#Sociedad

Eso de que el chileno es flojo, que quiere todo regalado y otras tensiones en la sociedad chilena

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Hace un par de semanas me sentí obligado a detenerme y prestar mayor atención en lo que planteaba Raquel Argandoña en el matinal del trece mientras se discutía en torno a la construcción de viviendas sociales. En resumidas cuentas, planteaba lo que ya es recurrente en sus intervenciones en televisión: “Lo que molesta a cierta gente es que el chileno, no te digo la gran mayoría, es cómodo, le gusta que le den cosas y eso es lo que a mí me molesta”.

Ahora bien, lo que plantea Argandoña incomoda, genera rabia e impotencia pues intenta traducir o develar a un sujeto/a social que no tiene voz y que cuando los medios de comunicación intentan volcar su atención a él o ella es para criminalizar más que mostrar sus condiciones reales de existencia.


La flojera es discutible cuando nuestro país es mencionado en un ranking global en las cuales las personas trabajan la mayor cantidad de horas diarias

El interés no yace precisamente en indagar en las palabras ya expuestas, sino en lo que trae consigo aquello, pues el titular “el chileno es flojo” que ocuparon los medios escritos y que luego se viralizaron en las redes sociales, estuvo acompañado de los comentarios del y la chilena de pie que, que, lejos de refutar lo dicho por Argandoña, lo avaló y argumentó en diferentes escalas, las cuales, de una forma u otra, legitiman el estado de subordinación que sufren las y los más empobrecidos del país, pues se mantiene un silencio cómplice, como la muerte del trabajador del Transantiago aplastado mientras orina en medio de dos micros, debido a que no contaba con las condiciones mínimas de descanso antes de retomar su recorrido. Más aún todavía, no se reconoce la negligencia en el estado de las máquinas que podrían haber generado que el freno de mano cediera. Junto con esto cuando se intentan establecer atisbos de organización y reivindicación de garantías sociales cae la noche como lo es la reciente muerte de un dirigente en Quintero, ante las legítimas demandas que emanan desde las y los afectados por la contaminación en la zona de sacrificio. En este contexto se celebra un año más de la transición democrática, donde las culpas y tensiones siguen enfocándose en las y los más pobres.

Desde ya aclaro que comparto la lectura de una sociedad desigual, segregada y condicionada por el lugar y familia de nacimiento. A diferencia de [email protected] que catalogan que el y la chilena es pobre por qué es flojo. Vale decir que, profundizar en los enclaves legitimadores de esta sociedad es una necesidad para [email protected] que se plantean la emancipación, pues desde Diego Portales a Raquel Argandoña se critica la inercia del populacho bajo excusas de su flojera y alcoholismo, lo cual valida el peso de la noche, pues desde aquellos sectores más privilegiados se genera un manto ideológico que esconde lo que sucede en el país, en desmedro de un Chile que no ha sido beneficiado con la imposición de un sistema capitalista que nos posiciona como uno de los países más desiguales del mundo.

La flojera es discutible cuando nuestro país es mencionado en un ranking global en las cuales las personas trabajan la mayor cantidad de horas diarias, en mi caso personal de santiaguino de la periferia, se da por sentado las horas invertidas en el transporte y el estrés que este conlleva. Ni hablar del costo económico. Aún así, el 50% de las y los trabajadores tiene un sueldo de $350.000 (o menos) según el INE, aunque a través de los medios de comunicación se ponga la atención en el promedio de $517.540 condicionado por las y los más ricos.  Finalmente al enfrentar la vejez, la fundación SOL plantea: “el 86,2% de los hombres jubilados en la modalidad vejez edad retiro programado (la modalidad más común en el sistema de AFP) reciben una pensión inferior a $163.725. La situación es aún peor en el caso de las mujeres donde el 94,4% reciben menos de este monto el cual equivale a sólo un 56,8% del salario mínimo de $288.000”. En este sentido, ¿el chileno es flojo o el mundo del trabajo sólo beneficia a unas y unos pocos?, tal como plantean las y los pobladores de la población la Pincoya a través de El Pincoyazo ¿Cuando Chile crece, quién crece?.

Más aún, en el Chile neoliberal hablar de garantías sociales es sinónimo de querer todo regalado. Esto se expresa en lo que sostiene el Ministro Varela pues es claro en evidenciar el giro hermenéutico neoliberal: “todos los días recibo reclamos de gente que quiere que le arreglemos las goteras del techo o una sala que tiene el piso malo. Entonces, yo me pregunto, ¿por qué no hacen un bingo? por qué yo, desde Santiago, tendría que ir a arreglar un techo de un gimnasio”.

El responsable máximo en educación por parte del Gobierno de Sebastián Piñera generó revuelo, pues hizo evidente una realidad silenciada, pues cada fin de semana en las poblaciones del país, calles y pasajes se cortan para realizar actividades para financiar enfermedades de alto costo, catástrofes, deudas de educación, costos funerarios, etc. tal solidaridad intenta resolver y remediar dolores pero no ataca el problema, no resuelve la enfermedad de la cual, incluso, concejales y alcaldes, políticos en campaña al Congreso y pequeños empresarios festinan colocando su imagen en el cartón y la tómbola, tal raíz es que las y los pobres están condenados a la muerte si se enfrentan a un cáncer pues el Estado hace vista gorda. Ante esto, ¿qué nos regala el Estado? bonos, para condenarnos a la precariedad, no así garantías sociales.

Lo complejo de mirarnos con los ojos del discurso de dominación, es que de cierta forma nubla la posibilidad de comunidad en base a una identidad, pues todo lo que se nos adjudica e identificamos es precisamente lo que no queremos ser: flojos y que nos regalen las cosas.

TAGS: #ChileActual #Desigualdad

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Comentarios

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30 de Octubre

Creo que entiende esto al reves. Las personas no son flojas, son desmotivadas: no se proponen alcanzar algo superior o no tienen ninguna claridad ni posibilidad en el camino para lograrlo. Eso pasa cuando les anulas la iniciativa, les inhibes las espectativas, les privas de su libertad porque les impones un estado totalitario que supuestamente busca el bien comun. Pero si estan en un sistema donde dependa de él lograr sus propios objetivos de acuerdo a sus espectativas y sus limitaciones la cosa cambia. Eso es lo que persigue y consigue plenamente el sistema neoliberal. Lo de la desigualdad es un mito, segun la OCDE el período en que Chile aplicó el neoliberalismo fué el país con mas movilidad social del mundo, el Chile neoliberal fué el país donde es mas probable que un niño que nace pobre deje de serlo, seguido de Dinamarca donde se sienten orgullosos de eso.

30 de Octubre

Excelente artículo y habla de un a realidad que se esconde y no se informa.
El ser humano evolucionó y llegó hasta lo que es hoy producto de la colaboración entre los individuos, no gracias al individualismo que nos vende el modelo económico y curiosamente, los grandes empresarios si funciona como tribu y colabora entre ellos, por ejemplo: las colusiones o pasarse el dato de que guarida fiscal es mejor para esconder sus ganancias.

¿a quien le conviene mantener el falso mito de que los chilenos somos flojos?

Hoy me puedo dar cuenta que llevo trabajando cerca de 40 años y tristemente gano lo mismo.

Hoy puedo entender cómo nos fue implantado el modelo Neoliberal

Javi-Al

31 de Octubre

Lo que pasa con las figuritas de la Tv es que viven en otro mundo, se sabe que por llorar un culebrón pueden cobrar cifras millonarias, no solo ellas o ellos, también los/las conocidas/os periodistas “progres” que rasgan vestiduras haciéndonos creer que saben que es pobreza. Pienso en todo caso, que el tema de los bajos sueldos es parte de una cultura imbécil y probablemente lo podemos cambiar, lo que no podemos cambiar, y es lo trágico, es que hayamos inventado un satanás, lo neoliberal, y le carguemos los dados de nuestras propias imbecilidades.

Natalie Lorca

04 de Noviembre

Completamente de acuerdo, en este país se ensalza a quien se mantiene en condiciones inhumanas, trabajando por sobre las horas que cualquiera debiera poder, pasando por sobre sus propios derechos y necesidades, en nombre del sobrevivir, se destaca quien a duras penas duerme en pos del trabajo. En las clases poco acomodadas, la única herramienta es la fuerza de trabajo, de ella se depende para lograr este supuesto salto, inexistente en la realidad mientras la “clase media” se amplía, así como sus necesidades, pues si es que la posibilidad casi aleatoria permite salir de la precariedad, las necesidades solo cambian de rostro, y muchas veces las deudas por mantener un “nivel de vida” poco acorde a la realidad económica, llevan a necesidades encubiertas, muy profundas.
Necesidades que se entretejen en la trama social de nuestro país, necesidades que el amplio de nuestra población, todos los que no tenemos las riquezas para comprar tiempo libre, mantenemos.

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