#Medio Ambiente

Preguntas por unos ´valores intrínsecos` de la Naturaleza/Pachamama

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La concepción de unos derechos de la Naturaleza/Pachamama, tal como los estamos pensando, supone una interesante, notable y compleja relación entre una lengua moderna y una lengua indígena precolombina. De un lado el uso todavía vivo de la Pachamama; del otro, una noción de Naturaleza que pertenece a la vez al mundo cotidiano contemporáneo, mientras apela a una reflexión desde los mundos de la filosofía y las ciencias. Veamos con estos últimos.


Tomar las cosas naturales -en realidad, algunas de esas cosas- como valores implica decir que su evaluación se nos da como un hecho a partir de su sola existencia,

La cuestión acaso esos derechos hacen aparecer la Naturaleza en la categoría jurídica y filosófica de “sujeto de derechos” se vuelve una discusión clave. Sabemos que una tal categoría de “sujeto de derechos” aplicada aquí no resulta sencilla de concebir, es controversial, y apunta a una consideración desde la teoría del derecho de tradición occidental.

Según el académico y activista ambientalista uruguayo Eduardo Gudynas, reconocer unos derechos de la Naturaleza, derechos de las cosas o elementos naturales, significa también admitir respecto de ella lo que llama unos valores “propios” o “intrínsecos”. Su argumento defiende llamarlos intrínsecos aun cuando el mundo de los valores tradicionalmente parece corresponder en exclusividad a la acción, la asignación, la decisión y las capacidades humanas.

En cambio, lo de intrínsecos o propios hace también necesario considerarlos como valoraciones de alguna manera independientes de consideraciones de origen humano. Tal vez habría que pensar esta valoración como perteneciendo y derivándose de una cierta “naturaleza” o “esencia” de la Naturaleza (una esencia de las cosas, y considerando aquí la doble significación, minúscula y mayúscula, de N/naturaleza). Esta concepción por supuesto entronca con una extensa tradición teórica que parte en la Grecia antigua de los filósofos. Pero, si se trata lo de intrínseco al modo de lo natural, creo que no conviene hablar de valores.

De los modos o tradiciones de la filosofía hay los que entre todas las cosas que hay o que existen, distinguen “lo que es por naturaleza” (physis) de “lo que es por convención” (nomos). De las primeras se afirman las cosas que tienen un “modo de ser” que les es “propio” -aquí caben todas las cosas o elementos naturales-; de los segundos se afirma un “modo de ser” que ha sido determinado de acuerdo con un “propósito” que solo puede concebirse como una acción en los mundos humanos.

De acuerdo con esta distinción debemos poner los llamados “valores” entre las cosas que son convenciones, que dependen de decisiones humanas (costumbres, usos, instituciones), mientras en lo de “propio” (intrínseco) debemos poner todas las cosas naturales. Como se puede notar entonces, una categoría como la de una Naturaleza que también es valor -algo que es por naturaleza y que también es por convención- resulta una paradoja, pero una que puede servir para descubrir algo, un desplazamiento de la filosofía de la Naturaleza. Como quiera que resulte hay aquí una tensión discursiva.

Pero Gudynas quiere además “tomar los valores intrínsecos [de la Naturaleza o de las cosas naturales] en serio”. O sea, dar por hecho y sin más (ahorràndose las argumentaciones intelectuales que le parecen farragosas) el que podemos afirmar válidamente o con verdad que hay cosas que pertenecen al cosmos natural y al mismo tiempo son valores del mundo humano. Lo “valioso” de la Naturaleza, en esta formulación, resulta en algo perceptible, que está ahí, y que economiza la argumentación complicada (“naturalismo”).

Tomar las cosas naturales -en realidad, algunas de esas cosas- como valores implica decir que su evaluación se nos da como un hecho a partir de su sola existencia, precisamente antes de una valoración humana. Así Gudynas afirma que el medio ambiente -biótico y abiótico- posee un valor intrínseco como sostén de nuestra vida y de las otras formas de la vida.

Él sostiene que este discurso de una “valoración independiente” de la Naturaleza respecto de la acción humana ha tenido ya otras formulaciones en la literatura ambientalista. Menciona la propuesta de Aldo Leopold y su “ética de la Tierra”, donde señala el descentramiento de la posición humana en la Naturaleza como el paso de una posición de dominación jerárquica a la de un integrante más de las que nombra comunidades bióticas y abióticas. Hacer justicia con la Naturaleza-medio ambiente dice aquí hacer valer unas normas de existencia que le son inmanentes, que están allí desde siempre. Y continuarán en un eventual después de la existencia humana.

Otra concepción refiere de Arne Naess, filósofo noruego, y su propuesta de una “ecología profunda” y el “derecho a existir y florecer” de los elementos de Naturaleza. Gudynas piensa que los derechos de la Naturaleza/Pachamama, según se dice en la nueva constitución del Ecuador (2008), pueden representar otra continuación de estas perspectivas.

De cierta manera, digámoslo así, estas consideraciones pueden favorecer una interpretación que enlace cosmovisiones indígenas con interpretaciones modernas. La experiencia de los elementos de la Naturaleza en tanto ellos aparecen, al mismo tiempo, como naturales y como agentes morales, puede conectarse con la concepción animista de la Pachamama. Pero esta afirmación requiere otras consideraciones.

En términos muy prácticos se puede buscar cómo a partir de estos posibles fundamentos ya no es necesario que un impacto ambiental consista en el daño a la propiedad, a la salud humana o a la economía. Los derechos de la Naturaleza intersectan y al tiempo se distinguen de los que conocemos como los derechos humanos. El reconocimiento de unos “valores intrínsecos” en la Naturaleza no debiera alterar sino reforzar, por ejemplo, el derecho humano a habitar un ambiente sano. La justificación puede variar; en cierto sentido se amplía. La “sanidad” envuelve ahora también a la Naturaleza/Pachamama, como un derecho a la continuación e integridad de todos.

TAGS: Derechos de la Naturaleza

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