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Una pregunta incomoda; la raíz de la crisis política chilena

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Lo que va siendo evidente, a medida que pasan los días, es que la crisis política chilena es una crisis sistémica. Esto significa, uno, que afecta al conjunto del sistema político chileno porque posee una gran capacidad de conectar/involucrar a todos sus elementos.


Lo que la ciudadanía requiere no son sólo gestos, acciones mediatizadas, sino una respuesta positiva, es decir, explícita, a la pregunta que nunca debió emerger, a saber, ¿tenemos una comunidad de valores con nuestros gobernantes o ellos toman las decisiones con valores que no son los nuestros?

Dos, que esa capacidad de infectar a todos los elementos del sistema político sólo se explica porque está enraizada en la estructura del sistema. Es eso lo que le da esa cualidad de propagación sistémica.

Tres, que al tratarse de una crisis sistémica es muy improbable que el propio sistema disponga de los recursos para darle una solución; el sistema sólo produce cosas para la cual está concebido, y la solución debiera ser algo estructuralmente distinto a lo que él es.

En principio la crisis se evidencia como una crisis de confianza; en los políticos, la élite gobernante, los empresarios, entre otros, y de paso en algunas instituciones claves del sistema político. Pero, ¿de qué confianza perdida se trata? Más aún, ¿por qué se requiere de esa confianza para el buen funcionamiento del sistema político?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua da la siguiente acepción de la palabra confianza: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. La confianza hace relación con la fe que se tiene en alguien o algo. En el caso de la crisis política chilena se trata de la fe de los ciudadanos en los que dirigen el sistema político, y en las instituciones que lo conforman.

¿Por qué se habría de requerir de fe ciudadana en ellos? Porque, como han demostrado los hechos, la gran mayoría de los actos de los gobernantes y dirigentes políticos no están ni pueden estar regulados estrictamente por una norma o similar, sino que dependen de los criterios y valores de quienes realizan esos actos.

En eso consiste la pérdida de confianza que anida en el centro de la crisis política chilena; es la pérdida de la fe ciudadana que la clase política actuará, en ese amplio ámbito de decisión donde justamente la norma no es explícita, de acuerdo a un conjunto de valores compartidos.

Lo que los hechos han demostrado, no es que se solamente se haya incumplido la ley, sino que se ha actuado por parte de la clase política, de forma muy generalizada,- hoy reconocida además públicamente por el mea culpa compartido de los principales partidos políticos chilenos-, en contra de lo que se creía que eran los valores sociales compartidos por todos los chilenos y por nuestro contrato social básico.

Por eso la crisis que vive al sistema político chileno presenta tal resiliencia, porque es una crisis estructural del mecanismo social mediante el cual los ciudadanos hacen dación de fe en sus gobernantes, que hace emergen una pregunta que nunca debió estar encima de la mesa, ¿con qué valores actúan los dirigentes de nuestro sistema político?

La pérdida de fe en que los dirigentes del sistema político actuarían de acuerdo a los valores ciudadanos compartidos es muy grave.

La dación de fe ciudadana es un proceso extremadamente delicado, porque es un acto voluntario que se afirma única y exclusivamente en la subjetividad individual que da crédito a alguien o algo, más allá de lo que los elementos tangibles a mano permiten, por eso es fe. Sus mecanismos de operación están anidados en el ámbito de lo simbólico social, ni siquiera en el político estrictamente.

Hasta ahora los mecanismos articulados para dar cuenta de la crisis por el propio sistema no parecen muy fructíferos. Difícilmente pueden ayudar a recuperar la confianza declaraciones de mea culpa que no están acompañadas de medidas punitivas inmediatas, que es lo que se pide a los ciudadanos cuando, por ejemplo, saltan una norma de circulación, multa, retirada de carnet, etc. No pueden restituir la confianza declaraciones partidarias institucionales que derivan las responsabilidades más allá de los individuos a las entidades políticas como un todo, sin aclarar qué significa eso ¿Que el partido se disuelve, por ejemplo?

Tampoco restituyen la confianza el mero “caiga quien caiga”, aunque sea una condición necesaria, pues como se puede entender fácilmente no restituye la credibilidad de la aplicación de valores compartidos en actos futuros.

Y ahí radica el núcleo de la solución a la actual crisis política chilena, pues lo que la ciudadanía requiere no son sólo gestos, acciones mediatizadas, sino una respuesta positiva, es decir, explícita, a la pregunta que nunca debió emerger, a saber, ¿tenemos una comunidad de valores con nuestros gobernantes o ellos toman las decisiones con valores que no son los nuestros?

Y no debió emerger porque, en el extremo, su resolución solo es posible mediante un proceso soco político institucional que refunda la estructura del sistema político nacional. Pues esta es la pregunta que aglutina el sistema político de una sociedad.

Y no se trata únicamente de redactar una constitución política. Se trata de que lo que hagamos permita regenerar la confianza mutua en un contrato social con el que todos concordamos y que todos están dispuestos a asumir. Cualquier remedo tal como lo demuestra la situación actual tiene sus días contados.

TAGS: #CrisisPolítica Clase Política Constitución

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20 de abril

El rechazo a la casta política empresarial aún es pasivo pero eso no evita que se multipliquen las protestas y concentraciones, aún pequeñas y dispersas entre sí, que denuncian la relación entre el dinero y el duopolio. El combate de los trabajadores sigue un curso ascendente y lento pero persistente y combativo: por diversos motivos se recurre a los cortes de calles al mismo tiempo que el movimiento estudiantil se reanima. No estamos todavía frente a la plena manifestación de la lucha de clases, sí ante una creciente politización: los asalariados tomamos conciencia a partir de la discusión por la “reforma” laboral porque ésta nos muestra claramente la oposición entre nuestros intereses con los de la élite.

Son los cuestionamientos producidos por las insuficiencias al cambio en el código laboral lo que obligó a Bachelet a considerar algunas de sus críticas, como las causales de desafuero o la calificación de la huelga como “pacífica”. Lo nuevo es la unidad que se establece entre las demandas de los estudiantes con la crisis del régimen: ese es el sentido de la consigna del 16 de abril, de que los corruptos no decidan por nosotros. Lo lamentable es que las dirigencias burocráticas de la CONFECH y de la CUT buscan movilizaciones como medida de presión para ser llamados a participar en los proyectos de ley propuestos por el gobierno reivindicando así la lógica de la «democracia» en la medida de lo posible. Desde las bases del movimiento social tenemos que combatir para que esto no pase, para que seamos la mayoría los que cambiemos Chile.

20 de abril

No creo que el tema sea de valores en sí porque en esto los valores son universales. Lo que ocurre es que no todos entendemos por igual los valores involucrados. La estabilidad politico-económica tiene un valor muy distinto para quienes hemos vivido periodos de verdadera inestabilidad que aquellos que toda su vida han vivido en un pais relativametne estable. Un padre de famlia puede salir a marchar con su hijo para protestar por el sistema economico pero en el momento que asuma que al cambiar el sistema puede perder la pega o sus posibilidades de negocio, entonces sólo quedará su hijo en la protesta, no es que tengan valores distintos. No porque los gobernantes puedan ver cosas que uno no ve significa que tienen valores distintos

Saludos

servallas

23 de abril

Concuerdo con el grueso de tu argumento, me parece que hay una crisis de confianza que de alguna manera se ha hecho más evidente, dicho eso, me parece que hay un actor que impide ver con cierta trasparencia, con alguna claridad, realmente a quienes elegimos y esa es la propaganda. La propaganda aturde, de alguna manera presenta personalidades que no son, presenta objetivos que no son, y sobre todo, pone de relieve que la lucha contra poderes fácticos es la gran tarea, así, como todos tenemos nuestros propios demonios, aceptamos a estos campeones que pelearán por nosotros.
Por otra parte, el ciudadano que comentas, siempre actúa así, pide en los otros valores que muchas veces no tiene, exige en otros, ética que no practica, y pide en el otro, actuaciones similares a la Madre Teresa. La sociedad es muy compleja, porque a eso se añade la lucha solapada de quienes quieren destruirla, a veces por deporte, a veces por utopías, a veces por envidias, quizás hasta por ego.

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