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Ciencia orientada v/s ciencia por curiosidad

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El sábado pasado, tras leer la editorial “Premios a la investigación científica publicada en la sección de opinión de El Mercurio, referida al loable premio entregado por dicho medio, junto a una institución bancaria, me di el tiempo de enviar una “carta al director”. ¿La razón? Expresar mi opinión respecto a una frase destacada en el texto, en donde se afirma la idea de la “gratitud de una sociedad que debiera estar interesada en impulsar la investigación científica orientada por los problemas nacionales”.


Son varios los descubrimientos y avances que han cambiado al mundo, cuyo origen puede ser trazado a un proyecto de investigación motivado por la curiosidad de un científico o grupo de investigadores…

Esta afirmación, que refleja cierto desconocimiento o desdén respecto a cómo opera la ciencia y al valor de la ciencia básica motivada por curiosidad, constituye sólo un ejemplo más del constante ataque al que de vez en cuando es sometida la ciencia, especialmente aquella que (según algunos) no estaría “interesada en los problemas nacionales”.

Existen algunos problemas asociados a esta práctica de las “editoriales”. En primer lugar, en la gran mayoría de los casos, éstas son anónimas, por lo que nadie se hace responsable de la veracidad respecto a lo que se afirma. Se intenta imponer una especie de “falacia de autoridad”, con expertos que escriben desde un limbo anónimo, realizando afirmaciones que muchas veces no son acompañadas de evidencia empírica que las sustenten. En este caso en particular, ¿por qué habría de interesarse la sociedad sólo en aquella ciencia que ayude a resolver problemas, y no también en aquella dirigida a incrementar el conocimiento sobre nuestro mundo, nosotros mismos, nuestra cultura, nuestra historia? ¿Quién dictamina cuáles son esos “problemas nacionales”? Incluso, ¿por qué habría de interesarse la sociedad en la ciencia?

En segundo lugar, el problema del anonimato no sería tan lamentable si los medios ofrecieran al menos un espacio, de igual relevancia y visibilidad, para recibir réplicas. Existe un evidente ejercicio de abuso de poder cuando se intenta imponer una postura sin mayor debate. En algunos casos, existen “notas al pie” de ciertas columnas de opinión, indicando que, si el lector desea comentar la columna en cuestión, debe hacerlo en la versión en línea. O sea, estamos advertidos de que no tendremos derecho a dar nuestra opinión en un espacio de la misma visibilidad.

¿No sería responsable de parte de los medios de prensa, acabar con estas dos prácticas (anonimato editorial e imposibilidad de réplica)? Tal vez esto ayudaría a mejorar la alicaída confianza en dichos medios, que se encuentra bajo la línea del 25% de acuerdo a la reciente Encuesta UDP 2014.

No obstante lo anterior, el problema de fondo lo constituye la afirmación respecto a la “ciencia orientada”.

Existe un creciente afán en Chile (muy similar al presenciado en la segunda mitad de la década pasada) por menospreciar aquella ciencia motivada por entender el mundo que nos rodea, nuestras raíces, nuestro pasado reciente, cómo nos estructuramos como sociedad y nos comunicamos, cómo funcionan nuestros cuerpos, cómo se relacionan los organismos en los ecosistemas en los que viven, y toda disciplina no “orientada” a resolver lo que algunos piensan son “los reales problemas” del país. Esta ciencia “desorientada”, la que no pasa a ser prioridad de planes y estrategias, la que no es aplaudida (tal vez la astronomía es la única excepción), es constantemente negada y marginada del discurso oficial, del pensamiento de quienes diseñan políticas públicasy ahora de los mass media. 

Pero aceptemos por un minuto la tesis de que la búsqueda de solución a los problemas nacionales debiese ser el único objetivo de la investigación científica (olvidaremos el hecho obvio de que para resolver dichos problemas, cualesquiera éstos sean, necesitamos de conocimiento básico en diversas disciplinas). En la práctica, la ciencia “motivada por curiosidad” (aquella que aparece en las antípodas de la ciencia “orientada por misión”) ha sido más exitosa no sólo en permitir el avance respecto a nuestro entendimiento del mundo, sino que también en la generación de avances tecnológicos y respuestas a “problemas nacionales”. Son varios los descubrimientos y avances que han cambiado al mundo, cuyo origen puede ser trazado a un proyecto de investigación motivado por la curiosidad de un científico o grupo de investigadores (por ejemplo, una reciente columna publicada aquí, en El Quinto Poder, muestra varios ejemplos nacidos de la astronomía).

Sería muy peligroso para nuestro país, con tantos desafíos por enfrentar, que caigamos en este discurso tecnocrático contra la ciencia motivada por curiosidad. No sólo porque nos priva de los avances y conocimientos generados (de manera generosa) por este “modo” de investigación, sino también por el riesgo que conlleva poner todos los huevos en unas pocas canastas.

La ciencia dista de ser un camino lineal y predecible, por lo que la solución a los “problemas nacionales” pueden requerir de información generada por diversas disciplinas del conocimiento. Y generar conocimiento científico en las diversas áreas requiere esfuerzo y compromiso público, al igual que promover investigación multidisciplinaria.

Para apelar al cómic de Sofía, en ciencia no podemos plantar sólo rosas en el jardín. En el jardín de la ciencia, debemos plantar todas las especies posibles de flores, y aceptar el hecho de que algunas semillas no germinarán, y que no por eso habremos realizado un “desperdicio”. En definitiva, no podemos darnos el lujo de retornar a ciertos discursos que intentaron determinar por “decreto” o “experticia”, cuál es la ciencia útil para nuestro país.

TAGS: Investigación científica

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Comentarios

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Otro científico

08 de diciembre

Yo también soy investigador, PhD, etc. Estoy de acuerdo en principio con lo que escribes, pero veo a muchos académicos que están enfocados en publicar lo más posible, independiente de si es algo relevante o no, y no en hacer una contribución REAL. Qué decir de los dinosaurios que están calentando el asiento en muchas universidades prestigiosas. Falta accountability ahí, no es posible que los académicos pidamos más recursos públicos y no seamos responsables de mostrar avances y resultados que entreguen un retorno real.

Jorge ortiz

08 de diciembre

Estoy de acuerdo con su articulo, pero creo que ese seria el ideal, ya que dado los escazo de los recursos para la ciencia, debieramos priorizar ciertas áreas estrategicas para el país y especializarnos en ellas. La empresa privada especialmente las grandes empresas invierten muy poco en ciencia no tienen la cultura de la innovacion en sus genes, porque no estan acostumbrados a competir…. Pero eso es otro tema

Juan Carlos Troncoso

08 de diciembre

Muy interesante los comentarios respecto del Editorial del Mercurio . Sin embargo , viniendo de una persona con tan distinguido Currículum , me llama la atención la cierta inocencia del comentario , en su reflexión respecto del medio de comunicación aludido .
Hay una frase muy manida y no por ello suficientemente analizada que es ” el tema del Bien Común ” a sea lo que es bueno y malo para los mortales . Sepa Ud . señor , que desde hace muchos años ese diario señala , orienta , premia y castiga, en nombre del Bien Común.
Le preguntaron a Ud , a alguien de su familia , de sus amigos o conocidos, o conoce Ud. algo de como ellos y bajo que intereses manejan y manipulan la opinión pública , fijando lo que es bueno y lo que es malo.
Por comprensión básica entiendo que en ciencia, se hace lo que señala “el Bien Común”.

14 de febrero

La oposición que realizar acá es cuestionable por razones conceptuales y por la propia evidencia empírica.
Conceptualmente, el modelo sobre el cual descansa la idea de que la ciencia básica es “más exitosa” en resolver problemas nacionales es una concepción del conocimiento como algo lineal, que si bien criticas en alguna parte del texto, la sigues sosteniendo en tu argumentación. Es decir, mientras más conocimiento base exista más posibilidades hay de dibujar una línea entre lo que se aplica y lo que fue inicialmente “la curiosidad” del científico. Esta es la construcción idealista del conocimiento, herencia liberal que esconde todos los elementos socio-culturales del avance científico y los reemplaza con historias/historietas de personajillos que son transformados en héroes de la ciencia, en sus genios, con sus excepcionalidades y cualidades personales.
El problema con este modelo es que es irreal, pues las aplicaciones no surgen necesariamente de financiar la “ciencia por curiosidad”, sino por la capacidad de socializar los principios que derivan de la exploración inductiva de fenómenos naturales. Es decir, la capacidad de generar sistemas de socialización de la ciencia: desde la formación profesional hasta las prácticas de convención científica. En ese sentido, debe existir una intención de socializarla, que no es natural, sino que diseñada en conformidad a normas y relaciones sociales, y por lo tanto, con orientaciones que involucran una convención de muchos seres humanos, no solo los curiosos personajes que estereotipan la ciencia.
Por otro lado, no se puede sostener empíricamente que la ciencia por curiosidad está siendo atacada. La principal fuente de financiamiento nacional a este tipo de actividad (FONDECYT) ha tenido un sostenido e impresionante aumento en la última década, agregándole el presupuesto para becas de postgrado, siendo éstos dos ítems los que más recursos tienen en todo el presupuesto público para actividades de investigación, ciencia y tecnología en Chile. La distribución de estos recursos la hacen los mismos científicos, que son quienes evalúan los proyectos y deciden el orden en el cual serán financiados los proyectos de acuerdo a los recursos disponibles. Es decir, institucionalmente no se puede decir que los científicos no deciden cómo se gasta la plata que hay y en qué.
Más allá de la inocencia que expresa tu comentario sobre la agenda de los medios y su inclusión de posiciones, lo más preocupante es seguir sosteniendo la idea de que quienes pedimos una ciencia orientada estamos contra la ciencia, no la entendemos, o queremos meter a “todos los huevos en una sola canasta”. Son caricaturas inadecuadas, tal como la oposición que estimas en esta columna.
Si hay que estar de acuerdo en que el conocimiento científico requiere más compromiso público y esfuerzo en las diversas áreas, pero ello ya implica un esfuerzo por orientar. Orientar la ciencia es necesario, no solo porque hoy ésta sobrevive gracias a recursos públicos, sino también porque los modos en que se produce son absolutamente cuestionables (el énfasis ISI, la falta de recursos basales, la precarización del trabajador de la ciencia). Orientar la ciencia es simplemente reconocer que su sobrevivencia, incluso la que es motivada por curiosidad, depende de una acuerdo democrático para financiara públicamente. Eso no es un ataque a la curiosidad del científico.

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