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Cuando robar es un trabajo

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Las nuevas cárceles seguirán atestadas en los próximos años, porque nadie se ha preocupado de enfrentar los códigos del hampa.

El marco institucional -formal e informal- determina las pautas de acción de todo individuo en un campo de actividad específico.

En el caso de la delincuencia, como campo de acción, hay una dualidad -una pugna- entre un marco formal totalizante, la legalidad del Estado, y un marco informal, "los códigos del hampa", al que los sujetos que delinquen, se someten individual y contextualmente.

La alta reincidencia y la presencia de menores en actos delictivos, se relaciona con la poca atención a los aspectos informales que operan en la comisión de un delito.

Robar es un trabajo

Las políticas antidelincuencia se centran en aplicar con fuerza el marco formal del derecho sobre los sujetos que cometen delito -la prisión-. Pero nada sobre el marco informal en el que éstos se desempeñan en el medio libre. Dicho marco informal es el que prevalece por sobre el respeto al marco legal.

Los bajos índices de escolaridad –no sólo por la ineficiencia estatal en ese ámbito- son un reflejo de esa pugna, con las prácticas del entorno social delictivo, internalizadas desde la infancia por los niños en riesgo social, que terminan por ser aceptadas y muchas veces naturalizadas por los sujetos en su vida adulta. Robar es un trabajo.

Así, el gobierno físico de los sujetos, su control mediante el marco institucional legal, se vuelve limitado, tanto en la reclusión y como en el medio libre, donde el habitus delictual es hegemónico, debido a la existencia de un marco informal que gobierna psicológicamente las prácticas, intereses, acciones y contextos.

No es extraño que delincuentes encarcelados, aprovechando los vacíos e incongruencias del sistema penal, sigan ejerciendo su habitus, a través de diversos medios que les permiten romper las barreras físicas de la prisión, y que una vez cumplidas sus condenas, retomen sus actividades delictivas y se "reinserten a sus medios delictuales libres".

El marco informal en que se desarrollan las actividades delictivas -que en definitiva lo son por ser contrarias al marco legal imperante- se convierte en marco formal que sustenta la instauración de una verdadera moral delictual.

Cárcel, la moral delictual formalizada

Bajo el punto de vista anterior, la cárcel deja de ser el lugar donde se pretenden transformar o eliminar las prácticas que son base del comportamiento delictual.

Se vuelve un espacio donde las instituciones informales de la delincuencia se formalizan para los reclusos; e incluso de los agentes del Estado insertos en ella, como los gendarmes. En las cárceles impera la ley del hampa, la moral delictual, por sobre las leyes del el Estado.

En la prisión la institucionalidad del Estado es vencida por la institucionalidad informal del hampa, que encuentra un espacio para expandirse, naturalizarse, fortalecerse y sobre todo reproducirse.

Se rompen definitivamente los principios básicos de la cárcel, como lugar punitivo y de reinserción.

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Foto: Olmovich Licencia CC

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