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La falacia de los límites como norte de la política ambiental. Parte 2

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No puede haber una decisión, sino un sistema de decisiones articulados y abierto, distribuido a lo largo del tejido social, para dar cuenta de la problemática en cuestión. Por lo que modelos descriptivos que presenten la decisión ambiental como un dilema binario; sociedad o naturaleza

La parcialidad de los modelos (científicos o heurísticos) que identifican los límites.

En la primera parte de este artículo se señaló que el paradigma de los límites que orienta la política ambiental presenta una serie de disfuncionaldiades y se señaló una primera. En esta segunda parte, avanzamos en la descripción de dos nuevas disfuncionalidades.

Como se señaló, el conocimiento que materializa este paradigma consiste muy básicamente en la modelación de un sistema natural afectado por un vector entrópico, para ojalá identificar una curva de modificación del estado del sistema natural, a partir de variaciones del vector antrópico, que permita establecer el umbral allí donde el cambio del sistema natural parece indeseable.

Por tanto, es evidente que los límites impuestos desde un modelo conceptual de este tipo sean coherentes y aseguren la sostenibilidad de sólo una parte de la ecuación, y no puedan establecer el sendero de sostenibilidad de las relaciones socio ambientales como totalidad. En este sentido una política fundada en este paradigma de límites no puede sino constituir una disfuncionalidad para una parte de esa ecuación, la social.

En este marco paradigmático nunca ha parecido necesario entender la relación sociedad naturaleza, las relaciones socio ambientales, como base para la formulación de la política ambiental. Sólo se analiza, una vez se han establecido límites, los efectos económicos o sociales que pudiera suponer establecer esos límites. Pero nunca se ha considerado poner en el centro del conocimiento para definir la política ambiental las relaciones socio ambientales, para a partir de ahí articular una respuesta. Se trata de una política formulada desde el desconocimiento de la sociedad.

Por esta razón, los modelos basados en este paradigma, al obviar una parte de la ecuación, no son aptos para, por si solos, como de facto pretenden, delimitar el espectro de decisiones legítimamente disponibles, simplemente porque no dan cuenta del problema decisional que tiene la sociedad frente a los problemas socio ambientales que enfrenta.

Cuando una sociedad tiene que asumir un cambio sustantivo respecto de sus relaciones socio ambientales, los elementos que determinan y condicionan la decisión están lejos de ser solamente los asociados al medio y la caracterización del vector antrópico que le afecta.

El escenario de decisión es significativamente más complejo que eso, donde aspectos económicos, sociales, institucionales, territoriales, y de distinto orden, determinan las opciones que la sociedad dispone para asumir ese reto, cosa que por lo demás hace de facto, como lo demuestra la realidad. Los umbrales de efecto ambiental, con las imperfecciones que el conocimiento disponible pueda suministrar, son sólo un elemento de ese escenario decisional.

Más aún, la problemática que trae a cuento la política ambiental, como la del cambio climático, prefigura un escenario de decisión que no se resuelve con una decisión, ni con varias decisiones. No puede haber una decisión, sino un sistema de decisiones articulados y abierto, distribuido a lo largo del tejido social, para dar cuenta de la problemática en cuestión. Por lo que modelos descriptivos que presenten la decisión ambiental como un dilema binario; sociedad o naturaleza (Tantas emisiones tantos grados), resultan casi cándidos, sino fuese grave lo que está en juego.

Pero como siempre lo dejado de lado aparece inevitablemente por donde le es posible, el aspecto social de las relaciones socio ambientales, se ha hace presente de facto en la “política” de la política ambiental, en forma de revolvimiento contra ésta, y ha sido interpretada como una forma de distorsión cognitiva por la misma.

En tanto las relaciones socio-ambientales, no estén presentes en la racionalidad de la política ambiental, estás se harán presentes en la “política” de la política ambiental, sólo que carentes de un discurso congruente con la racionalidad que la funda y por ende, resultan percibidas por la política ambiental como “injustificadas”, como una “distorsión interesada de una política ambiental racionalmente fundada”, como una intrusión indeseable de la “política”. De facto se trata del efecto de la parcialidad del discurso racional de la política ambiental fundada en los límites.

La fragilidad de los modelos (científicos o heurísticos) que identifican los límites

Una tercera disfuncionalidad del paradigma de los límites está asociada a la fragilidad epistemológica de los modelos, fundados o no científicamente, que sirven de base para el establecimiento de tales límites. Esto tiene que ver con la pregunta de si es posible conocer ex ante el comportamiento de las relaciones socio ambientales, de tal manera de hacer de tal conocimiento el norte de la política ambiental, como se ha pretendido en el marco de este paradigma de la política ambiental.

Esta pregunta tiene una respuesta evidente de acuerdo hasta lo que aquí se ha señalado. Si los modelos cognitivos que fomenta este paradigma sólo consideran una parte de la ecuación, difícilmente puedan predecir de forma consistente lo que pueda pasar con estas relaciones en el futuro, con ninguna de sus partes, porque son una totalidad.

Es muy fácil imaginar que las modelaciones actuales son insuficientes para conocer el comportamiento complejo de una sociedad frente al establecimiento de un límite. Por tanto, toda respuesta a la pregunta de qué pueda suceder de facto a continuación de la fijación de los límites, derivada de los modelos que orientan la política ambiental, tiene una alta dosis de incertidumbre; mientras más global el problema, mayor la incertidumbre.

En definitiva, es probable que los supuestos efectos benéficos que pueda tener en el sistema natural derivado de la imposición de restricciones a la intervención antrópica no se correspondan con lo simulado.

Los modelos que apoyan, por ejemplo, las actividades del IPCC pueden ser más o menos discutibles, ha habido un extenso debate al respecto, el problema de fondo que se ha señalado aquí es que todos ellos parten del supuesto que las emisiones de CO2 a la atmósfera las emiten máquinas artificiales, y procesos naturales, y en eso hay una carencia de base, pues esa es sólo una parte de la cuestión.

Las emisiones de CO2 las emiten sociedades, entidades hiper complejas, que no están consideradas en la modelación, y cuya modelación resulta impensable. Por tanto, es muy improbable que los esperados resultados benéficos para el clima global derivados de las propuestas de reducciones de emisiones de CO2 se correspondan con la realidad.

Con esto no se aboga por no limitar las emisiones de CO2, ni menos negar la importancia del cambio climático, sino cuestionar el paradigma que se esconde detrás de la política que pretende gestionarlo.

En principio, no parece arriesgado aseverar que la capacidad predictiva de los modelos utilizados como base para la definición de límites en la política ambiental es limitada. La sociedad se enfrentaría más bien a un estado de incertidumbre radical respecto del devenir posible de las relaciones socio ambientales.

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Comentarios

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12 de Enero

Me gustaría participar activamente sobre estos temas

14 de Enero

Jadille, una buena oprotunidad es compartir en el marco del Diplomado de EAE de IPTS en la FAUP de la UCen que se pone en marcha en proximo semestre.

Cristian Flores

28 de Mayo

Estimado: justamente pensaba en este tema hace poco, y como las políticas ambientales y específicamente los IPT proponen una idea de territorio que no se condice ni articula con la dinámicas y realidades sociales que en el se contienen, sino que constituyen un discurso y estudio “técnico” que se impone como la forma más ordenada de administrar un territorio desde una concepción sesgada de dicho término.
Saludos

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