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El mandato popular no se negocia

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Pasadas las recientes elecciones, dos son los mensajes potentes que entregan los resultados: uno, la derrota del duopolio político, que se desmorona junto con el modelo al cual fueron funcionales durante este período de “transición a la democracia”, el que llega a su fin; y dos, el fracaso de la derecha y de las fuerzas conservadoras y reaccionarias del “Rechazo”, infiltradas en el espacio de la convención bajo camuflaje independiente, en sus aspiraciones por alcanzar el tercio de los votos y así poder bloquear, como es tradición, el avance del proceso de cambio social demandado y mandatado por las grandes mayorías.


El mandato popular del 80 % no se negocia, se acata. Y eso no es autoritarismo, es democracia.

Inmediatamente luego de terminada la jornada del domingo 16 de mayo, y tras la última palada de tierra a una clase política muerta en términos de representatividad y, por ende, legitimidad democrática, la derecha derrotada se apresuró en instalar mediáticamente -en los espacios de los que suele disponer sin ningún problema- el discurso de que la nueva Constitución debía surgir del diálogo y la “construcción de acuerdos”. De esta forma, las y los flamantes candidatas y candidatos del “Rechazo”, electas/os e instaladas/os en este espacio para defender la mantención de lo establecido, rápidamente intentaron bajarle el perfil a la aplastante derrota, desentendiéndose del hecho de haber perdido el poder de veto que les hubiese permitido impedir la representación del mandato popular plasmado en una nueva Constitución y tratando, al mismo tiempo, de recuperarlo de alguna manera a través del discurso de la necesidad de diálogo, de manera de poder tener incidencia en el resultado final y torcer, así, la voluntad del 80%.

La jugada fue advertida y parada en seco por los constituyentes elegidos Daniel Stingo (la más alta votación a nivel nacional) y Jorge Baradit, los que en distintos paneles de conversación política se encargaron de poner las cartas sobre la mesa y dejar en claro que, más allá de las conversaciones y debates que se puedan dar al interior de la convención, éstos se deben dar a partir del respeto a los resultados eleccionarios, que por amplia mayoría y meridiana claridad expresaron la voluntad de las grandes mayorías ciudadanas por cambios profundos. La vehemencia con la que estas intervenciones fueron expresadas, motivadas por una actitud de querer desentenderse de la realidad de los resultados, desalentó las expectativas de las y los constituyentes del “Rechazo”, quienes acusaron entonces, ahora en el papel de víctimas, arrogancia, soberbia, intransigencia y autoritarismo de parte de una “izquierda radical” que pretende “poner el pie encima”, olvidando al parecer que fue la propia ciudadanía la que en octubre de 2019 “puso el pie encima” con su aplastante votación en demanda de cambios profundos y reales al sistema.

Lo verdaderamente radical es este capitalismo hegemónico que durante décadas no ha tenido contrapesos, llegando por ello al extremo de convertirse en un modelo neoliberal de mercado totalitario ante el cual el 80 % de las chilenas y chilenos hemos dicho basta. Igualmente radical es la defensa férrea, obstinada, de las y los que fieles al mandato del ideólogo de la Constitución de la Dictadura, Jaime Guzmán, están empeñadas/os en  hacer “extremadamente difícil” cambiar las ilegítimas reglas del juego, pretendiendo mantener la lógica de ese Chile que creció económicamente, pero que en vez de distribuir esa riqueza, la acaparó en pocas manos en desmedro de la gente. Aquellas y aquellos que, habiendo votado primero “Rechazo” para que nada cambiara, junto con “Convención Mixta” para que si eso llegase a suceder pudiesen instalarse en la discusión, y que luego estando en ese espacio no lograron el tercio de votos necesario para bloquear los cambios, ahora pretenden torcer la voluntad de las grandes mayorías mediante las estrategias de la vieja política “de los acuerdos” con las que han vandalizado la democracia representativa.

El mandato popular del 80 % no se negocia, se acata. Y eso no es autoritarismo, es democracia.

TAGS: #NuevaConstitución Convención Constitucional

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Comentarios

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31 de Mayo

Suponemos que , dada la democracia implícita en tamaño discurso, la nueva Constitución, para no tener amarres “guzmanianos” , se podrá cambiar con mayoría simple… Todas las fuerzas “progresistas” Estarán de acuerdo, dado su espíritu democrático.

paolo

01 de Junio

Si el mandato popular no se negocia, entonces no es popular. Porque el mandato popular es colectivo, no es de una sola persona. Incluso en los partidos politicos, donde todos piensan lo mismo, hay discusiones y negociaciones.

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