Luces y sombras del espectáculo de La Moneda en el Bicentenario

Sin ánimo de entrar al análisis político de los actos por el Bicentenario organizados por el gobierno, cuestión que sin duda dará para muchas interpretaciones, me parece útil comentar la experiencia del espectáculo “Pura Energía. Puro Chile" organizado en la Plaza de la Ciudadanía, frente a La Moneda.

El acceso en auto al centro de Santiago se restringió para permitir el tránsito del numeroso público que presencia el  acto, lo que provoca que el flujo de personas que bajan en la estación de metro Universidad de Chile sea considerable. El paso por la Alameda muestra la precariedad de la realidad nacional, con mucho vendedor ambulante ofreciendo unas curiosas orejas luminosas, que son un híbrido de ratón y murciélago, o banderitas con un soporte luminoso. Para qué decir de la promoción de sandwich de contenido incierto y alguna fritanga que impregna el ambiente con un toque autóctono.

La aglomeración frente a La Moneda es considerable. La gente transita, se agolpa y muchos asumen que es un panorama familiar con niños bastante pequeños. Así, no es raro que pase alguna señora acarreando un coche de guagua o padres con críos al hombro, ambas cosas un despropósito porque los coches estorban y arriesgan que alguien caiga encima y los niñitos terminan tapando la vista de los demás.

A medida que va llegando más gente va cundiendo la impaciencia. A las 20.30, hora programada para el inicio del show empieza la pifiadera. La Moneda sigue del mismo color morado que proyectan las luces, no pasa nada. De pronto, una voz en off pregrabada presenta el espectáculo, cuya partida es una larga exhibición de testimonios de gente común y alguna celebridad sobre como ven Chile. Esto se proyecta en unas pantallas gigantes laterales al Palacio y es bastante largo y latero. Sólo falta que alguien pida por la paz mundial. Luego estallan unos fuegos artificiales sobre el techo de La Moneda y se prenden una serie de luces, que prometen que la cosa va en serio.

Las imágenes que se suceden en el frontis de la casa de gobierno son increíbles. Unos moais gigantes emergen en un efecto 3D en diversos sectores de la fachada, mientras que en una cortina de agua se proyectan imágenes de pueblos originarios. Después viene la etapa de La Conquista y, mientras un barco navega por La Moneda, en la cortina de agua aparece Pedro de Valdivia, la Inés de Suárez y otros próceres. El paso por esta parte de la historia es breve y salta casi de inmediato a la Independencia. Mientras se proyectan consignas libertarias en La Moneda, finaliza esta parte del espectáculo.

Luego, se inicia una serie de escenas que van desde un mar por el que transita una ballena y una enorme cantidad de medusas; el paso de un tren por un puente; una especie de terremoto que triza los muros de La Moneda; y una cadena de acciones que realiza un gigante Condorito, en una de las apariciones más logradas de la noche. El show remata con “Gracias a la vida” en la voz de Violeta Parra, que deviene de la versión original hacia una adaptación tecno que se mezcla con la voz de Neruda. Para mi gusto, un exceso de creatividad que desmerece la dignidad que requiere el Palacio de Gobierno y nuestros íconos culturales. La cosa termina con fuegos artificiales y un manido llamado a la unidad nacional, que a estas alturas parece mas un eslogan que otra cosa.

Los efectos son, sin duda interesantes, pero la aglomeración y el mezquino espacio conspiran con la comodidad que requiere su apreciación. En un momento la atención estaba puesta en que unas chicas bastante audaces no se robaran el celular o la billetera.

En síntesis, desde el punto de vista del despliegue tecnológico, un siete. El contenido más bien pobre, un tanto mediocre e inconexo, cosa que no es extraña porque los mismos temas se han explotado en otras latitudes. El comportamiento del público en general correcto, pero con reparos con el poner a niños sobre la línea de la vista de otras personas, algunos carteristas y demasiado comercio ambulante. El show de Les Petits Français queda en deuda y no está a la altura del bicentenario.

Quizás como reflexión queda la sensación que, depués de tanto años, seguimos pretendiendo asimilarnos a los franceses o al primer mundo, con la diferencia que la explanada cívica en Paris de veras es imponente, además supongo que apagarán los semáforos del sector para no interferir con el espectáculo, cosa que aquí pareciera no importar.

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Foto: www.fotopresidencia.cl

Luis Marcó