#Política

¿Dónde empieza la corrupción?

2 |
COMPARTIR
EN WHATSAPP
COMPARTIR
EN WHATSAPP

¿Dónde empieza la corrupción? En nuestra cabeza, antes de llegar a nuestro bolsillo. ¿Más leyes? Sí. Pero, sobre todo, más ética política y moral cívica. No hay otro camino

El significado etimológico de las palabras ayuda siempre a comprender la intensidad de las mismas, su corazón cognitivo, es decir: a entender su alma. Lo que está escondido en ellas, lo que evocan, recuerdan y donde nos transportan a lo largo de la historia. Su núcleo, y sus matices. Corromper es una de esas palabras. De origen latino, significa «destruir», «arruinar», «enturbiar», «echar a perder», «seducir», «sobornar», «falsificar», «viciar», «depravar». Es, pues, considerable la cantidad y diversidad de acepciones que los clásicos latinos emplearon en relación a esta palabra, según los contextos en que la usaron. Del verbo corromper derivan otras palabras como «corrompido», «corruptible», «corruptor», «corrupto», «corruptela».

En latín, «Com» (con) y «Rompere» (ruptura), significa literalmente «con ruptura». Es la profundidad de esta palabra perversa y destructiva. Rompe la ley, la conciencia, o la ética. Y, al romperla, la pudre, la destruye. Pero ¿dónde empieza la corrupción en la vida pública? ¿En el corrupto o en lo corrompido? ¿En el delito o en las condiciones morales y públicas que, individual o colectivamente, favorecen o permiten las corruptelas? ¿No deberíamos, pues, poner más el acento en las corrupciones morales previas que anticipan o explican las corrupciones materiales?

Paradójicamente, España padece un nivel bajo de corrupción, en términos comparados, aunque eso no es lo que piensa la ciudadanía: la percepción  mayoritaria se impone, alimentada recientemente por la irrupción de la corrupción vinculada a personas clave de nuestra arquitectura de confianza democrática. Estamos hablando de casos obscenos y escandalosos en el ámbito de la Jefatura del Estado y de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, a los que hay que añadir los de los partidos políticos, donde algunos tesoreros, en vez de proteger y cuidar, saquean. Los casos se convierten en escándalos cuando quien comete la falta actúa en sentido diametralmente opuesto a sus obligaciones. Y en lugar de evitar el delito, lo comete. Esto es lo que irrita, desconcierta y subleva.

Existe la suposición de que las leyes −más leyes, y más severas− resolverán este problema. Es cierto que siempre se necesitan mejores leyes, las más eficaces, pero la realidad es otra: el descrédito no viene por la inexistencia de normas y reglas, sino por el incumplimiento descarado de las mismas o, incluso, por el uso fraudulento de la norma para ejercer una praxis que destroza la coherencia mínima entre lo que se dice y lo que se hace. La lucha contra esta lacra es un esfuerzo que debe contemplar toda la cadena de valor democrático y de garantías públicas: la norma (la ley), la pedagogía (la comunicación) y la praxis (la ética).

Los costes económicos de la corrupción política, en concreto, son elevados; pero los morales y los de confianza son, todavía, más relevantes e importantes. El combate contra la corrupción no puede ser solo competencia de la justicia. El desafío, desde la ejemplaridad pública, exige prácticas y comportamientos. Actitudes y medidas. Coherencias y sentencias. Los informes del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales sobre la regeneración democrática (febrero de 2013) y el Informe de la vicepresidencia del Gobierno sobre la regeneración democrática, con 40 medidas anticorrupción (septiembre de 2013) que precedieron a la aprobación de la Ley de Transparencia (diciembre de 2013), ya apuntaban a un elemento central del combate contra la corrupción: la necesaria continuidad entre la ejemplaridad (personal), la denuncia (cívica), la vigilancia (policial) y la sanción, y el castigo (judicial).

Para abordar razonablemente el problema de la corrupción política conviene huir de generalizaciones y tópicos. Es preciso adoptar un punto de vista amplio para comprender el alcance de lo que llamamos corrupción política. Lo relevante, desde el punto de vista de la política, es el comportamiento de las instituciones y de sus representantes. Un comportamiento sometido a unas reglas… y modulado por una determinada cultura política, partiendo de un principio básico que hay que tener siempre presente: el sistema democrático se basa en la desconfianza hacia el poder y su organización está orientada a  evitar los abusos de los gobernantes y de los representantes.

Así pues, las instituciones democráticas (Parlamento, Gobierno…) y sus agentes (representantes y partidos políticos) están sometidos al imperio de la Ley, a una reglas que, además de prever su organización y funcionamiento, contienen normas para limitar su poder y evitar posibles abusos. De ello se deduce la importancia de la regulación para prevenir y castigar, en su caso, el eventual desvío de poder que supone la corrupción. De ahí la importancia de contar con una regulación de calidad y unas instituciones capaces y eficaces en su aplicación. Pero tanto o más importante que la regulación es el espíritu que infunde vida a un sistema democrático. Un espíritu reflejado en una tradición y una cultura políticas. Es, precisamente, el poso de hábitos, rutinas, prácticas cívicas lo que acaba por determinar la calidad de un sistema democrático.
Para afrontar la imprescindible renovación del sistema político, para recuperar la legitimidad del sistema democrático, de sus instituciones y de sus actores, son ciertamente necesarias una serie de reformas. Si el objetivo perseguido es contar con un sistema político que represente adecuadamente a la ciudadanía, que actúe eficazmente para promover el bien común, el interés general, y que, a su vez, evite la extralimitación del poder político, será necesario que el ejercicio de este poder esté sometido a un control democrático real, que funcione el equilibrio de poderes (check and balances).

Hoy en día ello supone contar con unas instituciones y unos agentes políticos abiertos, que apuesten por la máxima transparencia posible en el desarrollo de su labor  («El mejor desinfectante es la luz del sol», Louis Brandeis) y que se sometan  a un ejercicio riguroso de rendición de cuentas. Cuando se apela a la responsabilidad y a la ejemplaridad de los poderes públicos y de sus servidores no hay mejor respuesta conocida que la acountability.

La corrupción es un delito, sí; pero el combate central contra esta gangrena es de cultura política, y su desafío es de naturaleza moral. ¿Dónde empieza la corrupción? En nuestra cabeza, antes de llegar a nuestro bolsillo. ¿Más leyes? Sí. Pero, sobre todo, más ética política y moral cívica. No hay otro camino.

Antoni Gutiérrez-Rubí
Asesor de comunicación

TAGS:

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras  Reglas de Comunidad

Comentarios

Quedan 1500 carácteres.

Ordenar comentarios por:
por el sentido comun

28 de Junio

Dices “Estamos hablando de casos obscenos y escandalosos en el ámbito de la Jefatura del Estado y de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicia”,

Te veo parcial, teniendo en cuenta que la CCAA catalana es la mas corrupta de toda España. Prefiero pensar que se te ha pasado por alto, en ese detalle porque ahí mandan otros.
Espera que Cuando termine la juez Alaya en Andalucia te daras cuenta que la corrupcion no es tan centralizada…

De hablar de corrupción, un poquito de por favor, se ha de hablar de corrupción que en todam España nos sobran politicos corruptos, chatajistas… que no hay que olvidar.

Cordiamente

el criticon

cosas veredes

28 de Junio

Robar o no robar no es cuestión de ” Corrupipi” o de “Corrutalcual”,. Se trata de ser honrado o de no serlo, que no tiene nada que ver con la ideología política.

O sea, no olvidar que hay muchos y de todos los colores, y en toda España, que nos duele hasta mirar el mapa de carreteras.

En fin, se es honrado o no se es.

Ver todos
Ocultar

#Coronavirus

VER TODO
El teletrabajo surge como una práctica común para la mayoría de los hogares donde hay mujeres que trabajan y que tienen responsabilidades domésticas, que hacen difícil la posibilidad de conciliar los r ...
+VER MÁS
#Género

Para que el teletrabajo no sea una ilusión óptica

La normalidad migrante es una realidad muchas veces marginada, ligada a los estándares de la vulnerabilidad y no reconocida institucionalmente
+VER MÁS
#Todos somos ciudadanos

La ´nueva normalidad`que vive la población migrante en Chile

No podemos ser un país donde la gente come según la voluntad del otro. No podemos ser un país que depende de la solidaridad.
+VER MÁS
#Ciudadanía

El Pueblo de Chile

No estamos ante la típica reforma administrativa y ni siquiera constitucional, sino frente a la necesidad de una reconceptualización, “un reseteo”, de los conceptos y categorías que la política ha u ...
+VER MÁS
#Política

La política es incapaz de gestionar la creciente complejidad

Popular

El teletrabajo surge como una práctica común para la mayoría de los hogares donde hay mujeres que trabajan y que tienen responsabilidades domésticas, que hacen difícil la posibilidad de conciliar los r ...
+VER MÁS
#Género

Para que el teletrabajo no sea una ilusión óptica

La normalidad migrante es una realidad muchas veces marginada, ligada a los estándares de la vulnerabilidad y no reconocida institucionalmente
+VER MÁS
#Todos somos ciudadanos

La ´nueva normalidad`que vive la población migrante en Chile

No podemos ser un país donde la gente come según la voluntad del otro. No podemos ser un país que depende de la solidaridad.
+VER MÁS
#Ciudadanía

El Pueblo de Chile

No estamos ante la típica reforma administrativa y ni siquiera constitucional, sino frente a la necesidad de una reconceptualización, “un reseteo”, de los conceptos y categorías que la política ha u ...
+VER MÁS
#Política

La política es incapaz de gestionar la creciente complejidad

Popular

La forma en que se retrata a Prat, nos plasma las siete virtudes del Bushido en un hombre real y contemporáneo.
+VER MÁS
#Cultura

Arturo Prat y el Código del Bushido: ¿Por qué los japoneses le rinden honores?

Pese a esta supuesta normalidad y actuación conforme a la ley, es del todo preciso señalar que no existe norma alguna que faculte a carabineros a decomisar ni mucho menos a la destrucción de los bienes e ...
+VER MÁS
#Justicia

Decomiso y destrucción de mercadería ambulante: Doble ilegalidad

Es necesario avanzar en nuevas dinámicas que favorezcan la colaboración y la corresponsabilidad de las labores domésticas, de crianza y educativas, propiciando mecanismos que vayan entendiendo estas labo ...
+VER MÁS
#Género

Mujer, educación y conciliación en tiempos de Covid-19

Debemos sacar de nuestras cabezas que nosotros, por el simple hecho de ser nosotros, tenemos menos probabilidades de contraer la enfermedad y si nos llegamos a contagiar no será tan grave.
+VER MÁS
#Salud

COVID-19: Cambiar comportamientos es hoy nuestra única y mejor arma