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Voto voluntario: ¿Quién traiciona a quién?

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Esta semana, el Senado se inclinará, probablemente, en favor de la inscripción automática y el voto voluntario. Es una discusión de años que ya parecía zanjada si no fuera por la maniobra concertacionista de incorporar en el mismo proyecto el voto de chilenos en el exterior.
 
Pese a que me parece imperdonable la postergada exclusión de compatriotas en procesos electorales, como también el hecho de condicionar su participación, en esta oportunidad me concentraré en los riesgos que provocará en la sociedad chilena si se aprueba el voto voluntario, una decisión parlamentaria marcada por traiciones a militantes y, lo que es peor, marcada por la traición a la propia política.
 
Los principios de la política se basan en la búsqueda permanente de la igualdad. Sin embargo, la reforma electoral que modifica el sistema de votación apunta en dirección inversa. No creo que sea relevante centrar la discusión si votar es un deber o un derecho ciudadano, lo trascendente, en este momento, es analizar cuánto se afectará a la propia política con una determinación que ampliará, sin duda, las inequidades en una sociedad que respira bajo una democracia debilitada.
 
Primera traición. En octubre de 2007 la Democracia Cristiana acuerda en su V Congreso Ideológico que apoyará irrestrictamente la inscripción automática y el voto obligatorio. Como corresponde los parlamentarios y dirigentes del partido anunciaron que respaldarían la decisión. Sin embargo, a fines de 2008 cuando el proyecto llegó al Senado, la ex presidenta DC, Soledad Alvear aseguró en la comisión de Constitución, presidida por el radical José Antonio Gómez, que apoyará el proyecto en torno al voto voluntario, pese a torcer la voluntad de la mayoría de los militantes demócratas cristianos. Había que apoyar el mensaje presidencial, argumentó.
 
Segunda traición. Al interior de la Concertación el proyecto siempre fue considerado un avance, pero había voces del círculo más intelectual que advertían de la descompensación democrática que se produciría si se ponía en marcha el voto voluntario. Entonces se pensó en una salida más razonable: inscripción automática, voto obligatorio y desafiliación voluntaria. Pero no había piso político, los votos no alcanzaban y la derecha cerró las puertas. Muchos líderes de la Concertación bajaron el moño y prefirieron revertir su posición y de instituciones como FLACSO y Chile 21 que insistían en que se estaba cometiendo un error con la propuesta gubernamental.
 
Tercera traición. Cerca de 4 millones de chilenos y chilenas en condiciones de votar no lo hacen con el actual sistema. La mayoría son jóvenes, quienes aclaran que la principal razón por no ingresar al padrón electoral se debe a la desconfianza hacia la política. Este argumento toma incluso más sentido cuando ponemos sobre la mesa algunos datos que arrojó la VI Encuesta Nacional de Juventud (2010).
 
En la medición se observa una desigualdad enorme. El 59,3% de los encuestados que pertenecen al quintil más rico del país no está inscrito en los registros electorales. Nada tan alarmante si lo comparamos con el 86,8% que representa el padrón para los del quintil más pobre. Eso no es nada, en todo caso. Los y las jóvenes más empobrecidos, sólo en un 29% piensan que la democracia es preferible ante cualquier otra forma de gobierno, cifra muy distinta al 64,3% que se desprende desde el grupo socioeconómico más alto. Las diferencias también son preocupantes siempre en desmedro de los más postergados. Por ejemplo, quienes reconocen interés en conversar sobre política en familia son nuevamente quienes tienen acceso a más y mejor educación: 58,5%, contra el 23,3% de quienes tienen menor nivel educacional, resume el reporte. Una distancia considerable, tanto como la diferencia que se produce cuando se les consulta por la intención de inscribirse en los registros electorales si el proceso se mantiene como voluntario (ABC1: 46,9% y E: 22,6%).
 
Y por si fuera poco, las y los jóvenes en situación más desaventajada no están de acuerdo con la inscripción automática y el voto voluntario. Sólo un 17,5% apoya un proyecto de esas características, pues, en su mayoría, prefieren que todo sea voluntario (71,9%).
 
La clase política está dañada y sólo mantiene el interés de los mismos de siempre. Las elecciones no recogen el sentir de todos los ciudadanos del país. Eso está claro. Todos los saben, pero en vez de atacar esa desigualdad, se profundiza, aduciendo que el padrón se refrescará, que es un impulso a la democracia y que obligará a la clase política a mejorar su accionar. Si este proyecto provoca desigualdad en la participación electoral y si la política pretende la igualdad, no hay duda que se traiciona a la propia política.
 
Con el proyecto se castiga a la política, se obliga a los políticos y a los partidos a enfrentarse a un escenario adverso, a una población desconfiada, distante y parcialmente educada en términos cívicos.
 
No importa si en países modelos la inscripción automática y el voto voluntario funcionan con alta participación electoral. No importa. Probablemente la realidad de esas naciones es muy distinta a la nuestra. Probablemente los niveles de desigualdades sociales sean mínimos, probablemente los partidos políticos tienen financiamiento público, probablemente en esos países la participación ciudadana esté institucionalizada a través de plebiscitos vinculantes. No importan esos datos. Lo que importa es el contexto local y transparentar si estamos preparados o no para enfrentar una reforma tan crucial para el futuro político del país.
 
En torno a este proyecto se empeñaron palabras, se desconocieron acuerdos y se traicionaron principios. ¿Qué es lo más trascendente esta vez, respetar un acuerdo político entre partidos y dos gobiernos o evitar una descompensación en la participación electoral? La política no merece, en ningún caso, una estocada propiciada por sus supuestos defensores.
 
(*) Entrada escrita por Rodrigo Suazo, periodista, presidente de la Corporación Más Progreso. Twitter: @rodrigosuazo, @masprogreso
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Comentarios

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02 de mayo

Hay muchas afirmaciones sin sustento en tu escrito. Partes diciendo “los riesgos que provocará en la sociedad chilena si se aprueba el voto voluntario”. Pero nunca los mencionas.

Luego dices “Los principios de la política se basan en la búsqueda permanente de la igualdad”. Pregunto ¿Cuáles son esos principios? ¿Qué igualdad? ¿Igualdad en qué?

Luego planteas “lo trascendente, en este momento, es analizar cuánto se afectará a la propia política con una determinación que ampliará, sin duda, las inequidades en una sociedad que respira bajo una democracia debilitada”.

Y surge la pregunta ¿Qué política? ¿La partidaria, la electoral, o la política en sentido más amplio?

Todas esas afirmaciones quedan en el aire.

Luego, intentas argumentar en base a la idea de traiciones y datos estadísticos. Pero creo que error es mezclar el cumplimiento o no de acuerdos político al interior de una coalición en torno al voto (las dos primeras traiciones) con la alta desafección política (la tercera traición).

Las dos primeras traiciones ratifican la distancia entre representantes y bases y no justifican por qué el voto debería ser obligatorio.

Pero, la tercera “traición”, no me parece que pueda ser considerada una traición –excepto si consideras que los electores traicionan a los políticos al no inscribirse; o a sí mismos-. Falta aclarar eso. Y tampoco justifica el por qué el voto debería ser obligatorio.

Los 4 millones de chilenos y chilenas en condiciones de votar que no lo hacen no traicionan a nadie, sólo responden a la inoperancia e indolencia de una clase política absolutamente anquilosada y obnubilada con el poder, que previamente han pasado a llevar toda noción de igualdad y democracia, incluso siendo el voto, medianamente obligatorio.

Y en ese sentido, analicemos tus propios datos: El 29% de jóvenes más empobrecidos que piensan que “la democracia es preferible ante cualquier otra forma de gobierno” indican la clara decepción de los jóvenes más pobres, con esa clase política y el sistema político en que dichas élites se sustentan, que contradiciendo lo que dices, no han buscado la igualdad sino más privilegios para sí.

No es raro entonces que un 86,8% de los jóvenes más pobres no se inscriba. Sienten que su voto no vale y que no ejerce “poder ni soberanía” sobre esas élites políticas.

De hecho, la decepción y todos los datos tienen sus raíz en la baja representatividad que tienen los más excluidos en cuanto ejercer poder político.

Por otro lado, aunque cuestionas que el actual sistema no capta el sentir de los ciudadanos, contradictoriamente desconoces las propias preferencias de esos jóvenes, que “en su mayoría, prefieren que todo sea voluntario (71,9%)”.

Y surge la pregunta ¿Por qué desconoces esa preferencia y a la vez quieres obligarles a manifestar otra?

No explicas eso tampoco.

El voto obligatorio no responde ni acata la estructura desigual que el propio sistema político genera y fortalece. Al contrario, sólo garantiza la renovación –obligada- del electorado –esa “población desconfiada, distante y parcialmente educada en términos cívicos”- a favor de dicho sistema, donde las élites partidarias se reproducen como una monarquía. ¿Eso contribuye a la igualdad política o al mero vasallaje político?

Tampoco responde a eso, el aumentar el financiamiento público a los partidos, que han demostrado su estructura oligárquica y elitista.

Es más, el voto obligatorio desincentiva el establecimiento por parte de las élites, de un sistema de plebiscitos y referéndums.

¿Quién traiciona a quién entonces?

Saludos

03 de mayo

Jorge, el filósofo frances Jacques Ranciere plantea en sus escritos lo que yo entiendo por política en esta columna. En el texto “El Desacuerdo” (nueva Visión, 2007) , Ranciere establece que “la política es la actividad que tiene por principio la igualdad” (pág. 7). Y es esa igualdad la que está en riesgo, esta vez desde la participación electoral. Si bien, actualmente, quienes deciden en los procesos electorales son ciudadanos que en su mayoría pertenece a los dos quinteles más ricos del país, el voto voluntario, a mi juicio, aumentaría aún más esa inequidad en la representación.

Y si entendemos que la política pretende la igualdad, el hecho que se profundice desigualdades en la participación a través del voto voluntario, lo que se daña finalmente es a la propia política. ¿Y quienes lo hacen? Los que en términos discursivos la defienden y trabajan. Por eso hablo de traición.

Los datos que entrego son para demostrar que los jóvenes chilenos más pobres del país, en términos económicos, educativos y culturales, no están interesados en participar en los procesos eleccionarios. No lo están ni tampoco lo estarán, mientras no fortalezcamos la democracia. Quizás en unas décadas estemos en condiciones de funcionar bajo el modelo de voto voluntario.

Los países con sólidas democracias o en vías de conseguir aquello han avanzado fuertemente en robustecer a las instituciones políticas. Y lo han hecho a través de financiamiento público a los partidos en donde se destina gran porcentaje en formación y difusión. En esos países en que hay voto voluntario con alta participación, también promueve la voz ciudadana a través de referéndums vinculantes. Alemania, Suecia, Dinamarca, Estonia, son claros ejemplos de ello.

Pero no olvides que esos países también gozan de niveles de seguridad social altísimos, en donde las demandas básica están resuletas hace rato.

Es irresponsable e insensato seguir golpenado a la política en el suelo. Si está desacreditada y sus instituciones no reciben el apoyo ciudadano mayoritario, lo que se requiere es colaborar para revertir la tendencia y en ningún caso dejarla que se azote contra la muralla.

Agradezco el debate y el tiempo que dedicaste a leer y criticar la columna.

03 de mayo

Estimado Rodrigo: la cita de Ranciere es una afirmación que intenta establecer las bases de la política, pero no define lo que es la igualdad.

A partir de eso entonces suponiendo a lo que apunta –la igualdad política- debes reconocer que el voto obligatorio no garantiza la igualdad política, sobre todo tomando en cuenta el carácter de nuestro actual sistema político. Eso, si entendemos la igualdad política no sólo como el derecho a ser elector sino también a ser electo. Es decir, igualdad en cuanto a decidir sobre los asuntos públicos.

Entonces ¿Qué igualdad está en riesgo? ¿Qué igualdad defiendes? ¿Es la igualdad a medias, casi agonizante, vigente, en la cual las élites partidarias se han dado un festín?

No es el voto voluntario el que daña o dañará a la política, sino toda la estructura del sistema político, que hace rato viene mermando no sólo la igualdad como principio de la política, sino la democracia como base de la libertad.

Por eso, es una falacia decir que la democracia se fortalece con el voto obligatorio, sin proponer cambios en otros mecanismos como elección de intendentes, gobernadores, plebiscitos y referéndums a nivel local, regional y nacional, más federalismo, mayores controles al poder e incluso el sorteo de cupos en el Congreso.

De hecho, estableces una relación causal errada, al suponer que el voto obligatorio mejorará la democracia y la participación como por arte de magia, sin tomar en cuenta que aunque obligues a votar a la gente, el stato quo se mantiene si no incentivas una intención de voto razonada de manera previa en las instancias de la sociedad civil, para que la gente realmente sea representada.

Y ahí entramos en un tema clave. La democracia no es sólo un sistema partidario electoral, sino una sociedad democrática, donde otras instancias ciudadanas ejercen su influencia en la opinión pública, e incluso obtienen representación.

No se trata de golpear la política, sino de golpear a quienes han convertido a la política en un botín, en un medio para sus propios fines. La política se revalora, pero los más indicados para hacerlo no son quienes han hegemonizado el campo político, menos obligando a los ciudadanos. Eso no es revitalizar la política, menos si la entiendes por igualdad.

Saludos.

04 de mayo

Estimados:

De acuerdo a los porcentajes planteados, solo una reflexión: quienes pertenecen al grupo “más pobre” de la muestra, no votarían si el proceso si fuera voluntario, y quizás es el mismo grupo que no se interesa por hablar de política en la mesa, ver un programa de debate o leer lo que estamos escribiendo aquí, y siendo más arriesgado aún, sera el mismo que no entienda como un voto se transforma en un beneficio al final del proceso. Esta idea podría señalar que existe una tendencia de los grupos “más pobres”, la cual se manifiesta claramente por sus estilos de vida, en los cuales sus preocupaciones y esfuerzos se alejan considerablemente de las decisiones o contingencias políticas.
Respecto de los grupos “más ricos”, sus preocupaciones, la información y el entendimiento que tienen de esta, les permiten debatir, y es en este contexto es donde se produce la toma de decisiones, donde existe el debate. Por tanto no estarán de acuerdo en los “actores” de la política, sin embargo tienen firmes opiniones respecto de las leyes y proyectos que están decidiendose. En este caso existe la intención de manifestar mediante un voto o una opinión lo que les preocupa.
La pregunta al final del camino es cómo se hace un sistema que permita a todos los grupos existentes una participación que asegure representatividad para tomar buenas decisiones y lograr los beneficios anhelados. No se necesitan más ejemplos de un sistema u otro, y que en tal país se hace de esta forma, se necesita una solución si el problema es tan alarmante.
Como el dicho: “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”

Saludos,

04 de mayo

Estimado Pablo, veo que tu respuesta conlleva el mismo sesgo elitista que todos los que apoyan y defienden el voto obligatorio usan irónicamente al mismo tiempo que hablan de la representación de los pobres y desfavorecidos. Y es irónico por lo siguiente:

Partes indicando –basándote sólo en el hecho de votar o no- que los más pobres no sólo no votarían, sino que no se interesan por los asuntos públicos, ni por leer, y no entienden que un “un voto se transforma en un beneficio al final del proceso”. Es decir, lo dices es que serían unos idiotas en el sentido griego y original de la palabra.

Es más, a ese juicio agregas un juicio valórico en cuanto al estilo de vida de los pobres, diciendo: “sus preocupaciones y esfuerzos se alejan considerablemente de las decisiones o contingencias políticas”.

Irónicamente, tu juicio y diagnóstico es idéntico al que tenía Benjamín Constant, quien planteaba que los pobres no tienen intereses materiales –en el sentido de no tener qué defender- por lo tanto, no les es necesario participar de la vida pública, pues no les interesa.

Eso lo ratificas al hacer tu comparación con los más ricos y sus preocupaciones, que sí serían acerca de los asuntos públicos. En el fondo e indirectamente dices, que los pobres no serían ciudadanos y los ricos sí.

Y entonces surge la pregunta clave en torno al voto obligatorio: ¿Qué clase de voto emitirán aquellos cuyas preocupaciones y esfuerzos -según tú mismo- “se alejan considerablemente de las decisiones o contingencias políticas”? ¿Con qué fin se les quiere obligar a votar, si se les considera como idiotas en el sentido político del término?

¿No es acaso el obligarles a votar, simplemente usarlos, aprovechando que “no se interesan por los asuntos públicos, ni por leer, y no entienden que un “un voto se transforma en un beneficio al final del proceso”?

No es acaso irónico que se quiera obligar a votar a aquellos que a la vez se les considera como incapaces de conocer y defender sus propios intereses políticos. ¿Cómo entonces elegirán bien a sus representantes? ¿Cómo lograrán “tomar buenas decisiones y lograr los beneficios anhelados”?

¿Obligarlos, tomando en cuenta como se les considera, no es acaso una actitud casi de pastor con sus ovejas? ¿Qué clase de ciudadanía es esa?

¿No es acaso convertirlos –aprovechando que “sus preocupaciones y esfuerzos se alejan considerablemente de las decisiones o contingencias políticas”- en simples instrumentos electorales?

Espero respondas esas dudas.

Por otro lado, todo lo anterior se hace más irónico porque los más pobres se ven obligados a votar siempre por candidatos que pertenecen a los grupos más ricos. ¿O acaso cualquiera hace carrera política en Chile? ¿Analicemos los colegios y universidades de procedencia de los miembros del Congreso, de esos representantes? ¿A quiénes representan?

En lo personal, y sin el sesgo elitista ya cuestionado, no tengo la solución al problema, sólo sé que el voto obligatorio no es la solución como muchos plantean, menos para mejorar la democracia. Sólo sé que las elecciones y candidaturas deben ser más competitivas, descentralizadas, y abiertas a todos.

Saludos

08 de mayo

Estimado Jorge; El hecho que los “más pobres” (puesto entre comillas como un lenguaje para hacer referencia a la evaluación sólo economica y educacional de la muestra) no les interesen los problemas políticos no solamente tiene una interpretación, y menos la que tu le das. Ellos no se interesan porque tienen otro tipo de problemas que solucionar, para ellos mucho más importantes que lo que hace o deja de hacer un político o incluso lo que escribó yo o tu en este blog. Sus manifestaciones políticas no tienen que ver con sólo con el mundo político que conoces, muchas veces ellos dentro de juntas vecinales, clubes deportivos e incluso tomas vecinales eligen mediante votación y aceptación a sus representantes y a quienes los dirigen mediante asambleas. Por tanto creen que en el sistema de votaciones, pero a la hora de hacer lo mismo con los senadores, diputados o presidentes no tienen la misma percepción, y esto no se debe al sistema, se debe a las personas por las que deben votar. Esto no les quita la posibilidad de elegir, en lo absoluto, de hecho ellos deciden si inscribirse o no, por lo tanto esa postura de adoctrinamiento y sesgo queda como extrema. Creo que quienes sesgan a estas personas “mas pobres” creyendo en este siglo se les puede adoctrinar, convertir, o se interpreta como incapaces por no tener interes en participar del sistema electoral (lo del interes no se debe a su capacidad como mencione antes) hacen un flaco favor hacia ellos, ya que siempre se estaran incentivando posturas defensivas que finalmente rompen la participación ciudadana. Lo de sesgo elitista queda absolutamente sobrepasado en el análisis, ya que estas clasificaciones tienen connotaciones igual de sesgadoras y en si mismas representan una puente cortado para el diálogo.

Saludos,

08 de mayo

Pablo, hay un detalle esencial: en ningún caso planteo una interpretación en cuánto a por qué a los pobres no les interesan los problemas políticos, al contrario, repito la que tú mismo planteaste antes y te muestro cómo tu argumento es elitista al igual que el de Benjamín Constant. (te invito a releer mi respuesta anterior).

Es más por lo mismo, porque no aplico ese prejuicio (que tú si aplicas), considero errado decir “con voto voluntario los pobres no votarán o tendrán menos representación y por eso hay que obligarlos”. Porque al contrario, creo que no se puede generalizar como si todos fueran una masa ignorante e incapaz de pensar.

Plantear que se les debe obligar a cumplir con su deber es desconfiar de las personas.

De hecho, la abstención tiene relación con algo en lo que sí aciertas y concuerdo, los representantes políticos no generan adhesión, no sólo porque los representantes tienden a ser élites sino también porque el sistema político mismo es excluyente. No porque las personas y te cito: “quienes pertenecen al grupo “más pobre” de la muestra, no votarían si el proceso si fuera voluntario, y quizás es el mismo grupo que no se interesa por hablar de política en la mesa, ver un programa de debate o leer lo que estamos escribiendo aquí, y siendo más arriesgado aún, será el mismo que no entienda como un voto se transforma en un beneficio al final del proceso”.

Por eso, reitero mis preguntas, no respondidas en cuanto a esas contradicciones tan claras en tus dichos.

17 de mayo

Jorge Andrès: He seguido cono sumo interès tus opiniones con respecto a la inscripcion automàtica y el voto voluntario. Mi opiniòn basada tan solo en experiencia de una vida larga, en el sentido comùn y en el vulgar conocimiento de este pueblo, me inclino por la inscripcion automàtica y voto obligatorio. La desidia, la ignorancia y la flojera provoca desinterès. El manejo de los medios de comunicacion adormece el analisìs y la reflexion. Ser sujeto de derechos implica cumplir obligaciones. Ser ciudadano es un honor. quien no vota no es ciudadano.No entreguemos las urnas a una elite culta , que seria la unica beneficiada.

18 de mayo

Estimado Vicente, valoro mucho tu opinión no sólo porque es basada en la experiencia y el sentido común sino también porque me indica que mi defensa del voto voluntario no es errada.

Por qué, dirás. Porque tu respuesta me indica que las urnas no quedarían en manos de una élite culta, porque también hay gente que puede aportar “basada tan solo en experiencia de una vida larga, en el sentido comùn y en el vulgar conocimiento de este pueblo”, escapando del adormecimiento que los medios buscan provocar y teniendo una reflexión.

Y a eso apunto con mi crítica a la obligatoriedad, porque en el fondo detrás de eso, se esconde esa élite culta que cree que el resto somos una masa homogénea, ignorante, sin reflexión y floja…Y no es así.

18 de mayo

Jorge Andres. Referente a la elite culta, olvide indicarte que en su mayoria posee tambien el poder economico y otros se coluden con ellos añorando ascendencia aristocratica. Manejan los medios de comunicacion y entregan solamente lo que a ellos les conviene. Frente a este poder tenemos una masa desesperanzada.Recuerdo un dicho.nada es mas largo que la esperanza del pobre. Quien representa a esta masa. Sencilla respuesta .Unos pocos pobres cultos.Sin poder alguno que les permita remecerlos. Cuando la masa despierta viene la explosion social. El ciclo continua. Guardemonos el poder de concurrir a las urnas. Al menos estaremos en la lucha por la justicia social-

18 de mayo

Vicente buenos dias,
Este debate sobre la obligatoriedad del voto o no, tambien sirve para ver como esta lejos de la realidad el discurso academicista y abstracto, la necesidad del voto obligatorio se mantiene en cuanto los medios economicos no dejen de manipular los medios de comunicacion de masas y los partidos no reunan condiciones claras de participacion democratica, posiblemente se vea una contradiccion en esto de los partidos pero es la realidad cruda que se nos pone por delante, o dejamos que las elites culturales, educadas y poderosas financieramente continuen dirigiendo los destinos de una nación como lo han hecho en estos docientos años, con raros oasis en la hiostoria de chile y que sabemos como terminaron.
Saludos

18 de mayo

Estimado Vicente, si bien concuerdo con el inicio de su descripción, creo que su distinción de una élite culta versus una masa de ignorantes es un tanto errada. Por otro lado, el voto voluntario no le quita el poder de concurrir a las urnas ni el poder luchar por lo que se estime.

De hecho (y en cuanto al comentario de Julio Marín, quien dice que “la necesidad del voto obligatorio se mantiene en cuanto los medios económicos no dejen de manipular los medios de comunicación de masas y los partidos no reúnan condiciones claras de participación democrática”) tanto en sus argumentos como en los tuyos, hay una clara contradicción.

Porque les hago una pregunta cruda y directa, que espero me respondan

¿Qué sentido tiene obligar a las personas a votar, si muchas de éstas serían víctimas del manejo de los medios de comunicación por parte de esas élites cultas que “entregan solamente lo que a ellos les conviene”?

¿No es acaso colocarlos al servicio de esas “elites culturales, educadas y poderosas financieramente” que dirigen los destinos de una nación?

¿O acaso la conciencia del pueblo de la que tanto se habla no es tal para ustedes, y por tanto es necesario obligar a los incautos a ejercer un derecho sin siquiera saber con qué objeto? ¿No es eso utilizarlos para lo fines de poder de unos cuantos representantes de origen pobre o no?

Saludos

18 de mayo

Jorge Andres (vamos a tyerminar siendo amigos) yo , te reitero no hablo desde el punto de vista academico ni pretendo eso. Mi experiencia ,comparandola con èpocas pre dictadura me convence que la desidia por inscribirse para participar en procesos electorales obedece tan solo a una gran flojera de nuestros jovenes que prefiere quedarse a dormir que ir a votar. Te parecera liviana esta opinion pero el daño se cometio cuando ceso la educacion`civica en nuestros liceos. El joven perdiò conciencia de el ser ciudadano. Antes era obligacion inscribirse para votar y tramite esencial. Ahora bien, como dice Julio Marin es necesario quebrar el dominio que una elite cultural y economica tiene de los medios de comunicacion. Mientras eso sucede , es necesario socializar . Saludos

18 de mayo

Creo que tu argumento camina por dos rumbos que terminan contradiciéndose:

Por un lado dices que la causa de la no participación es la flojera y el querer dormir. Por otro que es la falta de educación cívica que causaría lo primero.

Eso es una relación causal errada. No sólo porque no considera otras variables como la falta de competencia del sistema política, el excesivo elitismo y partidismo de éste, etc.

Porque te pregunto ¿Con qué base van a votar esos jóvenes faltos de educación cívica, sacados de su sueño placentero y obligados a votar ? ¿Qué clase de ejercicio de la ciudadanía será ese con ciudadanos sin conciencia de tal? ¿Acaso tendrán presente sus intereses, o sólo se sacarán las sábanas para evitar la sanción y la coacción? ¿A eso le llamaremos democracia?

¿Se quiebra acaso el dominio de esa élite, obligando a votar a esos jóvenes?
¿Acaso socializas obligando a votar simplemente?

18 de mayo

Vicente, hay personas a las cuales les he imposible entender el dialogo que se quiere establecer, siempre encontraran argumentos propios criando elementos que ni tu ni yo hemos utilizado y cortando el sentido de una frase, yo dije arriba que habia una contradiccion en el asunto de los partidos pero fue ignorado por el comentarista, como nada dice sobre a quien beneficia el voto voluntario que tanto defiende, tal vez será para mantener los docientos años de dominio al cual me referia y que tampoco comentó, pero la vida es asi llena de iluminados llenos de razon.
mi participacion en este tema se acaba aqui.
Un abrazo

18 de mayo

Jorge Andres. La falta de cultura cìvica logrò qwue el Chileno comùn y corriente perdiera su su conciencia del SER soberano que delegaba su soberania en sus representantes . Dejò de tener importancia ser ciudadano. Este trabajo de joyeria pensado y aplicado por un sector social, logrò socavar las caracteristicas propias de nuestra sociedad. Nò importo quien te representaba ni quien daba cumplimiento al mandato del soberano.No importa la calidad del representante, su altural moral, etc. Hubo un Presidente en Chile , que no es santo de mi devocion, pero que tenìa razòn cuando asomado al balcon de la Moneda decia ! Chusma insconciente¡ y esta rugia de emocion. Obligalos a votar. Al menos pensaran un minuto. No les hara mal.

18 de mayo

Julio Marín reclama la falta de diálogo y no es capaz de plantear de manera directa ningún argumento en respuesta a lo que digo. Pero veamos lo que dice:

En ningún caso obvie su frase en cuanto a la contradicción de los partidos, de hecho, por eso mismo les pregunto ¿Qué sentido tiene obligar a las personas a votar por representantes surgidos de esos partidos llenos de contradicciones? El señor Marín no responde, pero exige diálogo.

Por otro lado, desliza una falacia ad hominem tratando de insinuar que defiendo el voto voluntario para mantener doscientos años de dominio. Pero se equivoca una vez más, porque obligar a votar a los ciudadanos fortalece ese dominio y ese stato quo en los partidos, que usted menciona tímidamente.

La defensa la hago desde una posición libertariana, para efectivamente terminar con el vasallaje -ahora electoral por amenaza- que se pretende imponer.

Espero sus réplicas señor Marín.

Vicente: Explícame una duda ¿Por qué el problema que atribuyes a un trabajo de joyería –de despolitización que es real- que socavo las características propias de nuestra sociedad, se presenta mucho antes durante el gobierno de Alessandri Palma?

¿Acaso las características propias de nuestra sociedad –antes de ese trabajo de relojería- eran una masa inconsciente?

Otra duda ¿No es acaso el obligarlos a votar, así como el obligarlos a hacer el servicio militar, una forma de evitar que esa masa piense? ¿No es acaso el anestésico para hacerlos creer que tienen poder, que pueden elegir, y que son responsables del destino sin serlo realmente?

Saludos

18 de mayo

Jorge Andres. Creo que estamos disparando hacia distintos lados. Yo entiendo la sociedad como el acuerdo de voluntades para entregarse una idea de derecho que la regule. Ese acuerdo que es el soberano, o bien la suma de soberanias establece normas y el regimen politico que quieren darse. El problema radica cuando un sector de ese soberano predomina sobre el otro. y se pierde el principio de igualdad. El sector dominante tiene el poder economico,y militar.Establece las reglas del juego. El sector dominado acata. El esclavo piensa cuando es golpeado. El burro con la varilla y la zanahoria.

19 de mayo

Vicente, dices entender la sociedad como el acuerdo de voluntades para entregarse una idea de derecho que la regule. Es decir, tienes una concepción contractualista de la sociedad.

Entiendes a la sociedad como el producto de un contrato entre soberanías, que voluntariamente darían paso a un soberano, el Estado, ese monstruo llamado Leviatán, y el orden que ello establece.

Yo no tengo esa concepción, porque creo que ese monstruo siempre termina y ha terminado estableciendo el predominio un sector sobre otro, incluso aunque ese sector se haya adjudicado la misión de liberar a los oprimidos o de establecer la igualdad, e incluso aunque una supuesta mayoría haya decidido el orden político. Siempre, incluso entre los igualitaristas, se establece una casta privilegiada que ejerce el poder sobre otros.

En base a esa concepción, me pregunto ¿Acaso no es parte de las reglas del juego de quienes dominan, el hecho de obligarnos a votar y rendirles pleitesía cada cuatro o seis años? ¿No es acaso el obligarnos una prueba de su fuerza para hacernos acatar sus reglas del juego? ¿Por qué apoyas esa clara prueba de su poder y monopolio?

Saludos

19 de mayo

Jorge Andres. todo estado tiene un soberano.No existe ninguno que no lo haya tenido ya sea por delegacion voluntaria de soberania o impuesta por fuerza o por origen divino..El acuerdo de voluntades y delegacion de soberania mediante elecciones y la idea de derecho (normas juridicas) solo puede darse en un estado democratico. La dictadura de cualquier indole no te permite estos acuerdos. Para obtener igualdad, libertad y fraternidad se requiere participacion o involucramiento. No participar es pataleta. La elite dominante estaria feliz. Nosotros desesperados y en este caso la desesperanza solo tiene solucion mediante la revolucion con el sacrificio de los pobres.

19 de mayo

Vicente, hay varios elementos que mencionas, pero sin explicar por qué justifican el voto obligatorio, que es el tema. Efectivamente el Estado de derecho, Estado democrático, es una idea surgida a partir de las revoluciones liberales, donde el ejercicio de la ciudadanía se plantea necesario para dar legitimidad al poder. La pregunta es ¿Quién es el soberano en un Estado democrático donde tal como dices, “los medios manejan la opinión”? ¿Lo es realmente el elector?

Por otro lado ¿De qué revolución hablas, electoral, armada? ¿Y qué eso del sacrificio de los pobres? ¿A costa de ellos?

19 de mayo

Vicente eso es caso perdido, es la voluntad superior de un ser omnipotente donde no hay argumentos posibles, es el dueño de la verdad, tiempo perdido mi amigo

20 de mayo

Todavía espero sus argumentos a favor del voto obligatorio…y no tanta pirotecnia verbal.

MARIA ELENA ROJAS ACUÑA

13 de octubre

quiero saber si las personas inscritas antes del voto voluntario tambien entran en la nueva ley osea si quiero voto

eric omar anjel bahamondes

19 de junio

no se quien traiciona a quien, solo se que cuando se otorga la xconfianza del voto se espera la retribución. Alguien traicionó primero, ahora es sencillamente descartado en la elección. No es cuestión de traición, SINO DE CONFIANZAS PERDIDAS Y ahora quién podrá defendernos?

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No hago encuestas por teléfono a personas que quieren cortar pronto la llamada, no relleno cuadernillos con estadísticas ni leo los diarios para copiar lo que otros dicen.
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#Política

Segunda vuelta: no es lugar para débiles

En el papel se ve esperanzador pero seremos nosotros: el quinto poder (la ciudadanía) quienes debemos velar porque este realice su trabajo y lo realice bien.
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#Justicia

El defensor del niño

Popular

Lo que antes era una carrera ganada para el expresidente, hoy es la madre de todas batallas y el resultado ahora más que nunca es incierto.
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#Política

La segunda vuelta, la madre de todas las batallas para la derecha

Los candidatos y sus equipos tienen la responsabilidad de enunciar Programas que permitan pasar a un escalón o piso superior de desarrollo nacional, como lo está haciendo China, Corea, Singapur
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#Política

¿Votar por personas, consigna, imágenes o Programas de Gobierno?

Piñera tuvo la falta de ética de designar como director de Gendarmería de Chile a Iván Andrusco, quien fuera miembro de los aparatos represivos de la dictadura en un organismo conocido como la Dicomcar ...
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#Política

La lista de la desvergüenza de Piñera: Derechos Humanos y Codelco

Una acción clara para hacer realidad esto, es la creación de una Empresa Nacional del Litio, que quizás no va a ser competitiva al comienzo de su ciclo de vida, pero puede volverse competitiva con el tie ...
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#Energía

Litio, la última oportunidad