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El retorno de la política

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En el ambiente imperante en que la imagen, la búsqueda de la popularidad y una suerte de cuña periodística reemplazan la acción política deliberativa, corroyendo las propias instituciones, pasa a ser sorprendente que algún político, hable de política.
La Concertación, transformada en un conglomerado propio de una obra de Beckett, espera que su Godot llegue de Nueva York. El PC, aquel partido que alguna vez albergó a Neruda y Teitelboim, está reducido a un apostador al carisma de Camila Vallejo y a su propia capacidad negociadora. La Alianza parece volcada en sustituir el discurso político por un programa de MBA y la lectura de encuestas.
Inclusive la UDI, el partido que Guzmán fundase con una estructura lo más cercana posible a un “leninismo criollo”, deambula entre “la derecha popular” y la venta “de un producto popular”. Como habría indicado su “mítico fundador”, abandonaron la política por la “consigna”.
En ese escenario han surgido dos excepciones. La primera es desde la izquierda. El Autonomismo. Desde la derecha, una figura solitaria, Allamand.

En el ambiente imperante en que la imagen, la búsqueda de la popularidad y una suerte de cuña periodística reemplazan la acción política deliberativa, corroyendo las propias instituciones, pasa a ser sorprendente que algún político hable de política. La Concertación, transformada en un conglomerado propio de una obra de Beckett, espera que su Godot llegue de Nueva York. El PC, aquel partido que alguna vez albergó a Neruda y Teitelboim, está reducido a un apostador al carisma de Camila Vallejo y a su propia capacidad negociadora. La Alianza parece volcada en sustituir el discurso político por un programa de MBA y la lectura de encuestas. Inclusive la UDI, el partido que Guzmán fundase con una estructura lo más cercana posible a un “leninismo criollo”, deambula entre “la derecha popular” y la venta “de un producto popular”. Como habría indicado su “mítico fundador”, abandonaron la política por la “consigna”.

En ese escenario han surgido dos excepciones. La primera es desde la izquierda. El Autonomismo, al cual pertenecen dirigentes estudiantiles como Boric y Figueroa, ha dado un paso relevante en su transformación desde un movimiento sólo universitario en uno que genere las ideas necesarias para un cambio estructural de la forma político-institucional del Estado. La creación de la Fundación Nodo XXI es una demostración de convicción sobre la capacidad transformadora que tienen las ideas y la construcción de una plataforma a la espera de la llegada de su momento. El filósofo italiano, Toni Negri, una de las principales fuentes de las cuales se nutre el autonomismo, ha pensado como pocos sobre la articulación de una idea-fuerza y el trabajo de los movimientos sociales para ir construyendo una nueva comprensión de lo común. ¡Qué es la política sino la articulación de la vida civil! Pensar sobre lo común es hacerlo sobre la esencia de la política.

La otra excepción, aunque solitaria, ha sido Andrés Allamand. Lo interesante de su intervención en el Consejo de RN no fue su declaración de disponibilidad para una futura candidatura presidencial. Eso no pasa de ser un acto de extraña sinceridad. Lo importante es que esbozó lineamientos futuros de centroderecha con un criterio político. Ordo-liberalismo económico-social, fortalecimiento institucional de los partidos, necesidad de combinar diversidad social y pluralismo. Por último, lo más relevante, contraponer una reforma profunda a la Constitución contra la idea de una Asamblea Constituyente. Ésta última es defendida por muchos movimientos sociales, incluido el autonomismo. Demarcó un área de confrontación respecto a la forma del Estado. Justicia, igualdad y el debate sobre una nueva forma política, marcarán los desafíos futuros. Lo demás será decorativo.

La forma política del estado es una discusión sobre la articulación de la soberanía, la representación y el concepto de libertad que hace de bisagra entre ambos. En el momento en que la simple racionalidad de las instituciones y de la economía no pueden dar respuesta cabal a las aspiraciones de equidad y participación democrática de los ciudadanos, necesariamente se vuelve sobre un debate estrictamente político, como bien lo ha indicado Chantal Mouffe. Como lo describe la autora belga, lo político implica un sentido de diferencia y disputa. A lo que asistiremos, paulatinamente, será a una confrontación entre quienes defenderán (en la izquierda y derecha) un camino reformista de tipo institucional versus quienes (en la derecha e izquierda) sostendrán alguna forma de populismo. En ambas puede haber o un sentido político o la negación de ésta por medio de la anulación de la deliberación.

Si se entiende al Estado como un centro sólo administrativo-técnico, la institucionalidad-democrática sólo como desarrollo de políticas públicas y el populismo como marketing-imagen o una oferta demagógica, estamos en ambos casos frente a formas no-políticas. Por el contrario, una mirada institucional-democrática que requiere de una defensa permanente en el plano de las ideas, de ir repensando su comprensión de elementos tales como la representación y la generación de ámbitos de no-dominación ciudadana y un populismo que no parte de una idea de “líder” o de “satisfacción de la masa” sino de una idea de “pueblo”, a partir de la cual se construye una idea de democracia participativa, son ambas formas políticas.

En ese péndulo se moverá nuestro sistema. Evitar la “política” no será posible. Quien logra posicionar una imagen dominante sobre cómo se entiende la igualdad, la justicia, la libertad y la democracia, a la larga, es quien gana el poder. Eso implica tener un discurso.

No sabemos cuánto demorará el autonomismo en filtrar con sus ideas a la confundida izquierda de la Concertación, al mismo PC o si tenga la fuerza suficiente para pararse sobre su propio movimiento. Una cosa es clara: su trayectoria desde La SurDA hasta Fundación Nodo XXI es una muestra que es un fenómeno que ha llegado para quedarse. Sobre Allamand, está por verse si la derecha, que desarrolla desde los 50 una ideología del “apoliticismo” logra darse cuenta de la importancia de tener ideas y logra comprender la política. En una cultura de mentes fenicias, no es fácil. Los conceptos en política siempre tienen un contenido ideológico. Por eso la lucha en democracia es por medio del lenguaje, pero uno que represente una idea de sociedad.

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Foto: Radio del Mar

 

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Ariel Amigo

12 de junio

Muy interesante la columna. felicidades

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