#Sociedad

Después de obreros, mutualistas (1900-1963)

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Archivo familiar: “Pensionados construyendo su primera sede”, principios de la década de 1960.

La presente columna está centrada en las condiciones que originan la Asociación de Jubilados Portuarios y Montepiadas Victorino Tobar en San Antonio, como referencia de una organización mutualista ante los problemas de pensión y ahorro vivenciados por trabajadores del puerto de San Antonio en la primera mitad del siglo XX. Con esto se busca establecer relaciones entre las condiciones económico-sociales de los obreros con la filiación a ideas organizativas autónomas, apartidistas y basadas en la ayuda mutua.

El San Antonio del 1900 percibió cambios en diversos aspectos. Para estas décadas la ciudad puede caracterizarse como un espacio de grandes problemas sociales y económicos. Carácter que recorre gran parte el siglo XX local, determinando la conformación social y organizacional de los trabajadores portuarios mientras se hizo frente a los problemas derivados de la cuestión social.


¿Cuánta crisis social puede haber para tener la necesidad de prepararnos para cuando ya no estemos?

El proceso de ideologización de los portuarios puede verse en dos momentos. El primero, en las prácticas autodidactas de quienes llegaron producto de la migración campo-ciudad; el segundo, en la influencia de los obreros pampinos que retornaron al sur tras la crisis de ciclo salitrero. Así, los trabajadores pasaron de formas anarcosindicalistas a direcciones socialistas y comunistas. Onófre Águila indica al respecto: “Nosotros, siendo estibadores éramos manejados por los anarquistas. Después ganamos las elecciones y sacamos un compañero comunista de presidente”.

El éxito de las ideas organizacionales de marítimos y portuarios se reflejó en la creación de distintos gremios y sindicatos que agruparon a los trabajadores de diversas áreas. De esta forma, el mutualismo en San Antonio cobró relevancia durante principios de 1930 con la Unión Mutualista de Empleados Portuarios, impulso que posteriormente, con la creación de la Empresa Portuaria de Chile en 1960 sentó las bases para la creación de la Asociación Nacional de Empleados Portuarios de Chile.

¿Resistir o asociarse?

En 1898 se estableció el derecho a jubilar por antigüedad sin otra condición alguna que contar con cuarenta años de servicio y sesenta y cinco años de edad. Sin embargo, este régimen de pensiones no tuvo mayores modificaciones durante casi tres décadas, y no fue hasta el año 1925 en que sufrió transformaciones sustanciales con la creación de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas. Durante la crisis enfrentada por el gobierno de Alessandri se aprobaron una serie de leyes relativas a las problemáticas de los trabajadores. Mario Garcés y Pedro Milos destacan el surgimiento del Seguro Obrero Obligatorio, organismo de previsión creado en 1924 bajo la denominación de “Caja de Seguro Obligatorio de Enfermedad e Invalidez”. El objetivo principal de esta consistió en atender  a los trabajadores en caso de enfermedad, invalidez, vejez y muerte, estableciendo “un seguro obligatorio para todos los asalariados menores de 65 años,”, agrega Sergio Grez.

Entre los trabajadores del puerto de San Antonio, tanto el Seguro Obrero como las cajas éstos, no fueron totalmente satisfactorios entre los trabajadores locales debido a las distintas acepciones sobre las condiciones laborales portuarias y el monto recibido tras los años de trabajo realizado. En este sentido, Samuel Jiménez relata lo siguiente:

“Póngale que ésta era la linga, usted levantaba dos (personas) aquí y dos acá, se tiraban entre cuatro. Levantaba de un lado y colocaba un choco, allí metían la mano los cuatro, entonces, imagínese fallaba y se pescaban las manos, varias veces la gente se cortaba las manos cuando se pegaban con el cobre (…) era peligrosísima esa cuestión”.

Lo realizado en las faenas se configuraba como una labor de alto desgaste físico y con alta probabilidad de accidentarse. Los pagos, que no eran menores para aquellos tiempos, si se consideraron inferiores en relación con el riesgo y agotamiento físico de los obreros, súmese a esto lo extensa de muchas jornadas y a que muchos jefes se aprovecharon de la baja escolaridad de los obreros modificando las cifras para otorgar pagos menores. También, al entrar al puerto se debía valer de la habilidad personal en las labores destinadas, y por la enseñanza que los trabajadores más experimentados heredaban a los principiantes.

Según relatos y contenido del texto Raíces del Puerto de San Antonio, muchas veces los principiantes trabajaban por un medio jornal, o “medio pato”. En el caso de los estibadores, recibieron el apodo de “pincheros” y posteriormente, tras avanzar en la “jerarquía laboral” eran nombrados como “galleros”. Los galleros fueron la clara demostración de cómo los trabajadores podían suplir su ausencia debido a accidentes o enfermedades. Estos podían reemplazar a trabajadores de planta, previa autorización del gremio, para integrar las cuadrillas con el número de redondillas del trabajador ausentado. Otra función de este trabajador fue la de reemplazar a aquellos estibadores que estaban por jubilar.

La Asociación de Jubilados Portuarios y Montepiadas Victorino Tobar.

En el año 1963 se funda en San Antonio esta asociación de jubilados en respuesta a los problemas de pensiones y, también, como resultado de un fenómeno de concientización del ahorro al que lograron llegar algunos trabajadores. Si bien es fundada en 1963, posee su origen en años previos como idea y  como instancia de reunión informal. Según Gabriel Soler, las primeras pretensiones de la asociación se realizaron entre jubilados que se juntaban en la plaza de la ciudad a discutir sobre las pensiones y ayuda mutua. Sobre su composición Soler agrega que estuvo compuesta originalmente por ex trabajadores del gremio de estibadores agrupados bajo la idea de una organización sin ideologías partidistas de base.

Según sus estatutos, se establece la “pretensión de congregar en su seno a los pensionados y montepiadas del ámbito portuario, fomentando un espíritu de comunidad y solidaridad social, velando por el bienestar de sus asociados, particularmente en caso de enfermedad y fallecimiento, proporcionando ayuda económica en la forma que lo establezca el Reglamento de acuerdo a sus posibilidades económicas”. Esto se logra por medio del cobro de un 10% de la pensión de cada socio mensualmente y que es utilizada para cubrir todos los costos que se desprenden de un fallecimiento, préstamos y celebraciones tales como fiestas patrias, navidad y año nuevo, por lo que la asociación no se propone fines sindicales ni de lucro.

Entre los beneficios sociales se pueden identificar los préstamos médicos, servicios de ambulancia, cuota mortuoria, montepíos, entre otros, estructurándose bajo fines de asistencia mutua sustentada en la recepción de pagos fijos (pensiones) a diferencia de los años de actividad, en los cuales las disparidades de los turnos afectaban la existencia de un salario constante. También se asoció a organizaciones tales como la Central Unitaria de Pensionados y Montepiadas de Chile, conectando su organización con otras de la misma naturaleza en el país.

Preparar la muerte.

Los problemas sociales en el San Antonio de la primera mitad del siglo XX lograron su máxima expresión en el acto de pensar en cómo solventar todos los gastos asociados a la vejez, pero especialmente, a la muerte: ¿cuánta crisis social puede haber para tener la necesidad de prepararnos para cuando ya no estemos? Sin embargo, por otro lado, este acto de ahorro representa la proyección de una característica de la organización laboral, la cual se estructuró en base a la cooperación y la ayuda entre trabajadores. Incluso, pensar en cubrir los gastos de la muerte es pensar en evitar el empobrecimiento de quienes quedan vivos, es pensar en todos quienes nos rodean y no solo en uno mismo.

Este elemento, ejemplificado en una de las asociaciones de jubilados fundadas en el puerto de San Antonio, resulta estar presente en una larga trayectoria que buscó siempre superar los problemas sociales y económicos de las clases obreras y populares. Una ciudad con los problemas de la industrialización de principios de siglo fué la condición de posibilidad para la proyección de un modelo de asistencia mutua que llevó a la vida después del trabajo el pensar en cómo asociarse para cubrir el gran gasto que ha significado, y significa, envejecer y morir en Chile. Sin duda, después de obreros, parte de los trabajadores del puerto de San Antonio, fueron profundamente mutualistas.

TAGS: #Mutualidades #Puertos #SanAntonio

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