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Junji y Gini: una canción de cuna para los pobres

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En 1919 se realizó en Santiago el Primer Congreso de La Gota de Leche, una institución de beneficencia formada por mujeres católicas. En ese congreso  la voluntaria Elvira Santa Cruz hizo un discurso, y en ese discurso dijo, entre otras,  las siguientes frases: “Los pobres son los niños grandes de la humanidad”; “su ignorancia no puede guiarles a la verdad”; “son como un bebé que nos lanza al rostro el juguete que le hemos obsequiado” (“Cuerpo y sangre de la política”, María Angélica Illanes, Lom, 2007).  Cada una de esas frases configuraba un paisaje, un orden y una coreografía en la que había adultos de verdad (los menos) y otros que no lo eran tanto (los más).

La idea del “pobre” como un sujeto radicalmente distinto y virtualmente amenazante es antigua y se populariza en Europa occidental durante la baja Edad Media. Todo indica que en Latinoamérica esa idea sobrevive y que en Chile, al menos en determinados sectores, está fresca y corcoveando, según se desprende de las declaraciones de la señora Ximena Ossandón, vicepresidenta de la Junji.

Las condiciones facilitan esa manera de mirar la sociedad en la que vivimos: en Chile el pobre es diferente incluso en su aspecto físico. Las cuotas de sangre indígena se llevan en la cara, por eso en Chile surgen expresiones tan caritativas como “tener cara de empleada” o “pinta de lanza”. Imaginemos un barrendero en la calle. Ahora imaginemos un presidente de directorio. ¿Ve que son distintos? 

Los pobres SON diferentes, son otra cosa, y tienen comportamientos antropológicos sumamente interesantes, curiosos. Es otra gente o “esta gente”, como dijo la señora Ossandón. Por lo general saben que el lugar que ocupan no cambiará para ellos. Con suerte para sus hijos y como ven que el destino se cumple (les basta mirar su barrio, hablar con sus parientes) no les queda otra que refugiarse en la manda. La manda a la Virgen –y la confianza en los superpoderes marianos- estaría directamente relacionada con la cantidad abrumadora de necesidades sin luz de esperanza de ser resueltas que tienen los pobres. Sobre todo las pobres mujeres, que tienden con porfía a quedar atrapadas en la fatalidad de la miseria perpetua. 

Para una parte importante de los chilenos con mejores ingresos y acceso a la mejor educación, la desigualdad y la pobreza continúa siendo en Chile un asunto que tiene que ver más con la beneficencia que con la justicia social, con el paternalismo de raíz agraria que con las políticas públicas de raíz republicana. ¿No es definitivamente tragicómico que levantar mediaguas para los  pobres se haya transformado en una actividad digna de ser registrada por las páginas sociales y que la necesidad de justicia social sea desplazada por un extraño engendro de paternalismo de fin de semana y marketing religioso?

Las técnicas de la modernidad -gestión gerencial, beneficencia high tech– finalmente puede que contribuyan a aliviar necesidades de corto plazo. El problema es que a la hora de los índices en mayúsculas, como el coeficiente de Gini, lo que porfiadamente sobrevive son nuestros patrimoniales índices de desigualdad y nuestra bicentenaria vocación por reemplazar la justicia por caridad. 

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Foto: Esperando – matias asun – Licencia CC:BY-NC-SA

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26 de julio

Buena columna Óscar….”esta gente”, es un término que he escuchado con indignación en el último tiempo, fruto de esa mirada fragmentada con la que “el señorito” se refiere al “subalterno”, en donde pobre y tonto o pobre y delincuente aparecen en un dicionario escrito desde la miope mirada ABC1.

Si el GINI no aparece en evangelio alguno me temo que no estará en la agenda de la JUNJI.

No soy católica, pero concuerdo cn el Padre Hurtado: no se debe confundir jamás caridad con justicia social, Oassandón me temo que no lo podrá entender, Rezaré a la virgen María para que aquello suceda.

26 de julio

Excelente comentario
totalmente de acuerdo Óscar.

La semana pasada creo leí unas noticias sobre la señora Ossandon, y no pude mas que sentirme asqueada por sus dichos y la poca conciencia crítica y social que “esta señora” presenta…
es mas, me pregunto cómo una persona con tales pensamientos y sentimientos puede estar a cargo de la junji, institución que vela por el sueño de miles de infantes de nuestro país y que merecen respeto y un trato justo e igualitario.

27 de julio

Solamente quisiera hacer un alcance. En los países donde hay welfare states o estados de bienestar, estos son vistos, pensados y entendidos por los trabajadores y las sociedades como triunfos de sus propias luchas sociales. Un sistema de salud gratuito e igualitario, un sistema de educación también gratuito e igualitario, un ingreso mínimo, un sistema tributario progresivo. Además por supuesto de capacitación, jornadas laborales más cortas, con pagos por las horas extras trabajadas, y vacaciones de más semanas al año, entre otros beneficios al interior de las firmas. Quizás se verían diferentes los beneficios sociales si se diseñaran en función y junto con los mimos trabajadores que solamente entre expertos. Pero definitivamente no los crucificaría para decir que son beneficencia o paternalismo.

27 de julio

Otra columna de aire fresco nos trae Oscar, un tema q he discutido con amigos también, y que muchos siguen creyendo que construir mediaguas es ayudar de verdad, sobre todo cuando se hace desde una visión Paternalista, y de “uno sobre el otro”.

Se me viene a la cabeza la exacta frase del gran Eduardo Galeano sobre el tema: “La Caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la Solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo”.

27 de julio

Lo triste es que ese paternalismo -que es autoritarismo y elitismo camuflado- lo proclaman y defienden todos los sectores políticos. Ninguno proclama el mutualismo.

27 de julio

Lo que planteas, refleja que en Chile siguen primando lastres clasistas y racistas heredados desde la Colonia, relativos a la fisonomía, el origen, el credo, etc. Por eso, no es raro que en los avisos de empleo se pida algo tan subjetivo (e irrisorio) como la buena presencia. ¿Qué es la buena presencia? Por eso acá, la meritocracia es una falacia.

El problema es peor, porque esos criterios no son exclusivos de los sectores conservadores sino que parecen ser transversales a todos los sectores sociales, lo que se traduce en chauvinismo y patrioterismo, racismo, clasismo de ida y vuelta, populismo, etc.

Las élites de todo tipo, tienden a reforzar estos criterios, asumiendo que sus posiciones obedecen a una superioridad natural que además consideran hereditaria. El resto, también contribuye al endiosar a estos iluminados sin tomar en cuenta el por qué.

Quienes tienen el poder o lo quieren para sí, saben que éste se sustenta en mitos y subterfugios diversos, el derecho divino, la infalibilidad, la sangre, la raza, la conciencia -moral, religiosa, revolucionaria-.

Históricamente, quienes han tenido el poder –sea político, religioso o económico- siempre han sido favorables al adoctrinamiento de las personas. Porque así “nacido y criado en la esclavitud, heredero de una larga progenie de esclavos, el hombre, cuando ha comenzado a pensar, ha creído que la servidumbre era condición esencial de vida: la libertad le ha parecido un imposible” Malatesta. (http://sujetoysociedad.blogspot.com/2010/02/los-falsos-defensores-de-la-libertad.html).

27 de julio

Me recuerdo que en la facultad de Derecho de la Chile, por lo menos cuando asistía yo, había un grupo de estudiantes que se organizaba para ir todas las semanas a la cárcel, para llevarles “sopa y una palabra de aliento” a los presos. No era difícil notar lo siniestro del ejercicio: los llamados a cambiar un sistema penal enfermo, a refundar un sistema penitenciario moribundo, eludían esa responsabilidad y lo cambiaban por una noche solidaria.
Por esos mismos años, uno de los principales auspiciadores de un Techo para Chile era el Banco Santander, que a su turno no dudaba en iniciar juicios hipotecarios leoninos contra sus clientes, los que, a no mediar alguna solución familiar, capaz que terminaran siendo beneficiados por la fundación jesuita y su principal sponsor.
Cuando uno hace notar esto, los dos argumentos canónicos –“Ellos por lo menos hacen algo”, y “Aunque no son una solución definitiva por Dios que ayudan” – son difíciles de contrarrestar, salvo que uno enarbole decididamente lo que llamas “soluciones republicanas”. La solidaridad sólo opera entre iguales. Esa es la diferencia entre una olla común y una financiada por una empresa, aunque las dos sean “alimento”.

28 de julio

Siguiendo el argumento de que tiene significado en Chile “parecer” pobre (y estoy de acuerdo que en el fondo es parecer indígena) o “parecer” rico, se me vino a la cabeza el contenido político de intentar “parecer” de uno u otro tipo. ¿Parecer pobre es un intento político por eliminar estas diferencias a las que aludes?¿Es cinismo? Me lo pregunto porque esto siempre ha sido parte de la estética de la izquierda.

28 de julio

Ese es un punto fascinante: el proceso de identificación compasiva de la dirigencia de izquierda de origen extra-proletario. En otras palabras el pije rojo y la forma que tiene de acercarse al pueblo. Es algo que desarrollo vagamente en Siútico pero que se puede observar en una línea de tiempo. Mi tesis es que en general el paternalismo y la mirada folclórica se ha mantenido como principal eje en la relación entre el pituco izquierdoso y el pueblo.

Un elemento muy relevante es que en Chile no se habla de los “trabajadores” sino de los “pobres”. Es decir de un grupo que es definido jerárquicamente por lo que es y no por lo que hace o su lugar en el orden de la sociedad en relación a su aporte. Ese es el esquema básico sobre el que se van añadiendo atributos: 1) Fìsicos: el pobre es moreno, aindiado. Esa es una primera barrera y un baldón en una sociedad que se cree blanca, aspira a parecerlo. 2) Conductuales: el pobre es espontáneo, como lo son los niños, el buen salvaje o las mascotas. 3) De género: la mujer pobre es buena madre, el hombre pobre es sacador de vuelta.

Otra vertiente de análisis es la estética. La cultura del roto chileno ensalzada y folclorizada en su alcoholismo nómade pertenece a la figura del Gañán, es decir el trabajador campesino sin especialización que rara vez forma familia (ser “gañàn” era una identidad de vida y una ocupación laboral y hasta principios del siglo XX era la ocupación mayoritaria de los varones chilenos adultos). El gañán era un huacho o hacedor de huachos, tal como el roto´que es el gañàn “urbanizado”. Esa figura yo la veo ensalzada en muchos aspectos entre el progresismo cool. Del mismo modo que la izquierda setentera abrazó las culturas andinas (que poco y nada tenían que ver con la realidad de la mayoría de la población chilena del valle central), el progre cool de los 90 se sumergió en la invención de una tradición de abajismo edulcorado: Lo huachaca, lo propio, el zandungueo prostibulario rescatado, el boliche con tradición inventada (liguria, emporios, clinics) y la entronización de La Piojera como núcleo del abajismo buena onda.

Sospecho que un asunto que explica este juego de espejos y de identidades superpuestas idealizadas es la ausencia de una clase media importante, con identidad. En Chile se repiten mantras sobre una clase media nacida al alero de los empleos de estado y de la universidad de chile. Pero resulta que esa clase media era una minoría demográfica y electoral cuyo principal propòsito era acercarse a la elite. Lo que vino después (en los 80 y 90) fue otra cosa.

29 de julio

¿Y qué vino después? Sería interesante entrar en este punto. Desde muchas instituciones o poderes, a través de sus emisores, se habla de “la clase media”. Si hasta ahora el gobierno la considera como parte de sus “inspiradores”. Lo que vino después de los 80 y que se consolidó en los 90: un sector de la sociedad cuya matriz -citando a Tomás Moulian- ya no es el Estado, ni el espacio público, ni los valores que sustentaron el discurso nacional-popular desde Pedro Aguirre Cerda hasta Allende. Lo que surge es una capa media de una matriz cultural completamente diferente, privado-consumista, y cuya buena parte de quienes la componen provienen de aquella población que estuvo al margen en los procesos de configuración de la clase media estatal-pública de los 40, 50 y 60, la de los gobiernos radicales y de Frei Montalva. Al margen, porque mientras estaban comenzando a ingresar, vino el cambio de matriz en la segunda mitad de los 70, al punto que sus hijos o ellos mismos terminaron la educación secundaria e ingresar a la educación superior bajo el paradigma privado y del consumo, que es el que se ha consolido en estas dos últimas décadas.
Saludos.

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