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Tecnócratas y empresariado: grupos de interés y actividad política

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El rol que cumplen determinados grupos de interés está marcado por el color político que poseen así como los términos en los cuales ponen en discusión aquellas problemáticas que los aquejan. Uno de esos grupos de interés son los tecnócratas. Los categorizamos en ese plano, porque existe una tendencia, independiente de la época y la ideología que los acompañe, enfocada hacia sus intenciones por participar en el aparato estatal que vendría signado por su visión de progreso y desarrollo así como la defensa de sus propios intereses.

El rol que cumplen determinados grupos de interés está marcado por el color político que poseen así como los términos en los cuales ponen en discusión aquellas problemáticas que los aquejan. Uno de esos grupos de interés son los tecnócratas. Los categorizamos en ese plano, porque existe una tendencia, independiente de la época y la ideología que los acompañe, enfocada hacia sus intenciones por participar en el aparato estatal que vendría signado por su visión de progreso y desarrollo así como la defensa de sus propios intereses.

Ésta noción de progreso, de autoimagen ya la observamos en los grupos de las FF.AA sobre todo en el ejército. Sin embargo, los matices con el conglomerado tecnócrata serán más coincidentes que ajenos.

En los últimos años, se ha observado una fuerte arremetida en materias económicas de parte de los gobiernos post retorno a la democracia.  Como señala Silva (2006) “los tecnócratas neoliberales partían del supuesto de que cuando las masas aceptarán definitivamente la receta neoliberal (…) el régimen de Pinochet ya no sería necesario; y a esa convicción ya habían llegado a fines de los ochenta” (p. 188).  Con este elemento en consideración, podríamos aventurarnos a señalar que más allá de una colaboración en términos estatales, existe una necesidad de proyección del poder económico y del posicionamiento político que se podría alcanzar utilizando estos mecanismos.

A pesar de que la literatura se ha centrado en establecer el apoliticismo o la fuerte ideología de los grupos económicos, una cuestión central se ha dejado de lado: ¿es un tema político o en verdad es un tema de intereses? El argumento de este ensayo es que obedece a intereses de grupo, independiente del grado de influencia partidista. Señalamos esto, porque podríamos pensar de buenas a primeras, que dependiendo del sector político es el grado de involucramiento o la mirada con la cual se actúa en materia de políticas públicas y económicas. Pero ello no es así. Veamos el motivo.

Hacia 1930 el rol de los tecnócratas estaba muchísimo más ligado como señala Silva a uno de tipo mediador entre los grupos de poder de antaño y las nuevas fuerzas sociales que se sentían amparadas en los gobiernos radicales. Luego en la década de 1950 con el gobierno de Alessandri, el vínculo, por lo tanto, el rol tiene que ver con una necesidad de velar por la implantación de un Estado desarrollista que los involucra no solo a estos por formar parte del círculo de especialistas que toman decisiones, sino porque su vínculo estaba más ligado hacia sectores de la derecha política.

Así lo vemos pasar por los gobiernos de Frei Montalva y Allende para retornar con nuevos bríos en el gobierno del general Pinochet, donde alcanzaron su máximo nivel de cohesión en términos de grupos y en cuanto a la conformación de un ideal.

Como plantea Huneuss (1998), los gremialistas sabían que tenían que apoyar al régimen si es que se deseaban consolidarse como fuerza política importante y legítima para así aprovechar el momento electoral. Tal factor nos da a entender que las metas no tenían que ver necesariamente con una idea de progreso per se, sino con la consolidación de sus intereses.

Según Silva (2006) el gobierno de Aylwin aceptó el criterio de la tecnocracia neoliberal, considerando las características técnicas y no políticas como criterio de selección. Debido, primordialmente, a una necesidad de estabilidad económica el equipo económico estuvo formado por personas con estudios de posgrado en el extranjero y vinculados a think tanks.

Lo anterior nos da claridad respecto del rol que se fue construyendo en los 90 y en los 2000, que como ya señalamos no tiene un relación política, sino más bien con su propia sobrevivencia. La investigación de Mireya Dávila (2010), desarrolló la idea de que si existía un vínculo entre tecnócratas y política; el punto es que no está necesariamente amarrado a una ideología.

Tal factor, nos retoma hacia la discusión inicial. Claramente, como plantea Silva, sería incorrecto señalar que los tecnócratas están conformados por un estamento social en particular; en otras palabras no son exclusivamente grupos de la elite o de derecha. Y por lo tanto, el trabajo de Dávila nos acerca aún más al problema, puesto que ni siquiera son exclusivamente apolíticos como se creyó durante bastante tiempo. Ese argumento, recordemos, levantaba y mantenía la noción de que sus intereses son sociales, de desarrollo no políticos ni partidistas. Al parecer ese discurso era más certero en los 80’, ya que hoy en día no parece existir una clara diferencia como aún se podía apreciar en los gobiernos de la Concertación.

Al asumir el gobierno de Sebastián Piñera, que convoca a diversos grupos económicos- dadas las actividades privadas del presidente- como político sociales, vale decir, la derecha política gran parte de las dudas giraban en torno a saber qué tipo de gabinete iba a conformar el recién electo presidente Piñera. En una declaración al diario La Nación el 5 de febrero de 2010, casi un mes antes de asumir oficialmente el mandato, el presidente señaló que “Vamos a tener un justo equilibrio entre la experiencia y la capacidad y la formación política que es muy necesaria y la experiencia profesional y capacidad técnica que también es muy necesaria” [1].

Al preguntarle a Carlos Larraín, sobre la posible doble rol de un ministro- entre lo político o lo técnico- señaló al mismo diario “un ministerio es forzosamente un cargo político (…) Los conocimientos técnicos se pueden adquirir, por ejemplo, por medio de asesorías, pero la política no se aprende a través de ellas. El gabinete debe tener eficacia política”[2].

En esta declaración vemos que la actuación de los últimos años, en verdad ha estado asociada a la presencia de tecnócratas; viejos militantes del gremialismo como ministros, gerentes de importantes bancadas y grupos económicos, como Golborne, Chadwick y Longueira. Ahora bien, si consideramos esto, ¿será realmente que los tecnócratas que hoy en día parecen menos politizados, en verdad sólo buscan una mejora de sus intereses?

Si en los 80’, los gremialistas lo hicieron en virtud de posicionarse políticamente en eventuales elecciones, ¿podríamos pensar que hoy se encuentran vinculados al gobierno para obtener resultados favorables? Podríamos señalar que sí. Pero no atribuibles de manera exclusiva al actual gobierno, sino que a partir de una escalada desde Aylwin en adelante.

En términos de coalición es bastante dispersa, incluso en palabras de Silva, existe poca conciencia de pertenencia de grupo, debido a la diversidad que lo compone, pero eso no significa que hayan buscado mecanismos para poder aprovechar de mejor modo el sitial que han sabido construir al formar parte, de alguna u otra forma en política. Pudieron perfectamente haber sido sacados del camino al asumir Frei, pero vimos que existió un mayor repunte de su presencia en materias de asesoría económica.

Entonces, finalmente, ¿poseen esa necesidad de construcción de un país mejor como señala Silva? ¿Sólo responden a ventajas contextuales? Lo determinaremos al evaluar y comparar el actual gobierno con los demás; debido a que representa el símbolo indirecto entre conflictos de intereses y política.

Bibliografía

1. Dávila, Mireya. 2010. “Tecnocracia y democracia en el Chile contemporáneo: el caso de los gobiernos de la Concertación (1990-2010)” en Revista de Sociología, Nº 24 pp. 199-217.

2. Carlos Huneeus (1998), “Tecnócratas y políticos en un régimen autoritario. Los ODEPLAN Boys y los “gremialistas” en el Chile de Pinochet”, Revista de Ciencia Política, Vol. XIX, N° 1-2.

3. Silva,  Patricio  (2006)  “Los  tecnócratas  y  la  política  en  Chile:  pasado  y  presente.”  Revista Ciencia Política, 26, no.2, pp. 175-190.

Notas: 

[1] Declaraciones realizadas el 5 de febrero de 2010. Fuente Diario La Nación. Disponible en: http://www.lanacion.cl/pinera-anuncia-que-gabinete-sera-equilibrado-entre-tecnocratas-y-politicos/noticias/2010-02-05/171226.html. Última actualización 23 de septiembre 2013

[2] Ídem

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Foto: MPA–B / Licencia CC

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Comentarios

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Luis G.

11 de junio

Me rindo. No entiendo bien el punto.
En primer lugar ¿qué es un tecnócrata? ¿existen realmente como personas a-ideológicas? Si no se puede aislar su actuar de lo ideológico como parece que es asumido al comienzo del texto ¿por qué no llamarlos directamente “políticos” o “asesores técnico-políticos”? Creo que si se toma esta estrategia la argumentación puede ir por derroteros más productivos.
“Tecnócrata” más parece un término usado panfletariamente como el de un técnico capaz de resolver problemas sociales asépticamente, como un médico. Pero si incluso la manera en que funcionan los médicos (por ejemplo presionados bajo lobby de farmacéuticas) no es aséptica ¿qué se puede esperar de los asesores técnico-políticos?
Es obvio lo que (creo) expresa la médula del escrito: “los tecnócratas son un grupo de interés que se vende al mejor postor”, luego lo que implica es evidente: el “tecnócrata” parasita o comparte la ideología de su empleador, lo que lo hace parte de un grupo político, el cual a su vez tiene como substrato un grupo de interés que puede o no estar estructurado ideológicamente. Por ejemplo, durante la independencia de Chile quienes pujaron por la emancipación fueron terratenientes criollos, los cuales, una vez que hubo la suficiente masa crítica de descontento (en ese muy reducido y exclusivo grupo social) se plegaron a un proyecto ideológico-político el cual resultó ser el de formar una república.
Análogamente a este ejemplo continúan funcionando gran parte de los grupos de poder en el país y no es el bien común lo que motiva las reformas, sino más bien la avidez de mantenerse en la elite política. La Nueva Mayoría es un ejemplo obsceno de como no es necesaria la concordancia político-ideológica para abocarse a llenar los cargos de poder, sino que basta la pura conveniencia o como se dijo aquí la búsqueda de la propia sobrevivencia.
“Tecnócratas” es un eufemismo más de la neolengua presente en el gatopardismo chileno para alejar a los ciudadanos del debate y restarle subrepticiamente validez a sus opiniones.

jose-luis-silva

11 de junio

Un técnico dedicado a la política en su área de conocimiento (tecnócrata) es muy necesario en forma permanente en muchas áreas y circunstancialmente en todas la áreas:

En Chiguayante, cuando 8 personas murieron sepultadas por un simple alud y a la presidenta de turno la culparon y abuchearon porque con su torpe presencia y haciendo puntos de prensa en el lugar perjudicó las labores de rescate, se notó la falta de un tecnócrata. Cuando en la mina San José quedaron sepultados 33 mineros a 600 metros bajo tierra se notó la presencia de un tecnócrata. Tambien hay ejemplos donde los políticos facilitan y los tecnócratas entorpecen.

Los tecnócratas defienden tanto su supervivencia, sus intereses económicos y de poder como los políticos por lo tanto no es un factor relevante para elegir uno u otro.

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