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Mamá mechona: ¿Realidad o privilegio?

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Para la OCDE, Chile es el país con la educación superior más cara del mundo y por si fuera poco, con los mayores índices de desigualdad. Además, según la UNESCO, el sistema educativo chileno fomenta la disparidad y la exclusión y entre los retos más significativos se destaca la “debilidad” que enfrenta la legislación para hacer frente a la desigualdad.

Seguramente mientras disfrutaba de sus merecidas vacaciones viendo televisión, escuchando radio o bien leyendo un diario en la playa, fue testigo al igual que una gran cantidad de chilenos de la aparición prácticamente impensada de una actriz —siempre alejada de eventos que no tuvieran relación con su profesión—  que tras su llegada a otro canal prometía ser la reina del Festival de Viña y acompañarnos a través de un personaje entrañable todas las tardes a partir de marzo.

Y cumplió. Luego de una publicidad extenuante, Sigrid Alegría recibió la corona de manos de la alcaldesa Virginia Reginato (UDI), en una ceremonia en el Hotel O’Higgins. Además, consumó su promesa de campaña, lanzándose a la piscina del mismo hotel solo con su cuerpo pintado. Todo lo anterior enmarcado en el contexto de promocionar la nueva producción del área dramática de Canal 13: “Mamá mechona”.

La primera telenovela vespertina del canal católico en cuatro años cuenta la historia de Macarena (interpretada por Sigrid Alegría), mujer de 40 años y dueña de casa que luego de un fastidioso encuentro con sus antiguas amigas en Playa del Carmen, toma la decisión de ingresar a la Universidad y estudiar la carrera de psicología, pese a la oposición tenaz de su marido e hijos.

Lo que “Mamá mechona” pone en escena es precisamente la posibilidad de una dueña de casa de ingresar a la universidad, loable desde la perspectiva que corresponde a una historia de superación que va en contra del patriarcado que prevalece en la cultura chilena. Sin embargo, la propuesta argumental podría dar lugar a equívocos al naturalizar en la audiencia el hecho de que una dueña de casa de cuarenta años pueda estudiar, sin problemas,  en la educación superior.

El derecho a la educación está garantizado en el artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y dice que “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”. No obstante, la teoría y la práctica no siempre se corresponden, sobre todo en nuestro país.

Estudiar en Chile es un “riesgo” al que no todos podemos acceder como lo han revelado las diversas manifestaciones estudiantiles por la educación y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Para la OCDE, Chile es el país con la educación superior más cara del mundo y por si fuera poco, con los mayores índices de desigualdad. Además, según la UNESCO, el sistema educativo chileno fomenta la disparidad y la exclusión y entre los retos más significativos se destaca la “debilidad” que enfrenta la legislación para hacer frente a la desigualdad.

La esencia del problema estriba en la Constitución Política de 1980, aprobada durante la dictadura de Augusto Pinochet, marcando para siempre la historia de nuestro país al sentar las bases de un modelo de desarrollo económico neoliberal subsidiario pre-industrial. Esto quiere decir que Chile no es un país industrializado y que no pretende industrializarse, ya que consume los productos y servicios industriales que producen otros países, en consecuencia no necesita una mano de obra especializada y tecnificada, por lo que no se requiere de una educación de excelencia académica. Un ejemplo práctico sobre el carácter pernicioso de la constitución es justamente que con su aprobación se eliminó la educación terciaria gratuita y por consiguiente todas las universidades —tanto las públicas como las privadas— cobran aranceles que año a año van incrementando su valor.

Pues bien, cuando me refería a que estudiar en Chile era un “riesgo”, apuntaba a que el costo de una carrera en la universidad pública va de los 3,400 a los 9,000 dólares al año, mientras que el ingreso mensual promedio es de 15,400 dólares. Los estudiantes pueden titularse de la universidad y mantener una deuda de hasta 20,000 dólares. De tal manera que el “riesgo” implica endeudarse de por vida.  

Aunque la OCDE está en contra de la educación superior gratuita, nos entrega información valiosa para comprender, en parte, por qué estudiar en Chile puede llegar a ser un calvario. Así, el 22 % del financiamiento de la enseñanza básica y media en Chile proviene de las familias, el porcentaje más alto de ese grupo (donde el promedio es de un 9 % de financiación privada). Por otro lado, en educación superior la inversión privada es aún más alta: el 85 %. Para colmo el 70 % de los estudiantes chilenos que ingresa a la educación superior recurre a un crédito, algo que ha dejado a miles de jóvenes de clase media y baja entrampados una vez que terminan de estudiar.

Cuando son tantas las restricciones para acceder a la educación, ¿será posible que una dueña de casa, en algún momento de su vida pueda acceder sin óbices a la educación superior? Ciertamente es una pregunta que usted responderá con velocidad debido a la realidad que vive en su propio hogar.

La probabilidad de que una dueña de casa se convierta en “Mamá mechona” es francamente poco frecuente en nuestro país. Un suceso infrecuente a raíz del pensamiento que deriva de una cultura patriarcal y heteronormativa, que defiende con fervor la imposibilidad de una dueña de casa para llevar a cabo otras tareas que no sean las de ocuparse de su hogar, lo que en definitiva es incompatible con cualquier forma de trabajo remunerado. En el mejor de los casos y si su estatus económico lo amerita, podrá acceder a la carrera de Administración y Servicio que se imparte en la Universidad de los Andes.

Las mujeres dueñas de casa de los sectores más pobres no tienen acceso a la educación. Sin embargo, se conocen situaciones excepcionales cuando algunas instituciones con fondos públicos dictan cursos especialmente dirigidos a las jefas de hogar. Un caso es el que ocurrió en la comuna de Maipú, donde un centenar de pobladoras lograron matricularse en 2012 al curso de Técnico en Enfermería impartido por la Universidad del Mar, sin saber que más tarde serían víctimas de estafa. Como era de esperar, no pudieron completar sus estudios y es la realidad que día a día viven un gran número de mujeres de sectores vulnerables que sueñan con estudiar.

Por último, la telenovela “Mamá mechona” constituye una excelente instancia para reunir a la familia y divertirse, pero también para reflexionar acerca de la realidad de la educación en Chile y el drama que viven miles de niños, jóvenes y dueñas de casa inclusive, que sueñan todos los días con recibir una educación gratuita y de calidad.

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Comentarios

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Milena A. Maira Marchesse

08 de marzo

Buenas noches, junto con saludarlos, agradezco el artículo, muy de acuerdo a lo expuesto.
Yo soy hija de profesionales gracias a la educación superior antes de 1973. Estudié en escuela “con número”, colegio y un liceo salesiano que pasó de particular a subvención, consecuentes con el aporte al prójimo y los derechos de todos.
Trabajé muchos años y cuando entré a la univetsidad fue a través de cambio de carrera y con una beca, si no era así no podía costear, además los tres primeros años seguí trabajando, fue de mucho esfuerzo, conté con la ayuda de mis padres y mis hijos tuvieron que desenvolverse solos en varios aspectos, quedando vacíos en hábitos de estudio por no haber estado ahí, tenían 10 y 5 años cuando inicié estos estudios. Fui “Mamá mechona trabajadora”, gracias al apoyo familiar y la beca, además de gran esfuerzo y persecerancia.
Saqué mi carrera sin reprobar, muy buenas notas, mucho aprendido, mucho crecimiento, muy buenos amigos y amigas.
Siempre que alguien me pregunta le digo que si puede organizarse y tener apoyo LO HAGA. Cambia la vida. Y así más profesionales, técnicos, trabajadores podremos mejorar nuestra calidad de vida familiar, a los hijos en lo económico y como ejemplo de vida y a los que prestemos nuestros servicios.
Atentamente,
Milena Maira Marchesse – Enfermera – Viña del Mar.

09 de marzo

sus datos son falsos, no es cierto que solo el 85% del gasto en la Universidad proviene de las familias, el 100% de dicho gasto proviene de las familias, pues el otro 15% que a usted le falta también proviene de las familias, vía el IVA, dado que en Chile el Estado -felizmente- no imprime dinero, solo recicla el dinero de los impuestos.

Y ese es el meollo del asunto si bajamos el porcentaje que las familias pagan directamente, por ejemplo al 0% significa que todo el costo se paga por las familias, vía el IVA.

Es decir las familias con hijos en la universidad (el 10% del país) pasarían a pagar -vía IVA- solo el 10% del costo, el otro 90% sería pagado por los impuestos de las familias que NO tiene hijos en la Universidad.

Esa es una situación que a mi me conviene mucho, me aliviaría bastante que las personas que no tienen hijos en la universidad me ayuden a pagar la cuenta, de hecho, así conseguiría que hasta la empleada de mi casa me ayude a pagar la cuenta. Tendré que decirle, “Gracias, Sra. Juanita por ayudarme a pagar la cuenta de la universidad de mis hijos, no sabe lo que me alivia”.

09 de marzo

Sr. Bertin, lo único que puedo verificar luego de leer su análisis aparatoso y precipitado es ciertamente desinformación. Por consiguiente, le invito cordialmente a leer el siguiente extracto:
“La educación superior, así como la educación primaria y secundaria en Chile, está financiada por una combinación de fuentes públicas y privadas, aunque predomina la financiación privada. De hecho, Chile figura como el país de la OCDE que más depende de la financiación privada para la educación superior: el 85.4% de la financiación para la educación superior proviene de fuentes privadas. Gran parte del gasto total proviene de las familias –la mayor parte entre los países de la OCDE–. En Australia, Corea, Japón, Reino Unido y Estados Unidos, más del 50% del gasto en educación superior proviene de fuentes privadas. En Corea, Japón y Reino Unido la dependencia en el gasto familiar también es importante, pero considerablemente menor que en Chile.
La dependencia de Chile al gasto familiar para financiar la educación superior supone que la gran parte de la financiación universitaria proviene de las colegiaturas. Y, dado que el gasto total por estudiante de educación superior de tipo A y en los programas de investigación avanzada está por encima de los USD 9,000 en Chile, las familias enfrentan una pesada carga financiera si quieren enviara sus hijos a la universidad”.
El extracto lo encontrará en el siguiente enlace: http://www.oecd.org/chile/
Por último quiero señalar que por ningún motivo me atrevería a entregar “datos fasos” como usted afirma porque atenta contra la veracidad de la información.
Saludos cordiales,
José Navarrete.

10 de marzo

Así es, Don José, no dije que USTED falsificara los datos, por favor, me disculpo por ello.

simplemente digo que es FALSO esa dicotomía que hace la OECD entre fuentes públicas y privadas en Chile, pues la fuente “Pública” en Chile es dinero que también fue sacado del bolsillo de las personas vía impuestos. en EEUU no es así, buena parte del presupuesto federal es por deuda pública, no por impuestos… y así va creciendo la deuda gringa.

Lo que digo es muy simple, si la educación universitaria va a ser pagada de dinero fiscal, significa que será pagada por todos los contribuyentes, la mayor parte de los cuales NO tienen sus hijos en la Universidad. ¿es muy difícil de entender eso?

ERGO, debo agradecerle a la empleada de mi casa que contribuya -vía sus impuestos- a pagar la universidad de mis hijos…. Mis padres me enseñaron a ser agradecidos, Don José.

09 de marzo

Muy lúcida la columna José, aprecio mucho los aspectos que mencionas haciendo énfasis en uno de los determinantes para entrar a la Ed. Superior que más ha dado que hablar estos últimos años; el gasto de bolsillo, sumado al grado de vulnerabilidad que tienen algunas familias, que ven en esta entrada una posibilidad para emerger. Respecto a las madres trabajadoras, vemos reflejado el nulo interés por parte de nuestros organismos gubernamentales de otorgar una ayuda de este tipo a madres trabajadoras y porque no también a Padres, sin embargo, el plano económico por sobre el desarrollo educacional prima en esta instancia, apareciendo estos fondos solidarios como el capital semilla siendo un verdadero parche al emprendimiento que camufla esta posibilidad de acceso a la educación superior.

10 de marzo

No me quedó claro algo si en Chile una dueña de casa no puede estudiar porque es muy caro o por la estructura patriarcal de la sociedad

10 de marzo

Ambas juntas.

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