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¿Por qué no eliminamos la PSU?

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Todos los años nos vemos enfrentados al mismo debate – si la Prueba de Selección Universitaria (PSU) es un mero reflejo de las desigualdades socioeconómicas que existen entre nuestros estudiantes, ¿Para qué la utilizamos en el proceso de admisión a la educación superior? Siendo pragmáticos ¿De qué sirve la gratuidad si bajo el sistema de selección actual va a beneficiar a quienes menos lo necesitan?

Partamos por recordar que la pregunta fundamental en cualquier sistema de admisión a la educación superior es ¿En base a qué criterios es pertinente seleccionar postulantes? Y que la respuesta tiene que ver con lo que esperan las instituciones de sus nuevos estudiantes, con lo que buscan promover. En países como Chile, la respuesta ha sido la de seleccionar a los “mejores estudiantes”, posiblemente para promover la excelencia académica y para cuidar la eficiencia del sistema: los mejores estudiantes reprueban menos, desertan menos, y se gradúan a tiempo. En la práctica, seleccionar a los mejores estudiantes se ha traducido en intentar identificar aquellos estudiantes con mayor probabilidad de éxito académico futuro. Es precisamente en este contexto en el cual se desarrollaron y se extendieron las pruebas estandarizadas de admisión a las universidades.

Las instituciones de educación superior, especialmente las universidades, han estado históricamente interesadas en admitir alumnos que tengan mayor potencial de cursar exitosamente sus estudios

Dentro de aquellos criterios relacionados con el éxito académico, se cree que existen ciertos conocimientos disciplinares y competencias esenciales”,típicamente relacionados con las áreas de Matemática y Lenguaje. Es aquí donde entran en juego las pruebas estandarizadas tipo PSU. Estas pruebas pretenden dar cuenta del dominio que tienen los estudiantes de aquellos conocimientos y competencias consideradas esenciales, requeridos para transitar exitosamente por las carreras de su preferencia.

Uno de los argumentos centrales para usar pruebas estandarizadas en el acceso a la educación superior dice relación con su poder predictivo


Eliminar las pruebas no implica mejorar la equidad del sistema educativo. El problema de la equidad en el acceso a la educación superior es complejo, puede estudiarse desde varias perspectivas (por ejemplo, etnias o género) y ha sido motivo de profundas discusiones

Las pruebas estandarizadas han ganado terreno en los sistemas de admisión pues se dice que efectivamente logran predecir el rendimiento futuro de los estudiantes. Existen otros indicadores académicos que hacen lo mismo, como por ejemplo las notas de enseñanza media. Sin embargo, los puntajes en pruebas estandarizadas son comparables entre sí; a diferencia de las notas de enseñanza media, que solamente nos permiten comparar estudiantes en una misma escuela, los puntajes de pruebas estandarizadas nos permiten comparar a todos los estudiantes que las rinden. Los estudiantes son evaluados con los mismos instrumentos, con la misma vara. El contenido y la dificultad de la evaluación son iguales para todos quienes rinden la prueba, y esta comparabilidad facilita la toma de decisiones.

Además, las pruebas estandarizadas tienen ventajas de tipo logístico. Por ejemplo, estos instrumentos permiten obtener simultánea y rápidamente información sobre un gran conjunto de estudiantes, incrementando la eficiencia en el sistema de acceso a las universidades. Entre otras cosas, las pruebas estandarizadas facilitan la existencia de un sistema único de acceso.

No obstante, las pruebas estandarizadas tipo PSU poseen limitaciones técnicas

No todas las pruebas estandarizadas de admisión predicen el desempeño de los estudiantes. Sin ir más lejos, el poder predictivo de la PSU es limitado[1]. Las correlaciones entre los puntajes PSU y las notas que obtienen los estudiantes son, derechamente, bajas[2]. Además, pruebas estandarizadas como la PSU entregan resultados sobre un conjunto reducido de capacidades y conocimientos. Usar pruebas estandarizadas para la admisión restringe las posibilidades de ciertos individuos, especialmente de aquellos que destacan en materias o aspectos no evaluados en las pruebas. Por otra parte, las pruebas estandarizadas miden el desempeño académico en un solo momento del tiempo. Es posible que factores externos interfieran con el desempeño del estudiante el día de la prueba y, dependiendo de eso, su resultado podría no reflejar de forma precisa cuánto saben en las materias evaluadas.

Sin embargo, la crítica más fundamental a la PSU tiene que ver con que no considera factores contextuales que son centrales en el desarrollo de un sistema de acceso equitativo

En psicometría, existe un término que se denomina sesgo. El sesgo existe cuando las pruebas favorecen o perjudican de forma injusta y sistemática a un grupo sobre otro[3]. En general, quienes desarrollan pruebas estandarizadas – incluyendo aquellas usadas en admisión – invierten gran parte de sus esfuerzos en eliminar todo tipo de sesgo. Esta práctica es central para la validez y la equidad del uso de los puntajes.

Sin embargo, a pesar de no tener sesgo, las pruebas estandarizadas son peligrosas en cuanto producen una ilusión de equidad. Los puntajes en pruebas estandarizadas son comparables, claro, pero es injusto interpretarlos a espaldas de factores contextuales que también influyen en estos puntajes. Dos estudiantes pueden obtener el mismo puntaje, pero si un estudiante proviene del primer decil de ingresos y el otro proviene del décimo ¿podemos considerar a los postulantes de la misma manera? La respuesta es no, pues eso que llamamos ‘mérito’ tiene que ver con el esfuerzo y las oportunidades de los estudiantes dados sus contextos, tiene que ver con logros locales. Los puntajes de las pruebas estandarizadas, por sí mismos, no permiten interpretar los resultados de manera justa.

Entonces, ¿por qué no eliminamos la PSU?

Eliminar las pruebas no implica mejorar la equidad del sistema educativo. El problema de la equidad en el acceso a la educación superior es complejo, puede estudiarse desde varias perspectivas (por ejemplo, etnias o género) y ha sido motivo de profundas discusiones[4].

Se cree que eliminar la PSU tendría efectos positivos en reducir brechas socioeconómicas. Esto, debido a que los alumnos que provienen de contextos socioeconómicos más privilegiados suelen tener mejor rendimiento en dichas evaluaciones. Efectivamente, eliminar las pruebas tipo PSU podría resultar en mayor igualdad en el acceso, en términos de grupos socioeconómicos, dependiendo de qué se use en su reemplazo. Pero terminar con las pruebas estandarizadas significaría dejar todo en manos de las instituciones: el proceso de evaluar candidatos quedaría al arbitrio de las casas de estudio, ya que no habría información comparable para situar a los postulantes en una misma escala. Y esto puede ser problemático, sobre todo en un país tan desregulado como Chile. Además, terminar con la PSU o cualquier tipo de prueba estandarizada, no resolvería el problema de base de proporcionar una mejor educación básica y media para los alumnos de contextos más precarios – las diferencias en los resultados de la PSU sí reflejan ciertos problemas estructurales de nuestro sistema educativo que no se resuelven eliminándola. La PSU no debe hacerse cargo del rol que tiene el Estado de fortalecer la educación pública en sus niveles básico y medio.

Lo único concreto que se logra eliminando pruebas estandarizadas es reducir la información académica comparable en el proceso de seleccionar estudiantes.

El conjunto de limitaciones y problemas de las pruebas estandarizadas ha generado un rechazo a su uso como principal medida para la selección universitaria. Pero este rechazo no debiera dirigirse a las pruebas estandarizadas en general o su uso en sistemas de admisión, sino al mal uso de éstas (ver columna).

¿Qué es lo que debiéramos hacer? Lo primero es corregir los problemas de diseño de la PSU, urgentemente. La PSU posee muchísimas falencias, muchas de las cuales han perjudicado a los alumnos menos aventajados. En este sentido, las críticas a la PSU son bien justificadas y deben seguir en la medida que sus problemas no se corrijan del todo. Pero estas críticas no deben traducirse en una crítica fundamental al uso de pruebas estandarizadas de admisión. La PSU es una prueba que posee deficiencias y que está obsoleta: es hora de mejorar, modernizar el conjunto de pruebas que se usan en la admisión chilena. En la medida que estos cambios sean bien diseñados e implementados, debieran producir mejoras en la equidad del sistema.

Lo segundo es ampliar los criterios bajo los cuales seleccionamos estudiantes. El gran problema del sistema de admisión actual es su carácter reduccionista. Por una parte, usa un único instrumento estandarizado (la PSU), que se administra una vez al año. Los estudiantes no tienen muchas oportunidades de demonstrar lo que saben y pueden hacer vía pruebas estandarizadas porque, contrario a lo que se cree, hay muy pocas.

Por otra parte, todo lo que importa son los puntajes en estas pruebas junto con las notas de enseñanza media (y el pseudo-ranking, que es más o menos lo mismo). Existen otras características cognitivas y no-cognitivas que son relevantes para el aprendizaje y para la experiencia educativa, y que debiesen considerarse en el proceso de admisión. Es hora de que las instituciones y el sistema replanteen lo que esperan de sus estudiantes, y amplíen el prisma bajo el cual evalúan a sus candidatos. Expandir los criterios de admisión debiese tener un impacto positivo en la diversidad del estudiantado.

Por último, la discusión sobre equidad debe cambiar el foco. Centrar la discusión en los problemas de la PSU oscurece el hecho de existen alternativas al sistema actual que no dependen de su eliminación, por ejemplo, las acciones afirmativas. Además, el foco en la PSU nos desvía del problema de fondo. La excelencia académica es un constructo que depende en gran medida de las experiencias previas de los estudiantes; dicho de otra forma, la excelencia académica, en un contexto desigual, es elitista. Esto no implica decir que la excelencia académica es mala, ni que las instituciones de educación superior deben renunciar a ella, pero implica reconocer que en países como Chile, excelencia académica y equidad se contraponen. En la medida que existan desigualdades estructurales, es difícil seleccionar estudiantes en base a su excelencia académica y a la vez incrementar la equidad del sistema. Luego, al mismo tiempo que mejoramos nuestros instrumentos y ampliamos nuestros criterios de selección, debemos tener una conversación más franca respecto de cómo conciliar ambos desafíos.

[1] Según estudios realizados por el Comité Técnico Asesor de la PSU, entre los años 2004-2006, la correlación entre la PSU de Matemática y el promedio de notas de primer año varió entre 0,2 y 0,3; la correlación entre la PSU de Lenguaje y el promedio ponderado fue menos de 0,1. Esto significa que la PSU de Matemática explica menos del 10% de la variación en las notas de los estudiantes en el primer año de universidad, y que la PSU de Lenguaje explica menos del 1%! Como referencia, en un estudio publicado en 2012, se mostró que los SAT (una de las pruebas de admisión usadas en USA) de Matemática, Lectura, y Escritura, tienen una correlación de 0.26, 0.29, y 0.33 con las notas de primer año, respectivamente.

[2] Para mayor información ver Manzi, J., Bravo, D., Del Pino, G., Donoso, & G., Pizarro, R. (2006). Estudio acerca de la validez predictiva de los factores de selección a las universidades del Consejo de Rectores. Comité Técnico Asesor del CRUCH.

[3] Por lo tanto, el concepto de sesgo es diferente al de error sistemático de medición

[4] Por ejemplo, ver cualquiera los trabajos de Espinoza y González

TAGS: #CalidadDeLaEducación #PSU Equidad

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03 de enero

Hola! Solamente aclarar que este es el repost de una columna antigua (como lo señalaba en el título original de la columna).

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