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Eurocomunismo y Sudacacomunismo II

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El “Sudacacomunismo” refiere no sólo a un mínimo de capacidad de reírse de sí mismo sino que a establecer un contraste con aquellas experiencias desde antes de la caída del Muro, ver las debilidades y fallas del sistema. Si bien experiencias como la Primavera de Praga, la UP y otras influyeron en ella, no son su única causa explicativa.

Me ha parecido de interés la columna publicada por el señor Alexis Cortés sobre un artículo mío aparecido en el diario El Mostrador.

Como una forma de continuar el debate me permitiré hacer algunas precisiones. Para eso, me remitiré a una columna anterior (“La hora comunista” aparecida en elquintopoder.cl y de modo más resumido en mi blog de La Tercera) en la cual establezco una triple distinción para comprender el “fenómeno comunista en el siglo XX”. Primero, el comunismo como la experiencia que hemos conocido de socialismos reales, los cuales tomaron la forma de un régimen totalitario (en el sentido mussoliniano del término). Segundo, el “comunismo” como un fenómeno de contracultura y de crítica social que se expresó en movimientos sociales, culturales y artísticos. Por último, el “comunismo” como algo distinto al marxismo (aclaración que va dirigida básicamente hacia cierta ignorancia de tipo reaccionaria).

En ese contexto, aseveré, el Partido Comunista de Chile (PCCh) se desenvolvió como un partido que efectivamente aceptó las reglas del juego democrático-liberal, aunque fue acrítico del modelo soviético. El problema está en que esa carencia de crítica se mantiene hasta hoy de modo radical.

Por ejemplo, son mayoritarios los ex partidos comunistas del mundo democrático que han efectuado una crítica hacia la experiencia vivida. No ha sido casual la pérdida en ellos del nombre “comunista”: es la constatación del fracaso de un modelo.

¿Significa el abandono de su pretensión de transformación social? No. Han tomado la forma de una nueva izquierda que se nutre de otras fuentes intelectuales como el marxismo crítico, el post-marxismo y el post-estructuralismo. Muchos de ellos se han acercado a corrientes del republicanismo de izquierda o de democracia radical donde la mirada ya no descansa en el Estado ni en la confianza hacia el partido sino que en recobrar para la ciudadanía la capacidad de ser soberana -societas civilis cum imperio- y, de esa forma, repensar la política y desafiar lo que es percibido como un estado liberal de “multitudes individuales” pero no de ciudadanos.

Para esa tarea, la de repensar el derecho para ver sus posibilidades más allá de la opción liberal, esa izquierda ha entendido la inutilidad de Lenin o Pashukanis. Son partidos postcomunistas. Esta es la única opción viable en democracia para un PC, conserve o no la denominación. Basta pensar en la praxis de un Bertinotti o Hue.

Por otro lado, el “Sudacacomunismo” refiere no sólo a un mínimo de capacidad de reírse de sí mismo sino que también a establecer un contraste con aquellas experiencias desde antes de la caída del Muro, ver las debilidades y fallas del sistema. Si bien la Primavera de Praga, la UP y otros hitos influyeron en ella, no son su única causa explicativa.

El lenguaje político de una sociedad muestra la herencia valórica que da forma a cómo se comprende la vida ciudadana. Esa circulación normativa simbólica no necesariamente se condice con la facticidad del poder y las relaciones económicas en un momento, pero refleja en parte la semántica del reconocimiento que anima a esa sociedad. En ese sentido, parece sostenible que la “tradición política italiana” jugó un papel que explica la evolución crítica del PCI. Por cierto, a la inversa, cabe recordar la frase de Marx sobre la cultura política rusa y lo que él califica como una falta de espíritu libertario en ella. ¿No jugó ese rasgo que describe Marx ningún papel en el desarrollo primero de Lenin y luego de la teoría soviética? ¿Cuánto había en ellas de Marx y cuánto de herencia cultural?

De igual forma se podría señalar que el PCCh, al aceptar el sistema político, se estaba desenvolviendo dentro de la tradición chilena de tipo institucional, que aun teniendo ciertos ribetes mitológicos existe en la realidad.

Por último, el tema Cuba y la admiración que sigue produciendo en nuestra izquierda. Ésta no se explica si no es por el fuerte antiamericanismo que siempre la ha animado. Desde un concepto de democracia como poder soberano o poder comitante, Cuba no califica como tal. Es un régimen mussoliniano en el sentido ya indicado.

El antiamericanismo ha sido tan potente que no ha permitido a la izquierda latinoamericana fijarse en la radicalidad de la experiencia de la nación del norte. Su revolución es un caso raro de “revolución democrática”. Es la última instancia de esas dimensiones donde el vocabulario político de libertad, que implicaba su ejercicio (lo que Pocock contrapone al lenguaje jurídico sobre la libertad), generó una realidad social, institucional y política. No es el caso de la francesa, ni de la rusa. Nada de eso se ha visto por la antipatía intrínseca que genera el “Tío Sam”. Está fuera de discusión que muchas de las políticas norteamericanas lo han fomentado, pero eso no agota la explicación de su origen.

Un comentario final, al margen. Aunque nos duela, todo el vocabulario y sistemas ideológicos que conocemos son euro-céntricos, incluidos el indigenismo e indianismo.

* Publicado originalmente en revista Red Seca

——

Foto: Karl Marx / Licencia CC

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Comentarios

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Eurocomunismo y Sudacacomunismo II | Desgobierno de Chile

09 de mayo

[…] Fuente: […]

Fernando Viveros Collyer

09 de mayo

estim Gonzalo,
copio esta frase tuya de “Eurocomunismo y.Sudakacomunismo” :
” Muchos de ellos se han acercado a corrientes del republicanismo de izquierda o de democracia radical donde la mirada ya no descansa en el Estado ni en la confianza hacia el partido sino que en recobrar para la ciudadanía la capacidad de ser soberana -societas civilis cum imperio- y, de esa forma, repensar la política y desafiar lo que es percibido como un estado liberal de “multitudes individuales” pero no de ciudadanos”

y a ella asocio este esfuerzo mío:

http://elquintopoder.cl/politica/la-greda-y-la-formacion-de-ciudadania/
http://elquintopoder.cl/politica/la-ideologia-y-la-solidaridad-ciudadana/

me parece clave tu relación entre tradiciones culturales
y formas de las instituciones políticas “reales”
en cada país y localidad
–¿cuáles serán, no en este Chile nacional,
sino en los Chiles regionales y localizados que hoy brotan?
abrazo, f

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