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Unidad y Renovación: Los nuevos desafíos del socialismo chileno

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Todos los partidos del centro y la izquierda han comenzado un período de análisis y reflexión para comprender de mejor manera las causas de fondo de los magros resultados obtenidos en diciembre pasado. En el caso del Partido Socialista de Chile, esta reflexión comenzó el primer sábado del año en su sesión de Comité Central.

Sin duda, esta etapa de reflexión de la izquierda se extenderá durante buena parte de 2018. Las razones de la derrota son múltiples, siendo una de las más comentadas la desorientación político-ideológica de la izquierda, cruzada por la incapacidad de interpretar correctamente los anhelos de una sociedad como la chilena, que se ha venido incorporando durante décadas a la llamada “modernización capitalista”, sus dinámicas de consumo y sus clivajes culturales.


La pregunta que cabe es si el proceso de renovación ocurrirá desde el seno del Partido Socialista o si será desbordado y refundado por las nuevas fuerzas emergentes que se sitúan en el Frente Amplio, tal como lo ha planteado recientemente el diputado Gabriel Boric y el Alcalde Jorge Sharp.

En el caso de los partidos tradicionales, el desconcierto y la crisis político-ideológica mencionada son más profundos. Su debilitada matriz de pensamiento ha sido sustituida por la defensa de una agenda de consensos, dentro de cuyos límites cabe reconocer inéditos avances. No obstante, la fragilidad política y el ciego pragmatismo de muchos, ha sido una de las condiciones favorables para la construcción de un poder político sobre la base de redes clientelares rayanas en la corrupción, que distancian a las nuevas generaciones e impiden la realización de transformaciones estructurales.

En este período de reflexión, la responsabilidad que recae sobre el “socialismo chileno” como la matriz más importante dentro del amplio abanico de la izquierda en nuestro país, es fundamental. Al hablar de socialismo chileno —y en particular, del socialismo democrático de raigambre humanista— nos referimos a un proyecto histórico que traspasa las fronteras del Partido Socialista de Chile, y que hoy se encuentra atomizado y disperso, con expresiones emergentes reunidas en el Frente Amplio.

Algunos consideran que el problema del socialismo pasa por la pérdida de su identidad, es decir, su relación con el proyecto histórico que encarna, su patrimonio cultural y su testimonio ético. No obstante, muchos de quienes defienden esta tesis, tienden a confundir el proyecto histórico con un paraíso perdido previo a la renovación socialista de mediados de 1980. De mi consideración, la pérdida de identidad tiene más de falta de proyecto de futuro que de revisitar antiguos idearios: el socialismo chileno necesita asentar las bases programáticas sobre qué proponer al país para los próximos veinte años. Una propuesta que considere, entre otros elementos, la modernización capitalista y la era digital.

¿Qué sucedió con la renovación socialista?

La última actualización del proyecto histórico del socialismo chileno se realizó en el proceso de renovación socialista. Este proceso, de indesmentible éxito en la instalación de sus tesis, logró permear a una parte mayoritaria de la izquierda, particularmente luego de recuperada la democracia.

Esta corriente de pensamiento surgió en la década de 1980, en un contexto dentro del cual la izquierda se debatía entre el camino de la movilización social y una salida democrática pactada para vencer a la dictadura militar.

Como lo expresó Jorge Arrate, uno de los líderes de la renovación socialista, en septiembre de 2002 en Revista Rocinante,

“la Renovación reexaminó el concepto de Estado, incorporó la categoría de hegemonía y revalorizó la democracia como espacio y límite de la acción política. Propuso una revisión del modelo de partido y postuló una definición que admitiera abiertamente la participación igualitaria de marxistas y cristianos de izquierda, planteó nuevos enfoques sobre la relación entre medios y fines y entre cultura y política”.

En este sentido, Jorge Arrate (quien luego abandonaría el Partido Socialista por desavenencias con la directiva sobre el rumbo de la organización a mediados de la década de 2000) comprendió el proceso de renovación como una vuelta a los principios del socialismo chileno, los que de suyo instruyen revisar sus ideas y programa de manera permanente a través de la señera frase de la declaración de principios del Partido Socialista en la que se adhiere al marxismo como método de interpretación, en tanto sea “enriquecido y rectificado por todos los avances del progreso científico y el constante devenir social”[1].

Las diversas formas que tomó el conjunto de corrientes que constituyó la renovación socialista, pusieron de relieve, con distintas ponderaciones, las siguientes cuatro ideas básicas:

  1. la necesidad de entender la democracia como condición del socialismo;
  2. la aceptación del rol[2] del mercado en la producción de bienes y servicios;
  3. el abandono del leninismo —centralismo democrático— como método de organización partidaria; y
  4. el movimentismo y la construcción permanente del tejido social.

Si observamos las propuestas de las distintas candidaturas de izquierda en las últimas elecciones presidenciales, podemos confirmar que ninguna de ellas estaba en contradicción con el pensamiento original de la Renovación. Ninguna candidatura hablaba de una vía armada o de suprimir el mercado, todos apostaban por una democracia más participativa y el Frente Amplio buscaba distinguirse por su sello “movimentista”.

Sin embargo, el propio hecho de que las tesis fundamentales de esta matriz de pensamiento sean parte del consenso de la izquierda, develan su estancamiento y los límites de su éxito, toda vez que hoy no logra dar con la frecuencia de los cambios que han ido ocurriendo en nuestra sociedad.

Hacia una nueva renovación para otro socialismo posible

La renovación no fue otra cosa que la refundación del socialismo en los 80, debido a que implicó una modificación sustantiva en la estructura orgánica del partido, también en el proyecto político y en la política de alianzas al asumir un “eje de gobernabilidad” con la Democracia Cristiana.

Casi treinta años después podemos afirmar que estamos viviendo un momento político que necesita de una reflexión amplia y similar a la que realizaron los socialistas de esa época.

Los nuevos desafíos del socialismo chileno pasan por la actualización del proyecto histórico, volver a discutir el concepto de Estado, el tipo de democracia que queremos construir, la forma en que enfrentaremos el proceso de modernización capitalista en la era digital y sus efectos en el trabajo, economía, cultura y política; el nuevo modelo de desarrollo en el contexto del calentamiento global, la forma en que pretendemos construir un Estado garante de derechos, una priorización viable de políticas públicas, la modificación de las estructuras partidarias para construir una organización de vanguardia, con mayor inclusión y participación de sus militantes, repensar la política de alianzas en el contexto de una derecha más poderosa y un centro político desfigurado, la convivencia con una izquierda que emerge de los movimientos sociales y, por último, la revisión de una declaración de principios que ha quedado en letra muerta y no ha sido respetada en distintos momentos de definiciones trascendentales.

Estos temas seguramente van a dominar los debates del próximo período y, por lo tanto, el nuevo proceso de renovación ya habrá comenzado, la pregunta que cabe hacer es si esto ocurrirá desde el seno del Partido Socialista o si será desbordado y refundado por las nuevas fuerzas emergentes que se sitúan en el Frente Amplio, tal como lo ha planteado recientemente el diputado Gabriel Boric y el Alcalde Jorge Sharp.

“Unidad y Renovación”, como sostenía Aniceto Rodríguez, parece ser el desafío y camino correcto que debieran seguir todas las identidades que actualmente componen la matriz de pensamiento del socialismo chileno.

[1] “Declaración de Principios del Partido Socialista de Chile”, Santiago 1933.

[2] Aunque por razones de extensión no es posible profundizar en este punto, cabe mencionar que el rol del mercado será más o menos preponderante o excluyente del rol del Estado, dependiendo de la corriente de la renovación socialista a la que nos estemos refiriendo.

TAGS: #FrenteAmplio #PartidoSocialista

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17 de enero

Esta columna es para socialistas mas que nada en sus detalles, aunque es una preocupación general. No se si el partido Socialista, como la Democracia cristiana, y el PPD, por dar ejemplos, tengan que continuar hasta que su devenir los haga desaparecer por muerte natural o, en una visión más moderna pueden terminarse de forma activa, bajar la cortina, declararlos finalizados como proyectos de una época. De manera de hacer la política más dinámica. En eso de tratar de conservar la institución, la historia, la tradición y refundarse hay algo contradictorio, voluntarista tal vez y de inercia, un condicionamiento que inhabilita para una respuesta auténtica desprejuiciada para la sociedad actual, no la del siglo XIX.

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