó parte de la Central Nacional de Inteligencia (CNI), y negó información al juez Alejandro Solís, en el marco de la investigación de la Operación “Retiro de televisores” (desentierro y desaparición de cadáveres de opositores a la dictadura), aduciendo razones de seguridad nacional.

Tras años de maduración del movimiento social por la educación, los estudiantes secundarios fueron protagonistas en el año 2006, con la rebelión de los pingüinos, de uno de los procesos de movilización más grandes desde el término de la dictadura, y ellos fueron los que denunciaron el legado de la LOCE y la necesidad de acabar con dicho marco regulatorio para avanzar hacia un nuevo sistema que fortaleciera la educación pública. Lamentablemente, lo que reemplazó a la LOCE fue fruto de un acuerdo entre el oficialismo concertacionista y la derecha: la política de los consensos, promovida por el binominal (aún presente en la elección del Senado) y los quorum calificados, lo que recuerda la célebre frase de Radomiro Tomic, que cuando se gana con la derecha es la derecha la que gana.

Dicho acuerdo vio nacer a la Ley General de Educación (LGE), que reemplazó la LOCE, y que luego crea el sistema de aseguramiento de la calidad de la educación, conformado por MINEDUC, Agencia de la Calidad y la Superintendencia de Educación. A ellos, se le suma el Consejo Nacional de Educación, que reemplaza al CSE, manteniendo en términos generales las funciones y lógicas de su antecesor, incluyendo el carácter designado de sus miembros, aunque con diferencias en quienes los definen y los procesos requeridos.

En definitiva, con justa razón, se ha comparado al Consejo Nacional de Educación con el Tribunal Constitucional. La labor del CNED está alejada del ejercicio democrático y la participación de la sociedad civil y los estamentos que conforman la comunidad educativa, instalando un comité de expertos de carácter permanente, sin posibilidad de control ciudadano, socavando los principios de representatividad y legitimidad del quehacer de las instituciones públicas. Llama la atención, por cierto, el poco cuestionamiento político y social a esa institucionalidad, visualizándose con mayor fuerza una pelea desde las disciplinas, cada una defendiendo su feudo (lo que es justo), pero gremializando el debate, y dejando de lado la noción que cada parte no es un fin en si mismo, sino tributario del todo.

El proceso de estas bases curriculares de 3° y 4° medio se inició en el contexto de la reforma educacional, y ahí el gobierno de Bachelet buscó igualar la formación general en las tres diferenciaciones (humanístico-científica, técnico-profesional y artística), no visualizando los obstáculos normativos en esta y otras materias, lo que se expresó en el rechazo de la propuesta inicial por parte del CNED. Nuestra historia educativa reciente demuestra las consecuencias de mantener políticas que se contradicen entre sí, sobre todo cuando se buscan transformaciones. En algún momento, las organizaciones sociales y políticas que buscaban democratizar la educación, para que contribuyera al cambio social y no a la perpetuación del actual modelo, identificaron los problemas de fondo que aquejaban al sistema. Creo que es tiempo de recuperar dicha impronta, relevando la discusión del currículum en toda su magnitud (con todas y todos quienes participamos del proceso), y no solamente cuando éste tenga modificaciones, porque sino siempre nos quedaremos con la práctica conservadora de criticar algunos cambios, y simplemente manteniendo lo que hay para que no empeore.

TAGS: #BasesCurriculares #CurrículoEducación #LGE Consejo Nacional de Educación

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