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Tengo sueño

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Los estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile protestaron la semana pasada contra la carga académica que consideran excesiva en esa carrera. Y ahora, a esa queja, añaden la escasa simpatía que están recibiendo. En realidad, están siendo objeto de mofa por quejarse, razón por la que han salido algunas voces defendiéndolos. Desde ya aviso: yo no lo haré.

Y no lo haré porque todo se ha centrado en “la carga académica” y la “malla curricular”. He hablado con muchos arquitectos en el último tiempo, y la queja no va de cuánto tuvieron que estudiar, sino de que debieron tener ramos que ni siquiera existieron. Se titulan y tienen que estudiar por su cuenta AutoCAD, Project, Excel, Revit… herramientas básicas para su trabajo, que la universidad, si las enseña, lo hace pésimo, aunque la tónica es no enseñarlas, porque las licencias de esos programas son muy costosas. He conocido arquitectos egresados hace muy poco, mucho más molestos por lo mal enfocada que está la carrera, en comparación con lo que le exige el mundo laboral, que por lo que tuvieron que estudiar.


Esta es la oportunidad de cuestionarnos qué entendemos por excelencia, trabajo y calidad de nuestras vidas

Pero no es ese mi problema con estas demandas. Tampoco lo es el hecho que, como a muchos, ya no podamos sentir ninguna simpatía por los estudiantes, porque es tal el nivel de prostitución del derecho a manifestarse del que han hecho gala estos años, que de verdad ya da lo mismo de lo que se quejen. Los de la FAU hace muy poco estaban en toma feminista (afectando gravemente a alumnos que iban a rendir su examen de grado, pero eso no les importo un comino), ahora esos mismos alumnos cuestionan la carga académica, y luego irán a toma de nuevo… ¿y se quejan que no descansan? Lo que nos estamos preguntando varios es cuándo estudian. Cuando uno saca cuentas de cuántas horas pierden con tomas y paros los alumnos de pregrado, sin importarles en absoluto los compañeros de regiones ni tampoco los que cursan postgrados, de verdad es patudez que se quejen de la carga académica. Porque así como se van meses enteros en paro (la Facultad de Derecho estuvo más de 70 días en toma el año pasado), luego exigen recalendarización, sin importarles que los profesores tienen vida personal, que los funcionarios tienen familia, que otras personas fueron perjudicadas.

Mi personal problema con este tema es algo que no se está ni siquiera en la mente de ninguno, empezando por los mismos estudiantes, y es esto: los que se están manifestado en la FAU, y los que lo harán en apoyo a ellos ¿escogieron bien la carrera?

Porque, aun cuando comparto en parte lo que señalo Juan Pablo Urrutia, actual jefe de carrera de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), en que “Estudiar en la Universidad implica perseverancia, dedicación, vocación y mucho trabajo”, sí tiene razón el ex rector Luis Riveros: “Estos niños no tienen noción del sacrificio que debe envolver el lograr algo como un Título de la U. de Chile.”

Señor Urrutia, estudiar una carrera implica sacrificios, no solo para titularse en la Chile, sino para titularse en cualquier parte. ¿O acaso muchos alumnos no tienen que mudarse de región? Eso es un sacrificio. Uno no puede ir a una reunión familiar si tiene examen, uno no puede irse de vacaciones si tiene ramos pendientes, uno sí a veces tiene que desvelarse. No se puede tener todo en la vida, hay que hacer sacrificios, esto a cambio de esto. Lo errado es considerar “sacrificio” como sinónimo de “angustia”.  Y la cuestión es ¿qué alumnos caen en angustia por una carrera?

Se podría creer que son los “vulnerables”, por ser pobres. No, no son ellos. Tampoco los que son de regiones, salvo cuando los paros se eternizan y uno sigue pagando la pensión. Los que más rápidamente caen en angustia son los que escogen una carrera que está fuera de sus capacidades.

No es un problema menor. Para que se entienda la gravedad: entre 40% y 50% de los estudiantes escogen mal la carrera. Seamos claros: 1 de cada cinco no tiene ni pizca idea de para que rindió la PSU, y el resto escoge con el detinmarín. O sea, la mitad de los que ingresan a la universidad postulan mal, pasan meses enteros estudiando algo que van a reprobar, pagando o siendo un costo para el Estado, gastando dinero extra en comida, fotocopias, etc… ¿Y cómo termina eso? Deserción. 1 de cada 3 alumnos abandona la carrera en el primer año, solo por haber escogido mal. El resto va quedando en el camino.

Y la cuestión es ¿cuántos reconocen que optaron mal? Llevo muchos años en el mundo universitario, y puedo decir que puedo contar con los dedos de una mano los alumnos que han reconocido que se equivocaron de carrera. La gran mayoría va a culpar a todo el mundo de su fracaso en la universidad… menos a ellos mismos.

¿Y cómo se reconoce a un alumno que no debería estar en una carrera? Exacto: por su brusca mala salud provocada por la ansiedad y el estrés ya en el primer año. Ojo: no todos los que sufren esa situación es por una carrera, hay alumnos que ya tienen problemas mentales que se desencadenan en la universidad, y están los alumnos a los que les surgen problemas en sus vidas que les detonan ansiedad y estrés, por lo que estudiar se transforma en un escollo más. Pero está un enorme grueso de los que acusan a la carrera por su mala salud y cuando una carrera provoca eso, cuando una persona quiere suicidarse porque no pasó un ramo, es una señal clara, en IMAX, que esa no es la carrera que debiera cursar.

Pero aquí van, porfiando. La culpa es de la malla, la culpa es del profesor… cambien la malla, cambien al profesor, quiero ser abogado, quiero ser arquitecto, quiero ser médico… Y les pregunto, como miembro de esta sociedad: ¿por qué deberíamos flexibilizar todavía más las mallas, para que una persona, que a todas luces ni siquiera sabe elegir qué profesión quiere hacer, se titule de algo en lo que no encaja, y pase a engrosar el grupo de titulados mediocres?

Cuando uno escoge mal, estudia mal. Cada carrera tiene sus exigencias, pero cada alumno aprende de distinta manera (visual, kinestésico o auditivamente). Si uno no tiene hábitos de estudio (difícil tenerlos si han vivido en tomas y paros desde el liceo), no sabe cuál es la mejor forma de aprender. Si uno no sabe eso, imita a los demás compañeros, que tampoco lo saben. Todo un grupo de personas que no saben estudiar. Si más encima uno eligió mal la carrera, y se junta con otros que hicieron lo mismo, la cosa empeora. No importa cuánto uno dedique a leer, no importa cuántas maquetas haga, cuánto se desvele, cuanto se drogue, cuanta Coca-Cola con café beba (y luego vomite)… el fracaso es inevitable. Esto es como manejar el auto con el embriague en primera. Si uno además escogió mal la carrera, es cómo manejar el auto en primera y con el freno de mano puesto. ¿Qué culpa tiene la malla curricular de eso? ¿Qué tiene que ver que un profesor sea o no exigente, cuando el alumno no tiene ni los conocimientos ni la capacidad para entender lo que está oyendo?

Y aquí concuerdo con Urrutia: sí, esta es la oportunidad de cuestionarnos qué entendemos por excelencia, trabajo y calidad de nuestras vidas. Empezando: no debemos seguir permitiendo que alguien de 18 años, que unas horas antes de su cumpleaños era incapaz legalmente, tome una decisión como es elegir una carrera sin recibir un asesoramiento. Y cuando hablo de asesoramiento, no me refiero a UTP ni a sicólogos de colegio: me refiero a que desde 1º medio a 4º medio, de manera obligatoria, el alumno tenga claro para que sirve, cuáles son sus reales capacidades, cuáles son sus fortalezas y debilidades.  Y se le den opciones acotadas: esto es lo que deberías estudiar. “Oh, es que yo quiero ser médico y aquí aparece administración de empresas”. “Sí, deberías estudiar administración”. Si un alumno postula a medicina cuando sus capacidades eran para administrador, que se aguante.

Esta es la oportunidad de dejar de mentir. No es verdad que “puedes ser lo que quieras ser”. Y por favor, ya tienen 18 años, ¿por qué les permiten seguir creyendo que estudiar en la universidad es parte de la felicidad, por qué continúan fomentado la idea de que lo más difícil es ingresar pero luego todo es un vaso de leche? ¿Por qué toleramos que alguien se auto flagele estudiando algo que no debe, sencillamente por un caprichito, y le alimentamos el caprichito quitándole las piedritas del camino, en vez de ponerle un alto y obligarlo a asumir que debe cambiar de carrera? No hacerlo no sólo perjudica a ese alumno, arrastra a muchas personas con él. Empezando, a todos los que se ven perjudicados por manifestaciones como estas.

Hacer o no una carrera universitaria no es algo que pueda juzgarse como bueno o malo. Es simplemente una decisión que alguien toma. No es obligación, no es el camino lógico, ni muchísimo menos un derecho. No es un derecho estar en la universidad, no es un derecho tener una carrera. Es una opción, una en la que hay que tener claro que no basta el empeño, y no basta las ganas. También se necesita tener la habilidad y la competencia para hacerlo. Se necesita fortaleza, constancia, perseverancia… no Mentix. Si alguien está usando Mentix en cada prueba que rinde desde el primer semestre, entonces debería replantearse si está en la carrera correcta.

Si hacemos casos a las quejas de los alumnos, dando por supuesto que claro que todos son buenos, todos los demás somos los malos, y que somos el escollo para que no sea el titulado al que aspira a ser porque no le hacemos las cosas más facilitas, aun cuando no cumple con los requisitos, no solucionamos el problema mental, solo fomentamos la intolerancia a la frustración. Y eso es caldo de cultivo para peores males mentales.

TAGS: #EducaciónSuperior #Universidad Estudiantes

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Comentarios

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Pablo Correa

24 de Abril

Una vez más no me queda más que felicitarla por su excelente columna Marcela. Comparto plenamente su pensamiento y le agradezco la claridad con la que se expresa. No quiero ser majadero ni añadir más leña al fuego, solo me pregunto ¿qué hubiesen hecho estos “angustiados” niños de hoy en los tiempos en que yo estudiaba (los 80 y principios de los 90) cuando la pobreza estaba tan extendida que hasta tener un cuaderno torre era sinónimo de status que solo algunos podían darse (ergo, la mayoría escribíamos incluso en hojas recicladas), no había un google que me hiciera las tareas, para ir al colegio o la universidad había que rogar que el chofer no lo echara a uno para abajo porque era estudiante (ya que el metro no llegaba a todo Santiago ni existía la posibilidad de saltarse el torniquete del Transantiago), no había un celular en manos de cada habitante, para que le solucionara la vida desde encontrar una calle o pedir plata prestada y sobre todo, no había posibilidad de exigir derechos sin cumplir deberes.

25 de Abril

Yo no creo que debamos comparar como estudiabamos antes y ahora. Porque (y cada dia agradezco a Dios por eso), los que estudiamos antes de 1995 no tuvimos jornada escolar completa. Era medio dia en el colegio y a la casa, donde teniamos a una mama esperandonos con un rico almuerzo (aunque fuera huevo con arroz siempre el que hace la mama es el mas rico), nos ayudaba con las tareas y luego podiamos jugar y despues ver el Pipiripao o el Club de los Tigritos . Muchos chicos ahora no saben lo que es eso

Lo que me molesta es que estan ajustando las mallas universitarias a cada grupito de estudiantes que ingresa. En algunas universidades, estan cambiando la malla cada 6 años. O sea: un alumno de cuarto año reprueba un ramo, y si esta en el proceso de cambio de malla, se jodio y lo tiran a malla nueva… que, en algunos casos, son 2 años mas de estudio. ¿Por que? Porque Juanita y Miguelito, de primer y segundo año, hicieron una toma para cambiar la malla, y les hicieron caso, aunque todos saben que jamas debieron ingresar a esa carrera

La malla curricular de una universidad NO PUEDE NI DEBE ajustarse a lo que digan o quieran los estudiantes, sino acorde con las necesidades laborales de esa carrera. Eso no esta pasando. Y es mentira que los estudiantes que se manifiestan lo hagan por todos. ¿Estres? Agregue 2 años más de estudio por un cambio de malla por culpa de una toma. ¿A alguien le importa esos alumnos y ese estres?

Cesar Fuenzalida

01 de Mayo

Estimada Marcela, leo con atención tus columnas y me parece que en esta caso hay algunas variables que tienen que ser consideradas.

En mi experiencia profesional trabajando con estudiantes de esta facultad, el tener hábitos de estudio y trabajo basados en dormir poco y desarrollar tareas en muchas horas, no necesariamente contribuye a que respondan a sus tareas de manera efectiva y acorde con un ambiente real de trabajo. Donde nadie duerme dos horas para entregar algo el día siguiente a las 8 AM . A mi juicio, mas que un problema de mallas es el de generar competencias y metodologías para ser productivos en plazos razonables. Esto no va a ser en ningún caso menos exigente pero tiene mas sentido en lo que respecta a generar hábitos de trabajo que no dependan del mentix o el aislamiento social.

Yo no conozco a nadie en el mundo laboral que produzca mejor durmiendo una hora ni tratando con gente luego de un estado de frustración permanente.

Por otra parte, es muy complejo proyectar las competencias de un adolescente cuando entra a la Universidad para definir una carrera. Muchas veces esas habilidades se descubren en el camino y a mi me parece que la Universidad no está siendo para muchas personas el espacio para que eso se desarrolle.

Yo entré a la universidad hace 10 años y si tuviera 18 hoy no sé si le vería sentido a entrar a una carrera profesional cuando en muchos casos no están los espacios para desarrollar una carrera real al salir de la universidad.

08 de Mayo

Estoy de acuerdo con ud, Cesar, hay variables que no estan consideradas. No tuve tanto espacio para escribir todo el problema

Pero partamos de la base del problema: ¿estan todos los alumnos que ingresan en la universidad en la carrera que es acorde a sus competencias? La respuesta es rotundamente no. La gran mayoria de los estudiantes de pregrado escogen qué carrera estudiar el día que postulan. No lo digo yo, esta comprobado que es así.

Y eso es lo que ni siquiera se esta hablando. Y son esos alumnos los que mas se quejan. De los profesores, de la malla, del sol, de la luna…

Ud plantea algo sensato: hay que “generar competencias y metodologías para ser productivos en plazos razonables” Pero digame ¿como puede pedirle eso a un alumno que jamas debio ingresar a arquitectura? Digame, sea honesto: ¿todos los alumnos con los que ha trabajado de esa facultad tienen la habilidad para ser arquitectos? No ¿verdad?

Uno no puede, mediante fotosintesis, adquirir la habilidad y la competencia que no se tiene. Es cruel, pero es la realidad. Yo puedo tener un lapiz y un papel, pero definitivamente jamas sere Gaudí ni aun estudiando en Florencia. Uno no es lo que quiere ser porque las habilidades se pueden perfeccionar, no implantar. Querer no basta para poder, se necesita tambien capacidades acordes con esa labor. Entonces primero veamos quienes realmente seran capaces de ser buenos arquitectos antes de oir sus quejas

03 de Mayo

Concuerdo con el comentario, es bastante claro que cursar una carrera universitaria es un tiempo de dedicación, de esfuerzo y de interés, y es además para humanos, porque es un hecho que arquitectos han salido muchos, tanto que tienen problemas de empleabilidad, bajos sueldos, y como verán algunos, tendrán jefes políticos que ni siquiera sacaron cuarto medio, u otros que sacaron carreras inventadas, livianitas. Lo preocupante del caso es que cada vez los programas de las carreras son más livianos, light, cortos y con profesores que no tienen capacidad de maniobra, que en el caso de la U. de Chile puede ser,están protegidos por ser funcionarios del estado, pero en el caso de algunas privadas, pesan menos que un paquete de palomitas, ante cualquier reclamo de un alumnos-“cliente”, deberán soportan una reverenda P.L.R.

08 de Mayo

Mientras se siga creyendo que la universidad es el paso “obligado” y no lo que realmente es, una opcion tan valida como peluqueria o mecanica automotriz, vamos mal.

No, no todo niñito que sale de 4 medio por obra y gracia del Espiritu Santo, tiene que ingresar a la universidad. Nadie “tiene” que hacerlo. Pero tampoco el querer es suficiente.

Estudiar en la universidad requiere esfuerzo. Eso sí, concuerdo con Cesar que eso de dormir una hora es absurdo, no sirve de nada y ni siquiera es esfuerzo, es tortura. Pero sí requiere esfuerzo. Y lo que me pregunto ¿qué consideran esfuerzo los niñitos que han pasado su enseñanza media y parte de la universidad en tomas y paros y marchas?

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