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Becas Chile, la oficina al fondo del pasillo y la pérdida de confianza

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Apenas un año bastó para que las esperanzas de muchas personas en torno a la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (MinCTCI), se vieran significativamente destrozadas, a juzgar por las reacciones a las informaciones de las últimas dos semanas, en el marco del presupuesto para el año 2021.


Es evidente que el país enfrenta una situación muy difícil, en diversas dimensiones. Sin embargo, la nueva institucionalidad debió haber defendido con más convicción un presupuesto, de por sí bajo, para la ciencia chilena

Más allá de los negativos impactos de las medidas anunciadas (algunas columnas recientes abordan la decisión en torno al programa Becas Chile; ver 1 y 2), las sucesivas controversias han provocado una erosión de la confianza pública en el MinCTCI. Esta semana, dicha pérdida de confianza trascendió a la comunidad científica, instalándose incluso en los propios medios de prensa, en especial a raíz de la suspensión del programa“Becas Chile”. Fernando Paulsen fue quien expresó esta pérdida de confianza con más elocuencia, al señalar que “un Ministro que cree en la ciencia para el país, pone un poco más de resistencia…”, y calificando al ministerio como “la oficina al fondo del pasillo”.

En cierto modo, este era un desenlace inevitable. Desde sus inicios, el MinCTCI se ha caracterizado por una falta de ambición; por la incapacidad de construir una nueva narrativa en torno al fomento de la ciencia; y por una falta de mayor apertura. Y esta pérdida de confianza en el MinCTCI acarrea un grave riesgo: el del retorno de las críticas hacia la idea de un Ministerio para el área. Parece innecesario tener que reiterar, tras tantos años de debate, que pocos países han sido exitosos sin una institucionalidad de alto nivel para la ciencia (la que, en muchos casos, toma la forma de un ministerio), salvo quizás algunas excepciones de países que apuestan por la “fuerza bruta”, con cifras de gasto en I+D o de investigadores sencillamente inalcanzables para Chile en el mediano (o incluso largo) plazo. Además, las experiencias recientes de países que vieron desaparecer sus respectivos ministerios de ciencia deberían servir también para ilustrar este punto. Sin embargo, las controversias suscitadas por decisiones del MinCTCI pueden ofrecer una oportunidad para quienes deseen criticar una idea que siempre encontraron errónea.

Cabe recordar también que la idea de una nueva institucionalidad para la ciencia en el país se discutió por casi ocho años, abarcando dos comisiones asesoras presidenciales, protestas públicas, simposios, debates, y un largo etcétera. Por cierto, siempre existió la sospecha de que el proceso de instalación de una nueva institucionalidad involucraría importantes recursos que en otro contexto habrían sido invertidos en más becas o proyectos. No obstante, si bien esta sospecha acierta en lo general, al mismo tiempo debe ser analizada con cautela, al menos en dos sentidos. En primer lugar, la decisión de no destinar más recursos a la I+D se viene arrastrando desde hace algunos años, con o sin ministerio, con o sin pandemia, con o sin estallido social. En efecto, la última cifra estimada de gasto en I+D como porcentaje del PIB (para el año 2018) es igual a la del año 2011 (0,35%). En segundo lugar, la discusión sobre más recursos enfocados directamente a más becas o proyectos a expensas de una menor “burocracia”, omite un necesario debate respecto a una reforma estructural del sistema de financiamiento científico, enfocada sobre todo en atenuar su carácter exageradamente competitivo.

Sin embargo, una cosa es defender la necesidad de un Ministerio (y de la institucionalidad que le acompaña) para la CTCI, y otra muy distinta es eximir al MinCTCI de un legítimo y necesario escrutinio. Es evidente que el país enfrenta una situación muy difícil, en diversas dimensiones. Sin embargo, la nueva institucionalidad debió haber defendido con más convicción un presupuesto, de por sí bajo, para la ciencia chilena. Más aún, debió haber defendido, y trabajado por, un mejor presupuesto, orientado a expandir un sistema que ya viene arrastrando un grave problema de subfinanciamiento.

Más aún, las actuales autoridades ministeriales debieron haber previsto, ya a inicios de año, el escenario que se avecinaba, creando una mejor narrativa, que revelase el papel que la investigación científica no solo ha jugado en el contexto de la pandemia, sino que también el que podría jugar en la construcción de un mejor futuro (en particular considerando el actual momento político del país), una tarea que debió haber emprendido de la mano de las diversas organizaciones y actores institucionales e individuales. ¿Cuál hubiese sido la reacción pública en estos días si se hubiese socializado con mayor anticipación la aparente imposibilidad de financiar el programa de Becas Chile durante el año 2021? ¿Cuál habría sido la postura de la comunidad científica si, por ejemplo, el MinCTCI hubiese mantenido una mesa de trabajo permanente, en especial con asociaciones de investigadores e investigadoras jóvenes, para analizar el escenario público y explorar alternativas? ¿O si se hubiese trabajado con estas asociaciones para enfrentar los impactos de la pandemia sobre la formación de postgrado, en sus diversas etapas? No obstante, este ministerio ha sido particularmente exitoso en excluir a una gran parte de la comunidad científica de su quehacer, como he señalado en columnas anteriores.

Esta creciente frustración y pérdida de confianza, entonces, ¿implica la necesidad de volver al esquema institucional previamente existente? Desde luego que no. Sin embargo, los eventos que han sucedido en estas últimas semanas constituyen un poderoso llamado de alerta para el MinCTCI, que debe traducirse en una serie de cambios efectivos. El primero es un cambio de rumbo. El MinCTCI debe crear una nueva narrativa en torno a la ciencia y el conocimiento, que supere el actual dogmatismo de la “utilidad” y el economicismo. El momento político que vive el país ofrece una valiosa oportunidad para proponer esta nueva narrativa, que debe reflejarse en la Política Nacional de CTCI que finalmente emane del gobierno. El segundo cambio es una apertura significativa del MinCTCI, partiendo por su Consejo Asesor Ministerial, y seguido por la creación de nuevas (y más amplias) instancias de participación.

Pero el cambio más importante y necesario es uno de convicción. Desde el principio, se ha señalado la idea de que este “no es un ministerio para los científicos, es para la ciudadanía”. Aparte del hecho de que difícilmente hemos escuchado ideas similares de parte de ministros o ministras de otras carteras, resulta evidente que, sin investigadores e investigadoras, y sin un debido apoyo para que puedan hacer su trabajo de la mejor forma, no habrá ciencia que podamos poner al servicio de la ciudadanía. Es el momento, entonces, de que las autoridades comprendan que este sí debe ser un ministerio para los investigadores e investigadoras, tanto para los del presente como para los del futuro. Aquí no hay atajo posible. Solo con un apoyo decidido a la investigación, podremos tener un verdadero Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el país, y no una “oficina al fondo del pasillo”.

TAGS: #BecasChile #MinisterioCienciaTecnologíaConocimientoInnovación

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