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Esos tiempos tan sucios

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1. Los defensores de la torre.

Tengo los ojos cerrados y puedo ver todavía las calles grises y frías de San Marcos. El invierno fue muy duro ese año de 2001. Me metía entre las entradas de los edificios para evitar el viento congelado; igual que ahora me meto entre los muros para poder apuntar mi rifle y esconderme del clima sádico. Exhalo vapor y levanto la mirada al cielo donde las aves negras traen rumores de batallas desde la Isla de Fuego. No sé la hora ni el día. Solo sé que es un día más y que este puede  ser para siempre. Oro a mi Dios privado en silencio.


– ¿Te gusta el viento? – , me dice Rinat. Yo la observo y toco sus piernas con mis manos muy limpias hasta subirle la falda.

Llevamos años defendiendo este punto de la frontera. No queda mucho que decir sobre cómo y qué paso para llegar a esta situación. Mi mente está confundida después de tantas batallas drogas  y sangre. Trato de buscar una esperanza en los copos de nieve que caen sobre nosotros y veo como al final se derriten hasta desaparecer.

Vivimos en tiempos muy extraños, – me dice Adi y señala hacia los cerros.
Un grupo de avanzada de acerca. Una bandera rota con una serpiente de dos cabezas las identifica como Ejecutoras, un grupo especial de mujeres combatientes. Me han contado muchas historias de ellas: que son hijas de demonios, que no tienen alma, que devoran a sus víctimas, solo mitos raros. Yo solo sé que habrá que matarlas. No hay compasión en este nuevo mundo de fuego y hielo, ya que hace mucho que la esperanza emigró lejos. Mientras no llegue el redentor, debemos luchar y morir para vivir este momento exacto y sin mañana.

Deja de perder el tiempo pensando en el pasado y el futuro– , me grita Jonás mientras afirma el mortero a muro caído.
Suena el primer disparo y le pega a Adi en la frente. Su cerebro queda sobre mí y no me da tiempo para darme cuenta que ha muerto y menos llorar.

Apunto mi rifle y disparo una ráfaga donde están ellas, quienes corren después haber asesinado a mi hermana.  Pongo mi ojo en la mira de lupa para afinar mi disparo y puedo verlas metidas tras las piedras. La más grande lleva un cañón manual de fuego y sé que si lo dispara será el final. Mi descarga le pega y cae al suelo.

En esa fracción de segundo, vi su mirada. Estoy seguro que conozco esos ojos. Era Rinat. Todavía mi corazón pensaba en ella. Mi amor era el sentimiento más transparente en medio de este basural de soledad y frío. El amor encendía mi fuego apagado por años de tristezas y se había convertido en mi objetivo final. Sabía que la guerra tendría que finalizar alguna vez y al llegar la caída del telón, Rinat me esperaría como me prometió al separarnos esa noche de sudores compartidos.

2. Mi amor por Rinat.
– ¿Te gusta el viento? – , me dice Rinat. Yo la observo y toco sus piernas con mis manos muy limpias hasta subirle la falda.

Me vuelve a repetir: ¿Te gusta el viento? Sí, le respondo mientras meto mi mano entre sus piernas. Ella se muerde los labios y me besa hasta sacarme sangre. El placer del dolor nos excita más y ella me muerde los pezones con tanta fuerza que pierdo el aire. Terminamos abrazados y cansados de tanto penetrarnos.

Ella está desnuda frente a la ventana y el viento del invierno mueve su pelo. Se ve tan hermosa que mi corazón no para de latir y las ansias de poseernos nos invita de nuevo a partir la cama en varios pedazos.

Fueron semanas que existimos como una sola alma, nuestro amor tuvo su propio nombre y el final solo tendría una pausa por la guerra que nos invadió a todos.

Me despedí de ella y el viento revolvió las hojas marchitas. Pude ver una flor tratando de nacer de desde la tierra y puse mi pie sobre ella. “No es tiempo para que la belleza nazca de nuevo”, medité.

3. Rinat y Sabrina.
– Rinat, toma el cañón de fuego y vuela a esos hijos de puta-, gritó Sabrina ,

‘–Como quieras Sabrina, esta vez haré lo que me ordenas-, le respondo.

–Corro hacia mi arme , pero al momento de tomarlo un disparo entra en mi pie y pierdo el balance. Solo pude ver en la torre al francotirador.

Tomo el cañón y apunto. Vi el fuego que salió de mi arma y toda la torre se viene abajo entre piedras y llamas. Nos acercamos corriendo para ver que botín logramos, pero con cuidado, sabíamos que estos radicales usaban minas en los cuerpos y se explotaban antes de dejarse capturar o al ver su causa perdida.

Entramos entre las piedras  y vemos a los cinco defensores tirados en el suelo. Cuando me acerco al de mayor rango para dispararle en la cara, pude ver sus ojos.  Cómo olvidar esa mirada y esas manos sucias. Sentí asco al volver a verlo. Pensé que a los pedófilos y violadores los habían castrado y exterminado en los primeros años de la  guerra.

¡Miserable!, ¿No te acuerdas de mí? – Sabrina me miraba, pero no me importaba su opinión ni su jerarquía-  Dime algo antes que con mi corvo te abra en canales desde la garganta hasta el pene-
–Todos los días de mi vida he pensado en ti. Perdóname por favor, solo te amé como me lo imaginé, Rinat – se dice él mismo y me lo dice a mí que  siempre me amó.

Puedo tener mi último pensamiento al ver a Rinat a sus ojos amorosos y estiro mis manos limpias hacia ella . Sé que al final siempre me amó, aunque nadie recuerde mi otro nombre en el momento de mi muerte.

TAGS: #Relato

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