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Mar y boxeo, la historia del marino Jonh Bernhart y Chile

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El mar parece ser durante la primera mitad del siglo XX, una fuente inagotable de aventureros entre los que se incluían boxeadores de medio tiempo, al interior de los buques mercantes o militares. Famoso es el caso del célebre Juan Budinish, quien se fue de fogonero en un buque que viajaba a los Estados Unidos y aprendió la “dulce ciencia” de manos de un antiguo boxeador de la armada norteamericana el mítico Joe Daly, quien también como marinero había participado en rudos combates en Valparaíso en el bodegón conocido como el Skating Ring, en encuentros que rallaban en la ilegalidad. Hacia 1890 el boxeo se desarrollaba Valparaíso de manera ilegal en varios centros nocturnos por medio de apuestas. El mar de esta forma había sido uno de los principales transmisores del deporte de los puños a lo largo del mundo. En 1928 llega a Chile un curioso personaje, a la escena del boxeo nacional, era el marinero mercante de origen letón John Berhnart, nacido en 1902 en Letonia, había aprendido desde los 12 años el boxeo en su país, en que sin embargo se practicaba de forma meramente recreacional, a los 14 años ingresa como marino mercante a una compañía naviera alemana  y a partir de ahí recorre el mundo y comienza a boxear a diario con otros marineros, como medida para contrarrestar las largas horas de tedio en altamar.


La historia de Berhnart, habla del recorrido de los inmigrantes aventureros, esos que viajaban en torno al globo solo con tal de vivir emociones fuertes y al límite.

Es así como hacia 1928 en un barco mercante de Suecia que se dirigía a Chile en busca de salitre decide que este será su último trabajo en alta mar y desde ahora se dedicara al boxeo profesional, ya que a esa época su record era de 81 combates con 42 nocauts, un empate y sin derrotas, sumado a este record que declara a la revista Los Sports en 1928[1], tenía una gran cantidad de combates amateur a bordo de barcos mercantes, participando de combates en Estados Unidos, Italia, Montevideo y Brasil. Incluso una detención de un mes en Londres por golpear a cuatro policías durante un control de identidad[2], sin duda Berhnart era un duro.

Pero también poseía un distintivo especial, sus tatuajes, los que son muy mal mirados en la época, en 1920 las únicas personas con tatuajes eran delincuentes y marinos de dudosa reputación, incluso es común encontrar en las discusiones criminológicas de la época, el discurso sobre la función delictual de estos, vistos como un atavismo digno de cerebros menos evolucionados. Pero como ya hemos mencionado Berhnart, era un duro y poco o nada le importaban las consideraciones sociales de la época, en su entrevista cuenta que cada tatuaje indica una parte de su vida, así como el primer barco con el que llego a altamar, pero también señala que en su brazo esta tatuada la “parca”[3] tatuaje el que le recuerda que durante su vida ha sobrevivido a tres naufragios, lo que marcaría su disposición a la lucha.

Su  estilo de boxeo se destaca por el combate a corta y media distancia, derrotando en un combate espectacular al “hombre de acero”, Duque Rodríguez, que era el monarca de los pesos medios hacia 1928, Berhnart tenía un estilo propio del combate callejero, a corta distancia y con golpes letales al cuerpo y mentón, en este sentido su estilo si fue un aporte al boxeo chileno ya que hacia la época, que no iba más allá del encuentro rudo de golpes dirigidos al bulto pero carentes de la necesaria sangre fría para volverlos letales. En una nota que realiza la revista Estadio en 1948, definen su estilo de combate como un caso verdaderamente especial, siendo “nulo” en las distancias cortas y sin saber lazar un recto de izquierda, pero su distancia era la corta, la pelea dura, “Allí tenia todos los golpes del repertorio, desde el hook hasta el uppercut y el gancho de ambas manos. Daba gusto verlo en la faena, observar la velocidad y precisión de sus impactos, la limpieza de toda su acción. Sabía abrir cualquier defensa, por muy inexpugnable que fuera y martillaba concienzudamente, como si no hubiera hecho otra cosa en su vida[4].

 Si bien es cierto nunca combatió por títulos continentales, no fue un mal boxeador y siempre tuvo su público que lo aclamo en tierras ajenas, Berhnart también supo salir adelante en un medio en donde su presencia era más bien incomoda, el mismo declara que si bien le gusta el boxeo, le cuesta adaptarse a la rigurosidad de los entrenamientos que se muestran muy tediosos y repetitivos para alguien de su carácter aventurero, en la nota de la Revista Estadio de 1948, se revela parte de sus otras ocupaciones, que son por lo menos insólitas, como trabajar de faquir en los circos y teatros del sur, también como garzón y campesino, así como también de adepto a la bohemia y muy alegre contrajo matrimonio con una chilena y eligió este país para vivir.

En 1928 se enfrentó a todas las figuras de su categoría, derrotándolos a todos. Saliendo de la nada para convertirse en toda una estrella deportiva, con gran carisma siempre fue un caballero en el ring. Además de ser un hábil poliglota que hablaba 10 idiomas, habilidades que le permitieron vivir del boxeo en Chile, ya que durante la década de 1940 se desempeñó como profesor de la federación de boxeo de Chile, e incluso en imágenes de la época, casi 20 años después de su arribo, se ve igual de imponente y duro como lo fue durante sus tiempos como marino mercante. La historia de Berhnart, habla del recorrido de los inmigrantes aventureros, esos que viajaban en torno al globo solo con tal de vivir emociones fuertes y al límite. Tal como lo menciona en su entrevista a Los Sports el tatuaje de la “parca” indicaba su disposición a morir siguiendo sus sueños sin miedo.

[1] TONOAB, Entrevista a John Berhnart “el marino letones”, Los Sports Año V, N° 254, 1928.

[2] Los Sports. Op Cit. 1928

[3] En la antigua Grecia es la representación de la muerte.

[4] Rincon Neutral, Sombras del Pasado, John Bernhart, por rincón neutral.  Revista Estadio, Año VII, 3 de abril de 1948

 

TAGS: #Boxeo Historia

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