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¿Guerras? Ni siquiera online, gracias

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Fuerte escucharlo. Aunque sea un recurso de retórica. Lo dijo alguien en un noticiero matinal, en el contexto del cierre de Megaupload y las protestas anti-SOPA.

“Y se inició la guerra en Internet esta semana”. O algo así. Colgándome de la figura literaria, con cierto histeriqueo, pienso que nunca una guerra puede ser buena.

Primero, porque obliga a buscar bandos y atrincherarse. ¿Quienes son los malos? ¿Y los buenos?

Segundo, porque difícilmente en una guerra el campo de batalla queda incólume. Al contrario: las infraestructuras colapsan, las economías se deprimen, los ciudadanos (usuarios, en este caso) sufren. O mejor dicho, tanto invasores, como invadidos, lloran bajas en algún momento.

En esta guerra, es el capitalismo offline quién despliega tropas sobre la amenaza marxista online (por explicarlo muy ramplonamente, con peras y manzanas). Le pasó a Julián Assange y Wikileaks. Ahora a los servidores de descarga directa. En términos castrenses, estamos ante ataques dirigidos. “Quirúrgicos” como decían los genieciellos detrás de la “búsqueda” de armas de destrucción masiva en Irak.

Pero ojo, que los peores no están de un solo lado. No señor.

En nombre de la cruzada pro derechos digitales, no falta el tinterillo hambriento de carroña en efectivo que seduce a alguna ONG, consigue financiamiento y las emprende contra el eslabón más débil: los artistas.

Sin embargo, nunca será un buen argumento sugerir que los músicos se hacen millonarios a costa de la protección de derechos intelectuales. Hay una diferencia grande entre sobrevivir y comprarse un yate con el fruto de tu trabajo. Podrán haber excepciones, pero está claro que el porcentaje sobregratificado está en los dedos de una mano.

Es triste y preocupante la sensación de una guerra en Internet. De tener que entrar en la lógica de que habrán bajas, y ya no será seguro conectarse a la red. De que uno queda al margen de la ley con sólo compartir contenido, una actividad que es parte primordial del nuevo paradigma comunicacional, el de la era digital. De que uno no sabe quién es mas peligroso: Si la sicosis de la alianza MPIIA/RIAA o la sobrerreacción de Anonymous.

Lo cierto es que esto partió mal. Cerrar Megaupload es probablemente lo único que pueden hacer por ahora. O lo más fácil. Pero si se aprueba la ley SOPA (Stop Online Piracy Act), esto será peor, porque entraremos en la era de la prohibición. Una ley seca en pleno siglo XXI. Y peor aún, aquellos que realmente cobran y ganan por el intercambio de archivos, las ISP (Internet Service Providers), seguirán viendo pasar los cadáveres sin hacerse cargo.

¿Mi opinión? Cóbrenles a ellos. A mi, a mis hijos, a los estudiantes, a las dueñas de casa, a los críticos de arte, a los músicos, al usuario común y corriente, de ninguna manera.

Y esto no es una declaración de guerra. Aunque lo parezca.

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