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Elaboración de la política científica: es hora de abrir el proceso

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Durante la mañana del pasado lunes 14 de octubre, gran parte de la comunidad científica se enteraba —a través de las redes sociales— de una mesa de trabajo convocada para iniciar la elaboración de la “Primera Política Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación”. Como he señalado en una columna anterior en este mismo medio, esta es quizás la tarea más importante del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (en lo sucesivo, MinCTCI).

Han pasado las semanas, y algunas deficiencias del diseño original comienzan a parecer evidentes. Por una parte, el proceso avanza lentamente, y solo unas pocas mesas de diálogo general se han desarrollado. Además, ha existido una ausencia de información para el resto de la comunidad (la que no se limita a la propia comunidad científica, desde luego) interesada en este tema. En este sentido, inicialmente se anunció un sitio web con información para generar “mesas autogestionadas”, el cual ha tardado en ser publicado, lo que eventualmente puede generar una entendible frustración entre quienes desean participar.


Es el momento de comenzar a generar mecanismos para una participación más continua y profunda de la comunidad de investigación

Por otro lado, sigue sin existir un lineamiento claro respecto a cómo se elige a quienes participan en estas mesas (en honor a la transparencia, cabe señalar que participé en una de las mesas, tras la publicación de mi columna anterior, publicada en este mismo medio). En consecuencia, también han surgido algunas críticas a la convocatoria. Respecto a este punto, cabe recordar que la ciencia no tiene una organización verdaderamente representativa (esta es una comunidad muy diversa, y resulta difícil alcanzar un grado razonable de representatividad), por lo que una participación amplia, de diversas personas, sectores y organizaciones, es esencial para lograr cierto grado de aceptación.

En tercer lugar, para quienes habrán participado del proceso, posiblemente existirá una evaluación positiva respecto al ejercicio; después de todo, siempre es bueno reunirse a conversar sobre el futuro de nuestra ciencia. Sin embargo, también es probable que existan ciertas dudas y críticas sobre el proceso mismo. Las mesas se desarrollan en un tiempo muy limitado, imposibilitando una reflexión más profunda sobre aspectos fundamentales de nuestra ciencia. Más importante aún, hay una ausencia de definiciones previas, en particular respecto a lo que entendemos por “desarrollo”.

Finalmente, otro aspecto relevante es la actual situación del país. El Chile de estos días es diferente a aquel de las semanas previa al inicio de las mesas de diálogo convocadas por el ministerio. Esto provee una valiosa oportunidad para vincular, con mayor fuerza y perspectiva, el quehacer científico a los desafíos del país.

Estas deficiencias comienzan a insinuar un desafío mayor respecto al quehacer del MinCTCI. Aunque no debemos olvidar las dificultades propias de la instalación de la nueva institucionalidad, comienza a hacerse evidente un cierto estilo “top-down” de operar del ministerio. Ante la ausencia de instancias suficientemente representativas (como se señaló antes), el ministerio aparentemente ha optado por reuniones con sociedades científicas, autoridades institucionales y/o “actores relevantes” (aún sin reconocer apropiadamente el papel de muchas personas y organismos, cuyo trabajo fue fundamental en el camino hacia la nueva institucionalidad), desaprovechando la oportunidad de efectuar un trabajo “en terreno” más visible y continuado con una comunidad científica que, para estándares internacionales, es todavía muy pequeña (en este sentido, el tamaño de nuestra comunidad puede ser transformado en una ventaja). Un ejemplo de este estilo es el hecho de que el MinCTCI no haya socializado antes, y de forma más efectiva, las prioridades que consideraría para el año 2020, en especial en materia presupuestaria (y que conocimos, al menos en parte, nada menos que en un suplemento del Diario Financiero). ¿Qué actores fueron consultados? ¿Cómo se estableció que la investigación asociativa, y no FONDECYT, por ejemplo, debía ser el foco de un mayor esfuerzo para el próximo año?

Independientemente del apoyo que debemos seguir otorgando a la nueva institucionalidad, es deseable —e incluso necesario— estudiar cambios en la forma de trabajo del MinCTCI, al menos en lo relativo a la elaboración de la política de CTCI. En este sentido, tal vez el primer paso es abrir definitivamente el proceso. Tal vez este debió haber comenzado con una consulta pública, como ha ocurrido en otros países (por ejemplo, el año 2014 el gobierno británico impulsó una consulta pública para elaborar una nueva “hoja de ruta” en materia de ciencia e innovación, la cual estuvo acompañada de un documento de cerca de 100 páginas). Las anunciadas “mesas autogestionadas” podrían ayudar a la comunidad científica para que participe en el proceso de discusión sobre la política de CTCI, y resulta esencial que la información para desarrollar estas mesas sea publicada con prontitud, considerando que se aproxima el receso estival (lo que afecta la posibilidad de desarrollar dichas mesas en las universidades, por ejemplo).

De igual modo, quienes han participado de mesas anteriores, debieran ser invitados nuevamente para continuar el trabajo ya iniciado. También sería deseable una mayor vinculación entre el MinCTCI y otros ministerios, en particular el de Desarrollo Social. En este mismo sentido, el MinCTCI podría sostener mesas especiales, con actores del mundo social, económico y cultural.

El MinCTCI podría dar una señal aún más potente: abrir definitivamente el ministerio a la comunidad científica. En unas pocas semanas ya se cumplirá un año desde el nombramiento de las autoridades del nuevo ministerio. Y, si bien el ministerio nació formalmente hace solo unos pocos meses, las autoridades vienen trabajando desde hace meses, por lo que ya es el momento de comenzar a generar mecanismos para una participación más continua y profunda de la comunidad de investigación. Por ejemplo, se podría impulsar la creación de un consejo asesor temporal, con representantes de diversos sectores, que apoye la labor del MinCTCI, hasta que se instaure el consejo definitivo señalado por la Ley 21.105 (cabe recordar que esta figura está contemplada en la ley, aunque con una redacción que podría llevar al gobierno a conformarlo con “actores relevantes”, desafortunadamente).

Ha llegado la hora de sumar a nuestra comunidad a la solución de nuestros desafíos “internos” (si podemos llamarlos de esa forma), en especial a la elaboración de nuestra primera política de CTCI. Esta es una tarea demasiado importante como para no intentar hacer el mejor trabajo posible.

TAGS: #Ciencias #MinisterioCienciaYTecnología #Participación

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