#Política

El fin de la Concertación y la valentía en el lenguaje

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No deja de ser paradójica la discusión suscitada a partir del documento con que el Partido Por la Democracia, en voz de su Presidenta Carolina Tohá, planteaba la necesidad de avanzar en la superación de la Concertación de Partidos por la Democracia y generar una nueva Convergencia Opositora.

Y la paradoja, cruel por cierto, surge cuando al lado de la necesaria reflexión política sobre el futuro que tienen los partidos y especialmente las posturas políticas que confluyeron en la Concertación, se desarrolla una discusión semántica respecto a la existencia o no de la misma coalición.

Lo paradójico de dicho debate reside en que se centra la pugna en un tema de lenguaje, como si las palabras tuviesen la capacidad de ocultar la realidad, como si el poder creador del verbo se extendiese también a la capacidad de enmascarar lo evidente, lo tangible, lo palpable. Y creo, asimismo, que es una paradoja cruel, porque se expresa en un sector político que tuvo sus mayores éxitos cuando ocupó con valentía y claridad el lenguaje; cuando se atrevió a señalar la discriminación entre hijos nacidos fuera y dentro del matrimonio, cuando se atrevió a denunciar y modificar la hipocresía de las nulidades matrimoniales o cuando llamó violaciones a los derechos humanos los hechos que antes eran presentados como excesos individuales.

Lo peor que podría pasar con la discusión que se ha generado es que nos quedásemos entrampados en buscar una forma semántica “correcta” para evitar decir con claridad lo que para todos los chilenos y chilenas es evidente: que la Concertación de Partidos por la Democracia se acabó y ya no existe más. Cumplió una tarea en un período histórico concreto y generó enormes y positivas transformaciones en Chile, así como también vio crecer algunas deudas históricas y dio a luz otras nuevas.
Creo que asumir el fin de la Concertación es necesario y es urgente. Es el momento de cerrar con dignidad un ciclo político que lo merece, es el momento de realizar un adecuado balance de lo realizado y es el momento de pensar sin prejuicios ni ataduras cuales son los pasos para construir las alianzas políticas que el país necesita.
Quienes participamos de la Concertación, cuando esta existía, podemos sentirnos orgullosos de sus obras. En nuestros gobiernos se eliminaron prácticamente todas las discriminaciones legales que afectaban a las mujeres, salvo la dura y persistente sociedad conyugal, y se ampliaron mediante políticas activas los espacios para que las ciudadanas del país pudiesen incorporarse a la vida laboral, educacional y hasta militar. Eliminamos la odiosa discriminación entre hijos nacidos fuera y dentro del matrimonio y despenalizamos la sodomía.
Generamos instituciones y políticas sociales que permitieron reducir de manera nunca antes vista la pobreza y la indigencia; reinstalamos a Chile en el mundo y en nuestra América Latina y avanzamos en la recuperación de la infraestructura pública y de los servicios del Estado. Generamos una nueva justicia penal, laboral y familiar, en directo beneficio de los trabajadores y trabajadoras y de sus familias. Todo eso es cierto y nos debe llenar de orgullo, pero ya pasó.
Asimismo, nos debilitamos con la corrupción, el clientelismo y la burocratización que fueron corroyendo nuestras instituciones, nuestros colectivos, nuestras confianzas y nuestros afectos. Fuimos postergando las demandas de un conjunto de actores sociales que terminamos por no escuchar. Terminamos confiando más en los sumos sacerdotes de Boston y Valle Nevado que en lo que nuestras propias ideas, nuestros propios anhelos y nuestros propios instintos nos decían en ámbitos centrales como la salud, la educación o el mundo del trabajo. No fuimos capaces de romper la idea de que era lícito hacer negocios con la provisión de bienes públicos y con platas fiscales y eso hoy nos rebota en la cara. Todo eso también es cierto, pero también es parte de nuestro pasado.
El mejor homenaje que podemos hacer la Concertación, a sus logros y a quienes entregamos gran parte de nuestro esfuerzo y trabajo por su desarrollo es dejarla culminar su ciclo en paz, y no transformarla en una máscara, una caricatura que esconda las profundas incertidumbres que nos depara el futuro. La valentía nuestra debe partir por nuestro lenguaje, que esa será la única forma de volver a intercambiar ideas y construir propuestas.
¿Hay espacio en Chile para un entendimiento duradero entre el centro y la izquierda? Creo que sí lo hay; y lo creo indispensable, pero en base a la generación de acuerdos sobre los problemas que hoy nos aquejan y escuchando a una sociedad que hoy nos exige estar a la altura de lo que está sucediendo. Este camino de construcción de lo nuevo está plagado de incertidumbres y repleto de dificultades, pero es el único posible, honesto y valiente.
El otro, el de aferrarse al nombre y al recuerdo de una Concertación fenecida y esperar el segundo advenimiento con la fe del carbonero, es a mi juicio un camino de cobardes. Y yo nunca he considerado que los miles de mujeres y hombres que ayudamos a construir el movimiento social y político que logramos articular en estas décadas seamos unos cobardes.
Hay un mundo luminoso afuera de la coraza de nuestros temores. Sólo debemos atrevernos a ir en su búsqueda. 
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Comentarios

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15 de septiembre

Me habría encantado referirme al fondo del texto, pero no pude evitar reparar en listado de afirmaciones falsas. Va la enumeración:

1. “En nuestros gobiernos se eliminaron prácticamente todas las discriminaciones legales que afectaban a las mujeres, salvo la dura y persistente sociedad conyugal”

2. “Generamos instituciones y políticas sociales que permitieron reducir de manera nunca antes vista la pobreza y la indigencia”

3. “…avanzamos en la recuperación de la infraestructura pública y de los servicios del Estado…” (sino fuera por el tono serio con el que está escrita la oración, daría por hecho que no están tomado el pelo)

La concertación sigue muriendo de forma lenta pero segura porque se convenció de su autoengaño. QEPD

16 de septiembre

Yo creo que la crítica y autocrítica acerca del rol de la Concertación no tiene porqué oscurecer sus logros. El país es bastante distinto a lo que era en 1990, especialmente en materias de aperturas culturales. Creo que a la larga, esos legados serán los más perdurables.

Creo que no tiene nada de malo reconocerlo y yo no tengo vergüenza de haber pertenecido a la Concertación ni de pertenecer a uno de los partidos que la conformó.

Mi crítica no parte de renegar de mi pasado, sino que de relevar aquellas cosas que no se hicieron bien y que muchos criticamos y tratamos de cambiar en su momento. La Concertación nunca fué un espacio homogéneo y los conflictos internos tenían que ver precisamente con la discusión acerca de la necesidad o no de realizar transformaciones profundas al modelo económico y social. Creo que en el ámbito de las libertades personales y de la igualdad de género, se avanzó bastante. No así en muchos ámbitos relativos a los núcleos duros de distribución de riqueza, porque las resistencias de quienes se oponían a dichos cambios fue mayor.

La política es así; donde hay personas con ideas distintas, las que se implementan son fruto de un proceso de convencimiento y de hegemonía y dentro de la diversidad de la Concertación, algunas luchas fueron exitosas y otras no.

Respecto del Estado no lo digo en broma y cualquiera que conozca como funcionaban las instituciones públicas y su real capacidad de acción en 1990 lo puede corroborar.

Si no estás de acuerdo conmigo, muy bien, pero no creo que sean afirmaciones falsas.

Saludos

peon

16 de septiembre

Hola Felipe…

Me gustaría que pudieras referirte a “las deudas que dio a luz la Concertación”, ya que lo mencionas, para ver cuál es tu punto de vista en relación a esa parte de lo que expones.

Me da la impresión que eres un político de la Concertación o de la EX Concertación, cómo prefieras, pero, político al fin y al cabo. Eso creo que me lo confirma un comentario que alguien te hizo alusivo a que lo eres, sin embargo, lo que hace notar mayormente que eres un político, es la forma en que hablas, que es la típica de un político vende pomadas que no da en el clavo con lo que dice e insiste en el tema de los logros de la Concertación y el auto análisis, las nuevas alianzas que es necesario establecer, los nuevos escenarios que deben crearse para “volver” a intercambiar ideas y propuestas, la necesaria generación de acuerdos entre la izquierda de la derecha y la derecha del centro y la de la ultra derecha, en lo difícil que se ve el camino en el futuro, etcétera, y todo ello me deja la típica resaca mental del recuerdo de 20 años de gobiernos que, diciendo interpretar al pueblo, jamás lo hicieron, y que cuando leo sus discursos manchados de los compromisos que no cumplieron y que se esperaba que lo hicieran, sólo percibo una vez más que se espera que las personas inscritas en un registro electoral vuelvan a “confiar otra vez en la política” y que miren a la fuerza de izquierda como una redentora por la que finalmente votar…

Tal vez no lo expresas llegando a los límites que describo, pero, tu post está cargado del mismo tipo de discurso que disfraza las intenciones de ser ser gobierno otra vez, con frases relativas al análisis político que requiere la Concertación, o la coalisión de los partidos de la izquierda de la derecha para establecer las alianzas necesarias que la instalen nuevamente en el poder y todo ello aliñado con una pizca de “escuchando e interpretando al pueblo”, tal vez porque sin sal algunas comidas no se disfrutan igualmente, y quizá porque sin mencionar el hecho de “escuchar e interpretar al pueblo”, no caerán aves en la red que cocinar al final del día, o votos que contar luego de una elección… Similar discurso tiene Carolina Tohá, por ejemplo, aunque sólo con algo más de habilidad al plantearse un enfoque más general, pero, igualmente bajo la misma perspectiva o asignación de “pesos relativos” de importancia a la forma de abordar la contingencia, en la que se da un 95% de prioridad al tema de las alianzas políticas y sus derivados y un 5% a “escuchar” al “populacho” que finalmente hará una raya frente a alguien que ondee banderas de tipo “alegre tricolor”, al fin y al cabo…

Esta visión, Felipe, de plantearse la realidad de la ex Concertación, NO ES LO QUE ANHELA EL CORAZÓN DEL PUEBLO… No es lo que desea y NO ES LO QUE NECESITA… Al pueblo le importa un soberano rábano la Concertación o la Ex Concertación… NO LE INTERESA SU PASADO, ni su presente, ni tampoco su futuro… Al pueblo lo que interesa es la apertura de las alamedas de la democracia donde poder plantear ideas y proyectos, debatirlos y ser un ente con voz, peso, voto y representación política, para establecer las prioridades que deben fijar las políticas de la nación, porque sin democracia parcialmente directa de las ideas, de las propuestas, de las necesidades, y de las prioridades del pueblo y de los territorios, todo lo que pueda decir la Concertación o la Ex Concertación, NO TIENE NINGÚN VALOR… Es letra muerta que fenece apenas a cinco centimetros más allá de los micrófonos y un conjunto de palabras que el pueblo aprendió a reconocer como vacías, redundantes y pertenecientes a una fuente SIN ESPÍRITU, de la que no emana AMOR Y COMPROMISO POR EL PUEBLO Y POR LA PATRIA, por la nación y por sus necesidades auténticas…

A mi modesto entender, quienes participaron de la Concertación post dictadura, habido algún tiempo de su marcha, es irrelevante que se consideren cobardes o valientes, sin embargo, sí se deben considerar traidores del pueblo, vende patrias, egoístas y demasiado interesados en el lucro, ya que por eso el pueblo los percibe como la izquierda de la derecha… Para mí, todo proceso de expiación de los presidentes de los partidos que conformaron la Concertación, debe partir por explicarle a la nación con lujo de detalles, cómo es que Chile llegó a vender aproximadamente el 60% de la soberanía del cobre a empresas transnacionales, pero, no lo han hecho y a cambio de ello me queda la impresión de que, cuando se habla de lo que hizo o no hizo ésta coalición y sus presidentes representantes, sale a relucir esta listita pequeña del “n° de campamentos construidos”, en resumen, y similares, entonces, me queda una sensación de un increíble vació entre lo uno y lo otro, entre lo que se hizo y todo lo que faltó por hacer, en cuanto a la verdadera democracia que no instauraron, llave de todas las victorias que escaramuza o batalla política pudo haber concebido en favor del pueblo, además de haberle abierto las puertas que le permitieran ser el dueño de Chile y no sólo ser contado como la clase trabajadora para quien el proyectito de programita de gobiernito de Frei proponía una reforma laboral, como si fuera un baluarte que llegaría a subsanar todas las heridas sufridas en el campo político y la deficiente percepción que tenía la gente de su gestión…

A pesar de todo esto, si hemos de ser benevolentes al considerar o referirnos a la obra de la Concertación, incluso justos, si acaso es más preciso o necesario, al relatar lo que ella hizo, tampoco es menos cierto que, siendo su responsabilidad haber hecho tal o cual cosa por Chile, no merezca el premio o consideración de sí misma que menciona la Biblia, cuando dice que quien hace lo que debe, una vez que lo haya hecho, debe decir de sí mismo que es un siervo malo e inútil, pues, hizo apenas lo que debía hacer, y nada más de lo que debía hacer, hizo…

Consideraciones o palabras más o menos de mi parte, todas ellas inútiles y esparcidas al viento digital en una tierra estéril en donde nadie escucha ni nadie atiende, y pensando en que mejor que todo lo dicho podrían ser una pequeñas precisiones en torno a lo que escribiste, te cuento que:

– No me parece que sea necesario ni urgente asumir el fin de la Concertación… Lo necesario es atender al pueblo… Dime… ¿Has escuchado el murmullo de su voz?… Al menos a mí me están dejando sordo sus bramidos…

– No creo que sea el momento de cerrar “con dignidad” el ciclo político de la Concertación… A mí me parece que aún espera el tiempo en que debe ser juzgada como corresponde, esto es, ante los tribunales de la República…

– No son necesarios balances de lo realizado, ya que, créeme, son redundantes… He leído decenas de ellos, si acaso no cientos, y ninguno ha llevado a componente alguno de la Concertación a puerto conocido, es decir, son la mejor forma de perder el tiempo político…

– No creo que sea el momento de establecer las típicas alianzas de las que tanto gusta la Concertación, sino que ideas que lideren una formulación de un proyecto país y la forma democrática en que hemos de plantearlas y debatirlas…

– La valentía de la gente de la Concertación debe ser abrir la democracia, ya que la gente de la Concertación que expresa comentarios acerca de lo que se ha de hacer en el país, es apenas un puñadito de personas y en el país ha de haber por lo menos 1.000.000 de personas con una racionalidad destacada, unas 100.000 con fuertes argumentos de el por qué de la necesidad de cambio del sistema, unas 10.000 con el talento y disciplina que requiere el debatir ideas sin abanderarse y sin enredarse en las ramas, unas 1.000 con la virtud de ver lo que otros no ven, y finalmente unas 100 que jamás decepcionarían al pueblo…

– Creo que la forma de “comenzar” a “intercambiar ideas y construir propuestas”, debiera ser en una Institución democrática que lo permita, tal como una Cámara Ciudadana Digital en la que el pueblo tenga representación directa en el Parlamento…

– Pienso que siempre ha habido “espacio en Chile para un entendimiento duradero entre el centro y la izquierda”, pero, lo que no ha habido, es un espacio para la opinión y el poder del pueblo y si de casualidad crees que el pueblo ejerce algún poder cuando hace su raya en un voto, me gustaría sugerirte que no consideres eso un poder, sino que esclavitud…

Espero tus comentarios, perdón, discupa la emoción… Quise decir, espero tus evasivas o tu silencio…

camaraciudadana.cl

fkljfklsdjfkl

16 de septiembre

No esperes nada si no tienes ni siquiera la capacidad de firmar tus dichos…

Saludos

26 de septiembre

Por qué matar algo , que es una realidad, la Iquierda y el Centro dan estabilidad, gobernabilidad y post dictadura, se han comenzado a soportar…. Estoy de acuerdo, el interés por el Poder lo soporta todo, pero la idea de los caminos propios, es añeja , tanto de izquierdas como de centros, por ello, la Concertación de Centro e Izquierda, resulta una respuesta natural y obvia.
Cierto es que cada partido debe tener su propia individualidad, es parte del juego seductor para captar los apoyos del mundo social, pero la necesidad de concertarse es superior, sea cual sea el nombre que le pongas a esa concertación. Y Prefiero algo contructivo como “Concertación” a una mera convergencia de oposición, pues ello eterniza un rol que no debe ser permanente….. por lo menos para quienes somos Concertacionistas.
No Felipe , no mates la Concertación, … mejórala…

26 de septiembre

Lo interesante de esta discusión es que nos lleva a analizar dos cosas. Por un lado si la Concertación tenía particularidades que la hacían distinta frente a otras alianzas del Centro y la Izquierda y frente a lo que se debe construir. Recordemos en este punto que ya en el Frente Popular, Falangistas, Socialistas, Radicales y Comunistas compartieron en el gobierno.

Ahí hay una reflexión interesante que publicó Teo Valenzuela acerca de que la Concertación tenía una suerte de alianza basada en ciertas omisiones, donde cada bloque se omite de ciertos temas, para evitar rupturas con el otro. El punto aquí es hasta donde esa omisión, llevada al extremo, no paraliza los debates y evita que surgan ideas nuevas. Si uno acepta que se debe generar una alianza más abierta, con menos omisiones, puede ser un camino. Para expresarlo caricaturescamente: ¿La DC debe ofenderse porque algunos socialistas, radicales y PPD presenten un proyecto de aborto, o simplemente debe ejercer su derecho a votar en contra?. A la vez ¿deben ofenderse socialistas, radicales y PPD si la DC vota en contra un proyecto de aborto, generando para ello una posición similar a la mayoría de la derecha?.

En extremo, ambos polos (omisión total o libertad total) hacen un poco inviable la alianza, pero hay que construir algo al medio.

El segundo tema es cómo se abordan las decisiones pendientes en materias sectoriales que nos pesan hace ya varios años, como Negociación Colectiva, Educación Pública, Salud Pública y Vivienda. La Concertación no fué exitosa en resolver las profundas discrepancias que tenía en su interior frente a estos temas, muchas de ellas discrepancias transversales a los propios partidos. El problema es que la agenda cada vez transita más desde la “democratización política” (aún con los enormes déficits institucionales en tal sentido) a la “democratización social”, que exige tener posturas comunes en dichas materias. Ese es, a mi juicio, el desafío mayor y donde se juega la viabilidad de la nueva alianza del Centro y la Izquierda.

Saludos y gracias por tu comentario

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