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La tragedia del Estado Laico y la contienda feminista

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Estamos en una etapa álgida de la vida social-política del país y el mundo. Si bien durante toda la historia la violencia ha tomado formas aberrantes, de crueldad extrema; hoy por fin está saliendo de las sombras, porque lo que antes se había naturalizado, hoy se extingue en las llamas de su propia violencia.

La sociedad chilena está despertando, gritando con euforia que los dejen ser libres, porque ha costado más de 40 años zafarse de una dictadura cívico-militar, porque se han arrebatado vidas, se nos ha arrebatado la dignidad. Han pasado casi 30 años desde que hemos vuelto a tener la capacidad de votar, dijeron que nos hemos ganado la democracia, y yo me pregunto: ¿Qué democracia se ha ganado? si no creemos en ningún político, sabemos que hay delincuencia de cuello y corbata que nos han saqueado hasta el último peso, sabemos que el Estado se ha encargado de quitarnos hasta la ultima cuota de dignidad; en una sala de espera de cualquier hospital público, en nuestras pensiones, en nuestra educación. ¿Qué democracia se ha ganado?, si votamos por el que pensamos nos robará menos que el anterior, si votamos por promesas políticas que sabemos que son imposibles y discursos aprendidos de memoria. ¿Qué democracia se ha ganado?, sí, podemos votar, pero ¿de qué sirve cuando no tenemos libertad de tomar decisiones?

¿Estamos ante una crisis de la democracia?, no tengo la seguridad, pero sabemos que durante las últimas décadas se ha producido un fenómeno que se está repitiendo en todo el mundo y en Chile; la capacidad de voto que tanto ha costado ganar se ha visto prisionera de un profundo sentimiento de agonía, como si algo dentro de la democracia hubiera muerto para siempre y aún así la intentamos despertar, revivir. La sentimos como una democracia vacía.

Una democracia vacía es un ambiente propicio para la exaltación de la violencia institucional, esa que intenta llenar la falta de argumentos con mano dura y el uso de los medios de comunicación, la misma que intenta deslegitimar cualquier movimiento social por una determinación “natural de las personas” y es ahí donde convergen la mayor parte de los conflictos de la sociedad contemporánea. El laicismo bajo la revolución francesa siempre tuvo por fin llenar la ideología del Estado -porque no existe Estado sin ideología, siempre existirá una dialéctica entre los grupos políticos en el poder- con una ideología que respetara la libertad de culto en todas sus formas y que asegurara la neutralidad del Estado frente a ellas. Históricamente el laicismo en Chile ha tenido un discurso político formal de laicismo, pero que siempre ha sido llenado sustancialmente con la ideología de los grupos conservadores dominantes, con la socialización perpetua de los valores y la legitimación de sí mismos y hoy esta es una barrera hacia una verdadera democracia, una democracia legítima, una en donde se puedan tomar las decisiones libremente. El Estado, con una democracia meramente formal, vacía en sustancia, que es llenada con la ideología de los grupos dominantes, los que tienen el poder económico, los que se escudan en la fuerza socialmente organizada para mantener sus privilegios y la socialización que ha durado durante décadas en Chile y el mundo, de una visión determinada del ser humano, inequívoca, estática, es la razón de toda la violencia en sus múltiples formas.

Hoy una violencia en particular se ha vuelto evidente, la violencia de género, que se escuda en el discurso de una determinada naturaleza humana, defendida por la ideología dominante y que en el caso particular de la constitución chilena está institucionalizado mediante la adopción de una democracia protegida (llamada democracia autoritaria por Pinochet) durante dictadura, que es básicamente pensar la democracia desde la guerra como defensa al comunismo internacional -y que el comunismo como tal en guerra fría estaba asociado al feminismo-, que además rechaza la voluntad popular y de la mayoría y lo reemplaza por el de “voluntad nacional” el que encuentra su soberanía parcialmente en los ciudadanos y mediante las autoridades elegidas y burocráticas, haciendo uso efectivo de la hegemonía cultural a través de una minoría política y las armas que entrega el Estado. En ese punto debemos aseverar que uno de los teóricos más importantes de la dictadura, Jaime Guzmán, era un ferviente religioso, lo que puede ser observado no solo en sus escritos personales, sino también en las actas de la Comisión Ortúzar.

En Chile, la historia de lucha de la mujer por el acceso al mercado laboral y los derechos jurídicos y políticos se torna reciente. Durante la primera mitad del siglo XX cualquier grupo femenino que intentara velar por sus derechos era tachado de libertino y falto a la moral. En este contexto es el MEMCH (Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile, fundado el 15 de Mayo de 1935) el que lidera las demandas de igualdad de género civiles y políticas, obteniéndose el año 1949 el sufragio femenino universal. En este grupo nos encontramos con gente de ideologías totalmente variadas y de diferentes credos religiosos, pero posteriormente fue vinculada a la izquierda y debido al incremento del “anticomunismo” fue desprestigiada. Esto es importante porque la violencia de género ha sido perpetuada históricamente de esta forma, y hoy, líderes como Camila Vallejo han participado en esta separación institucional con una negativa popular que ha llegado al extremo de ridiculizarla.

El feminismo es intrínsecamente ateo, y el ateísmo es intrínsecamente empoderación política; pero que se entienda con esto que no es menos válido quien cree en una religión, sino que, como grupos de presión naturales en la dialéctica institucional, estos grupos no pueden entrometerse en la ideología del Estado, sino en el dialogo democrático que corresponde a todos los grupos de presión -a excepción de las fuerzas armadas, por su naturaleza obvia-, no como un grupo privilegiado, sino que en la discusión, como todos. Una discusión libre, sin ataduras socializantes, libre, en donde podamos tomar nuestras propias decisiones.

Entonces, ¿qué se puede hacer para frenar este uso reactivo del Estado para la generación perpetua de legitimidad a través de una determinación de valores cristianos, propia del grupo dominante? Ya no se puede pensar el Estado como laico, el laicismo podría estar actualmente en crisis. La autoridades ya no son intachables, se sabe que hay corrupción, delitos que antes no se consideraban -porque o no existía la tipificación, o no era considerado socialmente como un daño- hoy son perseguidos, el Estado, público por naturaleza es una convergencia de fines privados particulares, de interés monetario, de acumulación de poder y riqueza. Esa ideología laica que se intentó llenar sustancialmente ha sufrido los golpes de la codicia, ahora es solo discurso. Sabemos que el conflicto en Europa y medio-oriente es un conflicto religioso, por Estados que han llenado sus ideologías con tendencias pasivo-agresivas positivas y neutrales, estando siempre presente dentro del juego de las religiones. La solución a esta dialéctica se escurre sobre sus bases, el Estado debe tomar partido, no dentro de la cancha, si no afuera, como árbitro. La historia no ha tenido las suficientes experiencias de Estados declarados Ateos -y las experiencias constitucionales que sí han sido declaradas han estado mermadas por el contexto político-, pero el inicio de un Estado como tal podría consagrar completamente la autonomía de las instituciones del Estado y escapar de esta “guerra santa” que la experiencia Europea nos ha traído mediante sus noticiarios; ¿y por qué no? dejar en limpio la identidad nacional, sea cual sea que descubramos, sin los garabatos que los grupos (mal llamados clases) dominantes han escrito sobre ellos.

Se necesita valentía para recuperar la Democracia, esa en que la gente en libertad es capaz de tomar sus propias decisiones, porque tienen educación, porque tienen salud, porque los medios de comunicación no lo manejan dos grupos económicos, esa en la que la gente quiere ir a votar porque cree en sus candidatos. No necesitamos esa en la que los que te quieren representar, están ahí porque un par de partidos deciden lanzarlos para organizar las ganancias del próximo año. Se necesita valentía para proteger el estado de Derecho (y me van a decir: claro, ese estado de Derecho que defiende los intereses de los ricos y de los poderosos, dejando libres a los delincuentes y etc.) y yo responderé: Sí, se necesita valentía, porque se necesita hacer de nosotros este país y porque se necesita recuperar la libertad, y no solo la tuya o la mía, sino la de los que no son capaces de entenderla o verla, la de las clases más vulnerables, esa libertad, que es tan preciosa como cualquiera, esa libertad es la que va a cambiar Chile.

TAGS: #Democracia #Ideología Estado Laico

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