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22 de septiembre: De ´peligrosos extremistas` a mártires portuarios

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Intervención pública en la plaza de San Antonio por el ajuste curricular que deja fuera de obligatoriedad a la asignatura de historia. Sociedad de Historia de San Antonio, 1 de junio de 2019.

Posterior al golpe de Estado, en San Antonio el clima era complejo. La Escuela de ingenieros militares de Tejas Verdes y las cabañas de veraneo popular, construidas por el gobierno de Salvador Allende en Las Rocas de Santo Domingo,  se transformaron en el origen de los mayores horrores cometidos por la dictadura en Chile. La Fundación por la Memoria San Antonio nombra a estos sitios como “El triunvirato de la muerte”, el que considera al casino de suboficiales del regimiento de Tejas Verdes, al campamento de prisioneros n°2 y al ex balneario popular en Rocas de Santo Domingo como la cuna de la tortura, muerte y desaparición en Chile. San Antonio era un punto rojo en la dictadura militar que recién se iniciaba.


Esta historia popular nos plantea contundentemente que los dirigentes estibadores no fueron "peligrosos extremistas" sino que fueron héroes, fueron quienes trabajaron y pelearon por un salario justo y sus reivindicaciones no las tranzaban

María Álvarez, vecina de la población Villa Italia, se encontraba detenida en la cárcel pública de San Antonio cuando fueron canceladas las visitas y se estableció un régimen de incomunicación colectiva que duró aproximadamente un mes. Nadie podía ir a vernos, no teníamos contacto con nada. De repente empezamos a recibir paquetes de ropa (…) y ahí venía entre medio una carta de mi mamá (…) me contaba que habían matado a don Armando, relata. El día 23, a eso de las 11 de la mañana,  Andrés Jiménez se encontraba en la cancha de fútbol de la población cuando se enteró del bando militar que indicaba la fuga y muerte de 4 dirigentes del sindicato de estibadores portuarios, entre ellos su padre.

Y es que el día 22 de septiembre de 1973 fueron apresados los dirigentes estibadores del puerto de San Antonio Armando Jiménez Machuca, Guillermo Álvarez Cañas, Héctor Rojo Alfaro y Samuel Núñez González. La acusación de los militares radicó en el supuesto boicot a las faenas portuarias por no acatar las disposiciones de la jefatura del departamento del Estado de Sitio. Al día siguiente el diario “El Proa” de San Antonio, único medio escrito que mantuvo ediciones tras el golpe, publicó el bando n° 26 que titulaba “6 extremistas muertos”. Con este bando se instalaba la versión oficial de la época que indicó que debido al intento de escape de los “peligrosos extremistas”  los militares tuvieron que aplicar ley de fuga y asesinarlos en el acto. Esta versión nunca aceptada por familiares, amigos y vecinos de las víctimas y desacreditada científicamente, fue la memoria oficial pública hasta que la Comisión Rettig desmiente la versión militar de 1973 y luego  la judicialización de Manuel Contreras que lo declara culpable de ejecución irregular de los estibadores  por parte de agentes del Estado.

Ante esto surge un discurso público sobre el caso y sobre la dictadura, expresado en las páginas de los diarios. Desde el bando militar del 23 de septiembre no se vuelve a hacer alusión a los estibadores en El Proa mientras la dictadura existió, por el contrario, fue el medio en dónde se estableció la imposición del cómo recordar el 11 de septiembre, versión militar que estableció lo que Steven Stern denomina “memoria de la salvación”. Sin embargo, tras el retorno a la democracia y a la luz de las políticas de reparación llevadas a cabo bajo la consigna de “en la medida de lo posible” la prensa local, desde 1990, sumado con el diario El Líder, comienzan a establecer una memoria pública de la mano de las características de la transición chilena.

El Proa fue el primer medio en publicar testimonios de detenidos en Tejas Verdes, sin embargo, aún es posible evidenciar elementos de memorias pasadas. Se aludió a múltiples causas que propiciaron el golpe desde una postura neutral. Junto a esto, constantemente se buscó equiparar el testimonio de los afectados con el de quienes justificaban las atrocidades cometidas por la dictadura y junto a publicaciones sobre conmemoraciones aparecían también noticias que llamaban a celebrar el 11 de septiembre. En 1996, El líder publicaba una columna que se titulaba “11 de septiembre, mucho más que un feriado en el puerto” en la cual se deban a conocer entrevistas bajo la pregunta ¿debe ser feriado el 11 de septiembre? En estas páginas se mostraron opiniones de posiciones diversas y al cierre el diario indicó: Por lo visto el 11 de septiembre, como en todo el país, levanta recuerdos y confronta opiniones. Lo importante ahora es trabajar por el puerto de San Antonio y velar por su futuro, con feriados o no. Una expresión de la “memoria como caja cerrada” descrita por Stern, es decir, dejar de mirar lo sucedido con el pretexto de mirar al futuro y “avanzar”.

Por otra parte, las conmemoraciones del 11 y de los dirigentes estibadores ocuparon espacios reducidos en sus ediciones, incluso en algunos años no existieron para la prensa local. El cambio en extensión y contenido vino recién de la mano en el año 2014, cuando el 22 de septiembre pasó a ser el Día Nacional del Trabajador Portuario en memoria de los dirigentes del sindicato de estibadores de San Antonio. A pesar de esto, se identifica claramente lo que los medios masivos han representado en la memoria post dictadura: la transmisión de la “teoría de los dos demonios”, construyendo así, una versión local de esta explicación que posiciona dos bandos enfrentados, paralelos a la sociedad y que desestabilizaron el orden republicano y democrático de la nación. De esta forma, el espacio publico de la posdictadura ha estado mediado por evitar el caos en una sociedad amenazada. Ante esto el olvido se transformó en herramienta principal, ya que el pasado reciente debe ser encriptado permanentemente por el supuseto bien de la comunidad.

Sin embargo, al poner atención en los testigos, esta historia es distinta. La Villa Italia es una población de San Antonio ideada y materializada por los trabajadores del sindicato de Estibadores portuarios. La directiva compuesta por Jiménez, Alvaréz, Rojo y Núñez conformó a inicios de la década de 1960 la cooperativa Villa Italia que respondió a los movimientos de vivienda que para entonces se desarrollaban en Chile y América Latina. Para Rubén Meza es en este contexto histórico donde se es parte y se vive un boom del cooperativismo habitacional en San Antonio. Así, los dirigentes se transformaron en los precursores del cambio social de sus familias materializando viviendas dignas construidas con el propio trabajo de la comunidad. En total fueron 104 familias que construyeron sus hogares, en muchos casos desde cero. Casi todos somos familiares aquí (…) aquí llegamos y eran solo casas. No habían calles ni cierres de los sitiosrelata Uberdalia Toro. Otra vecina agrega que hubieron matrimonios que no tenían como amoblar la casa para habitarla (…) se les arregló mucho la situación a la gente que se vino a vivir a estas casas. Esto último debido a que la cooperativa también consiguió facilidades de pago con una casa comercial para la compra de muebles y a una casa de artefactos para la compra de electrodomésticos, lo que era considerado como una facilidad tremenda para los trabajadores que vivieron en esta poblaciónDe esta forma Jiménez, Rojo, Núñez y Álvarez fueron considerados como dirigentes con importantes posiciones gremiales y sociales que buscaron el desarrollo de sus familias y comunidad.

Cuando la dictadura le arrebató la vida a los estibadores, fue esta experiencia de muerte, vivida por la población, la que significó según René Aguilera, dos shocks. Por un lado, el miedo ante la posibilidad de que mataran más gente de la Villa Italia y, por otro, el impacto emocional de la comunidad al saber que sus dirigentes estaban muertos. En el mismo sentido, Rubén Meza expresa que este hecho fue una cosa que nunca creímos que iba a suceder. Una desgracia de esa magnitud, que de la noche a la mañana nosotros quedáramos sin padres prácticamente. Esto generó una tristeza colectiva al punto que Meza relata que fuimos a trabajar cabeza agacha (…) varios años. Para muchos se iniciaban tiempos de tensión y miedo ya que los militares comenzaron a rondar e intimidar constantemente a los vecinos, había una patrulla constante, por ejemplo, de un camión del regimiento de Tejas Verdes ante el cual se relata que conocíamos el ruido del motor con el silencio de la noche mientras se aproximaba.

A pesar de lo anterior, el recuerdo de los vecinos existió incluso desde los primeros años de la dictadura. Desde aproximadamente 1975 las velas han sido un simbolismo constante con las primeras personas que se atrevieron a poner una vela afuera de sus casas. Hilda Ulloa recuerda que a toda guerra igual prendimos las velas después que ya estaban los milicos (…) fuimos valientes. Con el pasar de los años y especialmente en la década de 1980, en medio de la convulsión social de protesta contra la dictadura, el simbolismo y conmemoración de las velas sale de los límites de las casas y comienza a replicarse por los pasajes y calles de Villa Italia en un ya reconocido velatón. Los más jóvenes, para entonces, salían furtivamente por las calles a colocar velas sin que se dieran cuenta, que no hubieran personas ajenas (…) que no hubieran militaresEl significado de la luz era el poder representar la vida, que los dirigentes seguían presentes en la población y, también, la libertad que anhelaban y que se había perdido de manera violenta. La memoria de los estibadores pasó a ser una lucha contra la dictadura en espacios que los propios vecinos denominaron “territorio libre de dictadura” o la famosa “muralla del pueblo”.

Pero quienes han cumplido un rol fundamental en la memoria popular de la Villa Italia han sido las mujeres. Uberdalia recuerda que cuando entregaron los cuerpos de los dirigentes y en donde solo se autorizó velar por 5 minutos en su casa a Amando Jiménez, las mujeres cortaron las pocas flores de los inconclusos ante jardines para inaugurar el simbolismo un simbolismo que se mantiene hasta el día de hoy. Esto porque las viudas de los dirigentes, y el Centro de Madres de la Villa Italia, se encomendaron la tarea de recordarlos desde un principio, y porque la crueldad del asesinato de sus esposos y dirigentes las llevó a establecer redes de solidaridad y sororidad entre las más golpeadas. Esta red de apoyo se incentivó por la idea de gran familia conformada por parte de las mujeres, quienes equipararon el sufrimiento a toda una comunidad.

Cuando en el pasado más reciente de la Villa Italia se diseñó y acordó la construcción de una plaza para el recuerdo, con la forma de un barco que en su puente tiene los nombres inscritos de los dirigentes y que apunta hacia donde los militares los mataron, las mujeres ya significaban este espacio como el lugar para recordarlos, porque el duelo no significa desprenderse del muerto, ni siquiera olvidarlo. Significa ir instalándolo en un lugar inolvidable, y así lo hicieron ellas. Las mujeres, en que se destaca el enorme trabajo de Eliana Ojeda, fueron y han sido las encargadas de que cada año esta población recuerde a sus dirigentes y no desde el duelo, no desde la muerte. Eliana es quien un año pidió que no solo se recordara la muerte, sino que también se recordara lo que los dirigentes habían sido en vida, el trabajo que habían realizado y el cambio social que ellas y los vecinos vivieron gracias al trabajo de los estibadores del puerto de San Antonio. “Si no hubiese sido por ellas, no sé si estaríamos hablando en estos momentos“, para Rubén Meza “Ellas jugaron un rol preponderante con nosotros (…) idearon una sede que después nos sirvió para la cooperativa y nos incentivaron en la idea de echar para arriba la población, de solidarizar con los movimientos huelguísticos que había. La mujer fue una compañera“.

Es por esto que al contrastar la memoria publica de los medios de comunicación con la de quienes vivieron en carne propia el horror del asesinato se evidencia la existencia de memorias, en plural. En donde la memoria popular, la de los vecinos ha sido constantemente tapada con el velo de quienes pactaron esta “democracia”, esta “democracia tranquila”. Mientras la prensa local ha representado una “memoria de consumo masivo” en donde siempre se ha buscado equiparar las posiciones e incluso omitir, los vecinos y vecinas de la Villa Italia han construido un marco de memoria que constantemente y hasta hoy ha buscado resistir a las garras del olvido. Hay que contar con el testigo para que no se nos olvide de qué estamos hablando, indica Nora Strejilevich al referir el rol de quienes vivieron y presenciaron los horrores de la dictadura para la construcción de la historia reciente, y es que a diferencia de lo narrado al inicio de esta columna, en estas últimas líneas, se constituyen actores y formas del recuerdo desde el punto de vista de los propios vecinos de la Villa Italia, contraponiendo una memoria popular y comunitaria a lo dicho por la memoria pública de la ciudad de San Antonio. Una memoria institucional que en el frontis de la municipalidad por medio de EPSA busca posicionar su proyectos de modernización en una actividad que más parece una celebración que un momento de recogimiento, una memoria que busca marginar el verdadero significado que en la Villa Italia se yergue ante la amenaza del olvido. “Está bien, pero en el fondo, el motivo son los estibadores, que mataron al obrero, que mataron los sindicatos (…) Ellos dicen una cosa, pero no es el fondo” indican vecinas al referir que no participan de lo realizado abajo en la municipalidad, que este día se vive en la Villa Italia con “nuestro acto, nuestra liturgia, nuestras velas, nuestro recuerdo, nuestra memoria”. Un acto “oficial” que recibe algún ministro, pero que margina a los verdaderos constructores de esta historia. “He pensado que no habría sido lo mismo si esta gente hubiera estado viva, indica Elisa Farías, nosotros estaríamos mejor de lo que estamos hoy día”.  y es que para los vecinos el 22 de septiembre es el día para recomponerse ante un sistema neoliberal que lo ha quitado todo y que busca que el trabajador no levante cabeza.

Esta historia popular nos plantea contundentemente que los dirigentes estibadores no fueron “peligrosos extremistas” sino que fueron héroes, fueron quienes trabajaron y pelearon por un salario justo y sus reivindicaciones no las tranzaban, no tenían estudios pero tenían eso, luchar por un fin, y en conjunto, no como hoy que se lucha por lo individual y el resto poco importa. Los estibadores fueron mártires de una comunidad que creyó en el sueño de la vida digna y lo vivieron, vivieron el San Antonio que pudimos ser y que la dictadura nos arrebató, pero que hoy en día se configura como la experiencia de vida para poder seguir adelante, para tomar conciencia de por qué y para qué estamos aquí, para no olvidar, para no volver a vivir el horror y para que las nuevas generaciones nos hagamos también parte de esto, porque somos los nietos de los estibadores que nunca pudieron matar. Porque este evento recuerda la vida, una vida que deja un legado para ser recordados y que las página de la prensa y las acciones de la institucionalidad no reconocen, no reconocen en ellos a sujetos que fueron capaces de instalar una práctica social, un discurso político. Lo que, a pesar de los miedos, no se olvidará, aquí estará escrito para el futuro, pero estas lineas no las he escrito yo, la han escrito los y las vecinas en 46 años de lucha y resistencia. “Quienes tienen memoria, son capaces de vivir el frágil tiempo presente, quienes no la tienen no viven en ninguna parte” dice el documentalista Patricio Guzmán. La Villa Italia es el mayor ejemplo de cómo vivir el ahora en este territorio.

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TAGS: #DictaduraMilitar #GolpeDeEstado Memoria

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