Los guerreros de la justicia social - El Quinto Poder
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Los guerreros de la justicia social

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Hace mucho que el gobierno no es el gobierno. En efecto Hardt y Negri en su libro “Imperio” nos dice como en occidente el poder hace mucho que se articula en una herramienta de dominación compuesta por empresas transnacionales y organizaciones internacionales han formado un aparato de dominación en el que los Estados ocupan tan solo un rol secundario. Este aparato de dominación sirve a las oligarquías que son el famoso uno por ciento que es dueño del mundo, mientras que el resto de nosotros estamos siendo dominados mediante distintas formas de distracción tales como la mediatización, el endeudamiento, el miedo ya sea a la delincuencia o a una imaginaria amenaza terrorista y un sistema representativo que supone la corrupción como la única manera de acceder a cargos de elección popular; en efecto, cualquier candidato debe necesariamente hacer concesiones al poder económico para financiar cualquier campaña política.


El nuevo mecanismo de dominación es antiguo, “divide y vencerás” y lo inventó Julio César, si es que no lo copió de alguien más. La guerra de sexos remplaza a la lucha de clases, los hétero contra los homo remplaza la lucha de clases, igual que los cis contra los trans. Mientras, la izquierda vende toda su dignidad apoyando a Lula y Ortega y la derecha sigue sin pagar sus impuestos.

La justicia social debiera consistir en solo tres cosas, a saber, igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades, además de una seguridad social que incluya la educación para los más jóvenes, salud para todos y pensiones dignas. Cualquier otra consideración es necesariamente una injusticia. Favorecer a los menos competentes por sobre los mejores en el ingreso a la universidad, por ejemplo, es una injusticia. Esto favorece a quienes tienen menos méritos por sobre aquellos que se destacan. Del mismo modo, pensar que todos deban ir a la universidad va en perjuicio directo de los saberes y las competencias que allí se adquieren. La universidad nunca fue concebida para todos, sin embargo, el ingreso a ella debiera basarse estrictamente en el mérito intelectual y no en las condiciones económicas.

El falso igualitarismo contemporáneo olvida, sin embargo, estas obvias cuestiones. Consideraciones de raza, género u otras pesan más que el mérito en el acceso a la educación. En ciertos países incluso el acceso a créditos para financiar pequeñas empresas es más fácil con base en estas categorías que aquellas que predicen el éxito o el fracaso de el negocio en cuestión. Por otro lado, la seguridad se confunde con el confort. Las microagresiones, esto es cualquier comentario que pueda hacer sentir incómodo a cualquiera, son más importantes que los verdaderos actos de violencia. Así, el agresor no es responsable de lo que hace o dice, sino de como hace sentir a la supuesta víctima, dejando sólo a juicio de ella su calidad de tal. Poner en duda esta calidad es revictimizarla. Así nace la corrección política como un sustituto de las justas demandas sociales. El problema económico del acceso a las oportunidades básicas se remplaza por un problema cultural de la sociedad toda, del cual ya no son responsables las oligarquías, sino distintos sectores de una sociedad dada. Así, por ejemplo, el concepto del “patriarcado” hace responsable a todos los hombres, en especial a los hombres blancos, de cualquier incomodidad que sufran, por ejemplo, las mujeres. Un enorme sector oprimido de la sociedad, que trabaja largas horas, muchas veces arriesgando su vida, es señalado como culpable y privilegiado, lo que provoca un grado de resentimiento tal que no se dirige a los verdaderos culpables, que son las oligarquías dueñas de todo. Así el cuerpo social se divide en hombres contra mujeres, blancos contra negros, nacionales contra extranjeros, provincianos contra capitalinos.

No es casual que las tensiones raciales hayan vuelto a florecer en los Estados Unidos, en Chile se importó a ciudadanos haitianos precisamente para provocar estas diferencias y usarlas para dividir aún más a nuestra sociedad en el futuro, de otra manera ¿cómo explicar la presencia de personas que vienen de una isla lejana si no tenían el dinero para pagar su pasaje en avión? Esto no es culpa de los ciudadanos haitianos. La izquierda, que era la que sostenía la bandera de la igualdad, se desperfila hacia estos igualitarismos superficiales de la corrección política, reemplazando el verdadero problema económico por un problema cultural: el robo que significan las AFP ha sido remplazado por el “problema” del lenguaje inclusivo, “chiquilles”.

La condición de víctima es seductora, de pronto la supuesta víctima no es responsable de su infortunio, sino que lo es el grupo del frente: los blancos, los mapuches, los hombres, las mujeres. Para que esto funcione se necesita que la víctima se sienta de víctima de algo que no es la opresión de clase, sino, por ejemplo, las diferencias de género o de raza. La corrección política reemplaza a la verdadera justicia social y, como mantener el estándar de corrección es imposible, siempre surgen nuevas ofensas. La “víctima” se vuelve importante, cobra relevancia social y recibe la solidaridad de todos sus conciudadanos. Las élites simbólicas, o sea quienes tienen acceso a poner su voz en los medios oficiales de comunicación, se identifican con las víctimas y las defienden. Todos somos de pronto Daniela Vega, por ejemplo, actriz transexual que parece menos interesada en su condición de víctima de lo que lo están los nuevos guerreros de la justicia social. Los que no somos negros, mujeres, transexuales, homosexuales o lo que sea tenemos de pronto toda la culpa. Los grandes empresarios que eluden y evaden impuestos ya no importan, pero el pobre verdulero que lanza un piropo a una joven para que le compre una ensalada sí: es un hombre y es más o menos blanco. El nuevo mecanismo de dominación es antiguo, “divide y vencerás” y lo inventó Julio César, si es que no lo copió de alguien más. La guerra de sexos remplaza a la lucha de clases, los hétero contra los homo remplaza la lucha de clases, igual que los cis contra los trans. Mientras, la izquierda vende toda su dignidad apoyando a Lula y Ortega y la derecha sigue sin pagar sus impuestos.

TAGS: #ChileActual #JusticiaSocial #Poder

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25 de julio

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08 de agosto

Estimado, !caramba!, me ha dejado sorprendido, Ud. comprende lo que pasa, ve bajo el agua. Es cierto, pero se enfrentará a una corriente de zombis , lo que Ud. denuncia muy valientemente es un trabajo de años de los “guerreros de la justicia social”,y es cierto, nunca le han tocado un pelo a los poderosos porque no pueden, pero acá abajo no estamos destripando unos a otros. Le agregaré algo más, se tomaron los organismos internacionales muy bien financiados por gente muy poderosa, y dictan las leyes que quieren y a todos, los estados no pueden ni cambiarle una coma a esos dictados, algo sospecharon los británicos cuando se dieron cuenta que Bruselas les estaba controlando la vida, hasta la “flema” británica se estaba perdiendo, y dijeron “none”, en su idioma “of course”. Felicitaciones.

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