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Nuevo Consejo Nacional de Innovación: hecha la ley, hecha la trampa

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A pocos meses de que acabe el actual período de gobierno del presidente Sebastián Piñera, se dio a conocer el nombramiento de los nuevos integrantes del renovado “Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo”, el cual nació por allá por mediados de la década anterior bajo el nombre de “Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad” (o “CNIC”, en su forma abreviada).


Es urgente dotar a este organismo de mayores niveles de participación e inclusión, un atributo que no se logra de forma adecuada con el actual nombramiento, amenazando de este modo el quehacer futuro del nuevo consejo".

Demás está decir que la labor de este consejo, como órgano de alto nivel y encargado de proponer estrategias en materia de investigación, ciencia y conocimiento, es de gran relevancia. Un país necesita estrategias en este ámbito, con mirada de largo plazo. Sin embargo, resulta evidente, a partir del escaso crecimiento que ha tenido la ciencia desde la creación del CNIC el año 2005 (aunque en especial en la última década), que su labor no ha tenido el impacto esperado. Si bien los distintos gobiernos han seguido a grandes rasgos sus respectivas “estrategias”, estas han carecido de la ambición y alcance necesarios. 

Es por ello que cuando se discutió la ley que crearía la nueva institucionalidad para la ciencia en el país, se propusieron cambios que permitirían al Consejo de Innovación (en ese entonces bajo la sigla “CNID”) funcionar de mejor forma, por ejemplo dotándolo de mayor participación y representatividad, con el fin de lograr una mayor capacidad de alcanzar consensos y legitimidad, en especial para evitar el problema de la falta de una mirada de largo plazo. En este sentido, una de las propuestas fue la renovación del consejo por “parcialidades”, lo que contribuiría (al menos en teoría) a sostener una mirada de largo plazo. Esta idea, en efecto, fue incluida en la Ley 21.105.

Sin embargo, la legitimidad y capacidad de alcanzar consensos se logra también con una adecuada representación y participación de diversos actores en el quehacer del organismo. En consecuencia, un punto que fue discutido durante la socialización del proyecto de ley fue, precisamente, la necesidad de mejorar la representatividad del consejo. Históricamente, el CNID ha sido un órgano hermético en su quehacer, en el cual solo una reducida élite ha tenido la oportunidad de participar, y de escasa renovación.

Por ende, durante la preparación del proyecto de ley se incluyó una nueva redacción para establecer la nueva composición del consejo. Especial atención se puso en la costumbre de nombrar solo a personas con destacada “trayectoria”, lo que en la práctica se suele traducir en la exclusión de personas jóvenes y, por ende, de temas de gran relevancia pero que no concitan el interés de los investigadores y expertos “senior”. Para evitar este problema, se empleó la palabra “labor” en lugar de “trayectoria” en el proyecto de ley (el Artículo Nº19 de la Ley 21.105, referente a la composición de este consejo, emplea los conceptos de “reconocido desempeño”, “destacada labor”, “adecuada representación”, y “diversidad de disciplinas, enfoques y competencias”).

Sin embargo, si bien se especificaron ciertas consideraciones (como el balance regional y de género) respecto a la composición del organismo, se evitó especificar además una consideración similar de carácter “generacional”, quizás debido a un exceso de confianza en que la autoridad sabría interpretar con justicia y sabiduría el concepto de “destacada labor”. La ventaja de este tipo de redacción sería que se otorga el necesario espacio al Presidente de la República (quien define a los miembros del Consejo) para que ejerza su criterio, algo muy relevante en un país de marcado carácter presidencialista. Sin embargo, la desventaja de esta redacción es, precisamente, que se da demasiado espacio a la autoridad de turno, quien puede interpretar la redacción de la forma en que lo estime conveniente.

Es así como hemos podido comprobar que, tal como reza el popular refrán, “hecha la ley, hecha la trampa”: en este primer nombramiento, volvemos a ver un predominio de nombres ya conocidos, que pertenecen a lo que ciertamente podríamos denominar “élite” académica y científica, manteniendo de este modo un Consejo que carece de la suficiente “diversidad de enfoques”. Esto es especialmente cierto al constatar que, pese a la existencia de una serie de organizaciones de investigadores jóvenes que por años han relevado problemas importantes que afectan a la ciencia, no se han considerado nombres pertenecientes a dichas organizaciones para pertenecer al consejo. Por otro lado, miembros de la directiva de la Asociación de Investigadores en Artes y Humanidades, han alertado en redes sociales por la ausencia de consejeros pertenecientes a dichas disciplinas (por ejemplo, aquí y aquí).

Desde luego, lo anterior no significa que quienes fueron nombrados mediante el Decreto Supremo 14 carezcan de los méritos para pertenecer al consejo. Tampoco esto significa que consejeros que han pertenecido históricamente al organismo no deban ser “reelegidos” (algo que puede ser positivo, pues se asegura un “traspaso” de prácticas y visiones, aunque esa labor bien la puede cumplir la secretaría técnica del consejo). Sin embargo, es necesario recordar que es urgente dotar a este organismo de mayores niveles de participación e inclusión, un atributo que no se logra de forma adecuada con el actual nombramiento, amenazando de este modo el quehacer futuro del nuevo consejo.

Lamentablemente, la exclusión de nombres jóvenes del mundo de la ciencia ha sido la tónica durante la administración del actual Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Sin embargo, este episodio en particular plantea además retos interesantes, pues demuestra la tensión existente entre un adecuado “espacio de maniobra” para la autoridad versus la necesidad de procurar, mediante la redacción de las leyes, la adopción de mejores prácticas incluso a costa de limitar dicho espacio, una tensión que probablemente surja en el marco del proceso constituyente.

TAGS: #CienciaInnovación #MinisterioCienciaTecnologíaConocimientoInnovación Consejo Nacional de Innovación Politica y Ciencia

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