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¿Más o menos ciencia para Chile? A propósito del Congreso del Futuro

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Plantearse el futuro implica reflexionar en primer lugar sobre lo que hemos hecho, pero también qué hemos hecho mal. La ciencia tiene un rol preponderante en las consecuencias de toda una época (la industrial) autonomizada al extremo y que ahora vivimos como efectos no deseados (como el calentamiento global, la sobrepoblación y la escasez de alimentos por nombrar algunos) situación homologable a lo ocurrido en el Frankenstein de Mary Shelley.

Estas dos últimas semanas han ocurrido dos importantes eventos para el quehacer científico de nuestro país: del 17 al 19 de enero se realizó el II Congreso Del Futuro, organizado por la cámara del senado de Chile y el día 22 un grupo de académicos, entregó un documento al gobierno con más de 5 mil firmas para impedir el traspaso de CONICYT al Ministerio de Economía.

El primer evento, convocó a expositores de distintas ramas de la ciencia para dialogar sobre el “futuro”. Entre los expertos se encontraban el premio Nobel de física 2011 Brian Schmidt; el ex presidente de la república y ex enviado especial de la ONU sobre el cambio climático Ricardo Lagos; el juez Baltasar Garzón ;el ex ministro brasileño Cristovam Buarque; y Claude Allegré, ex ministro francés y presidente del panel intergubernamental sobre cambio climático (quien tuvo un paro cardíaco en plena exposición) entre otros. El nivel de los expertos del II Congreso Del Futuro fue a todas luces de primera línea; se habló sobre el estado del arte de las ciencias astrofísicas, los avances en nanotecnología, el rol de la política, gobernabilidad, etc. Sin embargo quiero hacer dos alcances que considero fueron gravemente omitidos u olvidados con respecto a la organización y los paneles de expertos:

En primer lugar, hacer evidente la escasa participación de mujeres expositoras. Me preguntaba durante el congreso –
a propósito del universo, tema ampliamente expuesto- porqué del universo de conferencistas (46), sólo una mujer fue expositora, la profesora Cecilia Hidalgo (nominalmente fueron tres, pero dos de ellas fueron “anfitrionas”). Podría considerarse este hecho como una falencia grave del quehacer científico y un problema para el futuro de la ciencia misma? ¿Queremos más ciencia para Chile tal como se viene haciendo, con un sesgo de género importante? Debería solucionarse en un próximo congreso, al menos, mediante la creación de un panel de mujeres científicas.

Segundo, la falta de autocrítica: es innegable el rol de la ciencia en los avances tecnológicos que han llevado a las sociedades modernas a alcanzar niveles de desarrollo aceleradísimos y que a duras penas podemos llevarle el paso (la obsolescencia programada es el paradigma de la relación de la ciencia con la economía, la ciencia como lacayo del usufructo). Plantearse el futuro implica reflexionar en primer lugar sobre lo que hemos hecho, pero también qué hemos hecho mal. La ciencia tiene un rol preponderante en las consecuencias de toda una época (la industrial) autonomizada al extremo y que ahora vivimos como efectos no deseados (como el calentamiento global, la sobrepoblación y la escasez de alimentos por nombrar algunos), situación homologable a lo ocurrido en el Frankenstein de Mary Shelley. La autocritica consiste en confrontarnos en el mismo campo científico sobre los errores cometidos en el pasado (como la proliferación de armas nucleares, la manipulación y privatización del genoma humano, errores y fraudes científicos, etc.). En este sentido sería bueno agregar, en un futuro encuentro, una mesa critica, epistemológica y verdaderamente ciudadana para tratar el futuro de la ciencia y de sus límites de forma dialéctica (la racionalidad científica sin la racionalidad social es inútil y la racionalidad social sin la científica es ciega). Límites en un sentido más bien ético, político y social (como propuso el profesor Alfredo Pena-Vega mediante una antropo-ética y una antropolítica) puesto que los errores han sido fruto de una racionalización in extremis del ser humano. Debería agregarse una bioética en el amplio sentido del concepto: consideraciones profundas sobre la vida en todas sus formas en el planeta. En este aspecto la intervención del juez Baltasar Garzón fue muy asertiva. La necesidad de establecer límites al quehacer científico en ámbitos que estén directamente en contradicción con los derechos humanos, pero además ampliarlos mediante la creación de un tribunal internacional de los derechos de la naturaleza. Ya existen precedentes ejemplares como el caso de Bolivia mediante la promulgación de los derechos de la naturaleza, el derecho al agua y alcantarillado como derechos equivalentes a los humanos.

Dada la falibilidad los errores y la fe ciega en la racionalidad científica, habría que preguntarse si queremos más ciencia para Chile, como se ha venido desarrollando, o un quehacer científico generalizado, libre (de intentos de privatización) y delimitado por los derechos humanos, de la naturaleza y con sentido de género. Finalmente debemos reflexionar sobre el pasado, sobre la “hechura” para plantearnos (y replantearnos) el futuro. El profesor Humberto Maturana comenzó diciendo que “el futuro no existe” porque el presente es cambiante. Es por ello que debemos saber dónde y cómo estamos, porque al universo no le importamos, sólo a nosotros mismos.

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Foto: Guido Girardi / Licencia CC

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06 de Febrero

El expresidente Lagos, el desacreditado juez Baltazar Garzón (acusado de prevaricación en España), y el Sr. Buarque nunca han sido científicos. De hecho la exposición del Sr. Lagos (muy interesante en todo caso), se refirió a temas de política internacional, como era lo lógico. Sobre Garzón no lo sé (no me iba a quedar a verla), lo que pude apreciar, fue a un personaje infatuado y en actitud autocomplaciente.
Y el profesor Claude Allègre, nunca ha sido presidente del IPCC, sino un constante crítico permanente de ese organismo burocrático internacional.

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