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Tardes de Netflix: The Reader

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Secretos de una Pasión (Netflix).  Mala traducción (The Reader) para una película extraordinaria.  En parte es la historia de la “culpa” de la sociedad alemana posterior a la Segunda Guerra matizado con un romance que a ratos parece un poema.

El profesor de Derecho (Bruno Ganz) que realiza un Seminario con tan solo cinco alumnos en 1958 (señal de que una preocupación masiva del tema, no existía) plantea lo siguiente: “Las sociedades se rigen por las leyes, nunca por la moral”

Es una afirmación que estremece y da para pensar.  Como espectador no podemos dejar de preguntarnos cómo sería a la inversa: una sociedad regida por lo moral por sobre lo legal.


Se ve difícil que lo moral prevalezca sobre lo legal. Digo esto pues siempre existirían quienes socaven y derrumbasen una utópica sociedad solamente regida por valores morales, y estos son los inmorales y amorales.

No olvidar que la historia se desarrolla no en Ruanda ni Burundi, si no en el país de Goethe, Brams, Kant, Bach, Schopenhauer y un largo etc.  Obligatoriamente renace la pregunta que muchos se han hecho estos últimos 70 años: ¿como una sociedad culta como la alemana llegó a cobijar y promover ese horror?

No aventuraré una respuesta que otros han intentado, con febles resultados.

Recordemos en La Lista de Schindler cuando desalojan un edificio de judíos en Varsovia y entre culatazos, balazos y violencia desatada un oficial se da el tiempo para tocar el piano. Otros dos soldados se detienen por un instante para preguntarse uno al otro: ¿Brams… Bach?

Jamás la sociedad chilena alcanzará el nivel cultural de la alemana, ni en mil años, a lo máximo dos pelados se preguntarían si su capitán está guitarreando el Guatón Loyola o La Pirilacha.

Pues si en la culta, intelectual e industrial Alemania germinaron conductas criminales como nunca la humanidad conociera, en esta larga, angosta, rasca y monoproductora sociedad el salvajismo nació desde de la ignorancia en estado puro.

Retomando el dilema que platea el profesor en el film. 

Se ve difícil que lo moral prevalezca sobre lo legal. Digo esto pues siempre existirían quienes socaven y derrumbasen una utópica sociedad solamente regida por valores morales, y estos son los inmorales y amorales.

Me permito sugerir dos recientes ejemplos locales:

Inmoral: “al Tribunal Constitucional no hay que reformarlo, pues a nosotros nos conviene tal como está” (Carlos Larraín)

Amoral: “bueno, esas son formas tradicionales que tienen los delincuentes de celebrar a sus muertos” (General de Carabineros “explicando” los balazos y fuegos de artificio en La Granja)

La otra interrogante del film: ¿se puede juzgar a quien actuó bajo el amparo de las leyes de su tiempo con las leyes de hoy? 

Por estos lados los violadores de DD.HH. tienen la falaz respuesta a flor de labios:

-Solo cumplí órdenes.
-Pero ¿órdenes de quien?.
-De mi comandante.
-Señor comandante: ¿usted impartió esa orden y amparado en qué ley?
-Si, yo la dí amparado en que estábamos en Estado de Guerra.

Falacia, pues para la atrocidad existe la excusa del “estado de guerra”, pero para respetar los derechos de los prisioneros de ese mismo “estado de guerra”, reglas que los hombres se impusieron a principios del s.XX en Ginebra en un intento de humanizar las guerras, simplemente no existe.  Cheyre es fiel exponente de esto ultimo.

El film sugiere que la sociedad alemana o permitió  a sabiendas o miró hacia un costados todas las atrocidades.  O quizás fue el orgullo. La acusada de crímenes de lesa humanidad pudo perfectamente salvarse de una condena a perpetua o quizás obtener una menor si tan solo hubiese dicho; “nunca podría haber hecho ese informe pues soy analfabeta”.

Pero reconocer eso, exponer tal vergüenza ante una sala atestada de estudiantes, prensa y público, le resultó imposible.

En lo que respecta al joven estudiante de derecho que hace tan solo seis años atrás con 15 años había tenido un tórrido romance con la acusada entonces de 36, bien pudo hablar con el juez e informarle que su ex enamorada no sabía leer ni escribir.

Pero ese joven representa a la Alemania de Hitler, nazis o no nazis que escondieron la cabeza como avestruz, sin regirse por la ley ni la moral.

TAGS: #Alemania Cine Segunda Guerra Mundial

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