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La mancomunión estatal y gremial contra el comercio callejero

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La visibilidad que tiene el decomiso de productos y el encarcelamiento de vendedores callejeros por parte de Carabineros en las redes sociales, a través de fotos y videos tomados por ciudadanos, es el registro de un fenómeno histórico, que va de la mano con la dinámica de conformación de la sociedad chilena: La constante histórica del Estado y del empresariado contra la economía informal de subsistencia en Chile.


"La figura socio cultural del roto que vende en las calles perdura, se asocia con un discurso institucional que equipara la venta callejera con la delincuencia; se cuestiona la independencia de la supervivencia económica con el desacato a la Ley."

Un ejemplo de esta tortuosa relación se muestra en la obra de Gabriel Salazar, “Labradores, Peones y Proletarios en el siglo XIX”, donde se aborda el proceso de pauperización popular producido por la presión del mismo Estado y de los terratenientes y grandes comerciantes, mediante la aplicación de impuestos a fin de terminar con sus actividades económicas independientes, asociadas a pequeñas propiedades, presionandolos a salir del aparato productivo de sobrevivencia que tenían, con lo cual una considerable parte de este sector estableció estrategias de salvataje como las fondas o chinganas, lugares de esparcimiento.

El contexto lo explica Salazar: “Más allá de las cargas impositivas comenzaba la región de la opresión social, cultural, moral y, aun, militar. Por un lado, las autoridades nacionales y locales comenzaron a desalojar de las ciudades a los campesinos y el comercio campesino, jugándose por el desarrollo de la sociedad urbana y de los “comerciantes establecidos”.

Así, la economía de sobrevivencia de las fondas terminó siendo prohibida por los cabildos decimonónicos. “Sin embargo, legitimadas por la fuerza de los hechos, las fondas o chinganas reaparecían con fuerza después de cada prohibición. En realidad, en tanto el número de mujeres campesinas desplazadas por la crisis aumentaba en lugar de disminuir, y mientras el comercio campesino mantenía flujos apreciables, las formas populares de socialización y diversión suburbanas reaparecían constantemente, con la misma fuerza. En vista de ello, las autoridades dudaron entre reglamentar su funcionamiento o suprimirlas”, sostiene Salazar.

El elemento en común entre las chinganas y el comercio callejero es la estructuración de formas de sustento económico frente a la marginación del poder económico formal, especialmente en aspectos como los rasgos estructurales de las fuerza de trabajo en Chile, caracterizada por la falta de industrialización, tanto en el siglo XIX como en la actualidad, junto a la emergencia de empleos más precarios que en el pasado se manifestó con actividades como las chinganas o venta de alimentos y que ahora se identifica en la precariedad laboral vinculada al sector de servicios, lo que lleva a la aparición de los llamados “salarios de escape”, pues los ingresos que se generan con las ventas ambulantes son mayores que a los salarios mínimos mensuales del mercado laboral.

Salazar explica en sus obras una aproximación histórica a los salarios de escape de la época entre el peonaje: “los reclutas, lo mismo que los sirvientes domésticos, tenían asignado un salario nominal que rara vez, o nunca, se cancelaba. Por lo tanto, emplearse por un salario equivalía a vivir bajo techo ajeno y a ser alimentado por otro. O sea, se caía en la servidumbre de por vida. Los peones comenzaron a desertar sistemáticamente de ese trabajo asalariado pre-capitalista. Prefirieron, en la eventualidad, convertirse en “regatones”, esto es, en vendedores callejeros. Para ellos, era preferible insertarse en la economía popular (campesino-peonal) de subsistencia, abierta y liberal, y no en la absorbente economía Patricia”.

De este modo, el salario de escape se convierte en una constante histórica de la vida económica chilena en los sectores populares.

Pero también está presente el factor antropológico que menciona Salazar: “y fue así que, del colapso de la economía y la sociedad campesina, surgiría el célebre “roto chileno”, cuya independencia y desacatos constituirían la primera amenaza estratégica para la dominación del patriciado chileno”.

La figura socio cultural del roto que vende en las calles perdura, se asocia con un discurso institucional que equipara la venta callejera con la delincuencia; se cuestiona la independencia de la supervivencia económica con el desacato a la Ley. En cierto sentido, ser vendedor callejero en la actualidad es el producto histórico-social del peonaje que quedaba dando vuelta en el pasado debido a la marginación socioeconómica.

Esto último nos lleva al tema de la aplicación de la fuerza del Estado, expresada en la fuerza policial, para contener este fenómeno, apelando a un objeto discursivo del interés público que tiende a la apelación de fines morales, como la figura de la protección al consumidor y la seguridad pública, que en el fondo son funcionales a la defensa de los intereses privados.

Salazar gráfica este tiempo de ejemplo que se puede explicar como una constante histórica entre las relaciones del orden dominante y las actividades económicas informales y se subsistencia: “Habiendo las autoridades eclesiásticas y municipales encontrado que el comercio subsistencial femenino era moralmente reprobable, iniciando contra él (o ellas) una ofensiva de carácter tributario, policial, y de discriminación social. En esta campaña, encontraron el apoyo espontáneo y firme de los comerciantes establecidos. De un modo u otro, la mujer de pueblo se convirtió en la mente Patricia en sinónimo de “china”, “prostituta” y “aposentadora de ladrones”.

Finalmente otra trascendencia histórica es el grado de influencia que han tenidos los poderes arbitrales del Estado y del sector privado dentro del mercado del trabajo en Chile desde la aparición de la República moderna, pues son factores que junto a los intereses mercantilistas, han limitado la libre competencia en el mercado del trabajo, siendo uno de los motores que presionan a la salida hacia los circuitos informales de subsistencia.

TAGS: Comercio Ambulante Economía Historia Salarios

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16 de septiembre

Los ambulantes en mas de un 70% son productos de la cesantia y pauperrimos salarios y despidos. Es una consecuencia de la economia y del vaiven de la oferta-demanda. Nadie con dod dedos de frente puede negarse a ello. Es el gobierno que en vez de trabajar para encontrar soluciones que sean justas para todos y no solo para quienes gozan de privilegios temporales, y que no solucionan en absoluto la situacion, sino que meten en la olla a presion a otro grupo mas, esperando dar tranquilidad a las agrupaciones que apoyan a los politicos sin considerar de que hay miles de cesantes y ambulantes que necesitan sobrevivir las malas epocas. …”Encuentra el porque la gente entrega su voluntad sumisamente y tendras la excata medida de la injusticia y abuso que se les impondrá”…Frederick Douglas. Tenemos una sociedad formada por el sistema politico, educacional y economico que ha adormecio y hasta eliminado la voluntad al chileno y en la actualidad la division y el miedo son los dos rieles por donde transitan. Son solo capaces de reaccionar fuerte y hasta violentamente solo cuando estan agrupados y en estado de patota, que les da un cierto sentido de anonimidad, de ser no detectados. Una vez pasado el momento, se retraen a lamerse las heridas y vuelven al estado en que se encontraban antes de la utima reyerta o marcha. Pero esto incrementara aun mas a medida de que se les vaya coartando las pocas libertades que tienen: educacion, transporte, despidos, peajes, victimizacion de delincuen

17 de septiembre

Cháchara, pura cháchara. El almacenero de la esquina no pertenece ni representa a ningún poder económico. El del quiosco tampoco, pero ambos pagan impuestos; y por comerciantes establecidos, son identificables, ubicables y susceptibles de ser responsabilizados cuando venden productos robados o en mal estado y que por ejemplo, ocasionan intoxicaciones. Esa es la cuestión. El almacenero paga arriendo o dividendo por su puesto o local, paga patente, permiso municipal, y por lo tanto el comerciante callejero es respecto de ello un competidor desleal, aventajado al ahorrarse esos costos, que naturalmente no recarga en el precio. Es falso por lo demás, eso de que es “el empresariado el que está contra la economía informal” Es el comerciante modesto, el pyme el afectado por esa competencia desleal y que exige medidas por parte de la autoridad. Es cuestión de leer y ver los noticiarios. De hecho, buena parte de ellos ni siquiera son empresarios en estricto rigor, pues atienden sus negocios ellos mismos, no tienen gente contratada.

18 de septiembre

Del actual comercio callejero no es que se diga que tiene conexion con la delincuencia. Es que es delincuencia.

Roberto, tenemos a un grupo de personas que se han apropiado de nuestras calles, y que venden a otros “derechos” a usarlas para vender productos que muchas veces son robados o son producto del trafico ilegal. Estamos hablando de una mafia. Mafia violenta, mafia criminal, que se ha dado el derecho de venta de nuestros espacios y que gana millones de pesos en el proceso, que se gasta en trafico de drogas y de personas.

Eso no tiene nada que ver con el roto chileno. Menos ahora que el comercio callejero se ha convertido en un virtual monopolio peruano.

¿No me cree? Haga la prueba. Vaya a vender algo a Huerfanos. O mejor, vaya a Estacion Central. Y luego nos cuenta que tal le fue… claro, si sobrevive. Porque si ud no paga a esa mafia para poder vender, corre riesgo de morir. Riesgo real de morir.

No sea tan iluso de creer que esto es la lucha del malvado empresariado contra el pobre que lucha. No. Esta gentuza no ataca a los Luksic, o a los Angelini. Quienes son perjudicados son los dueños de tiendas pequeñas, y sus trabajadores, y todos aquellos que hacen el esfuerzo de tener un negocio legal. Esa es la victima real del comercio callejero. Aparte claro de todos nosotros, que al comprar a los callejeros financiamos mafia.

Estudie mejor el tema, erro el tiro.

19 de septiembre

Es cierto lo comentado por Marcela y esto comenzo con los “permisos: otorgados por las munincipalidades a los”cuidadores de autos” de las calles de Stgo. Hoy los ambulantes son la cola del perro y no nos damos cuenta que se practica de la misma manera pero con una sutilidad inreible al punto de que la mayoria de los chilenos nose da ni cuenta que en todos los campos en que los partidos politicos tiene injerencia sucede lo mismo. Este sistema de mafias muy tipico de los rusos y chinos se ha entronizado en las mas altas esferas,: ministerios, subsecretarias, organizaciones d gobierno, alcadias, consejales, sindicatos, centros de vecinos, centros evangelicos, consejos estudiantiles y para que seguir. Anda a meterte en alguno de ellos y veras que la famosa independencia ni la libertad con que Chile se muestra al mundo, simplemente esta secuestrada por esta nueva “mentalidad de extorsion y exclusividad”. Sus mayores protagonistas , los que encuentras en todos los niveles y campos laborales, politicos y sociales son la verdaderaa mafia chilensis que sin ningun sentido social, mantienen afuera y en guerra contra qienes no cumplen con los estamentos de estos gaangsteres modernos. Al Capone y Vito Corleone son unos niños de pecho ya que sus campos de acciones estaban mas restringidos y hasta tenian un codigo moral que los mantenian a raya. Los ambulantes solo dan la pelea por la supervivencia antes de entregarse a una de estas agrupaciones delincuenciales que predominan en Chile

20 de diciembre

Creo que usa un absolutismo para dar sus juicios. El fenómeno de criminalidad que hablas es una realidad, pero no es el foco de este escrito, sino que es dar a entender que el comercio callejero e informal también se debe analizar desde la óptica de la economía de la sobrevivencia. Afirmas que “el comercio callejero es delincuencia”, con el raciocinio de que las personas que optan por esta actividad de ingresos están todas controladas por “mafias”, lo cual es una generalización absurda. Lo que se indica en el escrito es una constante histórica en las relaciones sociales, en que un poder económico de mayor alcance ejerce influencia para sacar del mercado a este segmento de supervivencia. Por lo demás, si se menciona el tema de las “mafias”, han habido casos de empresas que entregan parte de su stock a este mercado, como sucedió con los cigarrillos y con la venta de calcetines, siendo un hecho denunciado en su momento por la Confederación del Comercio Detallista. Le recomiendo Marcela que no sea tan hegeliana para sus juicios y entender que un objeto de estudio tiene más de una arista para sus análisis.

Servallas

19 de septiembre

Siempre cuando se comentan algunos conflictos sociales como este, sale la cita al Sr. Salazar, el drama es que se funda entonces un discurso de corte ideológico que deja de ser creíble, que deja de ser humanista, que esta contaminado por una visión de sociedad entre buenos y malos , se viene de esa manera a participar como soldado en la lucha de clases. Es cierto que hay compatriotas que la pasa mal, que el comercio ambulante es su única salida en momentos de crisis como el que vivimos hoy,  que sufren por la falta de empleo y aún por los abusos y bajos salarios, que momentáneamente no les queda otra opción, pero saldrán de allí apenas puedan, pero por otro lado, hay sin duda una subcultura del comercio callejero que se transmite de padres a hijos en un hilo que no acaba nunca, que no evoluciona hacia el comercio establecido, hacia planes de vida, a lograr una  actividad lícita, en cambio se hace cada vez mas ” pillo”, se alimenta del engaño y la delincuencia, del dateo, , de la flojera, del robo del transporte de mercadería y tal cantidad de otras connotaciones negativas como la apropiación de los espacios de circulación, incluido de aquel destinado a ciegos, que la sociedad esta en todo su derecho al combatirlo frontalmente.

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