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Recuerdos de un patiperro: primera impresión en medio de vampiros

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Primera impresión.

Un día de marzo de 2001 regresé a Chile. Desde 1983 solo tuve a Chile en la memoria como lo tengo ahora. Espero no volver jamás. No obstante , es bueno recordar para ver como uno ha cambiado o como capaz no. No me interesa mucho Chile, no me interesa ya su cómida, sus tradiciones tercermundistas, ni sus revoluciones con olor a podrido. Mi familia casi ya no existe en ese tierra que cree ser un tigre mientras por dentro es solo un cachorro. Irse y regresar , para un inmigrante patiperro, es una eterna condena al tratar de volver a incoporarse a una sociedad que se nutre del odio, la envidia y la mentiras clasistas. Los chilenos, en su mayoría, no  permiten regresar a aquellos que nos fuimos. Un patiperro siempre será eso para siempre y estoy seguro que es lo mejor.


Al final converso con un Nosferatus, me dice que necesitan sentirse parte de algo. “En Chile, la gente está desilusionada de todo. Este es un fin de mundo. El negro refleja algo”; pero tú no eres un vampiro, eres un ser humano. El me enseña los colmillos…"

A lo lejos, en el paseo Ahumada, se escucha el grito de un mapuche. Sus exigencias, justas o no, se confunden entre un mar de almas que van y vienen. Esta es una de las venas centrales del corazón de Santiago, llenas de muchas vidas, llenas de muchos nombres.

Desde el palacio de La Moneda hasta el Cerro Santa Lucía, estas calles, con el nombre de paseos, están habilitadas para que circulen miles de personas. Son puntos cardinales de la vida urbana de la capital.
Comercio, cafés muy especiales para caballeros, restaurantes, bancos y muchos, muchos almacenes, son las especies de la flora de la zona. Y la fauna es rica, banqueros, oficinistas, punks ( os últimos del mundo, creo yo) , jóvenes estudiantes, gays de película, monjas fiscalizadoras y carabineros en vigilancia; ellos hacen de Ahumada el lugar perfecto para integrarse a la fuerza al tigre de América.

Nadie se detiene. Atrás de cada uno, las deudas y la presión de una de la ciudades más estresadas del mundo, va pegada a sus zapatos.

“No hay problema”, dice el anuncio de la pancarta, mientras se anuncia a Hannibal junto a un tipo que observa con hambre una televisión en oferta en una vitrina.

Pero al menos en Ahumada las expresiones de la cultura florecen también. Mimos que son a veces ángeles o demonios por unas monedas, pintores que muestran sus diversas obras, comediantes que convierten la Plaza de Armas en sus tablas para actuar, son ellos quienes les dan a miles de nosotros un momento de descanso.

Cae la noche como un telón sobre el corazón de Santiago. Todos vuelven a casa para mañana volver a verse, tal vez, pintados en un lienzo de un artista de la urbe.

Camino y llego a la entrada del metro de la estación de la Universidad de Chile.
Un trovador canta una canción, no recuerdo el nombre, pero sé que le oído antes. La gran Alameda va enseñando su otra cara. Los seres nocturnos van alzando el vuelo…

Noche en Santiago-
Otoño pega con todo.

Primera parte.
Mis pies se entumecen mientras recibo una clase, pero reflexiono y una sonrisa se marca en mi cara. Hoy saldré de noche en Santiago. Después me veo caminando por el Parque Forestal, mientras esta brisa de otoño se estrella con fuerza en mi frente. Nada que ver, me digo. Igual voy a salir a conocer esta noche.

Bellavista es el nombre de este barrio, aquí se juntan bares y discotecas de todo tipo. Entro a un bar llamado Galindo, algo así como La Ventana en El Salvador.  Nos sentamos con un grupo de personas recién conocidas. Un sociólogo llamado Rodrigo, dos alemanas, ya viejonas, unas chilenas y un peruano, tan simpático como el frío de la noche.

Entre copas de vino y cigarros ( bueno yo en seco y sin humo) la conversación se calienta con temas de la vieja vanguardia. Me miro en el fondo de un vaso y un bostezo me hace atender. “ Muy lento para lo que yo quiero”.

Salgo al frío y ando rápido. Un bar con un montón de peludos en la entrada me recuerda que es el Pub que frecuenta un chero.

Entro y, en una mesa, unos “reggae boys” fuman un gran churro. ¿qué ondas? Si entra carabineros nos llevan por sólo estar viendo. Bob Marley es la sensación de la pista, aquí la nueva onda es el reggae. Los jóvenes la fusionaron con la onda hippie y nació un híbrido a lo chileno. Entre la gente me encuentro a Pato Zamorano (nada que ver con Bam Bam). ¿Hey, estás listo para la Blondie? Si lo estoy. Por fin voy a conocer la meca de la onda dark.

Nosferatus se pudre en Santiago.
Santiago de noche-
Segunda parte.

Listo Pato vamos a la Blondie. Esta discoteca de un perfil Gótico tiene fama por oscura y peligrosa, pero hemos vivido en El Salvador me asegura aquel, así que tranquilo.

Necesitamos algo de presión y adrenalina pura, nos decimos. En la micro, un borracho se nos acerca. “Quiero un amigo para seguir la noche”, murmura con su aliento a vino de quinta. El Pato le dice que se vaya a la casa. La Blondie abre sus puertas por 3.000 pesos ( $ 4.50). Esta cuestión era antes un cine- le dijo a Pato. Obvio me dice aquel.

Bueno la pista del tamaño de dos canchas de básquetbol repletas de gente. Hoy era un especial de The Smith, Radiohead, Depeche Mode, Devo y Erasure, glorioso. Noche de Vampiros. Acaso es Haloween. Pero ya sabíamos que estas fiestas son bastantes radicales. Bueno muchos chiquillos de negro y otros con las caras de blanco. Un amigo de Pato me dice: Ni cagandodo voy al baño. Ni yo loquillo le, respondo.

Una chica blanca, alta y moviendo la cabeza me recuerda una persona ( si a esa). Ella es la hermana de uno del grupo. Sus ojos pardos con ese tinte negro llama mi atención.

La música entra en mi cabeza y la invito a la pista. Tenía años de no girar, a mi manera, con alguien que bailará tan, tan especial. Decenas de siluetas de negro cambian el rumbo, tratando de olvidar el frío y la depre que merodea la ciudad.

¿Por qué el negro? Ella me mira y me responde – filosóficamente- : Me gusta mucho. Ya… ok. Parece que la magia se la llevo el viento o lo que sea.

Al final converso con un Nosferatus, me dice que necesitan sentirse parte de algo. “En Chile, la gente está desilusionada de todo. Este es un fin de mundo. El negro refleja algo”; pero tu no eres un vampiro, eres un ser humano. El me enseña los colmillos, “espera unos par de meses y te voy a ver aquí buscando algo”.

¿Algo? No me digas, mi vampiresco amigo. Este lugar me encanta, pero más de la mitad de la jóvenes se hunden en un imperio de reflexiones de poca profundidad. Ese algo es una moda. Si me vas a hablar de algo, mejor argumenta bien , escucha bien a tus ídolos de Radiohead o The Smiths.

Nosferatus me mira y se da la vuelta, transformándose en murciélago sale del lugar, mientras Panic suena a todo dar en los parlantes.

La noche desaparece. Nos subimos a una micro para regresar a la casa del Pato. Es la primera salida en un mes y me raje hasta matar. Tranquilo, mañana, bueno hoy, dormiré hasta tarde.
Son las siete, me miro el cuello, nada. El día toma el control.

TAGS: #Relato

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