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¿Tiene relato el gobierno?

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En el último encuentro empresarial de ICARE, el abogado y analista político Jorge Navarrete hizo un descarnado balance de la crisis que afecta a la centro derecha y a la centro izquierda. Destaca que el gobierno sorprenda con su impronta de pragmatismo (citando ejemplos como la solución del proyecto de la central Barrancones o el anuncio de indulto para descongestionar las cárceles) y cuestiona la falta de un relato que inspire y muestre que existe “una causa” en esta administración. Esta falta de horizonte, insólita, considerando el tiempo que le tomó a la derecha hacerse con el poder gubernamental, parece interpretar a muchos. Pero ¿es tan evidente esta falta de relato o es que éste pasa desapercibido? La tesis que sostengo es que el gobierno es brutalmente coherente con su relato, pero su contenido ha resultado anodino o intrascendente.

Un primer alcance respecto a lo que define a este gobierno es la impronta del Presidente. Piñera es ante todo un empresario, cuyos éxitos en los negocios (cuestionados o no) se consolidan tempranamente y lo sitúan como una de las grandes fortunas del continente. A diferencia de su trayectoria política, caracterizada por “fluctuaciones” muy significativas, su matriz empresarial se ha mantenido estable y en alza sostenida. Llegó al gobierno en medio de una fuerte polémica por conflictos de interés y, aún a costa de tener altos costos políticos, sostuvo su participación en algunas empresas. En síntesis, Piñera es un empresario que está en la política, tanto es así que es uno de los pocos personajes que pasa alternadamente de una frontera a otra, cosa que no han hecho otros empresarios. Si perdió una elección senatorial o la presidencia de su partido, entonces se refugia en su torre y vuelve a la política unos años más tarde con más plata y tan campante.

Una segunda lectura se refiere a la conformación del equipo de gobierno. A estas alturas suena reiterativo señalar el denominador común de la mayoría de los ministros, cuya escasa experiencia política contrasta con sus nutridas trayectorias académicas o logros en el sector privado. Un gabinete que a ratos parece un buen directorio, pero que deja dudas sobre la capacidad de “navegar” en las profundidades de los acuerdos y derroteros de la vida pública. El único cambio de ministros, aunque modesto, dio cuenta de la presión de la propia derecha por darle más “densidad” política a esta administración. Sin embargo, la incorporación de Allamand y Matthei en carteras relativamente periféricas al  núcleo del gobierno, no alcanzaba para generar un cambio relevante. En consecuencia, el gabinete está en sintonía con la visión del mundo que sustenta el mandatario.

El pragmatismo del Ejecutivo no debe sorprender porque interpreta el carácter de la cúpula del gobierno y es reflejo de la savia empresarial. Habría que preguntarse: ¿Es esto un atisbo de una derecha moderna? ¿Es Piñera el líder que arrastra a su sector al siglo XXI?

Los conflictos que se han producido en el oficialismo en lo que va de este año de gobierno indican que la derecha está lejos de escapar de sus tensiones históricas. Para muchos del sector, el pragmatismo del gobierno es una necesidad de sobrevivencia, es decir, un costo que hay que pagar y que huele más a oportunismo que a convicción. Como señala Navarrete, son los que propugnan que este gobierno sentará las bases para un siguiente mandato en el que se desplegaría el proyecto real de la derecha. Este es el sentimiento más arraigado en la coalición de gobierno y ni pensar en que es viable una derecha moderna. ¿Qué puede tener de fundacional este período de Piñera? A mi juicio lo que el gobierno ha intentado vender es que la derecha ofrece mayor eficiencia en la gestión del Estado. Pero esto no ha pasado de ser un anhelo porque, a la luz de las gruesas fallas de este primer año, los eventuales méritos parecieran diluirse con extremada facilidad.

La eficiencia cojea y hay varias razones para ello. Entre otras cosas, por la falta de mandos medios que acompañen eficazmente el modelo de gestión. La cosa fue evidente cuando pasaron meses para que el gobierno terminara su instalación. Aún así, tomándose su tiempo,  la actual administración no escapó del hecho que los partidos le endosaran operadores políticos y otros especímenes de dudosa reputación, algunos de los cuales no alcanzaron ni asumir en sus cargos por problemas judiciales.

Paralelo a lo anterior, la presión de los partidos por consolidar espacios de poder ha terminado por fracturar la convivencia interna y con La Moneda. El caso más emblemático es el de Rysselberghe, puesto que el gobierno prácticamente cedió el control de la región a un sector de la UDI, sacrificando su propia acción en un ámbito sensible como es la reconstrucción. ¿Cómo puede afirmar Víctor Pérez de la UDI que un enviado del ministro del Interior a Concepción es una “intervención inaceptable"? ¿Acaso los intendentes le rinden a su respectivo partido? Un gobierno que no controla una región pone una gran interrogante en materia de eficiencia y también en probidad.

Otro aspecto que socava la eficiencia es la aplicación de criterios privados a la solución de problemas en el sector público. Esto puede resultar contradictorio porque mucha gente puede decir que de eso se trataba el cuento. Sin embargo, no se puede empujar el carro del Estado al modo y ritmo de los privados porque el sistema tiene controles y restricciones específicas. Un ejemplo es el precio del puente mecano que compró Defensa, que fue pagado con gastos reservados para evitar la burocracia que debía cumplir el Ministerio de Obras Públicas. No es propio de una sana administración ni puede adjudicarse a una salida de libreto del entonces ministro de Defensa, Jaime Ravinet.

En la base del relato del gobierno la eficiencia no sólo aparece como un modelo de gestión, sino que es algo muy definitorio del perfil de esta administración. En síntesis, el relato existe, pero a todas luces hay deficiencias y es insuficiente frente a las expectativas actuales, algo que queda de manifiesto en la ironía general respecto del “gobierno de excelencia”. Por otro lado, si el problema del gobierno fuera efectivamente la falta de relato no cabe duda que los partidos de su coalición cubrirían ese espacio con prontitud. Por el contrario, la apuesta del Ejecutivo claramente radica en resistir las presiones y sostener lo que hay. Si la gestión no muestra grandes vicios y el crecimiento económico es sostenido sería la prueba palpable de que “las cosas se están haciendo bien”.

Eficiencia y crecimiento son conceptos que convergen en esta administración, ambos no difieren de las metas de cualquier empresa. Se infiere de todo esto que la esperanza de La Moneda es que el gobierno sea medido a la hora de rendir el balance, de ahí que también es lógico que el oficialismo siga sosteniendo que su problema radica en “una falla comunicacional”. Por otro lado, me atrevo a aventurar que también miran la baja de las encuestas como un daño acotado, que no traspasaría el voto duro de la derecha. Esto haría que la impopularidad del Presidente y del gobierno pudiera revertirse. Si la visión del gobierno es o no acertada solo se sabrá con el tiempo, pero su margen para modificar este diseño es muy bajo y claramente fuera del interés del mandatario.

Navarrete advierte que la sociedad chilena ha cambiado sustancialmente estos últimos años y que se siente poco interpretada por las élites. La oferta del gobierno difícilmente tiene un lado épico, excepto porque parece un juego de todo o nada. El relato es básico y tosco. A estas alturas parece que La Moneda no quiere asumir que se requiere algo más que una dudosa eficiencia y un crecimiento económico para captar adhesiones. Por lo demás, estos "logros" terminan siendo más celebrados en los encuentros empresariales que en la calle.

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Foto: Sebastian PirañaLicenca CC

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Comentarios

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25 de abril

Hay que agregar al analisis el tema religioso, nos guste o no seamos o no religiosos, pero no debemos olvidar que ryselberghe era opus dei, qeu el nuevo intendente es opus dei,que la ministra matte fue reemplaadqa por un legionario de cristo, que la Mattei, es anglicana y que Longueira estudio con los jesuitas. Esto es esencial para entender si existe o no un relato y si es coindicente esto, con los cambios de personas en el gobierno,

25 de abril

No se si el tema religioso es efectivamente parte del relato del gobierno, entre otras cosas porque el propio Piñera no parece adscribirse a una línea particular de la Iglesia. Creo que es mas bien un dato, como puede ser la procedencia de determinados colegios, universidades y contactos familiares. Parte de lo que se entiende por un gobierno de cota 1000. Si el sillón presidencial cae en manos de la derecha más confesional es muy probable que esto si sea muy relevante. Por ahora me parece que los cambios de autoridades están cuoteados por partidos mas que por preferencias teológicas. Tal vez esto puede contribuir a mayores respaldos, pero es dificil de determinar.

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