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La falsa estética o el mercado del cuerpo

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La percepción del mundo es una interpretación realizada a partir de creencias, actitudes y disposiciones mentales (socioculturales), propiciado por valores otorgados por el medio social y cultural de los grupos humanos determinados (culturas, sociedades, grupos sociales). Se cree que algo es real porque se interpreta como tal en un proceso discursivo interpretativo realizado casi imperceptiblemente, en tanto se puede reconocer la influencia mediática de intervención de factores de intereses movilizadores o gestadores de validaciones sociales, como la utilización de los medios de comunicación, cuya mayor representante social es la televisión. De esta forma, en el imaginario social la imagen de una persona es la imagen del cuerpo, que se ha visto metavalorizada por los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión abierta y ahora internet, que son el sistema comunicacional más democrático (en el sentido de que llega a casi todos –aún hay localidades sin estos instrumentos comunicacionales-) y de mayor alcance social. La imagen externa de la delgadez, ojos y cabello claro y tez blanca, como la publicidad de los retail, donde el más moreno es un niño de raza negra, pero no un chileno típico ni un mapuche, por ejemplo, en tanto contiene un discurso específico subrepticio dentro de la ideología de poder dominante. Puede ser que un pascuense, por lo “exótico”, y por no considerársele peligroso para el discurso histórico que transversaliza la estética.


En el paradigma de la modernidad occidental, la estética de la relación bello-bueno posee una estrecha relación con la mujer, que viene a ser un tipo de eje altamente religioso.

Michelle Foucault (1985) plantea que los cuerpos hablan por si mismos a través de una composición de signos y códigos, o retórica corporal. En este sentido, puede decirse que el imaginario del cuerpo es una construcción de poder establecida en la relación de dualidad de lo que es/lo que no es, es decir, lo aceptable y lo no aceptable. Lo normal y lo anormal. En otras palabras, el poder establecido del statu quo del sistema social connota lo que es querible y deseable y, por ende, existe en esta percepción una mirada esteta insoslayable.

En el paradigma de la modernidad occidental, la estética de la relación bello-bueno posee una estrecha relación con la mujer, que viene a ser un tipo de eje altamente religioso. Las idealizaciones de la mujer así como el rechazo a lo que ella es en sus potencialidades ha definido el proceso de la historia judeocristiana occidental, sea por interpretaciones erráticas como por intrincados procesos de lectura emocional misógina de la relación de los géneros. La visión cristiana entiende que el hombre (creado a imagen de Dios) es desfigurado y/o transformado por el pecado, convirtiéndose en un ser monstruoso. Así, el occidente cristiano va a simbolizar el mal mediante las formas monstruosas, vinculando cada vicio a un monstruo específico (demonio).

Consignemos que efectivamente es posible dar desde el cristianismo, una visión estética de maldición a lo que no calza en la relación bueno-bello, por salirse de los márgenes del estereotipo de la belleza deseada como ideal, en tanto se mezclan conceptos paradigmáticos no sólo del cristianismo, sino que la influencia de las múltiples culturas de la tradición imperial romana y la estética armónica de los griegos (Chacón Calderón, 2010). Esto explica por qué en culturas no cristianas la imagen de la mujer igualmente es connotada una prioridad de intercambio mercantil o comercial, como en el caso de las líneas musulmanas u otras orientaciones de credo.

Ahora bien, la relación que existe en Chile actualmente está enmarcada en las múltiples influencias que se recibe como cultura a causa de la globalización, y es difícil establecer una delimitación clara del imaginario al que pertenecemos, principalmente por la identidad nacional chilena aidentitaria o indefinida. Hoy con la llegada de gran número inmigrantes de raza negra (lo señalo por ser más notoria la marca del color, sandez cultural), la estética de los cuerpos variará de acuerdo a los cánones clasistas de manera mucho más radical, en tanto me atrevo a afirmar que las denominadas “clases altas” no se mezclarán como la gran masa popular con ellos/as, produciéndose nuevamente una definición distintiva de blanco = clase alta y el resto, con todo lo que implica socialmente, y que podremos observar realmente en algunos años más. Esto, además, considerando la observación participante directa de la cotidianidad chilensis en su afán de ascenso social por apariencias.

La belleza, en el concepto estético particular de los medios de comunicación visual masivos como la televisión, ha modificado su ideal armónico y trascendente, convirtiéndose en espejismo, simulación. El cuerpo considerado como mercancía predispone al sujeto a enfatizar la rentabilidad de la belleza y la imagen como capital social: se es la imagen del cuerpo que se posee. Y la adaptación al patrón estético socialmente deseado es un atributo esencial para la venta de la persona. El mercado liderando la imagen corporal.

En tal sentido cobra importancia relevante el concepto sociológico de ideología (De Los Campos, 2007) definida como la “forma de conocimiento que construye una representación simplificada del mundo y de sus procesos, representación que parte generalmente de ciertos supuestos sobre la realidad, que no pueden ser demostrados, los cuales permanecen prácticamente incambiados a lo largo de un período importante de tiempo. Debido las posibles confusiones que entre ciencia e ideología pueden derivarse de esta definición, los científicos suelen llamar a los supuestos ideológicos creencias, y a los científicos paradigmas”. En este sentido, lo imaginario, perteneciente al orden del ideal social determina lo considerado como real, como creador de la percepción de lo real que es aceptada y asumida por los agentes sociales, y por tanto, posee una relevancia política y social porque establece una percepción sesgada de lo real e impide reconocer otras realidades de ésta. Por eso mantiene una doble faceta que pareciera ser contradictoria, porque por un lado mantiene y por el otro cuestiona el orden social, y en definitiva, depende de la utilización que se haga de él. La intención de la ideología del mercado es uniformar un concepto social imaginario sustentándose en lo que Castoriadis indica como primer significante del patriarcado, produciendo una hegemonía de consumo de imágenes corporales que sustenten el mercantilismo de los cuerpos; de esta manera, el mercado sobreideologiza en el imaginario corporal del imaginario social, la belleza, la estética de lo supra armónico, ideologizado en la delgadez máxima de la mujer, la musculatura desarrollada en los varones, pero siempre en una delgadez considerable, distinto al concepto griego de belleza (que resaltaba la armonía de las formas más que la obligación de la delgadez). Y podríamos seguir…

TAGS: #ConstrucciónDelCuerpo #CuerpoSociedad #Discurso

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