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Ciencia por curiosidad o por misión: que no nos pasen gato por liebre

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Dos columnas del economista José Miguel Benavente (recomiendo la publicada en innovación.cl) han abordado recientemente una discusión que toma cada día más relevancia: ¿qué tipo de ciencia debe priorizar el país? El uso de términos como “ciencia básica” o “ciencia motivada por curiosidad” es de larga data, por lo que existen tantas definiciones como interpretaciones. Pero parece aceptarse, en líneas generales, que la ciencia motivada por curiosidad es aquella cuyo motor es la curiosidad del investigador “for its own sake”, como se suele decir; en otras palabras, sin ningún otro fin más que el de conocer y entender un problema. La idea de la autonomía, de la ausencia de límites, es parte fundamental de la noción de la ciencia motivada por curiosidad.


El establecimiento de prioridades sí es necesario, pero bajo los estándares actuales, el país necesita urgentemente priorizar y fortalecer la ciencia, sin etiquetas, para abordar nuestros desafíos desde múltiples disciplinas y perspectivas, y reconociendo siempre el valor de la curiosidad en la ciencia.

Pero cuando la investigación se desarrolla por motivaciones distintas a la curiosidad misma, o dentro de ciertos límites, pasamos a hablar de ciencia orientada por misión. En muchos casos, la ciencia por curiosidad corresponderá a investigación básica. No obstante, lo opuesto no siempre ocurre: existe ciencia básica que es indudablemente ciencia orientada por misión. Aunque queramos entender las bases “fundamentales” de un problema aplicado, la motivación de dicha investigación siempre será resolver el problema en cuestión, y por ello siempre existirán límites para la investigación misma, restringiendo las preguntas (y por ende la curiosidad) del investigador. Es más, esta investigación se puede dar en un centro cuya vocación concreta será aportar con conocimiento orientado a resolver un problema específico, e incluso los proyectos Fondecyt que se postulen desde ese centro, se moverán dentro de ciertos límites y con misiones precisas. Es por todo esto que es errado pensar que un proyecto Fondecyt es necesariamente sinónimo de ciencia por curiosidad. Por otro lado, la ciencia aplicada es casi siempre ciencia por misión. Ahí no hay espacio para la curiosidad, sino para la urgencia, las metas y la necesidad de resolver un problema aplicado. Obviamente, las divisiones son difusas.

Benavente plantea dos cosas. La primera (aunque no lo afirma explícitamente) es que el programa Fondecyt financiaría ciencia por curiosidad “buscando responder a preguntas fundamentales, muchas de ellas planteadas por los mismos investigadores quienes las sugieren como relevantes” (la premisa sobre la cual descansa el programa, según Benavente; una ciencia regida por la “excelencia académica”). Esto es cierto, dada la misión del programa, pero en ningún caso significa que Fondecyt no financie ciencia orientada por misión. Existen proyectos que han abordado problemas productivos y sociales concretos, e incluso trabajos de la Academia de Ciencias y CONICYT han seguido la trayectoria de algunos de estos proyectos, que terminaron en aplicaciones e innovaciones. Hoy, algunos investigadores enmarcan sus preguntas dentro de tópicos orientados por misión, con la esperanza de aumentar sus posibilidades de adjudicarse el proyecto. Recordemos además que ningún otro instrumento de CONICYT financia ciencia por curiosidad, menos a nivel individual.

Pero Benavente afirma además que “este mecanismo ha generado un problema, la casi desconexión entre las competencias científicas de los países y las necesidades que estos tienen”. ¿Por qué las necesidades que han planteado los científicos son erradas? ¿Por qué así le parece a los economistas (o en su defecto, a ciertos colectivos políticos)? Me he referido anteriormente a la soberbia (intencional o no) de quienes se creen mejor calificados para identificar las necesidades del país, menospreciando las “elecciones” de los investigadores. Dichas necesidades deben ser identificadas de manera participativa, indudablemente, pero la naturaleza de las “necesidades” es hoy compleja y requerirá el aporte de muchas competencias científicas. Por otro lado, el entrenamiento científico entrega capacidades que pueden ser empleadas para resolver problemas de diversa índole. Calificar a los científicos como incompetentes (¿de quién más se habla cuando se hace mención a las “competencias científicas”?) en lo que algunos estiman las necesidades del país, parece al menos inapropiado.

Benavente insiste además en una idea que se comienza a hacer frecuente: “Las cifras de financiamiento de la ciencia en Latinoamérica, la mayoría con fondos públicos, sugieren que la inversión ha tenido históricamente un sesgo hacia la ciencia orientada por curiosidad”. Es muy difícil medir el financiamiento de la ciencia por curiosidad o por misión, razón por la cual se sigue midiendo la inversión en I+D básica y aplicada. En el caso de Chile, de acuerdo a la última encuesta de I+D del Ministerio de Economía, entre los años 2013 y 2014 la inversión en I+D básica fue muy similar a la inversión en I+D aplicada.

Por otro lado, Benavente afirma que “la investigación orientada por misión consiste en el desarrollo de conocimiento que tiene una funcionalidad, y espera que pueda ayudar a mejorar el nivel de vida de ciudadanos”. Existen numerosos ejemplos en los que la investigación por curiosidad generó “funcionalidad”. La ciencia por curiosidad ha sido indudablemente fundamental para mejorar el nivel de vida de las personas. Ese mérito no le corresponde solo a la ciencia por misión.

No permitamos que nos pasen “gato por liebre”. No estamos en un frenesí paradisíaco del financiamiento a la ciencia por curiosidad, ni menos somos insensibles o incompetentes en las necesidades de Chile. Además, dada la estrepitosa caída en las tasas de adjudicación de Fondecyt en los últimos dos años, es claro la ciencia por curiosidad no vive tiempos felices en Chile. El establecimiento de prioridades sí es necesario, pero bajo los estándares actuales, el país necesita urgentemente priorizar y fortalecer la ciencia, sin etiquetas, para abordar nuestros desafíos desde múltiples disciplinas y perspectivas, y reconociendo siempre el valor de la curiosidad en la ciencia.

 

TAGS: ciencia por curiosidad Conicyt Investigación científica

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28 de julio

Tienes un error en tus datos, cuando señalas ” entre los años 2013 y 2014 la inversión en I+D básica fue muy similar a la inversión en I+D aplicada” y si no tienes un error significaría un grave cambio de tendencia.

la firme es :

“Un 85,8% de los nuevos proyectos se destinará a financiar investigaciones en Ciencias Naturales y Exactas, y Ciencias Sociales y Humanidades. El 14,2% restante incluye proyectos de base tecnológica, en las áreas de Ingeniería, Ciencias Biomédicas, Clínicas y de la Salud Pública, Agronomía, Salud y Producción Animal.” Fuente comunicado de prensa FONDECIT, concurso 2016.

Esa es la tragedia, mientras los proyectos de base tecnológica sean solo el 15% del mix no veo porque mis impuestos deban financiar darse gustitos personales en “ciencia orientada por curiosidad”.

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