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Educación: ¿para qué?

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Uno de los problemas de la política es que son mas efectistas las medidas rápidas, acotadas y fáciles de comprender que las medidas de largo y mediano plazo, que conllevan discusión, reflexión, y cuyos frutos sólo se verán después de años. Y si a esto le sumamos la necesidad de resumir en 140 caracteres o en cuñas de un minuto las políticas públicas, lo que obtenemos es lamentable. En pocas áreas esto es más claro que en educación.


La educación debiera ser así una herramienta que nos ayude a tomar decisiones, a valorar lo importante, a convivir con los demás, a buscar nuestra propia felicidad. Si no se reflexiona a conciencia qué es lo que realmente queremos lograr con la educación, seguiremos a merced de frases de buena crianza, conceptos vacíos, políticas cortoplacistas y medidas para la galería.

La reciente iniciativa de gratuidad universitaria es un buen ejemplo. No me voy a centrar en las infinitas chambonadas del ejecutivo para definir quienes eran los sujetos de gratuidad, sino sencillamente quiero destacar que la premura con la que se toma esta decisión logra esconder la necesidad de respondernos una pregunta mucho más importante que la de incluir o no a Universidades Privadas, y esta es: ¿para qué queremos educación?

La pregunta puede parecer trivial pero en absoluto lo es. Y el problema es que cuando pensamos que es trivial, se nos hace difícil entender otras expresiones como por ejemplo: “La educación es un derecho”. En efecto si no sabemos para qué hemos de educar a nuestros jóvenes y niños, menos podemos dotar de contenido esa frase (asumiendo que es cierta, cosa que tampoco es trivial). Así, podemos también preguntarnos: ¿Cual educación es un derecho? ¿La primaria y secundaria? ¿la universitaria y técnica? ¿Cuál es el contenido de esta educación como derecho? ¿Implica un cierto nivel de calidad de profesores? ¿implica contenidos mínimos? ¿quien define esos contenidos? ¿cómo se miden? ¿y que pasa con visiones alternativas de la educación (Waldorf y Montessori por ejemplo? ¿Tengo derecho a acceder a ellas?

Como se ve, las preguntas se multiplican y no parece que tengamos alguna base para responderlas, pues para hacerlo se hace necesario haber abordado primero la otra pregunta planteada: ¿para qué queremos educación? A continuación intentaré contestar a esta pregunta, identificando tres fines de la educación que considero primordiales, asumiendo desde ya que se pueden estar escapando muchas dimensiones:

1.- Educación como motor de ascenso social: Esta parece ser la característica que más está presente en los discursos de los políticos y en grupos y movimientos sociales como la Confech y otros. A su vez, parece ser que es lo que ha tenido en mente el Gobierno al impulsar la gratuidad universitaria. Ascenso social significa aquí, simplemente, que quienes se encuentran en un determinado segmento socio económico, logren -gracias a la educación- ascender en dicha pirámide social. En otras palabras, se piensa que la educación es aquello que nos proveerá la tan anhelada igualdad de oportunidades, y así, expresiones como “emparejar la cancha” cobran sentido. Pero -como argumentaré más adelante- si este objetivo de la educación no se toma conjuntamente con los demás, termina siendo imposible, vacío y hasta contraproducente.

2.- Educación como motor de desarrollo económico, social y político: Pensada desde esta perspectiva, la educación no se mira tanto como un bien individual (como podría ser el ascenso social) si no más bien como un bien del colectivo. Así, es gracias a la educación que lograremos, como país, mayor crecimiento económico, diversificación de la economía, aumentar la innovación y el emprendimiento; pero además, nos servirá tener mejores políticos y ciudadanos informados y que hagan críticas constructivas, más y mejor cultura, un desarrollo de las ciencias, las artes y las humanidades, etc. Los discursos y medidas que promueven estos objetivos son algo más apagados, pero aún así logran escucharse. Ahí está el clamor de los científicos y su “nuestros políticos eligieron la ignorancia”, y es esta la razón por la que Chile invierte millones de dólares al año para enviar estudiantes al extranjero.

Pero es más que claro que este aspecto ha sido dejado de lado de manera negligente. Nadie se ha sentado a pensar qué carreras debiésemos privilegiar mediante financiamiento, qué habilidades serán las necesarias para los adultos del mañana, cuál es el modelo de desarrollo económico, social y político que queremos de aquí a 20 o 30 años y cuales son las herramientas para preocuparnos, hoy, de él. Lo más grave es que cuando dejamos de lado este aspecto de la educación, el primero, la educación como motor de ascenso social, pierde sentido.

En efecto, en una sociedad que no se desarrolla el ascenso social tendrá un límite: llega un momento en el que sencillamente no queda espacio para que más personas escalen en la pirámide social. Y esto no sólo ocurre porque no se abren nuevos puestos gerenciales, sino también porque tampoco habrá más gente que aprecie la música clásica o la literatura, y demande músicos o escritores, sólo por dar algunos ejemplos. Ya estamos viendo algo de esto y, así, cada vez se hace más difícil pagar los créditos universitarios, cuyos retornos crecen menos que sus costos, y lo que antes era un pasaporte a una buena vida (un título universitario) se ve devaluado cada vez más con la proliferación absurda de universidades y carreras. La gratuidad de la educación universitaria no resolverá este problema: pues si no hay un proyecto de desarrollo a largo plazo, tendremos más cesantes ilustrados, claro que, esta vez, financiados con dineros públicos. Por otra parte, la despreocupación casi absoluta por la educación técnica en desmedro de la universitaria, nos demuestra que los políticos sólo se han preocupado por la educación como motor de ascenso social: como las carreras universitarias son mejor remuneradas, los esfuerzos se han puesto allí, en lugar de considerar que ningún país logró desarrollarse sin un fuerte sector técnico.

3.- Educación como dimensión moral: Los fines anteriores de la educación dejan también de tener sentido sin este último, que en definitiva los engloba a todos. Cuando hablo de dimensión moral, lo estoy haciendo en el sentido más amplio posible de la palabra. Así, en filosofía se suele distinguir entre problemas descriptivos y normativos. Los descriptivos refieren a lo que hay, por ejemplo: ¿cuáles son las materias que se enseñan en los colegios? ¿a qué edad se aprende a leer, en promedio, en Chile? Por otra parte los problemas normativos se refieren a qué debo hacer, y es aquí donde entra la dimensión moral. La educación debiera ser así una herramienta que nos ayude a tomar decisiones, a valorar lo importante, a convivir con los demás, a buscar nuestra propia felicidad. “La moral se enseña en la casa” reza un adagio que a veces se escucha por ahí. En cierta medida sí, se enseña en la casa, pero sin la convivencia social con personas diferentes, las enseñanzas de la casa no son suficientes. Así, para poder alcanzar un desarrollo moral, íntegro y adecuado, en el que logre categorizar los fines de mi propia vida y tomar decisiones de acuerdo a ello, se necesita una formación en lo que significa la vida en sociedad, el trabajo en equipo, la aceptación y no discriminación, saber que somos libres y cómo debemos sacar partido a esa libertad. Sin esta dimensión moral, los otros fines dejan de tener sentido. Y así por ejemplo, el ascenso social no puede llegar a ser verdadero si no se aceptan como iguales a quienes han logrado surgir. El segundo fin que hemos identificado, el desarrollo del país, no tendrá importancia si no nos ayuda a estar más satisfechos con nuestra vida: de nada nos servirá ser una potencia mundial si estamos deprimidos.

Es posible que la educación tenga más fines que los mencionados aquí, o que podamos clasificarlos de diferente forma, sólo deseo abrir una discusión. Pues, creo que el debate en torno a la educación carece hoy de la profundidad necesaria. Detenerse a pensar para qué queremos educación se hace necesario, hoy, más que nunca. En efecto, los modelos de educación que se aplican hoy en Chile parecen estar desadaptados respecto a la realidad actual, pues la sociedad de la información, con todos sus pros y sus contras, nos exige otros estándares. Si no se reflexiona a conciencia qué es lo que realmente queremos lograr con la educación, seguiremos a merced de frases de buena crianza, conceptos vacíos, políticas cortoplacistas y medidas para la galería.

TAGS: #Reforma Educacional Calidad de la Educación

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Comentarios

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anysur

16 de enero

para tener mano de obra especializada a precio de ….., libre mercado, oferta y demanda, hay una clase economica que domina/controla nuestras politicas publicas, asi que la respuesta la tienen ellos… independiente de lo que pensemos o creamos.

17 de enero

La respuesta al enunciado en este caso es todas las anteriores y otras mas, es una necesidad para muchos propósitos, algunos mas altruistas que otros. Pero la reforma vigente que fue impulsada por esas necesidades que Ud. explica se logró manipular para simplemente imponer ideología dejando esas necesidades de lado.

Por ejemplo vea:

La absurda campaña por educación pública

Saludos

18 de enero

El estado me obliga a educar a mis hijos, por lo tanto, el estado debiera garantizar la educación gratuitamente.
Además, quienes dirigen un país deben saber que si este es culto y bien formado, es la mejor inversión a largo plazo y su capital humano se podría medir por la educación y cultura de su pueblo.

Eso si, un pueblo culto e informado es un desafío para sus gobernantes, ya que será un pueblo más exigente y demandará por derechos justos.

Una artículo que puede servir de complemento:

¿Cuál es la utilidad práctica de enseñar Ciencia en el colegio?

Saludos

18 de enero

Esto ya raya en lo absurdo. Resulta que ahora la educación no es un derecho, sino que me están obligando….capaz que luego alguien aparezca pidiendo una compensación por tamaño perjuicio que se le provoca.
Esto pasa cuando las cosas son gratis, se confunde la realidad.

19 de enero

– 1920 se dicta la Ley de Educación Primaria Obligatoria que consagra 4 años de escolaridad.
– 1929 se eleva a 6 años la escolaridad para todos los chilenos.
– 1965 se aumenta a 8 años la escolaridad básica.
– 2002 el gobierno del Presidente Ricardo Lagos asume la necesidad de asegurar 12 años de escolaridad y reconocerlos a través de una ley de la República, para responder a los requerimientos del siglo XXI .

19 de enero

El Estado tomó el compromiso de educar formalmente, y lo hace. Pero cuando alguien quiere desligarse de la responsabilidad de educar, y transferirla al Estado, eso es torcer la realidad a su antojo. Los principales educadores son los padres o cercanos, el Estado es un complemento; por lo que tampoco se le puede achacar al Estado el resultado de la educación de una persona.

20 de enero

Hace demasiado tiempo que estamos tratando de resolver los mismos problemas y seguimos esperando resultados distintos. En otras palabras, los problemas de la educación siguen siendo los mismos históricos generándose un escenario educacional en el que las escuelas y sus profesores pasan a ser también instrumentos de la distorsión flagrante de la temporalidad esencial de los alumnos.
Se puede anotar dos elementos importantes: 1. La escuela no hace ni puede hacer lo que llamamos LA EDUCACIÓN: esto genera el escenario falaz donde las soluciones de la misma educación aún no se encuentran. 2. La escuela debe ser para los niños de hoy: esto genera un desconocimiento flagrante de la temporalidad de la vida del y la estudiante, lo que impide dar con los problemas-inconsistencias “educacionales” que ellos enfrentan en las escuelas (el ser gestionados como productos fabricados en una empresa, por ejemplo) En este escenario se da “naturalmente” la pregunta sobre si la educación es un derecho.
Cuando las cuestiones propias del ser humano se aplastan y estrechan también como derechos, estamos perdiendo una parte fundamental-esencial de aquello que nos hace tales. Este proceder, inocente o voluntario, no evita que la pérdida sea una cuestión esencial para TODOS. Esa esencialidad es la que seguimos perdiendo, pero se trata de que sea “eso” lo que podamos recuperar.
Don Diego insiste en hacer más fuerte el modelo educacional, lo que considero es “seguir haciendo lo mismo” que ya hicimos.

20 de enero

(por favor, en 2. cambiar “genera” por “genera hoy”

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