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El carpe diem de la derecha

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La Nueva Mayoría nadó entre sus abultadas contradicciones y no salió a flote. Esas contradicciones fueron hábilmente aprovechadas por la derecha para generar un “sentido común” contra las reformas, argumentando que perjudicaban a los sectores medios emergentes. Asimismo, el caso Caval abrió espacio para que las ambivalencias y el desorden al interior de la coalición y el gobierno aumentaran, imposibilitando, de paso, una gestión sistémica de las reformas, convirtiendo a la NM en un panorama surrealista que inhibía cualquier atisbo de coordinación virtuosa entre sus miembros para lograr objetivos comunes.

Al dar a conocer su gabinete para su segundo mandato presidencial, Piñera notificó al país que ha optado por la derecha más ortodoxa cuyo lema es que todos los problemas de la sociedad los resuelve el mercado y, en lo valórico sus ejes son el integrismo católico ultramontano. Se explica lo anterior por provenir un 61% de los futuros ministros de la Pontificia Universidad Católica, la cuna del gremialismo y de los chicagos boys -los Savonarola del neoliberalismo- vinculados en forma siamesa con el mundo empresarial y los negocios donde proliferan los conflictos de intereses.


Por otro lado, la fragmentación en la izquierda y el centro ha producido perversiones. Los partidos y movimientos que se identifican en esa dimensión ideológica están viviendo en burbujas, sin contacto entre ellos. Cada cual solo escucha y ve con lo que está 100% de acuerdo.

Ahora queda en evidencia, con las designaciones ministeriales, que la estrategia lampedusiana de convocar al centro, solo era un mero eslogan electoral. Ante las mismas caras y la misma visión unidimensional cuesta creer que vendrán “tiempos mejores”. La historia reciente nos enseña que insistir en esa fórmula no es la respuesta para enfrentar los desafíos que plantea el Chile actual.

El gobierno que asume en marzo aprovechará el momento –su carpe diem– pues tiene al frente a la efímera Nueva Mayoría en el suelo y las proyecciones desde diferentes fuentes estiman que el entorno global económico será más positivo, por tanto se aprestan a iniciar un cambio cultural y económico de envergadura.

Por otro lado, la fragmentación en la izquierda y el centro ha producido perversiones. Los partidos y movimientos que se identifican en esa dimensión ideológica están viviendo en burbujas, sin contacto entre ellos. Cada cual solo escucha y ve con lo que está 100% de acuerdo. No hay comunicación, no hay plaza pública. Viven en universos paralelos, lo que genera rivalidades que favorecen la dispersión e impedirán tener una oposición con una agenda común para confrontar el maximalismo ideológico de esta empoderada derecha.

Los hechos indican que en el horizonte no se atisba nada que pueda mejorar la actual situación tan poco halagüeña de la centroizquierda. Al contrario, las señales indican que las diferencias se incrementan y las discusiones internas, tanto en los partidos de la agónica Nueva Mayoría como en el Frente Amplio, son demasiado centrípetas; todo se desarrolla en torno a ellos y priorizan hablar a los convencidos y no a la heterogeneidad del país. Ese ensimismamiento dificulta cimentar un proyecto colectivo con el fin de influir positivamente en el nuevo ciclo político.

En ese sentido, tampoco ayuda que la identidad del Frente Amplio se manifieste más por los anti que por una precisa definición económica y social, sin lograr concretizar un proyecto social viable.

El desafío para la centro izquierda es abocarse a reflexionar en las razones multifacéticas de la derrota política-electoral que se tuvo en diciembre, estableciendo vínculos virtuosos con la ciudadanía, como un organismo vivo capaz de desplegarse en toda la sociedad y descartando cálculos de alianzas con objetivos coyunturales o la sumatoria de siglas de partidos basado en función de sobrevivencia en ciertos ámbitos del poder institucional. La convergencia tiene que, necesariamente, estar dotada de una misión y visión ampliamente compartida para viabilizar un proyecto político de futuro, siempre teniendo presente que el fracaso de ese sector frente a la derecha tuvo su principal factor las ambivalencias y el desorden en su interior, lo que generó un nuevo mapa y hábitat político.

La tarea para la centroizquierda no es menor, requerirá mayor densidad y sofisticación política e intelectual para articular identidades plurales, en un entorno cambiante, con un votante más “líquido” (Bauman), motivado más por subjetividades sociales que por razones ideológicas de diferenciación en un eje derecha/izquierda.

Para iniciar esa nueva etapa es ineludible la renovación de liderazgos. El relevo natural en los espacios de decisión y responsabilidad política se debería convertirse en un leit motiv para dejar de seguir afectados por el síndrome “Zaldívar”, teniendo en cuenta que la ciudadanía asocia a esas antiguas caras con las malas prácticas y conductas performativas que se apartan de los principios que se dice defender. Es reconocer autocríticamente que esa falta de coherencia entre valores que se propician y las prácticas en que se incurrió les restaron credibilidad ante las nuevas generaciones.

Charles Pépin, autor de Las virtudes del fracaso, plantea que el fracaso puede ser el primer paso para el verdadero éxito. ¿Pero podría la centroizquierda chilena ser capaz de transformar el fracaso en oportunidad? Algunos fracasos suelen convertir a las personas más sabias y disponibles para enmendar los errores cometidos, sabiendo que insistir en el error tiene un riesgo añadido, convirtiendo la estupidez en la norma.

Lo que se requiere ahora, por ende, es que dicho sector se dote de una visión compartida de desarrollo colectivo de país, alternativo a la derecha, donde el principal eje sea sincronizar los derechos sociales con el crecimiento.

TAGS: #CentroIzquierda #Derecha #NuevaMayoría

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Comentarios

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27 de enero

En Chile, o tal vez en mas paises, existe la idea de que el “centro” es la “mitad de algo”, así la mitad de 10 cm serían 5 cm, por tanto la persona de centro no sería ni de izquierda ni de derecha, sino equidistante. Pero en realidad, social y politicamente, el “centro” es un espectro o zona, si tienes 10 cm, el centro sería más menos entre los 3 cm y los 7 cm, o entre los 2,5 cm y los 7,5 cm. Se puede ser de derecha o de izquierda pero ser “centrado”, razonable, eso es ser de centro, pertenecer a un espacio común de convivencia. El espacio publico, por ejemplo, tan invadido por inmobiliarias y por ciclistas, es de “centro”, ya que es un lugar neutral, que contiene la diversidad de opiniones, personas, ideas, etc. Esta idea del “centro” como “mitad”, es decir la mitad de 10 cm, 5 cm, es una idea errada y extremista, nadie es de centro si ocupamos ese criterio, solo unas poquisimas personas. La izquierda ha hecho muy mal al burlarse del centro, porque se ha burlado de lo neutro, de lo colectivo, de los espacios comunes, de la convergencia y de la sensatez, y producto de esto ha arrasado la derecha mas extrema. Que como bien sabemos, no es sensata. El punto es preguntrse, “que parte de culpa tenemos nosotros”, y alli habria que ver cuanto ha pesado para la izquierda el reirse por decadas de los que quedan bien con todo el mundo, de los que van donde calienta el sol, de los que no son ni una cosa ni la otra, de una manera compulsiva, tonta, irreflexiva y contraproducente.

28 de enero

Estimado Composit Arq.
En el escenario social y político,la mayoría de los partidos se autodefinen como de izquierda, centro y derecha. Esas instancia pretenden representar las pluralidades que conforman la sociedad chilena. Para avanzar y galvanizar proyectos políticos transformadores necesariamente se tiene que centrar en la acción colaborativa con diversos actores que no siempre piensan igual, con el propósito de encauzar la cacofonía de voces presentes en la sociedad para lograr una síntesis integradora del bien común, mediante la interlocución racional entre iguales, sin aferrarse a cálculos coyunturales, sino como hacer posible una visión de país que invite a la acción colectiva.
Como los partidos así llamados de izquierda y de centro están al debe en la discusión sobre el modelo que aspiran impulsar, les dificulta contar un proyecto con horizontes sociales y políticos comunes y los inhibe, actualmente, ser alternativa creíble para responder coordinadamente a los problemas que afectan a la sociedad. La política que no responde a una visión de país no afianza equipos ni consistencia a una coalición.

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