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Bachelet y la selección nacional con déficits como equipos

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La selección nacional en esta Copa América no acierta con una estrategia para evitar complicaciones en defensa y en el finiquito, con individualidades incapaces de proyectarse en un juego colectivo. Lo mismo le sucede al gobierno que no tiene el control de la agenda y no atina una coordinación adecuada con su coalición para mejorar la gestión política para salir del enrarecido clima en que se encuentra el país.


Sería un error del gobierno restar trascendencia e ignorar los mensajes de cambio que se le envían desde su propia coalición a tener un sentido de cuerpo, perfeccionando y adecuando la gestión política acorde a la gravedad de la crisis política.

En un documento titulado “Nuevo contrato”, la bancada de diputados socialistas plantea que se “requiere renovar la forma en que el Gobierno se relaciona con sus fuerzas políticas. La democracia necesita de los partidos. Se requiere fortalecerlos, no obviarlos… Es tiempo de terminar con las desconfianzas y allanarse a compartir las decisiones”.

Se pide, en definitiva, un cambio radical de conductas, dejando atrás modalidades autócratas para privilegiar un trabajo en equipo, superando de esta manera la total autonomía del ejecutivo respecto a los partidos de su coalición, los cuales han tenido hasta el momento un rol subordinado en las decisiones del gobierno. Siendo un gobierno de coalición, es razonable que las decisiones deben ser tomadas en un marco más colectivo y menos unilateral, operando en un ambiente menos jerárquico como el que hemos visto hasta ahora, por ende más acorde con la horizontalidad propia de los procedimientos de la democracia participativa, principio, además, constituyente de la vertebración de la NM.

De ahí la importancia de priorizar la confianza racional y recíproca entre ambos actores, generando espacios de interacción, en los que haya diálogo y proyección política, reconociéndose como partes complementarias para viabilizar una agenda transformadora. Un gobierno para ser efectivo requiere establecer una convivencia de confianza y mutuo respeto con los partidos que lo respaldan, el anularlos sólo conduce al fracaso, particularmente cuando el ejecutivo no tiene la capacidad persuasiva de otrora, ni la suficiente confianza ante la ciudadanía. Es tiempo de hacerse cargo de algo tan consabido.

Por consiguiente, es necesario contar con un equipo político que sume y no reste, englobando a los partidos de su coalición –terminando con la habitualidad de prescindir de ellos- que entienda cabalmente que la política es una acción pública, ergo colectiva, que involucra a diferentes actores a quienes se les debe consultar, evitando, de esta manera, un divorcio emocional entre su base política y el gobierno, lo que podría elevar a alturas estratosféricas la valla de la desconfianza en la sociedad civil. Si el Ejecutivo insiste en la línea de no establecer canales de comunicación más eficientes con los partidos y los diferentes estratos sociales, le conviene recordar que cuando el conductor cierra los ojos, suele ser muy difícil evitar una catástrofe.

La participación cualitativa en la formulación de las políticas públicas es consubstancial a la democracia representativa, ya que abriendo espacios a un dialogo incidente se posibilita un escenario de discusión con mayores grados de confianza con respecto a una agenda común y ampliamente compartida en sus fines, aunque se discrepe en las formas para lograrlos. Es imperioso, entonces, clausurar este ciclo de desconfianza y pasar a una nueva etapa, reconociendo sin prejuicios las oportunidades y retos asociados a una manera distinta de hacer los cambios y, de esta forma, conjurar el riesgo de involución programática.

Ciertamente, para lograr lo anterior, obliga a la NM y al Ejecutivo a repensar otra modalidad de relacionarse, conjugándolas con un buen ejercicio de gobierno, de tal manera que se avance hacia un Chile más desarrollado e inclusivo, en un contexto político más plural y fragmentado. Sería un error del gobierno restar trascendencia e ignorar los mensajes de cambio que se le envían desde su propia coalición a tener un sentido de cuerpo, perfeccionando  y adecuando la gestión política acorde a la gravedad de la crisis política.

TAGS: Copa América Fútbol Gobierno Michelle Bachelet

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